“Molt mes que un club. ADN cainita”. Via La Vanguardia

imageMolt més que un club: ¿ADN cainita?

Gabriel Masfurroll
Quizás el título de este artículo puede confundir y alguien entienda que estoy defendiendo la decisión del presidente Bartomeu. La verdad es que no sé qué decir. La única realidad es que el FC Barcelona ha perdido en los últimos meses poder, prestigio y por supuesto también competitividad en casi todos los ámbitos. También es cierto que hemos vivido unos años irrepetibles, pero nada es imposible. Hagamos memoria.

En primer lugar, los que vivimos la era del dream team de Cruyff también pensábamos que aquello sería irrepetible y no fue así. Es más, con Frank Rijkaard ya vivimos algo excepcional que de no haber aparecido la era Guardiola, hoy Frank y Ronaldinho serían considerados como héroes inolvidables, cuando ahora sólo forman parte de un gran equipo en la historia culé. Sucedió que el Pep team superó todos los límites y esto ha distorsionado –en aquellos momentos para bien y ahora para mal– la percepción de lo que fuimos y de lo que somos.

Para los mayores, volvemos a ser el Barça de siempre. El Barça en el que todos sus presidentes, menos uno, han dimitido y no han acabado su mandato. Un club cuyos presidentes han salido todos, absolutamente todos, escaldados. Un club de guerras internas siempre. Que yo recuerde: Kubala vs HH, Cruyff vs Weisweiler, Núñez vs Cruyff, Van Gaal vs Rivaldo, Cruyff vs Romário, Laudrup o Stoichkov, Ronaldinho vs Eto’o, Laporta vs Rosell, Rosell vs Soriano, etcétera. Y los que me olvido o prefiero olvidar pues me producen malas vibraciones. Ahora parece que Messi y Luis Enrique no se entienden. Más paradojas. El vestuario está feliz con Lucho y Leo lo estaba. En cambio, el entorno no está satisfecho con el equipo, con su juego, y al no ser los resultados buenos y mientras el Madrid juega mejor y gana títulos, todo parece mucho peor. Y entonces pasa lo de siempre, las guerras intestinas, cainitas, afloran súbitamen te para satisfacción de nuestros rivales que ven como nos autodestruimos. Ridículo y patético, pero cierto. La historia demuestra como una y otra vez, nosotros solos, en lugar de unir esfuerzos, de ser generosos y tolerantes en la búsqueda del bien común y de competir con las máximas garantías contra nuestros rivales, utilizamos estrategias contra el enemigo interno sin darnos cuenta de que con ello deterioramos a la propia institución y les facilitamos su trabajo. ¿No les parece increíble?Meentristece ver como no aprendemos, y mucho más comprobar como lo que sucede en el club es casi un espejo de lo que ocurre en la sociedad en la que vivimos. Ojalá el tan manido seny català impere y sepamos resolver esta y otras crisis y así nuestros hijos y nietos puedan revivir dream teams como los de Cruyff, Rijkaard y Guardiola.

Las guerras intestinas afloran súbitamente para satisfacción de nuestros rivales, que ven como nos autodestruimos

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