El gen del emprendedor by Santiago Alvarez de Mon. Vía Expansion

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OPINIÓN Santiago Álvarez de Mon 21/01/2015
El gen del emprendedor
¿Sabía que Samuel Walton, fundador de Wal-Mart, abrió en 1962, con 44 años de edad, su primera tienda? Contaba 51 años cuando se produjo la expansión de su cadena. Antes había trabajado en J.C. Penney (actual Macy’s), en el Ejército americano y en las cadenas de distribución Butler Brothers y Ben Franklin Stores. ¿Quién era Harland D. Sanders? Nacido en 1890, su experiencia laboral incluye empresas como Michelin, Standard Oil y Shell Oil. Tras varios pinitos en el negocio de la restauración –en 1940 inventó su fórmula para freír pollo–, trabajó como supervisor de una cafetería en Tenesse a finales de esa década. En 1952, abandona el restaurante donde trabajaba porque se iba a construir una autopista y, tras una búsqueda de financiación de tres años, en 1955 lanza una cadena de franquicias: Kentuky Fried Chicken. Tenía entonces 65 años.
En nuestro subconsciente colectivo, si se menciona la palabra emprendedor, ¿qué imagen viene a nuestra pantalla mental? ¿Cuál es el retrato robot del emprendedor de éxito? Joven, decidido, estilo casual, vestimenta informal, brillante, rompedor, carisma visionario… estos son algunos de sus rasgos de identidad. Mark Zuckerberg representa perfectamente el perfil de alguien innovador y rupturista, el prototipo del gurú en la era digital,. Sin desmerecer en absoluto ese estilo de emprendedor tan común en Silicon Valley, California, tan típico en el sector de nuevas tecnologías, si se indaga un poco más en la antropología del fenómeno referido, nos podemos lIevar alguna sorpresa.
Hace años, la fundación Kauffman llevó a cabo un estudio –Global entrepreurnership Monitor– sobre la anatomía del emprendedor. Personas mayores de 35 años representaban el 80% de la actividad emprendedora. De las 549 start up analizadas en la industria aeronáutica, sistemas de defensa, sanidad, computadoras y electrónica, abundaban profesionales por encima de los 55 años. El emprendedor medio rondaba los 40 años y pico, 70% de ellos estaban casados, y casi 60 % tenían como mínimo un hijo. ¿Cuáles son las razones que expliquen conclusión tan “sorprendente”? ¿Cuáles son los factores que permiten anticipar una historia de logro y autoestima? La experiencia adquirida en etapas anteriores de su carrera profesional, lejos de ser vista como una rémora para aprender y reinventarse, se revela como una rica veta de oportunidades e ideas innovadoras. Además, esos años transcurridos en diversas empresas y sectores de actividad económica conllevan un rico network de contactos profesionales.
Una red de relaciones y conocidos donde prima la confianza mutua y el trato personalizado se nuestra como una potente arma diferencial. También a considerar que muchos de esos profesionales venidos a emprendedores mantienen una historia financiera de solvencia y credibilidad, variable critica en conversaciones con potenciales socios o inversores. En su debe, dado que con la edad se acumulan dosis de realismo y prudencia, equis aversión a tomar riesgos, a enfrentarse a la aventura y asumir posibles errores, puede verse acrecentada. El conocimiento y la experiencia te blindan de locuras e inconsciencias imprudentes, pero también pueden restar el descaro, la energía y la ilusión que muchas veces acompañan a la “ignorancia” del emprendedor audaz. Al respecto, la crisis ha venido a echar una mano. De la necesidad, virtud. Vistas que muchas puertas permanecen injustamente cerradas para profesionales cuyo único pecado es haber añadido años en su calendario vital, haber adquirido un conocimiento y oficio contrastados, muchos ya han cruzado la frontera de los 50, no les queda más remedio que lanzarse por su cuenta al reto de crear y repartir riqueza. Más vale tarde que nunca.
Es lógico y natural que el debate público sobre el paro esté centrado en gran medida en los jóvenes. Ellos son el futuro de la sociedad, y ésta no les brinda muchas posibilidades. También se entiende que nuestra mirada se fije en los mayores. La pirámide invertida de edad, la prolongación de la vida, las cuentas de la seguridad social, y su propia dignidad y orgullo merecen una reflexión serena y lúcida sobre su misión. No nos podemos permitir el lujo de desperdiciar su inmenso caudal de sabiduría.
Presentados mis respetos a dos edades cruciales, quiero rendir mi pequeño homenaje a un montón de profesionales que se baten el cobre para abrirse paso mientras muchas empresas les dan la espalda. Físicamente bien, profesional y mentalmente en forma, todavía hambrientos de aprender y saber, no se entiende que caminos alternativos les sean vedados por mor de su edad. Pensando en positivo, sin esta indiferencia suicida no habrían tenido el coraje para emprender. Confío que sus proyectos cuajen, y que el resto revisemos nuestros criterios de evaluación para elegir los compañeros de viaje.
Profesor del IESE

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