Y al,pueblo quien lo cambia. By Joaquín Luna. Via La Vanguardia

¿Y al pueblo quién lo cambia?

Joaquín Luna
Los ciudadanos de España están cansados de sus gobernantes. Hay mucho mangante, dice el pueblo, y así no hay manera de ser transparentes como en Dinamarca, líderes continentales del asunto. Los españoles están hartos de todo excepto de sí mismos y exigen cambios en las alturas. Queremos que España sea una Dinamarca del siglo XXI sólo que poblada por los naturales de Archidona, Sos del Rey Católico y la villa de Obón en lugar de daneses rubios y danesas rubias como corresponde a Dinamarca.

Y que el invento funcione. –Si quiere usted factura, le tendré que cobrar el IVA. Este fue el comentario, simpático, del recepcionista del hotel de una localidad madrileña elegida por servidor… para un reportaje sobre la operación Púnica. Y en pocos días he visto a un conocido estafar unas perras a su compañía de seguros y he disfrutado del coche de una amiga, estupendamente formada, cuyo vehículo goza de autorización para ocupar los aparcamientos asignados a minusválidos. La buena noticia es que mi amigo Juaneda ha recuperado su piso en Ciutadella después de que una pareja de okupas profesionales lo disfrutasen durante nueve meses sin pagar un euro.

No parece realista esperar que esto sea Dinamarca de cintura para arriba y España de cintura para abajo

Menos mal que los españoles sólo quieren regenerar la vida política y no aspiran a regenerarse ellos mismos. Qué pueblo tan sabio! Yo estoy por la regeneración de la vida pública española, porque los partidos de fútbol no terminen con empate a cero y los matrimonios se amen y respeten, en la salud y la adversidad, hasta que la muerte los separe.

Si los españoles fuéramos daneses, sería más optimista. No he tenido el gusto de viajar a Dinamarca ni de conocer a ningún danés y aún menos a ninguna danesa, pero imagino un pueblo consecuente, muy vecino de Alemania, cuyo Folketing aprueba leyes y no brindis entre la bulla de los tendidos, aunque el nombre del Parlamento tenga su gracia.

Cuando el español se ofende y al español varón se le hinchan las pelotas exige una reparación pública. Y en esas estamos, entre disculpas, imputaciones y algún que otro ingreso en prisión. Hay un casting de partidos habidos y por haber para ver quién cambia más y se transparenta mejor mientras el público, el español público, se erige en modelo de honradez: aquí todos pagamos impuestos, nadie trinca un mes de paro sin buscar trabajo y todos somos contribuyentes coherentes que jamás exigen al Estado más de lo que aportan. Y si los bancos nos han engañado –que nos han engañado–, la culpa es sólo de los bancos porque todos los engañados se pulieron los desproporcionados créditos hipotecarios en obras de caridad. Conviene regenerar España y, ya de paso, a los españoles. ¿O es que alguien cree que esto puede ser Dinamarca de cintura para arriba y España de cintura para abajo?

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