Aprender a vivir by Pep Guardiola. Prólogo Libro “Emprendedor persigue tus sueños” . Ed Edebe

image1471262_783113055048171_367683966_nAprender a vivir, por Pep Guardiola

Todo el mundo aspira a cumplir sus sueños pero muy pocos lo logran. Esa es una obviedad que conviene recordar de vez en cuando. También resulta muy buena idea reparar en cómo lo han hecho los que lo han conseguido.

Gaby Masfurroll ha escrito un libro alrededor de los emprendedores que a mí me parece, sobre todo, un tratado acerca de qué se puede hacer para tratar de cumplir los sueños. Gaby es uno de esos privilegiados que tuvo un sueño y lo cumplió. En su libro Gaby detalla el camino que él tuvo que recorrer y los retos a los que se enfrentó, pero también cuenta otras muchas vivencias de gente que, en ese sentido, puede servir de modelo y referencia.

A lo largo del libro Gaby traza un retrato del emprendedor perfecto: aquel que tiene una idea/sueño y que, tras concluir que la idea no es una completa locura, la coloca en lo más alto de sus prioridades y, sin perder la sensatez, hace lo imposible para hacerla posible. Gaby deja claro que para ser un buen emprendedor es necesario reunir muchos requisitos: intuición, lucidez, ilusión, iniciativa, pasión, imaginación, creatividad, empuje, generosidad, coraje, audacia, astucia, amor por el trabajo, sentido de la anticipación, sentido de la responsabilidad, capacidad de asumir riesgos, disciplina, resistencia, habilidad, reflejos, inconformismo, poder de seducción, fortaleza mental, conocimiento del terreno que se pisa, consciencia de las propias limitaciones, humildad -pero no falsa humildad-, capacidad de liderazgo y de potenciar lo mejor de tus colaboradores, espíritu de equipo, afán de superación, incapacidad para venirse abajo, inteligencia para aprender de los errores y de las derrotas y un empeño absoluto en adaptarse a los cambios y circunstancias y en innovar y reinventarse constantemente.

Es muy llamativo advertir cómo esa relación de virtudes es idéntica a la que ha de adornar, por ejemplo, a un deportista de élite si pretende llegar a la cumbre y mantenerse en ella. Gaby ha sido deportista y es consciente de que, para triunfar en el deporte, no es suficiente con el talento natural ni, mucho menos, con la suerte. El talento es un don y la suerte es algo incontrolable que va y viene a su aire y con la que es mejor no contar. Si el talento y la suerte no se arropan con todo lo demás, nunca se llega a ninguna parte que realmente merezca la pena. Del mismo modo, para ser un buen emprendedor no es suficiente con tener un golpe de suerte o una intuición genial una mañana al despertarse. A menudo se dice que el fútbol es una metáfora de la vida y tal vez se repite tanto porque es verdad. Sé muy bien hasta qué punto el fútbol de élite, como el emprendimiento, suele castigar, por muy talentosos que sean, a los perezosos, a los vagos, a los débiles mentales, a los pusilánimes, a los inconstantes, a los conformistas, a los indisciplinados, a los pijos, a los egoístas enfermizos, a los malos compañeros, a los que se hunden ante la primera dificultad, a los que son incapaces de digerir las derrotas y a los que el éxito les emborracha y trastorna. Leyendo el libro de Gaby he recordado una frase que me encanta: un inteligente siempre se recupera de un fracaso pero un tonto nunca se recupera de un éxito.

El libro está lleno de historias, observaciones, sugerencias, confesiones y reflexiones de gran valor formativo y moral. Gaby subraya que España nunca ha tenido una relación fluida con el emprendimiento: no es un país de grandes emprendedores y la consideración social de la que disfrutan los emprendedores es insólitamente baja. Parece claro que el espíritu emprendedor no figura en un lugar destacado de nuestro ADN y eso puede explicar muchas de las carencias y debilidades de los españoles relacionadas con su economía, su ciencia, su educación o su cultura. Desde ese punto de vista, el libro de Gaby es una inapreciable aportación que reivindica el valor del emprendimiento y revela su convicción de que los mejores países son aquellos que cuentan con los mejores emprendedores.

Gaby publica su libro en un momento especialmente delicado. Vivimos tiempos endiablados, en los que resulta muy complicado detectar razones para el optimismo. El mundo siempre ha sido terriblemente injusto, corrupto, indecente, insolidario y desigual pero da la impresión de que ahora lo es más que nunca. Llegar a esa conclusión es muy descorazonador: hasta hace unos años creíamos que el progreso económico, cultural, moral y social no se detendría jamás y que el destino de cada generación era vivir mejor que la de sus padres. Sin embargo, ahora nos encontramos envueltos en un clima de pesimismo y desolación y se ha instalado esa incómoda sensación de que los jóvenes de hoy van a tener una vida más difícil que la de sus padres. Pero el pesimismo es muy paralizante y no podemos caer en la tentación de abandonarlos a él. Esa es otra de las lecciones que encierra el propio caso de Gaby, alguien que, desde abajo, rodeado de las circunstancias más hostiles, ha llegado a lo más alto, sin dejarse abatir por las contrariedades. Su libro es un canto a la ilusión, al optimismo, a la iniciativa, a la decencia, a la igualdad de oportunidades, a la cultura del esfuerzo y del sacrificio y a la generosidad que implica transmitir y compartir experiencias que contribuyan a un mundo más justo y confortable.

Una de las cosas más bonitas que se puede decir de algo o de alguien es que te enseña a vivir. Y eso es, exactamente, lo que consigue el libro de Gaby Masfurroll.

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