“Poderós, podriamos, pudimos”

Expansión Pro Orbyt.
AHORA MISMO Gabriel Masfurroll 10/01/2015
“Podemos, podríamos o pudimos”image
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Yes, we can”. Ésta es la frase que hace no muchos años revolucionó el mundo. Barack Obama, primer presidente afroamericano de la historia del país, era el gran revulsivo de un país que estaba perdiendo poder e influencia. Obama llegó con un programa revolucionario, refrescante e innovador para un país de por sí abierto, pero muy conservador en según qué aspectos. Desde el despacho Oval descubrió que una cosa es lo que crees, otra lo que deseas, también lo que entiendes que deberías hacer y finalmente te encuentras con el “mundo real” y descubres que no todo lo que habías pensado ejecutar es posible. Por las distintas esferas del entorno, empezando por las propias, las internas de tu partido, la oposición y qué decir del enorme universo de personas, instituciones, organismos y todo lo demás que mueve el mundo. Entonces te das cuenta que “yes, we can, but less than I thought” (sí, podemos, pero menos de lo que pensaba) y empiezas a no poder cumplir tus promesas, tus votantes empiezan a desilusionarse primero, a decepcionarse luego y hasta a enfadarse. Hasta algunos de los suyos como Aaron Swartz, son maltratados injustamente y perecen en el intento. Ahí empieza el declive, pierdes popularidad, credibilidad y a la vez poder. Es entonces cuando empiezas a refugiarte en asuntos exteriores, política internacional por si surge algo que te permita resarcirte sin tocar el famoso establishment. Y eso después de haber creado más de 10 millones de puestos de trabajo.
En nuestro país parece que ha surgido una copia. Un académico, inteligente, listo y locuaz, con carisma y empatía que cree que España es un pais abonado a sus tesis. ¿Podemos? No lo creo, podíamos, o pudimos, pero el futuro no pasa por esloganes demasiado usados. Estamos en el siglo XXI. ¿Arrancada de caballo, parada de mula? Qué fácil es enhebrar discursos que regalen los oídos de aquellos que están enfadados con el sistema. Los egoísmos personales, los intereses desmesurados, el entorno incontrolable son, entre otras cosas, lo que destruye los sueños de aquellos que han querido mejorar las condiciones de sus conciudadanos. Además es de una audacia falaz prometer algo que sabes no podrás cumplir y más si realmente eres consciente y no estúpido. Pero el verbo fácil y dar lecciones a troche y moche cuando no has demostrado nada, es sencillo. Jugar con la buena fe y la ingenuidad de la gente no es ético, aunque presumas de serlo. Puede ser la gran farsa, pero solo los años lo podran certificar y entonces será demasiado tarde. Que se lo pregunten a los venezolanos y otros tantos. La historia enseña mucho y la experiencia también. No nos dejemos impresionar por soñadores que blanden sus ideales a los cuatro vientos y creamos más a aquellos que siendo menos populistas, son más realistas con sus sueños y deseos que también los tienen y mucho más realizables. Es cierto que estamos en estado de shock ante el alud de casos de corrupción que afloran día a día. Por desgracia, los hubo siempre, pero ahora se saben más, pues la comunicación es imparable. El futuro está en nuestras manos, en la democracia, en líderes serios y éticos que los hay aunque habrá que buscarlos. En empresarios que inviertan en su país porque se sienten seguros y protegidos. En ciudadanos que saben que trabajando bien y honradamente podrán mejorar su calidad de vida y la de los suyos. No es nada fácil pero solo uniéndonos ante un proyecto común, con generosidad y aceptando la democracia como un sistema imperfecto, pero también el mejor de los existentes, con ánimo constructivo, es la salida que tenemos. Lo demás nos llevará al caos. Quien más da, más recibe. No busquemos revoluciones absurdas y sí evoluciones sensatas y realistas. Es probable también que los hitos alcanzados de entrada sean menos atronadores, pero hitos al fin y al cabo y muy reales. “Yes, we can” pero con racionalidad, sin demagogias o populismos desfasados y también sin mesiánicos que nos quieran conducir a su cielo. Yo siempre he sido y trato de seguir siendo un soñador, pero me gusta soñar en realismo, comprobar cómo alguno de mis sueños se ha convertido en realidad y si no es así, trato de pelear para conseguirlo, pero no todo vale como algunos creen, con y sin casta, porque al fin y al cabo, todos somos más parecidos de lo que creemos aunque algunos se consideren los elegidos. Como dijo Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son”, pero no por ello dejemos de perseguirlos. Eso sí, sin engaños.

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