La universidad, uno de los pilares de nuestra sociedad

La universidad, uno de los pilares de nuestra sociedad

Hace exactamente tres años que me incorporé al frente del Consejo Social de la UAB. Cuando se me propuso asumir esta responsabilidad, me pareció una oportunidad para poder aportar mi granito de arena al ámbito universitario público de nuestro país, así como toda la experiencia y conocimiento adquiridos a lo largo de 35 años de carrera profesional; especialmente, en el sector sanitario, tanto doméstico como internacional, y retornar, de algún modo, todo aquello que había aprendido.

Tres intensos años al servicio de la UAB

Entre otras cosas, valoré en positivo la enorme similitud que hay entre hospitales y universidades que, para no aburrir, no relataré en estas líneas, pero que los hacen muy parecidos en muchos aspectos. También influyó mi paso y conocimiento, en distintos momentos de mi carrera profesional, por hospitales del sector público u otros muy vinculados al mismo. Por supuesto, mi experiencia en el sector privado, tanto a nivel estatal como internacional —especialmente, en centros de ámbito universitario y con importante actividad docente e investigadora—, me autoconvencieron de que podía asumir esta responsabilidad con garantías y aportar valor. Finalmente, el hecho de haber vivido a lo largo de mi vida varias crisis económicas y sociales fue otro punto que me ayudó a tomar la decisión, pues estábamos en una de ellas.

El país y las universidades vivían, viven, inmersas en una crisis galopante. Los ingresos han sido reducidos año a año, no sólo a nivel de gastos operativos sino también a nivel de inversiones. La sostenibilidad y la mejora eran y siguen siendo todo un reto, y yo quería, en la medida de mis posibilidades, ayudar a mejorar la situación en la que estamos. De hecho, sólo puse dos condiciones: libertad de acción —por supuesto, atendiendo a la normativa de aplicación—, y poder conocer personalmente los intersticios de la universidad en toda la profundidad que pudiera, dada mi voluntad de no ser un mero cargo institucional sólo de carácter representativo y alejado de la realidad.

En medio de una crisis sin precedentes

Así pues, en junio del año 2014 tomé posesión de mi cargo. Debo reconocer que era un reto y un mundo desconocido para mí y, en todo momento, la premisa ha sido y es intentar mejorar, aprender, escuchar mucho, tratar de entender y entender, ponerme en los zapatos de los demás para buscar y hallar soluciones en lugar de crear dificultades, algo que parece lógico, pero que en el mundo actual casi resulta anacrónico.

Lo primero que hicimos fue replantearnos la adopción de una posición mucho más proactiva. Lo que nos encontramos nos parecía algo mucho más normativo que ejecutivo. Cuando llegué al Consejo Social, éste era un ente desconocido por la comunidad universitaria y era percibido con cierto antagonismo. Lo primero que propuse, en un momento de cambio de composición del Consejo Social, fue incorporar nuevos miembros y tratar de renovar, dentro de lo posible, el propio Consejo Social y su dinámica de trabajo. También decidimos dar un nuevo enfoque a la actuación y misión del Consejo. Todos los miembros y representantes de las distintas instituciones debíamos asumir un nuevo rol y sentirnos parte de la universidad y no ser sólo sus fiscalizadores. Creo en las personas, en la vocación y en aunar esfuerzos, y puedo decir que todos los miembros del Consejo, así como todo el staff asignado, están muy volcados y con una vocación integradora muy elevada. Creo en los equipos y creo que este Consejo destaca por ello. Además de talento, hay una enorme vocación y muchísima dedicación, y esto es de agradecer.

Un equipo con talento, vocación y dedicación

Todos queremos una universidad mejor porque deseamos una sociedad mejor y más justa. Así pues, una de las primeras cosas que hicimos, fue patearnos dentro de lo posible la universidad, comprobar “in situ” y conocer en persona todos aquellos temas que nos llegaban y sólo conocíamos por terceros. También hemos tratado de ser un Consejo de puertas abiertas. Jamás hemos dicho “no” a nadie que quisiera vernos, conocernos o explicarnos algo. Decidimos, también, dejar de ser única y exclusivamente el ente fiscalizador e inspector, para tratar de involucrarnos y formar parte del complejo engranaje que es una universidad; eso sí, sin dejar de cumplir con algo tan relevante como es ser los garantes de la buena aplicación de los recursos públicos de la sociedad en la universidad y creo que lo estamos cumpliendo con rigor.

Dicho todo esto y ya con cierto conocimiento de causa —a pesar de que la crisis económica, desde un punto de vista macroeconómico, está menguando, si bien el impacto social de esta inflexión no es aún visible—, decidimos alinearnos con el Equipo de Gobierno de la universidad; eso sí, asumiendo el papel que nos confiere el marco normativo y sin entrar en conflictos de interés, pues no hay que olvidar que el Consejo representa a la sociedad civil y, a su vez, el Equipo de Gobierno es elegido por la propia universidad. El objetivo no era ni es otro que aunar esfuerzos y trabajar conjuntamente para mejorar nuestra universidad. Hay que reconocer que la repercusión de las mejoras macroeconómicas no es nunca inmediata. También es cierto que, en función de las políticas económicas que se empleen en el entorno, dicho impacto actuará y aparecerá de una u otra forma, pero a la vez es cierto que nuestra capacidad de actuación también podría y puede impactar, siempre teniendo en cuenta nuestras posibilidades y recursos.

Sumar esfuerzos con el Equipo de Gobierno

Pues bien, el Equipo de Gobierno de la UAB (tanto el anterior como el actual) y el Consejo Social decidimos aunar esfuerzos para defender las necesidades no tan sólo de la universidad, sino también de todos sus stakeholders, es decir, PDI, PAS, estudiantes, instituciones allegadas a la esfera de la UAB, y, por supuesto, la sociedad a la que está adscrita la universidad. En estos tres años hemos tratado de paliar de distintas formas y con enorme estoicidad la tremenda bajada de ingresos que nuestra universidad ha sufrido. Podemos afirmar que nuestro presupuesto ha experimentado una reducción de ingresos alrededor del 25 % en estos últimos años. También hay que reconocer que en la UAB, como en otras universidades, hemos tenido que apretarnos el cinturón y eso ha repercutido no sólo en su staff, sino también y muy especialmente en las inversiones, pero además se ha trabajado duramente para ser más eficientes. Y seguimos en ello.

También, y con ímprobos esfuerzos y sacrificios, hemos ido reduciendo la deuda, aunque a veces pienso que es perverso, pues estos esfuerzos, a veces, o pasan desapercibidos o no son reconocidos como merecen por quien corresponde. No se debe olvidar que el campus de la UAB alcanza los 500.000 metros cuadrados de edificación, con 40.000 estudiantes y 6.000 profesionales en activo. Quiero, a su vez, recalcar que, a diferencia del resto de universidades, en la UAB soportamos lo que nosotros denominamos internamente “gastos de ciudad”, algo que en otras universidades es cubierto por los consistorios de las ciudades a las que están adscritas y que en nuestro caso no es así. Dichos gastos, absolutamente imprescindibles, oscilan entre los cinco y los seis millones de euros al año de forma recurrente. Imaginemos que pudiésemos destinar esta cantidad a actividades de docencia e investigación…

Urge buscar recursos para ponernos al día

Cabe destacar que, en junio de 2018, la UAB cumplirá 50 años, pero que, desde hace algunos años, la inversión en mantenimiento de instalaciones no alcanza los dos millones de euros, un 10% de lo que se llegó a invertir regularmente de forma anual en un pasado no tan reciente. Todo ello, sin contar con la renovación tecnológica y estructural, algo esencial en un campus universitario catalogado como de excelencia internacional; y sin olvidar que vivimos en un mundo donde todas las profesiones están sometidas a una obsolescencia tecnológica sin tregua.

Es inapelable que la universidad debe ser innovadora y líder en tecnología, y en nuestro país no suele ser siempre así, pues en algunos ámbitos vamos a rebufo de la sociedad. También debemos tener muy en cuenta que la increíble voracidad tecnológica en la que vivimos puede cambiar en pocos años el escenario universitario. Por ejemplo, se adivina que habrá menos presencialidad y que se necesitará mayor inversión tecnológica si realmente se desea estar al frente de la innovación, de la aparición de nuevos grados y especialidades a petición de la sociedad a la que servimos, de una mayor investigación involucrada con el tejido empresarial del entorno, de una más amplia y mejor transferencia a nuestro entorno —que es una de nuestras misiones clave— y de muchas otras circunstancias que sin duda afectarán el futuro universitario público de nuestro país.

Ante todo lo expuesto debemos preguntaros ¿Cómo podemos enseñar y proporcionar prácticas up to date a nuestros alumnos cuando, en algunos casos, la tecnología usada es antigua y poco parecida a la que se usa en la industria, en el mundo real? Por eso, desde la UAB, nos esforzamos en paliar momentáneamente esta falta de recursos, tratando de ser muy imaginativos, buscando recursos de forma insistente en todos los ámbitos que entendemos que ofrecen oportunidades, a la vez que procuramos aplicar fórmulas que nos permitan estar actualizados y posicionarnos como una universidad líder en empleabilidad. Fondos europeos, instituciones privadas que nos apoyan, alianzas con empresas que colaboran en la formación de nuestros alumnos, para poner un ejemplo; pero esto no es suficiente.

La primera universidad española en investigación

Nuestros edificios necesitan ser reformados y modernizados, y alguno de ellos mucho más que eso. Necesitamos tecnología state of the art. No podemos olvidar que la UAB es la primera universidad española en investigación y, tras lo dicho, es fácil concluir que los resultados alcanzados son obtenidos gracias al talento, el esfuerzo, la vocación y el magnífico trabajo que la gran mayoría de profesionales de la casa realiza en todos los ámbitos. Y ese es otro punto crucial y muy estratégico. La extraordinaria generación de académicos actuales irá desapareciendo en los próximos años, y nuestra universidad, si no puede recuperar la velocidad de crucero alcanzada, es decir, la misma o mayor capacidad económica de antaño (sólo debemos comparar el ratio de resultados respecto a los ingresos anuales con universidades parecidas de otros países, y comprobaremos nuestra eficiencia), no podrá atraer nuevo talento, y puede suceder que los esfuerzos y resultados adquiridos durante tantos años se diluyan en el tiempo, pudiendo caer en ratings y standards de calidad inapropiados para una universidad como la UAB.

Es por ello que, aprovechando el 50 aniversario que celebraremos en unos meses, y, a pesar del convulso e inestable entorno actual, tanto el Equipo de Gobierno como el propio Consejo Social y otros actores de la esfera UAB, tenemos la enorme voluntad de usar todos nuestras capacidades y esfuerzos para conseguir recursos que nos permitan recuperar el nivel que la universidad merece, y, por ende, no sólo mantener sino superar los estándares de calidad hasta ahora alcanzados, tanto a nivel docente como investigador, pero con el gran objetivo de poder transferir de forma constante el conocimiento generado a nuestra sociedad.

Una UAB que escuche atentamente su entorno

Y, por supuesto, también estar muy atentos a las necesidades que nuestra sociedad demanda, cuestión que el mundo académico debe tener muy presente. Una sociedad que pretende garantizar bienestar, equidad, progreso y sostenibilidad a sus ciudadanos debe basarse en un sistema educativo estable, innovador, sostenible, universal y, por supuesto, solidario. Una sociedad que se precie, debe proveer un sistema educativo y, sin duda, también un sistema universitario potente. Sólo así la sociedad progresará en todos los ámbitos. Desde este Consejo Social, dentro de nuestras posibilidades, haremos todo lo posible por acercarnos al máximo a este sueño hoy tan lejano, pero que no es imposible ni inalcanzable. La voluntad es esfuerzo, y éste, junto al convencimiento, permite convertir los sueños en realidad.

20 de junio de 2017

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