Santa Jordi: el nuevo sindrome by Carme Riera vía La Vanguardia.

image imageEl cuento de un nuevo síndrome

Carme Riera
El pasado jueves fue su primer día del libro como autora. Acababa de publicar una novela, una buena ópera prima y tenía una enorme ilusión por conocer a su público y firmar ejemplares. Consciente de que en Sant Jordi las ventas de libros suelen sobrepasar las de todo el año, salió de casa bien provista de rotuladores, bolígrafos y una pluma, regalo de su abuela, en cuyo depósito no había tinta, sino agua del Carmen, por si acaso los nervios la traicionaban. Llevaba sus inseparables tejanos y una camiseta azul, aunque pensó que quizá hubiera sido más adecuado escoger un traje a tenor del día.

Vestirse, por ejemplo, de libro; sorprender al publico con el reclamo de su desnudo o un disfraz de hábito de monja y cresta verde loro con peineta de Martirio. El cielo en su barrio estaba indeciso.

Ojalá que en la Rambla, los libreros aliados con las floristas – se dijo – hayan conseguido sobornar al sol. Su lametazo de cachorro sobre cogotes de lectores y lomos de libros es siempre proporcional al número de ejemplares despachados. Las rosas, esas sí, lucían espléndidas algo más ortopédicas, maquilladas o hasta descongeladas para la ocasión.

En la plaza Sant Jaume, le esperan sus libros detrás de una montaña de recetarios de cocina y consejos de un gurú de Pamplona, pero en seguida los pasan a primera fila. Sonríe. Lehandichoquedebeatraeral público con amabilidad. Sonríe mucho, pero nadie lo nota. Nadie le pide una maldita firma. No es que no la miren, es que no la ven, sólo tienen ojos para un autor que acaba de llegar. Trae un micro prendido de la corbata. Viene directamente del plató donde presenta un concurso de máxima audiencia y sobre el que ha escrito un libro extraordinario, una atrevida reflexión sobre el sexo y la mortadela. Imprescindible.

Cambia de librería. “¿ Dónde hay más Espinosas ? Que ya no quedan ”, le pregunta alguien a modo de saludo. Frente a Albert Espinosa hay una cola que llega a Girona. Por fin le asignan sitio en una esquina, oculta por la comitiva de majorettes que acompaña a la verdadera revelación de la temporada, la estrella de la NBA, que arrasa botando una pelota y cuyo libro, Lo que debes hacer para llegar a ser como yo, vendió en Estados Unidos un millón de ejemplares en diez minutos.

A la hora de comer el editor le consuela y hasta le promete una atención especial cuando pase la locura de Sant Jordi. Le propone, por ejemplo, que su novela se rife en las tómbolas de las escuelas y se incluya como premio en la gincana de fin de curso.

Dos excelentes manera de conseguir popularidad entre la juventud. Él, en el fondo, tampoco sabe muy bien qué hacer con los libros que, como el de ella, no tienen morbo, ni llevan implícito un escandalo, ni son de autor mediático. Pero sólo le argumenta que no debe quejarse… Bastante ha hecho él con editarla. “ Vamos a ver si nos aclaramos de una vez. ¿ Quién eres tú ? ¿ Tienes un programa en la tele ? ¿ Miles de seguidores en Facebook ? Ni siquiera has ganado un premio literario… ¿ Sabes cuántos libros salen cada año ? ¿ Cada hora, cada minuto… cada segundo…? La cifra es espantosa, horripilante, tremenda, produce pánico”. “ Me voy a casa – musita ella –, me encuentro mal”. “ De ninguna manera – dice él –, no quiero que te deprimas. Vámonos ahora mismo a El Corte Inglés. Con los grandes, para que aprendas”. Se deja arrastrar. Allí la deposita junto a Moccia, Follett, Montero, Martí Gironell, Fernández Cubas, etcétera, etcétera, pluma en ristre.

Mientras los montones de libros de sus vecinos disminuyen, el suyo parece que crece. Tiene la sensación de que los ejemplares se reproducen en un parto constante e infinito. Los ve precipitarse sobre los autores, los lectores, los transeúntes, los coches, las casas, arrasándolo todo. Si al menos vendiera un ejemplar… Quizá uno sólo bastaría para acabar con el maleficio. De repente el milagro está apunto de ocurrir porque llega él y se le planta delante. Él, como un príncipe, un héroe, eso sí encantado por algún genio maligno, porque es feo como un sapo, tuerto y jorobado.¿ Cómo hacerle entender que si rompiera el maleficio recobraría su antigua belleza ? Nerviosa, intenta inyectarse en las encías el cargador entero de la pluma de la abuela pero el plumín, en funciones de aguja hipodérmica, se atasca. Debe tranquilizarse. Si no actúa deprisa perderá ya no tenga otra. “ Si te lo quedas te lo firmo ”, dice con un hilo de voz. “ Gracias ”, consiente él. El parto infinito termina, el montón para de crecer y él es Johnny Depp, Brad Pitt y Ian Somerhalder a la vez. “¿ A quién se lo dedico ?”, pregunta. “ Me envía tu editor ”, contesta él y antesdequepuedaañadirnadamás, ellase desmaya. Desde entonces, desde el pasado jueves 23 de abril continúa inconsciente en la UCI adonde fue trasladada. Y aunque hay quien asegura que no es más que una estratagema para llamar la atención y vender libros, algunos dicen que los médicos ya han calificado el caso de síndrome de ANDL (Síndrome de Autor Novel en el Día del Libro). ¿ Un cuento o nueva enfermedad que habrá que tener en cuenta ?

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