LOS “ISMOS”, ESOS VIRUS INCURABLES


Título: Los “ismos”, los virus incurables
Aún estamos surfeando y en algunos casos naufragando por el virus Covid19 y tras los episodios de pánico que hemos vivido y aún siguen, después de sufrir las terribles consecuencias derivadas del impacto que este virus está dejando en todas partes , sin prácticamente respetar el duelo, ya resurgen los otros virus inmortales y perennes que siempre han azotado la humanidad sin piedad. Me refiero a los virus incurables del egoísmo, la envidia, la insolidaridad, la intolerancia, la necedad….Destacar en especial, la familia de virus que yo denomino “virismos”, aquellos que aparecen en cualquier lugar,se transforman en agresivos y desgraciadamente en intratables. No hay vacunas para ellos y son mucho más peligrosos que los coronavirus porque estos siempre acaban teniendo curas y/o vacunas preventivas, tarde o temprano. Los “virismos”están ahí siempre, muchas veces en estado latente y resurgen de golpe. Solo necesitan un buen caldo de cultivo y promotores sin escrúpulos que bajo mantos mesiánicos, los esparcen manipulándonos a unos y otros y enfrentándonos, siempre en beneficio propio. Ahora estamos en peligro y seamos conscientes que muchos cantos de sirena, son trampas mortales que nos pueden conducir a situaciones irreversibles y más ahora que las sirenas tienen tecnologías para hacer llegar sus cantos y sus mentiras disfrazadas a cualquier rincón para convencernos de que hay que cambiar todo. ¿Que hay mucho por hacer? Claro que si.¿Que debemos mejorar muchas deficiencias? Sin duda. Pero sin remedios que sean peores que la enfermedad. En estas situaciones solo y siempre ganan unos pocos, los títeres y los que los dirigen, invisibles. Lo peor, sufren muchísimos inocentes. ¡Atención , son los “vir-ismos” y ya están llegando!

EL ENEMIGO INVISIBLE Y EL IMPOSIBLE


24 Agosto 2020


Título: El enemigo invisible y el imposible

Escribo estas líneas desde la voluntad de mantener la calma y no caer en la histeria colectiva que nos envuelve aunque se hace difícil. Se dice que los seres humanos a lo que más tenemos es a lo desconocido y esto es lo que está sucediendo. Ya he sobrepasado los sesenta años y parece que soy objetivo predilecto del dichoso virus. En toda mi vida y trayectoria profesional , precisamente en muchos ámbitos del sector sanitario en distintos países, jamas me había encontrado ante una situación como la que estamos viviendo y aunque preocupado, lo estoy mucho más por los seres queridos que por mi. Decir que sigo estupefacto pues como bien escribía Antoni Puigverd hace unos días, estamos batallando con dos virus, el biológico y el sociológico . El primero sigue siendo invisible aunque con los días lo empezamos a conocerlo más y así vamos añadiendo nuevas medidas para derrotarlo. El otro es un virus poliedrico pues es la conjunción del miedo, la manipulación, la tecnología, la ignorancia, la desconfianza y la desinformación.
El primero está dañando personas y provocando estrés en todo el planeta. “Cuando no sabe lo que busca, cuando encuentra, no sabe lo que encuentra”como dice el refrán y ahí estamos de momento, pero no tengo la más mínima duda de que lo derrotaremos. El otro virus es para mi peor, pues provoca pánico, criticas, desavenencias, enfrentamientos y enorme malestar en la sociedad , porque interfiere enormemente en la unión de esfuerzos de instituciones y gente de buena fe que queremos derrotar al virus invisible. Pero me temo que el virus imposible, anidara para muchos años entre nosotros y sus consecuencias si no ponemos remedio serán peores y a largo plazo. La culpa y la solución está en nuestras manos . Con el biológico, debemos actuar a pies juntillas de acuerdo con lo que nos recomiendan las autoridades sanitarias, juntos, alineados y unidos. En cuanto al segundo, por una vez, dejémonos de demagogias y populismos que no llevan a nada más que a crear desorden y caos que es lo que debemos rechazar de cuajo. Juntos lo conseguiremos, depende de nosotros.

CARTAS A ÀLEX : AÑORANZA Vía @Marca 8 Agosto 2020


TÍTULO: Añoranza
Querido Àlex, los años pasan a velocidad de vértigo y con la edad, la velocidad aumenta. También la añoranza es un signo de desazón. En breve se reanuda la Champions League, probablemente la competición más seguida después del Mundial. Pues bien, este año podría decir que se presenta en formato “Mundial”. Si en dicho torneo, jugando siete partidos puedes quedar campeón, ahora los 8 equipos que lleguen a Lisboa para disputar el play off, jugarán en el mejor de los casos 4 partidos, es decir , aquellos dos que consigan jugar dichos 4 partidos se disputarán la Champions. Y una vez más en este año, esta será una competición extraña en donde todo puede pasar y en el que el factor suerte o cualquier otro, seguro pueden ser decisivos o sea que habrá que está atento a todos los detalles. No se, pero esta competición como las demás de esta temporada, han perdido alma. Yo te diría Àlex que el mundo en general ha perdido sensibilidad, valores y creo que vamos a la deriva. Me preocupa todo y el deporte no se libra porque es parte de ello aunque hay fantásticas excepciones que son rayos de esperanza y suelen coincidir con grandes deportistas. ¡Ah y hoy nuestro Barça, debe pasar su primer examen ante el Nápoles! Si aprobamos, entraremos en el Play Off de Lisboa. Tengo mi presentimiento pero me lo guardo de momento hijo. Te dije que a finales de agosto te diría de verdad sobre lo que creo que va a suceder en el Barça y hoy, tras el partido, lo tendré mucho más claro. Yo confío mucho en Leo , no solo en sus genialidades, sino en su liderazgo y en su pasión por pir el fútbol , pero necesita que lo acompañen los demás, se trata de trabajo en equipo que nadie lo olvide. Ahí está la clave y para mi el equipo no son solo 11 o 16 jugadores, el equipo somos todos, absolutamente todos.Hay un libro escrito sobre Messi que se titula “Elegí creer”en el que tuve el honor de participar y de ahí se desprende de que si todos nos lo creemos de verdad, lo conseguiremos, pero debemos ir juntos de la mano en lugar de meternos en luchas cainitas, algo muy practicado por estos lares y que nos daña mucho y lo peor es que no aprendemos . Esto es lo que añoro, tiempos pasados no se si fueron mejores, pero los añoro. Y hablando de añoranza, también déjame que te diga que añoro a tus hermanos y sobrinos. Ellos son la fuente de nuestra vida pero ellos ya tienen sus vidas, sus familias y sus caminos en marcha. Verles bien es lo que más deseamos y nos hace felices. “Fill, dilluns farà 38 anys que vas néixer i com cada any la mamá i jo ho celebrarem amb anyorança i melancolia. No sera a Menorca com sempre, serà a Cantallops. T’estimo Alex”.

POR UN SISTEMA SANITARIO HÍBRIDO. EL PORQUE QUE LA SANIDAD PÚBLICA Y PRIVADA JUNTAS, MEJORAN LA SALUD Y EL BIENESTAR DEL PAÍS


SEGUNDA PARTE

”Sanidad pública versus privada. La eterna discusión” (segunda parte)


El sector sanitario español ha sido puesto en entredicho diría que injustamente en estos últimos tiempos, especialmente debido al tsunami de la pandemia que hemos vivido y seguimos sufriendo por la Covid19. Ante todo quiero puntualizar que hemos vivido no una crisis sanitaria, sino una crisis de SALUD que es muy distinto y muy relevante a la hora de analizar y juzgar. Que esta crisis ha repercutido no solo, en el sector sanitario sino en todo el tejido social y económico no solo de nuestro país, sino de todo el planeta, un mundo con sistemas políticos, económicos, sociales y sanitarios diversos y distintos. Quiero aprovechar para denunciar que las comparaciones estadísticas que se han ido haciendo, entre países, me parecen poco rigurosas y desconcertantes en muchos casos, pues su elaboración en cada lugar es y sigue siendo distinta y creo que acertaría al decir que en algunos casos, incluso han sido manipuladas. Además las
comparaciones son siempre odiosas.
Por otra parte y doy fe, algunas entidades públicas de nuestro país especialmente de sectores como el sanitario, la educación y la investigación, que han visto reducidas en los últimos años por circunstancias diversas, sus aportaciones por parte del estado y sus gobiernos autonómicos han sufrido mucho. En algunos casos, esto ha provocado deficiencias estructurales que han aflorado de forma ingente con la terrible pandemia de la Covid19. Pero ahora quiero adentrarme en el vetusto debate, sanidad pública versus privada. Vaya por delante que soy un defensor convencido de que ambos sectores no solo tienen que convivir sino también colaborar estrechamente pues ambos conforman un solo y único sistema sanitario, pese a quien pese. Se equivocan los que dicen que España destina solo un 6.2% de su PIB a sanidad. No es cierto. El sector privado añade otro 2,7% lo que conforma un 8, 9%. Hace 30 años estábamos en un total del 6%. Otra cosa es el reparto, la distribución y su eficiencia, pero siempre están sesgados por razones ideológicas. Hasta me sorprende escuchar afirmaciones de relevantes investigadores españoles que viven en el extranjero trabajando en y para relevantes instituciones privadas y a la vez con un pie en España, colaborando con instituciones públicas de las que presumen. Ellos son el prototipo del sistema híbrido que propongo. Si les digo que el sector sanitario privado existe en España desde hace más de 100 años, que más de 12 millones de ciudadanos usan el aseguramiento y la provisión privada de nuestro país, de los cuales 2 millones son funcionarios públicos, es decir un 80% del total de su censo es un signo inequívoco de mi tesis. También lo es el que varios de nuestros hospitales privados, destacan por su calidad, reputación y prestigio en todo el mundo y eso es una realidad constatable. Nadie me negará que es bueno para nuestra sociedad en el más amplio sentido de la palabra. Y además en los últimos tiempos, jóvenes y no tan jóvenes emprendedores, científicos e investigadores, están creando un excepcional ecosistema de biotecnología, ehealth y otros ámbitos de las ciencias de la vida gracias a capital privado y eso es una realidad irreversible que refuerza más y más la tesis de la colaboración pública -privada y ahí está para quedarse.
No se trata pues de la tan manida, perversa y demagógicamente mal utilizada discusión de público o privado, para nada, se trata de identificar las buenas, regulares o malas instituciones sanitarias. Se trata de actuar deontológicamente de forma impecable y finalmente para que ambos sistemas, actúen de forma armónica, coordinada, retroalimentándose para mejorar el output que toda sociedad desea, una mejor salud y bienestar. Como explicaba en la primera parte de este documento y prólogo de este segundo artículo, deberíamos calificar que entendemos por público o privado. ¿Quién financia el sector público? Pues la sociedad civil, individuos, empresas y muchas instituciones privadas. Que nadie se equivoque, el estado se nutre de nuestros impuestos, directos e indirectos y cuanta menos actividad empresarial, comercial haya, menos ingresos tendrá el estado. A su vez es necesario puntualizar que tanto los gobiernos, estatal, autonómicos, provinciales, municipales y probablemente me dejo alguno más, deben estar al servicio de su comunidad. Ellos son aquellos que deben administrar con rigor, ética y justicia, transparencia y eficiencia NUESTROS recursos para conseguir una sociedad con el mayor bienestar posible. Pero ojo, que nadie se equivoque, no reparten y gestionan su propio dinero sino el NUESTRO y deben hacerlo con criterio pues para eso los elegimos, por esto se les llama “Administración”. No somos vasallos, somos ciudadanos con derechos y pero tampoco debemos olvidar que también tenemos importantes obligaciones que debemos cumplir y que a veces olvidamos. A su vez, nuestros gobernantes y como no, también los funcionarios públicos, deben velar por gestionar con honradez y rigor la utilización del dinero que proviene de la sociedad, en favor del bien común. Por su parte los ciudadanos a través de los organismos y herramientas adecuadas y que deberían ser independientes de los gobiernos, deberían vigilar con mucha atención la correcta aplicación de los mismos, pues ha sucedido y en demasiadas ocasiones, que muchos recursos públicos han ido a parar a manos inadecuadas de forma fraudulenta y también que demasiadas veces esto ha quedado impune.
¿Imaginan las decenas de millones que se han fundido por el camino? Con este dinero esfumado por vías opacas, algunas veces indescifrables, muchos hospitales y universidades públicas, no estarían ahora sufriendo tanto. Pero volviendo a la discusión eterna de si privado o público, insistir de nuevo, en que si el sector sanitario privado no existiera, el sector público estaría colapsado y probablemente desabastecido de profesionales que comparten actividades entre ambos ámbitos. Gracias a los hospitales privados no solo hemos evitado fuga de magníficos profesionales a otros países, sino que hemos recuperado muchos de ellos y a pesar de esto, se estima que cada año se produce una fuga de más de 2.000 profesionales sanitarios a otros países, pues aún hoy en día, la formación académica de nuestros sanitarios es muy cualificada y apreciada fuera de nuestras fronteras. Ello ha beneficiado el conocimiento y no solo asistencial y docente, sino también investigador, aunque nos queda mucho por recorrer. Hay muchos y muy buenos hospitales privados de carácter universitario que además de aportar una buena asistencia, añaden valor a la docencia e investigación. ¿Y qué decir de los hospitales públicos que hacen alianzas estratégicas con empresas privadas para I+D? ¿O es que alguien cree que los hospitales públicos no cuestan nada?. Compran productos a empresas proveedoras privadas; adquieren tecnología a empresas privadas; subcontratan en muchos casos servicios no “core” a empresas privadas. Muchos de sus médicos alternan su actividad con el sector privado que no solo les permite compensar sus ingresos, sin tener que emigrar, sino que además les permite aumentar y potenciar sus conocimientos en actividades docentes e investigadoras que se realizan muy dignamente en dichos hospitales. O sea que ya está bien de demonizar o esconder al sector sanitario privado usándolo como arma arrojadiza y demagógica, pues no es baladí que sea un sector centenario, que ha progresado y es un importante puntal en nuestra sociedad que genera muchísimos puestos de trabajo, que aporta unos ingresos sustanciales al PIB del país y tiene centros de alta reputación reconocidos en todo el mundo. Creo que ya va siendo hora de dejar de
avergonzarse ni de pedir perdón por algo que no es punible, todo lo contrario.
Además y esto se ha divulgado muy poco, el sector privado hospitalario, soporta un 21% de IVA que a diferencia de muchas otras industrias y sectores, no puede descargar y va contra su resultado económico directamente y jamás nadie ha querido prestarle la más mínima atención a pesar de muchos intentos por normalizarlo y poder ser tratados justamente como la mayoría de industrias. Me pregunto pues ¿Además de injusto, no es esto ya puestos, una cuota de solidaridad suficientemente importante? Sigo perplejo como algunos osan demonizar los hospitales privados por su ánimo de lucro. ¿Acaso los proveedores de todo tipo de los hospitales públicos son entes filantrópicos? Para nada. Tampoco y es más que lícito. ¿Cuál es el problema? La manipulación demagógica que cada vez abunda más. La respuesta es simple pero común a todos, no hay que diferenciar por la titularidad jurídica, es decir públicos o privados, sino por una buena gestión, eficiente, ética, honesta, eficaz y transparente. Ojalá en España tuviéramos una especie de guía oficial de calidad de hospitales y servicios. Es algo por lo que llevo luchando años, pero he llegado a la conclusión de que es un imposible. Una especie de Guía Michelin avalada por terceros de forma rigurosa, objetiva e independiente.
!Qué fácil es demonizar y utilizar la demagogia de que la medicina privada es para los ricos!. Para nada. Clases medias y bajas son parte importante de sus usuarios y que por favor nadie lo manipule injustamente. Este 25% de la población española que usa los hospitales privados, lo hace porque se siente protegida y muchísima gente ahorra cada año para poder pagarse un seguro privado que le da confianza para proteger su bien más preciado, su salud. ¿Saben que pagamos más por el seguro de nuestro vehículo que por un seguro privado médico?. ¿Y que este 25% de la población en muchos casos tiene doble aseguramiento?. Si lo hacen es porque lo aprecian. ¿No les parece?
Con ello no quiero decir que nos falte un trecho para mejorar, siempre hay que buscar la mejora, pero no olvidemos que los recursos suelen ser siempre escasos, por esto, solo haciendo las cosas bien, de la mano, coordinados, organizados, acomodando la oferta a la demanda de la sociedad, conseguiremos un mejor sistema sanitario en el que cada centro cubra de forma ordenada y eficiente las necesidades que se le hayan asignado.
Cuando uno está enfermo y traspasa el umbral de un hospital, está angustiado, agobiado, preocupado y su entorno también. Lo que menos les preocupa es si el hospital es público o privado, lo único que está en su mente es la confianza en los profesionales que le tratarán y en recuperar su bien más preciado, su salud. Ahí se acaba la demagogia. Y para terminar, un mensaje a nuestros políticos y gobernantes, no somos vasallos, somos ciudadanos que depositamos nuestra confianza y nuestros recursos en sus manos para que administren con eficiencia, rigor, ética y sostenibilidad. Estos por desgracia, son siempre insuficientes ante una demanda sanitaria que no deja de crecer. Solo hay una sanidad y esta es aquella que actúa con responsabilidad, vocación, ética profesionalidad, eficiencia y con humanidad. La titularidad jurídica que tiene decenas de formas es indiferente si se cumplen los principios anteriores.

PORQUE LA SANIDAD PÚBLICA Y PRIVADA JUNTAS MEJORAN LA SALUD Y EL BIENESTAR DEL PAÍS

PRIMERA PARTE – 1 de agosto 2020

”Sanidad pública versus privada. La eterna discusión” (primera parte)

Déjenme que empiece explicando por qué me siento escribiendo estas líneas sobre un tema eternamente controvertido. En primer lugar porque llevo más de 40 años trabajando en el sector sanitario, en todos los ámbitos. Dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo y yo ya soy más viejo que diablo. Mi extenso recorrido profesional por el ámbito sanitario nacional e internacional, me ha permitido la participación en tres comisiones de expertos en sanidad durante estos años, una a nivel estatal y dos autonómicas con distintos gobiernos en el poder y encargadas por sus respectivos parlamentos, algo que me permitió tener una visión 360 grados y desde muchas perspectivas sobre el sistema sanitario de nuestro país.
Empecé en el sector hospitalario por casualidad como empleado, ahora le llaman trabajador, de un gran hospital privado sin ánimo de lucro pero 100% concertado con el sector público. A lo largo de estos años, he pasado por distintas instituciones y empresas, públicas y privadas, con y sin ánimo de lucro, tanto en la provisión como en el ámbito del aseguramiento. Un día, tras 20 años de experiencia, decidí convertirme en emprendedor hospitalario y ahí sigo, pero me aún me considero tan trabajador sanitario como el que más, igual que cualquier otro, con la misma vocación y la particularidad del riesgo y responsabilidad que se asume en la profesión de empresario. Además, añadir que mi carrera profesional se ha visto complementada siempre por otras actividades distintas que me han permitido aprender de otros sectores, de otras personas y de empresas e instituciones ajenas a la sanidad, pudiendo eludir tanto como he podido, la endogamia que siempre genera cualquier industria o sector y a la vez que me ha servido para enriquecer y modernizar la gestión de un sector que siempre fue por detrás en ello.
Finalmente y si alguien tiene dudas de que pueda ser un talibán del sector privado, déjenme que les diga que a lo largo de mi carrera profesional, he intervenido con energía y convicción en la mejora de instituciones del sector público. De hecho, desde hace seis años, presido el Consejo Social de una de las universidades españolas publicas más relevantes, la UAB, lo que me permite tener una visión mucho más objetiva de la complementariedad de ambos ámbitos que es lo que yo defiendo y además sin sesgos políticos, sino por convencimiento personal. Como es muy difícil por temas de espacio exponer todo lo que creo necesario para defender mi tesis de la complementariedad del público y del privado, he dividido este artículo en dos partes. La primera como preámbulo y la segunda mucho más específica y con datos que soportan mi tesis. Para empezar diré que un sector público digno y robusto como el que tenemos, no sobreviviría bien, si no existiera un tejido empresarial privado que con sus impuestos nutriera las arcas del Estado para que este a través de sus gobernantes, a su vez, servidores públicos elegidos democráticamente, lo gestionen con eficacia. Estos y creo no equivocarme, tienen la difícil tarea del deber de distribuir con equidad y justicia dichos recursos para poder satisfacer una demanda creciente casi de forma cada vez más exponencial. Pero no lo olvidemos, el origen de las finanzas públicas se basa en que el país tenga un tejido productivo privado potente, capaz de progresar en armonía, sostenibilidad y a largo plazo. Sin la creación de riqueza por parte del sector privado, en libertad, obviamente sujeto a leyes y normas que impidan un mercado salvaje e injusto, es lo que hace que un país prospere. Que nadie olvide a su vez que el sector sanitario privado genera casi 300 mil puestos de trabajo en España, representa el 2,9 del gasto del PIB del país, descarga al sistema público de entre 7 y 10 mil millones de euros que pondrían en dificultades la sostenibilidad del sistema público y todo ello sin tener en cuenta la aportación de valor en el ámbito docente, investigador y reputacional no solo a nivel nacional sino también internacional del sector privado como fuente de riqueza y posicionamiento de país a nivel sanitario.
Por lo tanto , insisto, el sector público existe y será más fuerte en tanto la sociedad que lo ampara, tenga un tejido empresarial potente y un sistema político justo, responsable y ético que sea capaz de anteponer las necesidades de sus ciudadanos, las de la sociedad civil a las de intereses partidistas e ideológicos. Por cierto, hay que recordar que los propios partidos políticos, son entidades privadas y sean del color que sean, actúan como tales. Desafortunadamente, nuestros partidos políticos en mi modesta opinión, se han ido convirtiendo con el tiempo en verdaderas empresas con los mismas virtudes y defectos que a veces tanto critican. La sociedad de hoy en día exige cada vez más sus derechos, pero demasiadas veces

olvidamos nuestros deberes. No lo achaco a la ciudadanía sino a aquellos que se aprovechan de las penurias y dificultades de parte de la sociedad, prometiendo de forma populista y demagógica lo que no tienen o que no saben de dónde lo obtendrán, para dar a entender que satisfarán la demandas de los ciudadanos al conseguir así un estado del bienestar idílico que es un deseo lícito, pero que en realidad, es demasiadas veces una utopía. ¡Qué fácil es prometer el cielo con el dinero ajeno!. La democracia está basada en la elección de sus gobernantes en función de su buen hacer, de su ética, de su capacidad de servir lo mejor posible a sus conciudadanos con los recursos reales con los que se cuentan, siendo transparentes y realistas y sin mentir, ni por piedad y mucho menos por la obscenidad de atraer votos con promesas imposibles de cumplir. No todo vale ni todo lo que uno desearía es posible de conseguir. Concluyo esta primera parte, diciendo que el sector público será más fuerte y robusto, en tanto y cuanto tenga un tejido empresarial privado floreciente que lo financie, le provea de recursos y trabajen conjuntamente retroalimentándose mutuamente, no solo económicamente, sino también intelectual y académicamente, es decir transfiriéndose y compartiendo conocimiento mutuo porque en mi opinión va de esto. No son dos sectores separados que puedan vivir uno sin el otro, son dos sectores que se necesitan para sobrevivir, olvidando comparaciones absurdas, manifestaciones antiguas, obsoletas, manipuladoras y perversas. Se trata de crear y especialmente sostener un único sistema híbrido mucho más potente, que a través de alianzas estratégicas público-privadas, sus actores se retroalimenten, “coopitan” y se conviertan en instituciones sostenibles y consistentes en el tiempo. Como dice un antiguo proverbio chino, “Solo, irás más rápido, pero no llegarás lejos. Juntos y unidos, llegaréis más lejos y seréis mucho mejores”.
En la segunda parte de este artículo, me adentraré de lleno en el ámbito sanitario. ”Sanidad pública versus privada. La eterna discusión” (segunda parte)
El sector sanitario español ha sido puesto en entredicho diría que injustamente en estos últimos tiempos, especialmente debido al tsunami de la pandemia que hemos vivido y seguimos sufriendo por la Covid19. Ante todo quiero puntualizar que hemos vivido no una crisis sanitaria, sino una crisis de salud que es muy distinto y muy relevante para tener en cuenta. Que esta crisis ha repercutido no solo, en el sector sanitario sino en todo el tejido social y económico no solo de nuestro país, sino de todo el planeta, un mundo con sistemas políticos, económicos, sociales y sanitarios diversos y distintos. Quiero aprovechar para denunciar que las comparaciones estadísticas que se han ido haciendo, entre países, me parecen poco rigurosas y desconcertantes en muchos casos, pues su elaboración en cada lugar es y sigue siendo distinta y creo que acertaría al decir que en algunos casos, incluso han sido manipuladas. Además las
comparaciones son siempre odiosas.
Por otra parte y doy fe, algunas entidades públicas de nuestro país especialmente de sectores como el sanitario, la educación y la investigación, han visto reducidas en los últimos años por circunstancias diversas, sus aportaciones por parte del estado y sus gobiernos autonómicos. En algunos casos, esto ha provocado deficiencias estructurales que han aflorado de forma ingente con la terrible pandemia de la Covid19. Pero ahora quiero adentrarme en el vetusto debate, sanidad pública versus privada. Vaya por delante que soy un defensor convencido de que ambos sectores no solo tienen que convivir sino también colaborar estrechamente pues ambos conforman un solo y único sistema sanitario, pese a quien pese. Se equivocan los que dicen que España destina solo un 6.2% de su PIB a sanidad. No es cierto. El sector privado añade otro 2,7% lo que conforma un 8, 9%. Hace 30 años estábamos en un total del 6%. Otra cosa es el reparto, la distribución y su eficiencia, pero siempre están sesgados por razones ideológicas. Hasta me sorprende escuchar afirmaciones de relevantes investigadores españoles que viven en el extranjero trabajando en y para relevantes instituciones privadas y a la vez con un pie en España, colaborando con instituciones públicas de las que presumen. Ellos son el prototipo del sistema híbrido que propongo. Si les digo que el sector sanitario privado existe en España desde hace más de 100 años, que más de 12 millones de ciudadanos usan la provisión privada de nuestro país, de los cuales 2 millones son funcionarios públicos, es decir un 80% del total de su censo y que varios de nuestros hospitales privados

destacan por su calidad, reputación y prestigio en todo el mundo y eso es una realidad constatable, nadie me negará que es bueno para nuestra sociedad en el más amplio sentido de la palabra. Y además en los últimos tiempos, jóvenes y no tan jóvenes emprendedores, científicos e investigadores, están creando un excepcional ecosistema de biotecnología, ehealth y otros ámbitos de las ciencias de la vida gracias a capital privado y es una realidad irreversible que refuerza más y más la colaboración pública -privada y ahí está para quedarse.
No se trata pues de la tan manida, perversa y demagógicamente mal utilizada discusión de público o privado, para nada, se trata de identificar las buenas, regulares o malas instituciones sanitarias. Se trata de actuar deontológicamente de forma impecable y finalmente para que ambos sistemas, actúen de forma armónica, coordinada, retroalimentándose para mejorar el output que toda sociedad desea, una mejor salud y bienestar. Como explicaba en la primera parte de este documento y prólogo de este segundo artículo, deberíamos calificar que entendemos por público o privado. ¿Quién financia el sector público? Pues la sociedad civil, individuos, empresas y muchas instituciones privadas. Que nadie se equivoque, el estado se nutre de nuestros impuestos, directos e indirectos y cuanta menos actividad empresarial, comercial haya, menos ingresos tendrá el estado. A su vez es necesario puntualizar que tanto los gobiernos, estatal, autonómicos, provinciales, municipales y probablemente me dejo alguno más, deben estar al servicio de su comunidad. Ellos son aquellos que deben administrar con rigor, ética y justicia, transparencia y eficiencia NUESTROS recursos para conseguir una sociedad con el mayor bienestar posible. Pero ojo, que nadie se equivoque, no reparten y gestionan su propio dinero sino el NUESTRO y deben hacerlo con criterio pues para eso los elegimos, por esto se les llama “Administración”. No somos vasallos, somos ciudadanos con derechos y pero tampoco debemos olvidar que también tenemos importantes obligaciones como ciudadanos que debemos cumplir. A su vez, nuestros gobernantes y como no, también los funcionarios públicos, deben velar por gestionar con honradez y rigor la utilización del dinero que proviene de la sociedad, en favor del bien común. Por su parte los ciudadanos a través de los organismos y herramientas adecuadas y que deberían ser independientes de los gobiernos, deberían vigilar con mucha atención la correcta aplicación de los mismos, pues ha sucedido y en demasiadas ocasiones, que muchos recursos públicos han ido a parar a manos inadecuadas de forma fraudulenta y también que demasiadas veces esto ha quedado impune.
¿Imaginan las decenas de millones que se han fundido por el camino? Con este dinero esfumado por vías opacas, algunas veces indescifrables, muchos hospitales y universidades públicas, no estarían ahora sufriendo tanto. Pero volviendo a la discusión eterna de si privado o público, insistir de nuevo, en que si el sector sanitario privado no existiera, el sector público estaría colapsado y probablemente desabastecido de profesionales que comparten actividades entre ambos ámbitos. Gracias a los hospitales privados no solo hemos evitado fuga de magníficos profesionales a otros países, sino que hemos recuperado muchos de ellos y a pesar de esto, se estima que cada año se produce una fuga de más de 2.000 profesionales sanitarios a otros países, pues aún hoy en día, la formación académica de nuestros sanitarios es muy cualificada y apreciada fuera de nuestras fronteras. Ello ha beneficiado el conocimiento y no solo asistencial y docente, sino también investigador, aunque nos queda mucho por recorrer. Hay muchos y muy buenos hospitales privados de carácter universitario que además de aportar una buena asistencia, añaden valor a la docencia e investigación. ¿Y qué decir de los hospitales públicos que hacen alianzas estratégicas con empresas privadas para I+D? ¿O es que alguien cree que los hospitales públicos no cuestan nada?. Compran productos a empresas proveedoras privadas; adquieren tecnología a empresas privadas; subcontratan en muchos casos servicios no “core” a empresas privadas. Muchos de sus médicos alternan su actividad con el sector privado que no solo les permite compensar sus ingresos, sin tener que emigrar, sino que además les permite aumentar y potenciar sus conocimientos en actividades docentes e investigadoras que se realizan muy dignamente en dichos hospitales. O sea que ya está bien de demonizar o esconder al sector sanitario privado usándolo como arma arrojadiza y demagógica, pues no es baladí que sea un sector centenario, que ha progresado y es un importante puntal en nuestra sociedad que genera muchísimos puestos de trabajo, que aporta unos ingresos sustanciales al PIB del país y tiene centros de alta reputación reconocidos en todo el mundo. Creo que ya va siendo hora de dejar de

avergonzarse ni de pedir perdón por algo que no es punible, todo lo contrario. Además y esto se ha divulgado muy poco, el sector privado hospitalario, soporta un 21% de IVA que a diferencia de muchas otras industrias y sectores, no puede descargar y va contra su resultado económico directamente y jamás nadie ha querido prestarle la más mínima atención a pesar de muchos intentos por normalizarlo y poder ser tratados justamente como la mayoría de industrias. Me pregunto pues ¿Además de injusto, no es esto ya puestos, una cuota de solidaridad suficientemente importante? Sigo perplejo como algunos osan demonizar los hospitales privados por su ánimo de lucro. ¿Acaso los proveedores de todo tipo de los hospitales públicos son entes filantrópicos? Para nada. Tampoco y es más que lícito. ¿Cuál es el problema? La manipulación demagógica que cada vez abunda más. La respuesta es simple pero común a todos, no hay que diferenciar por la titularidad jurídica, es decir públicos o privados, sino por una buena gestión, eficiente, ética, honesta, eficaz y transparente. Ojalá en España tuviéramos una especie de guía oficial de calidad de hospitales y servicios. Es algo por lo que llevo luchando años, pero he llegado a la conclusión de que es un imposible. Una especie de Guía Michelin pero avalada por terceros de forma rigurosa, objetiva e independiente.
!Qué fácil es demonizar y utilizar la demagogia de que la medicina privada es para los ricos!. Para nada. Clases medias y bajas son parte importante de sus usuarios y que por favor nadie lo manipule injustamente. Este 25% de la población española que usa los hospitales privados, lo hace porque se siente protegida y muchísima gente ahorra cada año para poder pagarse un seguro privado que le da confianza para proteger su bien más preciado, su salud. ¿Saben que pagamos más por el seguro de nuestro vehículo que por un seguro privado médico?. ¿Y que este 25% de la población en muchos casos tiene doble aseguramiento?. Si lo hacen es porque lo aprecian. ¿No les parece?
Con ello no quiero decir que nos falte un trecho para mejorar, siempre hay que buscar la mejora, pero no olvidemos que los recursos suelen ser siempre escasos, por esto, solo haciendo las cosas bien, de la mano, coordinados, organizados, acomodando la oferta a la demanda de la sociedad, conseguiremos un mejor sistema sanitario en el que cada centro cubra de forma ordenada y eficiente las necesidades que se le hayan asignado.
Cuando uno está enfermo y traspasa el umbral de un hospital, está angustiado, agobiado, preocupado y su entorno también. Lo que menos les preocupa es si el hospital es público o privado, lo único que está en su mente es la confianza en los profesionales que le tratarán y en recuperar su bien más preciado, su salud. Ahí se acaba la demagogia. Y para terminar, un mensaje a nuestros políticos y gobernantes, no somos vasallos, somos ciudadanos que depositamos nuestra confianza y nuestros recursos en sus manos para que administren con eficiencia, rigor, ética y sostenibilidad. Estos por desgracia, son siempre insuficientes ante una demanda sanitaria que no deja de crecer. Solo hay una sanidad y esta es aquella que actúa con responsabilidad, vocación, ética profesionalidad, eficiencia y con humanidad. La titularidad jurídica que tiene decenas de formas es indiferente si se cumplen los principios anteriores.