Porque ET quiere volver de nuevo a casa

imagePorqué ET quiere volver de nuevo a casa

ET aterrizó en nuestro planeta el año 1982. Por aquel entonces nuestro mundo vivía de otro modo. Quizás visto desde nuestro presente, podríamos considerar aquel mundo como algo naif. La guerra de Las Malvinas, la llegada al poder en España del socialista Felipe González con mayoría absoluta, la salida de la cárcel en Polonia de Lech Walesa y su camino al poder que acabaría con la caída del telón de acero… Y a su vez ET, a pesar de los esfuerzos de Elliott, sus hermanos y amigos, en su primera visita a nuestro planeta, no pudo superar el acoso del resto de humanos. Unos lo querían para investigar, otros para preguntar, los más por curiosidad y él, aunque se sentía querido, deseaba volver a su casa. Y finalmente consiguió tras muchas peripecias, regresar a su casa. Se sabe que hace unos meses volvió de nuevo a nuestro planeta, pues añoraba a sus amigos. Les estuvo buscando y dio con ellos. Ya no son aquellos niños ingenuos y sensibles porque han vivido enormes cambios. Le han contado que los humanos seguimos sin aprender de nuestros errores. El progreso tecnológico ha sido brutal, pero la distribución de la riqueza sigue siendo demasiado desproporcionada. La mayor parte del planeta sigue sufriendo todo tipo de dramas y tragedias. El egoísmo, la envidia, los odios, las fobias, siguen ahí, enraizadas y multiplicándose. Comunicarse es fácil, pero desgraciadamente la tecnología no parece ser muy útil para comunicarse bien. En lugar de hablar con los demás, hablamos de los demás y muchas veces para criticar o desprestigiar. ET no acaba de entender porqué ésta afición humana de solo hablar solo de lo malo, cuando lo bueno suele ser siempre superior. Pregunta porqué solo disfrutamos con las noticias morbosas y negativas. La avaricia sigue provocando enormes descalabros. Guerras, conflictos crueles, pandemias, crisis económicas amén de otras de carácter emocional que aun son más incontrolables. La corrupción campa por sus respetos, yo diría que como siempre, pero ahora se sabe más y lo que es peor, la mayoría de veces realizada, impulsada o permitida por quienes deberían proteger a sus ciudadanos. La mayoría de religiones evocan y rezan a su dios por un mundo mejor, pero los humanos transformamos y traducimos de forma errónea los deseos de nuestros dioses en deseos y ambiciones personales. La generosidad, exceptuando honrosísimas excepciones, brilla por su ausencia. El mundo desarrollado trata de marketizar la filantropía y lo llama responsabilidad social. Está bien, pero a veces es más estético que profundo. Nos preocupamos de gente que sufre a la que no conocemos y giramos la cara para no ver a los que sufren y están cerca de nosotros, que son muchos. Es más fácil ayudar a aquellos a los que no ves nunca que a los que tienes cerca, no vaya a ser que al final sean una carga demasiado pesada. ET se ha dado cuenta de que hemos progresado pero no está seguro de que hayamos mejorado como especie. El mundo no es mejor que en su primera estancia con nosotros. Aquella experiencia le permitió conocernos y esta vez ha podido camuflarse y moverse entre nosotros sin que nos diéramos cuenta. Me dicen fuentes veraces que está desencantado y desilusionado. Está feliz de haber reencontrado a sus amigos, pero quiere volver de nuevo a su casa. No soporta ver cómo nos hacemos daño y cómo vamos destruyendo un tesoro tan preciado y valioso como es nuestro planeta. Ha decido regresar a su casa y creo que no volverá nunca más. Si algún día cambiara de opinión y decidiera volver, entonces sus amigos quizás ya no estén, ley de vida y cuenta que no quiere comprobar de nuevo que el progreso no ha generado la mejora de calidad de vida que él esperaba. Y, lo peor del caso, es que ha comprobado cómo aquellos que se autoproclamaban salvadores, han caído en las mismas bajezas o peores que los demás. Tan difícil es entender que comprender es amar y amar es comprender y comprender y por supuesto aceptar que no te comprendo. Te echaremos de menos ET, pues nosotros también hemos perdido sensibilidad y romanticismo. Tanto tienes, tanto vales en lugar de tanto eres, tanto me importas.

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Genios. By Miguel Ayuso

¿Qué hace a un genio ser un genio? Es una pregunta que nos h

Me llamo Leo, Leo Messi

Me llamo Leo, Leo Messi

emos hecho a lo largo de toda la historia. Todo el mundo aspira a alcanzar la excelencia pero muy pocos la logran y, en la mayoría de ocasiones, no entendemos cómo una u otra persona ha logrado lo que ha logrado. ¿Cómo consiguióPicasso mantener siempre un altísimo nivel en su inmensa obra pictórica? ¿De dónde sacó el tiempo Stockhausen para componer un total 363 obras? ¿En qué momento se le ocurrió a Einstein formular la teoría de la relatividad?

Hay quien piensa que un genio nace, no se hace: sencillamente, tiene el talento para una actividad concreta y le basta con desarrollarla para alcanzar la excelencia. Pero esto es una visión muy simplista de la realidad y, además, como han comprobado numerosos estudios, falsa. No cabe duda de que un genio es talentoso por naturaleza, pero el talento no es ni de lejos la característica más importante del mismo. Estos son las cinco cosas que, sin excepción, cumplen todos los genios. Y no todas son agradables para el común de los mortales.

1. Son curiosos e impulsivos

Para elaborar su libro Creatividad (Paidós, 2008), el profesor Mihaly Csikszentmihalyi entrevistó a 91 genios, de todas las disciplinas, incluyendo a 14 premios Nobel. Una de sus principales conclusiones es que las personas con mentes privilegiadas, que logran creaciones excepcionales, tienen dos cosas en abundancia: curiosidad y determinación. “Están absolutamente fascinadas por su trabajo y, aunque haya otras personas más brillantes, su enorme deseo de lograr lo que se proponen supone el factor decisivo”, asegura Csikszentmihalyi.

2. Lo importante no es la educación, son las horas que dedican a su especialidad

Solemos asociar el expediente académico con la excelencia, pero son cosas que no siempre están relacionadas. El profesor de la Universidad de California en Davis, Dean Keith Simonton, realizó un estudio en que analizó los expedientes académicos de más de 300 genios nacidos entre 1450 y 1850, entre ellos gente como Leonardo da Vinci, Galileo, Beethoven o Rembrandt.Determinó cuánta educación formal había recibido cada uno y midió sus niveles de eminencia a través de sus obras de referencia. Sus resultados fueron sorprendentes. La relación entre educación y excelencia, al trasladarse a un gráfico tenía forma de campana: los creadores más destacados eran aquellos que había recibido una educación media, algo así como una diplomatura. Los que habían recibido una mayor y una menor educación eran menos creativos.

Los creadores más destacados son siempre aquellos que más han trabajado en su especialidad y han dedicado su vida a ella
No cabe duda de que los genios más destacados seguían estudiando, pero eran autodidactas y, sobre todo, unos adictos al trabajo. “Los genios son todos iguales”, explicaba el crítico literario V.S. Pritchett, “nunca dejan de trabajar, no pierden un minuto. Es deprimente”. La realidad es que, sin esfuerzo, el talento importa poco. Los creadores más destacados son, siempre, aquellos que más han trabajado en su especialidad, han dedicado su vida a ella, han aprendido todo lo que se podía aprender, y han llevado su pasión al límite.

3. Son muy críticos con su trabajo

Según el psicólogo Howard Gardner, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2011, los grandes genios como Picasso, Freud o Stravinskytenían un patrón similar de trabajo, que se basaba en el ensayo y error: analizaban un problema, creaban una solución, la probaban y generaban una retroalimentación constante. “Los individuos creativos”, asegura Gardner,“emplean una considerable cantidad de tiempo en reflexionar acerca de lo que quieren alcanzar, si han tenido éxito o no y, si no lo han logrado, qué deben hacer diferente”.

Las mentes creativas son también las más metódicas.

4. Son sacrificados, solitarios y, en ocasiones, neuróticos

Los genios están todo el rato pensando en su obra y esto tiene múltiples desventajas. Dedicar todo tu tiempo al trabajo implica un sacrificio inmenso y una merma en las relaciones sociales. Según Csikszentmihalyi, la mayoría de genios son marginados durante la adolescencia, en parte porque “su intensa curiosidad e intereses muy focalizados resultan extraños a sus compañeros”, en parte porque los adolescentes demasiado gregarios no están dispuestos a gastar tiempo, en soledad, para cultivar su talento. “Practicar música o estudiar matemáticas requiere una soledad temible”, asegura el profesor.

En ocasiones, el sacrificio necesario para ser un genio puede rozar lo patológico. La entrega puede tornarse en obsesión: las personas excelentes no son necesariamente felices. Basta ver el ascetismo que alcanzaron Freud, T. S. Eliot o Gandhi, o la soledad autoimpuesta que desarrolló Einstein. Muchos genios desarrollan, además, una personalidad neurótica: su trabajo les volvió maniáticos y egoístas.

5. Trabajan siempre por pasión, nunca por dinero

Los verdaderos genios se desviven por su trabajo y, en ningún caso se entregan a éste por dinero, sino por pasión y vocación. “Los artistas que han desarrollado su pintura y escultura por el placer de la actividad en sí más que por las recompensas extrínsecas, han producido un arte que ha sido reconocido socialmente como superior”, asegura el pensador y escritor Dan Pink en su libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva (Gestión 2000). “Además,son aquellos a los que motivaba menos las recompensas extrínsecas los que, finalmente, las recibían”. L

“Poderós, podriamos, pudimos”

Expansión Pro Orbyt.
AHORA MISMO Gabriel Masfurroll 10/01/2015
“Podemos, podríamos o pudimos”image
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Yes, we can”. Ésta es la frase que hace no muchos años revolucionó el mundo. Barack Obama, primer presidente afroamericano de la historia del país, era el gran revulsivo de un país que estaba perdiendo poder e influencia. Obama llegó con un programa revolucionario, refrescante e innovador para un país de por sí abierto, pero muy conservador en según qué aspectos. Desde el despacho Oval descubrió que una cosa es lo que crees, otra lo que deseas, también lo que entiendes que deberías hacer y finalmente te encuentras con el “mundo real” y descubres que no todo lo que habías pensado ejecutar es posible. Por las distintas esferas del entorno, empezando por las propias, las internas de tu partido, la oposición y qué decir del enorme universo de personas, instituciones, organismos y todo lo demás que mueve el mundo. Entonces te das cuenta que “yes, we can, but less than I thought” (sí, podemos, pero menos de lo que pensaba) y empiezas a no poder cumplir tus promesas, tus votantes empiezan a desilusionarse primero, a decepcionarse luego y hasta a enfadarse. Hasta algunos de los suyos como Aaron Swartz, son maltratados injustamente y perecen en el intento. Ahí empieza el declive, pierdes popularidad, credibilidad y a la vez poder. Es entonces cuando empiezas a refugiarte en asuntos exteriores, política internacional por si surge algo que te permita resarcirte sin tocar el famoso establishment. Y eso después de haber creado más de 10 millones de puestos de trabajo.
En nuestro país parece que ha surgido una copia. Un académico, inteligente, listo y locuaz, con carisma y empatía que cree que España es un pais abonado a sus tesis. ¿Podemos? No lo creo, podíamos, o pudimos, pero el futuro no pasa por esloganes demasiado usados. Estamos en el siglo XXI. ¿Arrancada de caballo, parada de mula? Qué fácil es enhebrar discursos que regalen los oídos de aquellos que están enfadados con el sistema. Los egoísmos personales, los intereses desmesurados, el entorno incontrolable son, entre otras cosas, lo que destruye los sueños de aquellos que han querido mejorar las condiciones de sus conciudadanos. Además es de una audacia falaz prometer algo que sabes no podrás cumplir y más si realmente eres consciente y no estúpido. Pero el verbo fácil y dar lecciones a troche y moche cuando no has demostrado nada, es sencillo. Jugar con la buena fe y la ingenuidad de la gente no es ético, aunque presumas de serlo. Puede ser la gran farsa, pero solo los años lo podran certificar y entonces será demasiado tarde. Que se lo pregunten a los venezolanos y otros tantos. La historia enseña mucho y la experiencia también. No nos dejemos impresionar por soñadores que blanden sus ideales a los cuatro vientos y creamos más a aquellos que siendo menos populistas, son más realistas con sus sueños y deseos que también los tienen y mucho más realizables. Es cierto que estamos en estado de shock ante el alud de casos de corrupción que afloran día a día. Por desgracia, los hubo siempre, pero ahora se saben más, pues la comunicación es imparable. El futuro está en nuestras manos, en la democracia, en líderes serios y éticos que los hay aunque habrá que buscarlos. En empresarios que inviertan en su país porque se sienten seguros y protegidos. En ciudadanos que saben que trabajando bien y honradamente podrán mejorar su calidad de vida y la de los suyos. No es nada fácil pero solo uniéndonos ante un proyecto común, con generosidad y aceptando la democracia como un sistema imperfecto, pero también el mejor de los existentes, con ánimo constructivo, es la salida que tenemos. Lo demás nos llevará al caos. Quien más da, más recibe. No busquemos revoluciones absurdas y sí evoluciones sensatas y realistas. Es probable también que los hitos alcanzados de entrada sean menos atronadores, pero hitos al fin y al cabo y muy reales. “Yes, we can” pero con racionalidad, sin demagogias o populismos desfasados y también sin mesiánicos que nos quieran conducir a su cielo. Yo siempre he sido y trato de seguir siendo un soñador, pero me gusta soñar en realismo, comprobar cómo alguno de mis sueños se ha convertido en realidad y si no es así, trato de pelear para conseguirlo, pero no todo vale como algunos creen, con y sin casta, porque al fin y al cabo, todos somos más parecidos de lo que creemos aunque algunos se consideren los elegidos. Como dijo Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son”, pero no por ello dejemos de perseguirlos. Eso sí, sin engaños.

“Molt mes que un club. ADN cainita”. Via La Vanguardia

imageMolt més que un club: ¿ADN cainita?

Gabriel Masfurroll
Quizás el título de este artículo puede confundir y alguien entienda que estoy defendiendo la decisión del presidente Bartomeu. La verdad es que no sé qué decir. La única realidad es que el FC Barcelona ha perdido en los últimos meses poder, prestigio y por supuesto también competitividad en casi todos los ámbitos. También es cierto que hemos vivido unos años irrepetibles, pero nada es imposible. Hagamos memoria.

En primer lugar, los que vivimos la era del dream team de Cruyff también pensábamos que aquello sería irrepetible y no fue así. Es más, con Frank Rijkaard ya vivimos algo excepcional que de no haber aparecido la era Guardiola, hoy Frank y Ronaldinho serían considerados como héroes inolvidables, cuando ahora sólo forman parte de un gran equipo en la historia culé. Sucedió que el Pep team superó todos los límites y esto ha distorsionado –en aquellos momentos para bien y ahora para mal– la percepción de lo que fuimos y de lo que somos.

Para los mayores, volvemos a ser el Barça de siempre. El Barça en el que todos sus presidentes, menos uno, han dimitido y no han acabado su mandato. Un club cuyos presidentes han salido todos, absolutamente todos, escaldados. Un club de guerras internas siempre. Que yo recuerde: Kubala vs HH, Cruyff vs Weisweiler, Núñez vs Cruyff, Van Gaal vs Rivaldo, Cruyff vs Romário, Laudrup o Stoichkov, Ronaldinho vs Eto’o, Laporta vs Rosell, Rosell vs Soriano, etcétera. Y los que me olvido o prefiero olvidar pues me producen malas vibraciones. Ahora parece que Messi y Luis Enrique no se entienden. Más paradojas. El vestuario está feliz con Lucho y Leo lo estaba. En cambio, el entorno no está satisfecho con el equipo, con su juego, y al no ser los resultados buenos y mientras el Madrid juega mejor y gana títulos, todo parece mucho peor. Y entonces pasa lo de siempre, las guerras intestinas, cainitas, afloran súbitamen te para satisfacción de nuestros rivales que ven como nos autodestruimos. Ridículo y patético, pero cierto. La historia demuestra como una y otra vez, nosotros solos, en lugar de unir esfuerzos, de ser generosos y tolerantes en la búsqueda del bien común y de competir con las máximas garantías contra nuestros rivales, utilizamos estrategias contra el enemigo interno sin darnos cuenta de que con ello deterioramos a la propia institución y les facilitamos su trabajo. ¿No les parece increíble?Meentristece ver como no aprendemos, y mucho más comprobar como lo que sucede en el club es casi un espejo de lo que ocurre en la sociedad en la que vivimos. Ojalá el tan manido seny català impere y sepamos resolver esta y otras crisis y así nuestros hijos y nietos puedan revivir dream teams como los de Cruyff, Rijkaard y Guardiola.

Las guerras intestinas afloran súbitamente para satisfacción de nuestros rivales, que ven como nos autodestruimos

Vivir el presente. Via La Vanguardia

imageLeía en la página 2 el comentario del director de La Vanguardia, Màrius Carol (“No es el futuro, sino el próximo presente”, 27/XII/2014), recordando a Josep Pla y su libro Les hores en el que trata con su inigualable y práctica sabiduría la importancia de los tiempos. Estoy de acuerdo en que el pasado ya no existe, el futuro con suerte está por llegar y es impredecible, y sólo el presente es real.

Por ello amedida que te vas haciendo mayor, aprecias mucho más el presente, buscas saborear, tanto como puedas, los momentos agradables a la vez que tratas de surfear las situaciones duras que despiertan la realidad de vivir en un mundo más injusto de lo deseado.

Hace unos días Pilar Rahola, en su columna habitual (“Navidad en gris”, 25-26/XII/2014), hablaba del presente pero sin olvidar el pasado. Lo hacía con su habitual maestría literaria, expresando sus sentimientos de añoranza a los seres queridos que ya no están. Es cierto que con la edad, cada vez recuerdas más a aquellos que nos dejaron. El pasado 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, hace ya 29 años, nos dejó sin avisar nuestro hijo Alex. No podía haber elegido un día más señalado. Parecía una inocentada y fue una tragedia. Fue algo que aún no hemos sido capaces de entender. Está claro que su síndrome de Down le hacía más frágil, pero no tocaba. Estas entrañables fiestas navideñas son siempre agridulces para Cris y para mí. Disfrutamos el presente rodeados de nuestros hijos, y la llegada de nuestros nietos nos hace revivir sensaciones olvidadas.Es en el presente real donde se produce el encuentro entre el pasado, el presente y el futuro. El pasado son sentimientos que te marcan para siempre. El presente es la ilusión por vivir y disfrutar de lo que tienes, en especial de tus seres queridos, y el futuro es la preocupación porque ellos tengan un mundo mejor. Es ahí de donde surge la sensación de impotencia ante las dificultades de un mundo más egoísta que generoso, más duro que fácil, más voluble que sensato.