Un dilema para un Presidente. Vía La Vanguardia

Undilema para el presidente

Cuanto mayor es la responsabilidad de un gobernante, más presión recibe y es más vulnerable; este es un decálogo para tomar decisiones trascendentales

SILVIA HINOJOSA Barcelona
Harry Truman tenía sobre su escritorio, en la Casa Blanca, uno de esos rótulos que prescriben los consultores políticos para que un líder se convenza de que lo es. “The buck stops here”, decía el cartel, en un juego de palabras intraducible –de la jerga del póquer– que simbolizaba el compromiso del presidente de tomar decisiones y asumir su responsabilidad, sin cargarle el muerto a nadie. En diversas ocasiones durante su mandato, Truman aludió a este deber de tomar las riendas, como en este fragmento de un discurso dirigido a los estadounidenses, en enero de 1953: “El presidente, sea quien sea, tiene que decidir, no puede pasarle el marrón –pass the buck– a otro. Nadie puede tomar la decisión por él”, dijo. Siete años antes, había ordenado desatar el horror nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki, y en esas palabras debía latir la necesidad de aplacar su propia conciencia. Pero actuar y asumir la responsabilidad son recomendaciones claves para los gobernantes, cuando se encuentran en el cruce de caminos. Solos, en la soledad del poder, deben elegir, y pueden surgir las dudas. Aquí sigue un decálogo para tomar decisiones trascenimagedentales, elaborado con el consultor en comunicación Pau Canaleta, el catedrático de Psicología de la Universitat de Barcelona Guillem Feixas y el profesor de Filosofía de la Moral de la Universitat de Girona Ramon Alcoberro.

SER REALISTA Y explicar qué pasa

Un mismo problema se puede interpretar de distintas formas, y la decisión que se tome dependerá de cómo se ha enfocado. “Hay que plantear los problemas de forma realista. Los grandes estadistas siempre se han dirigido al pueblo de manera sincera y transparente y así hay que hacerlo”, apunta Pau Canaleta. “Los ciudadanos son adultos, y son mucho más responsables y conscientes de las dificultades de lo que a veces pensamos, y lo entenderán si un presidente tiene que renunciar a una parte de lo que quería hacer, bien porque no lo ve claro o porque la decisión no depende únicamente de él”, añade. Este experto recomienda al gobernante que se dirija a los ciudadanos con solemnidad, pero les hable claro, porque la gente valora esa proximidad del político que dice las cosas por su nombre. Aunque el ser humano es interpretativo, apunta el catedrático de Psicología Guillem Feixas. “Ser realista es un ideal –añade–. Se puede intentar ser lo menos sesgado posible, tener en cuenta todos los datos, pero nadie puede desprenderse de sus claves interpretativas. Definir un problema ya es una toma de posición”.

ESTAR BIEN INFORMADO Anticipar la respuesta

Antes de analizar las distintas alternativas, hay que tener toda la información posible sobre la mesa.

El presidente debe disponer de una red de colaboradores que le proporcione cuanta más información mejor, tanto de la materia sobre la que debe decidir cómo de la acogida que puede tener, sugiere Pau Canaleta. “Hay que conocer cómo respiran las demás cancillerías y si van a tomar medidas en función de lo que se acabe decidiendo”, señala.

IDENTIFICAR OBJETIVOS Dibujar el horizonte

El primer paso será marcar las prioridades, señalar los objetivos. Eso incluye clarificar los criterios para analizar la situación, tener claro qué elementos pesarán más en la toma de decisiones. Guillem Feixas señala que para decidir se valoran pros y contras, “pero también influyen elementos más de personalidad del gobernante, como por ejemplo el miedo a equivocarse, que le frenará”. Y hay un tercer elemento, la necesidad de preservar la coherencia personal, de discurso y de proyecto, que puede ser determinante, añade. En lo que respecta a los objetivos, conviene tener los pies en el suelo, asegurarse de que lo que se persigue es posible, para no generar frustración. “Hay que trazar un esbozo de futuro, dibujar el horizonte deseado para que te esfuerces en conseguirlo”, señala Canaleta, citando al gurú del marketing Philip Kotler. No será real, pero ayudará a crear ilusión, aunque debe ser posible, para no causar frustración.

SABER CEDER Creatividad y alternativas

No hay que reprimirse a la hora de pensar soluciones. Cuantas más alternativas se pueda generar, más probabilidades habrá de elegir la decisión correcta. Hay que ser creativo, trabajar con la mente abierta, porque a menudo la elección no depende sólo de uno mismo. Habrá que ceder en algunos puntos, y al final las soluciones que se acabarán barajando quizás no sean las que se habían previsto. “La política no es un diálogo pacífico y un buen gobernante debe tener pensamiento lateral y manejar bien los sentimientos y las emociones, porque ninguno puede ofrecer la luna, por muchas ganas que tenga; no está en sus manos y gestionar esas carencias requiere también un control del espectáculo”, destaca el profesor de Filosofía de la Moral Ramon Alcoberro. Basándose en el esquema del filósofo alemán Max Weber, Alcoberro recuerda que “tradicionalmente, la política había funcionado bajo el prisma de la responsabilidad, que implica que un gobernante dejaba de hacer cosas que quería hacer porque en aquel momento no era posible, por esa ética de la responsabilidad”. Pero han pasado cien años y hoy la ética de la convicción es la que fundamenta las decisiones de un presidente. “A Weber le daba miedo actuar por convicción, por exigencia moral, decía que esas decisiones fracasan siempre, pero lo cierto es que la responsabilidad sin convicción no funciona”, añade.

DEJAR PUERTAS ABIERTAS Una autopista con salidas

Es importante tener una percepción de la globalidad. Sólo así se minimizan las posibilidades de error. La pauta es contemplar todos los escenarios que se van a poner en juego y dejar puertas abiertas a todos ellos, apunta el consultor Pau Canaleta. “Tiene que plantearse como una autopista. Se tiene el rumbo claro, pero hay que dejar salidas y entradas para poder salir y volver a entrar si hace falta, adecuarse a los escenarios y que la gente lo vea como algo natural, y no tener que dar un volantazo y marcha atrás si algo falla”, subraya.

ESTAR CONVENCIDO Enfrentar las señales negativas

Una vez analizados los datos, sopesado las alternativas y revisado las encuestas, si se toma una decisión trascendente, hay que estar muy convencido de ella. “No se puede actuar por tacticismo, hay que creer en la decisión, debe partir de valores propios para poder defenderla bien –destaca Canaleta–. La toma de decisiones de un gobernante tiene que estar muy ligada a su convicción, o le costará ir siguiendo todos los pasos”. Llegados a este punto, el pensamiento positivo ayudará a lograr más éxitos. Guillem Feixas recuerda que los optimistas tienden a ser más perseverantes porque se fijan en lo que han conseguido, en los aspectos positivos, y continúan adheridos a su lucha aunque lleguen señales negativas potentísimas. “Esa capacidad para ver los elementos favorables hace que el proyecto siga adelante, mientras que fijarse en los elementos negativos bloquea”, añade este experto en la evaluación del comportamiento. El optimismo es tan potente que hay que trabajarlo, cambiando la forma de pensar si es necesario. A veces no es fácil; una situación desagradable tiene un impacto infinitamente mayor que una agradable.

CONTROL DEL TIEMPO Llevar la iniciativa

Una vez tomada la decisión, hay que intentar llevar la iniciativa. Es clave controlar el tiempo, que no parezca que se va a remolque de otros, y ahí intervienen muchos actores, entre ellos los adversarios y los medios de comunicación.

Los ciudadanos valoran que sea su gobernante quien marca su propio ritmo y este además estará más cerca del éxito.

ESCENIFICACIÓN Un liderazgo emocional

El presidente necesita transmitir credibilidad. “De entrada, muchos hacen creer que han renovado su estructura interna, el partido, y luego se vinculan a nuevas luchas, con un significado simbólico profundo. A partir de ahí, pueden buscar la credibilidad exterior”, señala Ramon Alcoberro. Con la crisis, añade, salen los miedos y se busca un liderazgo más emocional; en ese ámbito, el nacionalismo tiene mucho a ganar. Sea cual sea la decisión, señala Pau Canaleta, el gobernante debe conseguir que su proyecto llegue bien a la gente y se entienda; debe cuidar los mensajes, los lugares, la gestión simbólica de todo el proceso de toma de decisión.

Cuestión de confianza

Los ciudadanos establecen con sus dirigentes públicos unos lazos casi personales, en el terreno simbólico. Como en su entorno inmediato, necesitan encontrar a algún político al que querer y pensar de él que es valioso y, en contrapartida, también a otro al que odiar, reflexiona Guillem Feixas, catedrático de Psicología de la UB. “Entre un presidente y algunos ciudadanos se establecen vínculos que tienen un componente de confianza, de ilusión, sobre todo los positivos, y como resultado la gente se acaba vinculando a los proyectos que impulsa, pero la parte delicada es que esta confianza puede verse traicionada”, señala. Y es fácil que ocurra, a veces por detalles sutiles. “En lo que se refiere a la clase política, el sentimiento de algunos ciudadanos de ver traicionada su confianza es enormemente subjetivo, a veces por detalles muy sutiles, que no tienen que ver ni siquiera con el corpus central de su actuación política, y eso es muy difícil de manejar”, añade Feixas. El profesor de Filosofía de la Moral de la UdG Ramon Alcoberro destaca que con la crisis económica han surgido nuevos grupos sociales, con demandas nuevas, y las redes sociales les dan un canal de expresión. “Los ciudadanos necesitan nuevos liderazgos, que les protejan ante los miedos que surgen en los tiempos difíciles y que son necesidades primarias, como perder el trabajo o la casa”, apunta.

CERRAR LA CARPETA La suerte está echada

El momento de la verdad, cuando se elige una de las alternativas posibles, o la única, debe quedar individualizado. “Hay que escenificar el momento en que se ha tomado la decisión y ya toca pasar página. Se anuncia o no, pero se pone en práctica, los ciudadanos lo asimilan y hay que cerrar esa carpeta”, explica el experto en comunicación, que recuerda que esta forma de proceder es muy habitual en la gestión de crisis.

RESISTIR Dirán “no vamos bien”

Ulises –por utilizar un personaje que la política catalana ha hecho familiar– pudo mantener el rumbo porque se blindó a los cantos de sirena. Cerrarse a las voces que desde fuera piden un cambio de rumbo es una estrategia para mantener el camino trazado, y los políticos han desarrollado habilidades para cerrar el caparazón. En general, tienen una gran capacidad de negación, señala Guillem Feixas. “Por una cuestión de pura supervivencia psicológica –explica–, se blindan ante los comentarios negativos, no entran a valorar las críticas que se les hacen, no reflexionan al respecto, no examinan los argumentos, ni siquiera las procesan; se acostumbran a que los suyos les aplaudan y les rían las gracias, y los adversarios les abucheen, y no les afecta. Es un mecanismo adaptativo, pero llevado al extremoes malo porque todo les resbala”. En un sentido más genérico, el consultor Pau Canaleta recuerda que un gobernante que toma una decisión arriesgada recibe muchas presiones para modificarla, porque hay muchos actores con intereses distintos. “Es normal sentir ansiedad, pero si tienes claro el camino, una vez has arrancado no hay que abandonarlo. Te dirán ‘no vamos bien’, surgirán las dudas, pero como la decisión ha sido madurada, es la mejor carta que podías jugar, y crees en ella, hay que seguir”, añade. Pero no cualquiera resiste la presión. “Hay que estar bien física y mentalmente, tener buena salud, estabilidad emocional y cuidarse, descansar bien y comer bien”, avisa

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