Cartas a Alex: Laureus, los genios del deporte. via Marca

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Querido Álex, mientras escribo estas líneas preparo mis maletas para desplazarme hacia Kuala Lumpur. Sí, la ciudad de la cual despegó hace ya bastantes días el avión desaparecido y cuya historia parece más ciencia ficción que un hecho real.
Me desplazo a la ciudad de las Petronas pues ahí celebramos la entrega de los premios Laureus. Este evento cada año se celebra en una distinta. El objetivo es difundir los valores del deporte y explicar además la labor de la Fundación Laureus, que realiza actividades en más de 30 países y cuenta con más de 100 proyectos.
Por primera vez, me perderé el Clásico. Mientras vuelo hacia Malasia, se estará celebrando el match del año. Nuestro Barça, querido Álex, en estos días atacado por distintos virus, sigue peleando por demostrar su talento y su talante de campeón. Espero que sea un partido que discurra por los cauces del fair play, donde gane el mejor y deseo fervientemente que sea el Barça.
Una vez allí nos pondremos manos a la obra, para conseguir que este evento distinga a los mejores, a los genios del deporte. Genios son aquellos deportistas que han demostrado que nacieron para ser los mejores, que disfrutan y además consiguen que los que les seguimos en sus hazañas aprendamos de sus enseñanzas y sean un ejemplo para nuestros jóvenes. Este es el espíritu de Laureus: distinguir a los genios del deporte, tanto por sus habilidades como por su actitud ejemplar, solidaria y pedagógica. Eso sí, por suerte son humanos y así lo compruebo siempre que estoy con ellos, tienen sus debilidades y cometen sus errores, pero esto les hace más accesibles que no menos genios. Lo contrario, sería insoportable.
Ja veus Alex, me’n vaig a l’altre punta del món. Tant de bo aviat se sàpiga alguna cosa de l’avió extraviat i molta gent deixi de patir l’angoixa que estan vivint. T’estimo Alex.
@masfurroll

Aprender a vivir by Pep Guardiola. Prologo libro “Emprendedor, persigue tus sueños”

imageAprender a vivir

Todo el mundo aspira a cumplir sus sueños pero muy pocos lo logran. Esa es una obviedad que conviene recordar de vez en cuando. También resulta muy buena idea reparar en cómo lo han hecho los que lo han conseguido.

Gaby Masfurroll ha escrito un libro alrededor de los emprendedores que a mí me parece, sobre todo, un tratado acerca de qué se puede hacer para tratar de cumplir los sueños. Gaby es uno de esos privilegiados que tuvo un sueño y lo cumplió. En su libro Gaby detalla el camino que él tuvo que recorrer y los retos a los que se enfrentó, pero también cuenta otras muchas vivencias de gente que, en ese sentido, puede servir de modelo y referencia.

A lo largo del libro Gaby traza un retrato del emprendedor perfecto: aquel que tiene una idea/sueño y que, tras concluir que la idea no es una completa locura, la coloca en lo más alto de sus prioridades y, sin perder la sensatez, hace lo imposible para hacerla posible. Gaby deja claro que para ser un buen emprendedor es necesario reunir muchos requisitos: intuición, lucidez, ilusión, iniciativa, pasión, imaginación, creatividad, empuje, generosidad, coraje, audacia, astucia, amor por el trabajo, sentido de la anticipación, sentido de la responsabilidad, capacidad de asumir riesgos, disciplina, resistencia, habilidad, reflejos, inconformismo, poder de seducción, fortaleza mental, conocimiento del terreno que se pisa, consciencia de las propias limitaciones, humildad -pero no falsa humildad-, capacidad de liderazgo y de potenciar lo mejor de tus colaboradores, espíritu de equipo, afán de superación, incapacidad para venirse abajo, inteligencia para aprender de los errores y de las derrotas y un empeño absoluto en adaptarse a los cambios y circunstancias y en innovar y reinventarse constantemente.

Es muy llamativo advertir cómo esa relación de virtudes es idéntica a la que ha de adornar, por ejemplo, a un deportista de élite si pretende llegar a la cumbre y mantenerse en ella. Gaby ha sido deportista y es consciente de que, para triunfar en el deporte, no es suficiente con el talento natural ni, mucho menos, con la suerte. El talento es un don y la suerte es algo incontrolable que va y viene a su aire y con la que es mejor no contar. Si el talento y la suerte no se arropan con todo lo demás, nunca se llega a ninguna parte que realmente merezca la pena. Del mismo modo, para ser un buen emprendedor no es suficiente con tener un golpe de suerte o una intuición genial una mañana al despertarse. A menudo se dice que el fútbol es una metáfora de la vida y tal vez se repite tanto porque es verdad. Sé muy bien hasta qué punto el fútbol de élite, como el emprendimiento, suele castigar, por muy talentosos que sean, a los perezosos, a los vagos, a los débiles mentales, a los pusilánimes, a los inconstantes, a los conformistas, a los indisciplinados, a los pijos, a los egoístas enfermizos, a los malos compañeros, a los que se hunden ante la primera dificultad, a los que son incapaces de digerir las derrotas y a los que el éxito les emborracha y trastorna. Leyendo el libro de Gaby he recordado una frase que me encanta: un inteligente siempre se recupera de un fracaso pero un tonto nunca se recupera de un éxito.

El libro está lleno de historias, observaciones, sugerencias, confesiones y reflexiones de gran valor formativo y moral. Gaby subraya que España nunca ha tenido una relación fluida con el emprendimiento: no es un país de grandes emprendedores y la consideración social de la que disfrutan los emprendedores es insólitamente baja. Parece claro que el espíritu emprendedor no figura en un lugar destacado de nuestro ADN y eso puede explicar muchas de las carencias y debilidades de los españoles relacionadas con su economía, su ciencia, su educación o su cultura. Desde ese punto de vista, el libro de Gaby es una inapreciable aportación que reivindica el valor del emprendimiento y revela su convicción de que los mejores países son aquellos que cuentan con los mejores emprendedores.

Gaby publica su libro en un momento especialmente delicado. Vivimos tiempos endiablados, en los que resulta muy complicado detectar razones para el optimismo. El mundo siempre ha sido terriblemente injusto, corrupto, indecente, insolidario y desigual pero da la impresión de que ahora lo es más que nunca. Llegar a esa conclusión es muy descorazonador: hasta hace unos años creíamos que el progreso económico, cultural, moral y social no se detendría jamás y que el destino de cada generación era vivir mejor que la de sus padres. Sin embargo, ahora nos encontramos envueltos en un clima de pesimismo y desolación y se ha instalado esa incómoda sensación de que los jóvenes de hoy van a tener una vida más difícil que la de sus padres. Pero el pesimismo es muy paralizante y no podemos caer en la tentación de abandonarlos a él. Esa es otra de las lecciones que encierra el propio caso de Gaby, alguien que, desde abajo, rodeado de las circunstancias más hostiles, ha llegado a lo más alto, sin dejarse abatir por las contrariedades. Su libro es un canto a la ilusión, al optimismo, a la iniciativa, a la decencia, a la igualdad de oportunidades, a la cultura del esfuerzo y del sacrificio y a la generosidad que implica transmitir y compartir experiencias que contribuyan a un mundo más justo y confortable.

Una de las cosas más bonitas que se puede decir de algo o de alguien es que te enseña a vivir. Y eso es, exactamente, lo que consigue el libro de Gaby Masfurroll.

Cartas a Alex: Orgulloso de ser del Barça via Marca

Orgulloso de ser del Barça
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Querido Álex, en estos momentos, las circunstancias deportivas y extradeportivas no ayudan a nuestro Barça. Este equipo sigue siendo, por talento, uno de los mejores del mundo. También es cierto que sus jugadores están agotados física y psíquicamente tras muchos años manteniendo la tensión de un equipo que lo ha ganado todo.
Los equipos tienen ciclos y el de este equipo, nos guste o no, está terminando. Pero no es grave, tiene solución. Aun así, esta temporada sigue abierta y ahora es el momento de que estos talentosos jugadores demuestren que además tienen talante.
Deberían tomar ejemplo de la historia y recordar lo que unos héroes hicieron en la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis organizaron un torneo de fútbol en la Ucrania invadida. Al mismo se apuntó un club, el FC Start, creado y formado por resistentes ucranianos.
Ganaban siempre, y un día el régimen nazi decidió organizar el “partido de la muerte”, que enfrentó entre los mejores jugadores alemanes, seleccionados entre los bien alimentados pilotos de la Luftwaffe y otras élites, y el FC Start, compuesto por exfutbolistas indigentes y desnutridos. De nuevo ganó estrepitosamente el Start.
En ese partido se inspiró la película Evasión o victoria. Aquellos ucranianos y rusos demostraron que con talento, pero sobre todo con talante, se consigue la victoria. Y con ella auparon la autoestima de miles de conciudadanos, algo que desgraciadamente les llevó a la muerte.
Un equipo así, con talento y con mucho talante, es el Atlético. Sin elevar para nada a trágica la situación actual de nuestro Barça, queda claro que ahora a nuestros jugadores les toca poner la tensión necesaria para finalizar la temporada con éxito.
Ara es quan tots hem d’estar més junts, en les victòries i en les derrotes. Junts som molt més forts i seguim orgullosos de ser del Barça. T’estimo Alex
@masfurroll

1914: La historia se repite

La historia siempre se repite aunque sucede que las generaciones cambian, la memoria es selectiva y solo solemos acordarnos de lo que nos interesa. Tambien la historia suele ser interpretada de forma distinta segun quien la analiza y la relata y lo que es peor, quienes nos gobiernan, no la suelen tener en cuenta pues creen que ellos escriben algo distinto. Quizas lo es, pero no lo suficiente. La humanidad siempre se rige por lo mismo, la ambicion, el poder, el dinero, los egos y estas caracteristicas definen cualquier relacion entre humanos. A veces, la buena voluntad, la serenidad y hasta la racionalidad se imponen, pero otras, solo basta una pequeña chispa, inesperada la mayoria de las veces , para que  todo se convierta en un caos y el incendio sea devastador. Solo hay que leer un poquito. No hace falta ser muy ilustrado, solo curioso y si nos interesamos por los constantes conflictos belicos y no belicos que dia a dia se producen en el mundo, nos daremos cuenta que a veces , estos se producen, por supuesto por situaciones injustas, pero tambien por espoletas que provocan la explosion del conflicto provocando enormes victimas inocentes, llamadas efectos colaterales por quienes las provocan. Los occidentales vemos muy cerca gracias a los medios de comunicacion que nos acercan a ellos, los conflictos que hay y surgen en todas partes del mundo, pero solo nos sentimos afectados de verdad si estos nos tocan directamente a nosotros  o a alguien querido. Entonces si, es cuando reaccionamos, bien o mal, pero lo hacemos. Lo que sucede es que la mayoria de los humanos, somos granitos de arena que somos totalmente invisibles a los que manejan el mundo. No somos ni piezas del ajedrez, ni formamos parte del tablero. Es por ello que a pesar de que se pregona con grandes altavoces el derecho a la vida, a la hora de la verdad, para algunos , esta no vale nada. No me refiero a la suyas, sino a las de los demas. Por eso, seamos conscientes de si vale la pena defender  intereses abstractos y emocionales que muchas veces tienen otros mucho mas perversos detras…….y la mayoria ni lo sabemos ni lo sabremos jamas.

 

 

1914
JOAN DE SA­GA­RRA
La Vanguardia
23 de febrero de 2014

Ca­da ge­ne­ra­ción tie­ne sus gue­rras; pa­ra su­frir o pa­ra dis­fru­tar. Y las re­cuer­da y ce­le­bra a su ma­ne­ra. El do­min­go 28 de ju­nio de 1914, el ar­chi­du­que Fran­cis­co Fer­nan­do, he­re­de­ro del trono aus­trohún­ga­ro, y su es­po­sa, So­fía Cho­tek, son ase­si­na­dos en Sa­ra­je­vo por Ga­vri­lo Prin­cip, un miem­bro de la Jo­ven Bos­nia, una or­ga­ni­za­ción mul­ti­ét­ni­ca, for­ma­da por ser­bios, croa­tas y mu­sul­ma­nes, que lu­cha­ba por la li­ber­tad na­cio­nal. Un mes más tar­de, el 27 de ju­lio, el em­pe­ra­dor Fran­cis­co Jo­sé, tío del ar­chi­du­que ase­si­na­do, fir­ma, con mano tem­blo­ro­sa, la de­cla­ra­ción de gue­rra a Ser­bia. La má­qui­na in­fer­nal ha­ce ex­plo­sión, en po­cos días Eu­ro­pa se ve su­mer­gi­da en una gue­rra que, en prin­ci­pio, ha­bía de ser bre­ve, pe­ro que du­ra­rá cua­tro lar­gos años y cau­sa­rá mi­llo­nes de muer­tos y he­ri­dos.

Con­fie­so que la gue­rra del 14, la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, me de­ja un tan­to in­di­fe­ren­te. Em­pe­zan­do por ese epi­so­dio bal­cá­ni­co. Me re­sul­ta di­fí­cil di­so­ciar ese do­ble cri­men del sui­ci­dio de Ro­dol­fo, el he­re­de­ro del im­pe­rio, en Ma­yer­ling, o de Sis­sí, la mu­jer del em­pe­ra­dor Fran­cis­co Jo­sé, apu­ña­la­da en Gi­ne­bra. To­do des­pi­de un per­fu­me de ope­re­ta vie­ne­sa mez­cla­da con una par­ti­da de pó­quer en la que ca­da uno fa­ro­lea con­ven­ci­do de que una de­mos­tra­ción de fir­me­za obli­ga­rá al otro a re­ti­rar­se: Ale­ma­nia pien­sa di­sua­dir a los ru­sos pro­me­tien­do su apo­yo a Aus­tria; Fran­cia pien­sa di­sua­dir a Aus­tria mos­tran­do su so­li­da­ri­dad con los ru­sos, y es­tos, con­ven­ci­dos de ello, se dis­po­nen a so­co­rrer a los ser­bios…

Y pen­sar que la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial po­día muy bien no ha­ber es­ta­lla­do: bas­ta­ba con que el em­pe­ra­dor de Aus­tria en­via­se unas tro­pas a Ser­bia pa­ra cas­ti­gar a los ase­si­nos de su so­brino. To­do el mun­do lo hu­bie­se en­con­tra­do la co­sa más nor­mal: quien la ha­ce la pa­ga. Pe­ro no, el em­pe­ra­dor te­nía que con­tar pre­via­men­te con el apo­yo del kái­ser, y lo que te­nía que ser una ope­ra­ción rá­pi­da, que pi­lla­se a to­do el mun­do por sor­pre­sa, se fue eter­ni­zan­do…

La gue­rra del 14 no es mi gue­rra, en to­do ca­so, se­ría la gue­rra de mi pa­dre, que en 1914 te­nía 20 años, la edad de en­trar en com­ba­te. Pe­ro tam­po­co fue la gue­rra de mi pa­dre, en el sen­ti­do de que no la su­frió. No la su­frió, pe­ro sí la dis­fru­tó. En sus Me­mò­ries ha­bla de una bo­te­lla de Moët & Chan­don que se be­bió con unos ami­gos en Ma­drid pa­ra ce­le­brar no sé qué vic­to­ria de los fran­ce­ses –mi pa­dre di­ce que du­ran­te los años que du­ró la gue­rra el Moët & Chan­don se ela­bo­ra­ba en las ca­vas de la fa­mi­lia Ra­ven­tós–; y ha­bla tam­bién de la juer­ga que se mon­tó en el Pa­ral·lel al tér­mino de la gue­rra: en to­dos los lo­ca­les se can­ta­ba

La mar­se­lle­sa.

Ca­da ge­ne­ra­ción tie­ne sus gue­rras: gue­rras pa­ra su­frir o pa­ra dis­fru­tar. Y ca­da ge­ne­ra­ción las re­cuer­da y las ce­le­bra a su ma­ne­ra. En Fran­cia, don­de la gue­rra se su­frió con cre­ces, el fi­nal de es­ta –el ar­mis­ti­cio en­tre Fran­cia y Ale­ma­nia fir­ma­do el 11 de no­viem­bre de 1918– no siem­pre se ha ce­le­bra­do de la mis­ma ma­ne­ra. Re­cuer­do que du­ran­te la pre­si­den­cia de Va­léry Gis­card d’Es­taing, tan­to es­te co­mo su ami­go el ale­mán Hel­mut Sch­midt hi­cie­ron cuan­to es­tu­vo en sus ma­nos pa­ra bo­rrar las hue­llas de las hos­ti­li­da­des en­tre am­bos paí­ses –am­bos, miem­bros de la Unión Eu­ro­pea– y lle­ga­ron in­clu­so a plan­tear­se la sus­pen­sión del ac­to con­me­mo­ra­ti­vo de la fir­ma del ar­mis­ti­cio. Pe­ro pu­do más la me­mo­ria del odio que la del do­lor, y Gis­card y su ami­go ale­mán tu­vie­ron que tran­si­gir con la con­me­mo­ra­ción del ar­mis­ti­cio. Un ar­mis­ti­cio, huel­ga de­cir­lo, que tam­po­co era una fe­cha cru­cial pa­ra los fran­ce­ses de la jo­ven Eu­ro­pa, pues la gue­rra que más les do­lía, su gue­rra, no era la del 14 sino la del 39, la gue­rra con­tra los na­zis y las SS.

La gue­rra del 39, la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial, tam­po­co es mi gue­rra y di­fí­cil­men­te po­dría ser­lo, por­que cuan­do es­ta­lló tan só­lo te­nía un año y me­dio. Pe­ro du­ran­te un tiem­po me la apro­pié de la ma­ne­ra más des­ca­ra­da. Fue en 1947, des­pués de ver en el ci­ne Bo­na­par­te, en Pa­rís, la pe­lí­cu­la Ro­ma cit­tà aper­ta. Ter­mi­na­da la pe­lí­cu­la me iden­ti­fi­qué, me con­ver­tí en uno de aque­llos ni­ños ro­ma­nos que des­pués de pre­sen­ciar el fu­si­la­mien­to del cu­ra, de don Pie­tro (Al­do Fa­bri­zi), re­gre­san a su ba­rrio. Unos cha­va­les que lue­go re­en­con­tra­ría en al­gu­na que otra no­ve­la de Juan Mar­sé.

Las gue­rras cam­bian con los años, y no­so­tros, con ellos. La gue­rra del 39, por ejem­plo, ha cam­bia­do des­de que vi la pe­lí­cu­la de Ros­se­lli­ni. En 1947, en Pa­rís, to­da­vía era, y con qué in­ten­si­dad, la gue­rra con­tra los na­zis y las SS, y em­pe­za­ba a ser la gue­rra del ge­no­ci­dio ju­dío, la gue­rra del ho­lo­caus­to. Lue­go, con el pa­so de los años, al des­cu­brir­se el gu­lag y las bar­ba­ri­da­des de los so­vié­ti­cos, la gue­rra del 39 se con­vir­tió en una gue­rra más nor­mal, y lo cu­rio­so del ca­so es que, en cier­to mo­do, esa gue­rra ca­da vez se pa­re­ce más a la gue­rra del 14, en el sen­ti­do de que Ver­dún ca­da vez se pa­re­ce más, re­vis­te la mis­ma im­por­tan­cia que Sta­lin­gra­do. La gue­rra del 14, de cu­yo ini­cio ce­le­bra­mos es­te año el cen­te­na­rio, se ve hoy de una ma­ne­ra muy dis­tin­ta de co­mo se veía cuan­do yo era ni­ño o en los años en que Gis­card era el pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca fran­ce­sa. Hoy, la gue­rra del 14 se ve co­mo la veía Fra­nçois Fu­ret cuan­do de­jó es­cri­to aque­llo de “el si­glo XX co­men­zó con la gue­rra de 14 y fi­na­li­zó con la caí­da del mu­ro de Ber­lín”. Cier­to, el si­glo XX em­pe­zó con esa gue­rra, una gue­rra que cam­bió el mun­do, pe­ro que, pa­ra mí, se re­sis­te a per­der ese per­fu­me de ope­re­ta vie­ne­sa que me pro­du­ce el in­ci­den­te bal­cá­ni­co. Pe­ro soy in­jus­to, por­que si la gue­rra del 14 no es mi gue­rra –en el sen­ti­do de que no pue­do iden­ti­fi­car­me con nin­gún poi­lu– es gra­cias a ella que des­cu­brí el Vo­ya­ge au bout de la nuit, de Cé­li­ne, y Sen­de­ros de glo­ria, la pe­lí­cu­la de Ku­brick. O, si us­te­des lo pre­fie­ren, fue gra­cias a Cé­li­ne y a Ku­brick que des­cu­brí la gue­rra del 14. Cé­li­ne se con­vir­tió gra­cias a sus pa­la­bras, sus imá­ge­nes y su rit­mo, en el úni­co de­nun­cian­te de la ab­sur­di­dad, de la ab­so­lu­ta bar­ba­rie de la gue­rra, y la pe­lí­cu­la de Ku­brick me con­fir­mó aque­llo de que el pa­trio­tis­mo es el úl­ti­mo re­fu­gio del ca­na­lla. Des­pués de ver­la, a uno tan só­lo se le ocu­rre una co­sa: de­ser­tar, de­ser­tar cuan­to an­tes.

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El talento ( sin olvidarse del talante) by Esteve Giralt via La Vanguardia

 

La importancia de desarrollar o bien potenciar el talento, es muy importante, pero a dia de hoy echo en falta  la educacion del  TALANTE. Hemos vivido muchos años en zona de confort. Ahora desde hace 6, la crisis nos pillo desprevenidos y acomodados. Pensabamos que seria corta, siempre piensas que todo volvera a la normalidad, pero la normalidad no es la zona de confort, sino todo lo contrario. Veo a las jovenes generaciones que han crecido amparadas por un estado del bienestar impresionante, donde todo lo que se plantaba germinaba y florecia. Ahora estamos en tiempos de sequia o terribles cambios de temperatura que destrozan todas las cosechas. Ahora no solo sirve tener buenos campos y excelentes semillas, ahora, ademas hay que trabajar duro, muy duro y aun asi, nadie te garantiza el exito y es por ello que sin talante, nada vale. Enseñemos a nuestros niños y jovenes que  ademas de ser talentoso hay que ser tenaz, trabajados, capaz de sufrir los reveses que llegan mas a menudo de lo que crees, espiritu de sacrificio, autodisciplina y capacidad de recuperacion ademas de una vacuna muy potente para tu autoestima. ! Ah y no te olvides de la humildad, pues somos mas debiles y efimeros de lo que a veces creemos!1471262_783113055048171_367683966_n

 

La re­vo­lu­ción del TA­LEN­TO
ES­TE­VE GI­RALT
La Vanguardia
14 de febrero de 2014

BA­SE FI­SIO­LÓ­GI­CA Los ta­len­tos que mar­can el éxi­to de los adul­tos se for­man de los 3 a los 16 años EL SIS­TE­MA To­do el es­fuer­zo se con­cen­tra de for­ma de­li­be­ra­da en las me­jo­res ap­ti­tu­des EL NUE­VO ‘COACH’ “Tra­ba­je­mos nues­tros ta­len­tos, no nues­tros pun­tos dé­bi­les; to­dos te­ne­mos for­ta­le­zas” LA AD­VER­TEN­CIA No se pue­de apren­der de to­do de for­ma in­dis­cri­mi­na­da, hay que ele­gir una ca­rre­ra. Un nue­vo mé­to­do, de ba­se cien­tí­fi­ca, irrum­pe con fuer­za des­de Es­ta­dos Uni­dos pa­ra iden­ti­fi­car los ta­len­tos in­na­tos do­mi­nan­tes de ca­da per­so­na, sea un ni­ño, un al­to eje­cu­ti­vo o un jo­ven em­pren­de­dor. El de­no­mi­na­do Clif­ton Strength­sFin­der es el re­sul­ta­do de la in­ves­ti­ga­ción rea­li­za­da por la com­pa­ñía ame­ri­ca­na Ga­llup tras en­tre­vis­tar a ca­si dos mi­llo­nes de pro­fe­sio­na­les en to­do el mun­do. Es­te sis­te­ma po­dría com­por­tar un cam­bio de pa­ra­dig­ma en la ges­tión de los re­cur­sos hu­ma­nos y es apli­ca­ble tan­to en el mun­do pro­fe­sio­nal co­mo en el edu­ca­ti­vo, con ac­ti­vi­da­des pa­ra iden­ti­fi­car los ta­len­tos in­na­tos y po­ten­ciar su desa­rro­llo.

El mé­to­do abo­ga por la ges­tión de las ha­bi­li­da­des pa­ra de­jar así de afron­tar só­lo las de­bi­li­da­des, co­mo has­ta aho­ra, con la pre­ten­sión de que ca­da per­so­na pue­de apren­der a ser com­pe­ten­te en ca­si to­do. “Las ma­yo­res opor­tu­ni­da­des de cre­ci­mien­to in­di­vi­dual se en­cuen­tran en sus áreas de ma- yor for­ta­le­za, los ta­len­tos son úni­cos y du­ra­de­ros”, di­ce Joan Ra­mon Ala­bart, pro­fe­sor de la Uni­ver­si­tat Ro­vi­ra i Vir­gi­li (URV).

Di­rec­tor des­de ha­ce 20 años del MBA (Más­ter en Di­rec­ción y Ges­tión de Em­pre­sas) de la URV, el pro­fe­sor Ala­bart es uno de los pri­me­ros coach eu­ro­peos en su­pe­rar la for­ma­ción es­pe­cí­fi­ca en Es­ta­dos Uni­dos, con­cre­ta­men­te en Seattle, pa­ra po­der apli­car el nue­vo mé­to­do. Ga­llup, re­fe­ren­te in­ter­na­cio­nal en el sec­tor de las cien­cias so­cia­les, se ha mar­ca­do el ob­je­ti­vo de pre­pa­rar a cer­ca de un mi­llón de per­so­nas pa­ra di­vul­gar es­te sis­te­ma a es­ca­la glo­bal.

En al­gu­nas es­cue­las nor­te­ame­ri­ca­nas ya se apli­can mé­to­dos de apren­di­za­je ba­sa­dos en las ap­ti­tu­des in­na­tas de ca­da alumno; cen­tros edu­ca­ti­vos que se fi­jan ya en aque­llo en lo qué son real­men­te bue­nos sus alum­nos pa­ra di­ri­gir su for­ma­ción. En Es­ta­dos Uni­dos ha irrum­pi­do con fuer­za en pa­ra­le­lo un mo­vi­mien­to que pro­po­ne la de­no­mi­na­da re­vo­lu­ción de las for­ta­le­zas, con re­fe­ren­tes co­mo la edu­ca­do­ra Jen­ni­fer Fox, que abo­ga por de­jar de creer que los alum­nos pue­den ser com­pe­ten­tes en cual­quier ma­te­ria o cam­po que se pro­pon­gan.

“Las ca­pa­ci­da­des tie­nen un fuer­te com­po­nen­te in­na­to, en­tre los 3 y los 16 años se for­man los ta­len­tos”, ad­vier­te Ala­bart. Los ta­len­tos aflo­ran a par­tir de la frac­tu­ra de mi­llo­nes de co­ne­xio­nes si­náp­ti­cas, las re­la­cio­nes de con­tac­to que se es­ta­ble­cen en­tre las ter­mi­na­cio­nes de las cé­lu­las ner­vio­sas en el ce­re­bro. Se sos­tie­ne que la ba­se del ta­len­to es fi­sio­ló­gi­ca.

Se tra­ta de una he­rra­mien­ta pen­sa­da tam­bién pa­ra ayu­dar en la to­ma de de­ci­sio­nes en una or­ga­ni­za­ción o una em­pre­sa. “Si de­tec­tas las ha­bi­li­da­des de tus em­plea­dos be­ne­fi­cia­rás a la es­truc­tu-

ra de la em­pre­sa, pe­ro que­da mu­cho tra­ba­jo por ha­cer en es­te sen­ti­do. Por des­co­no­ci­mien­to pue­des per­der 15 años de un de­ter­mi­na­do em­plea­do al que le po­drías ha­ber sa­ca­do mu­cho pro­ve­cho”, des­ta­ca Al­fred Arias, pro­fe­sor tam­bién de la Ro­vi­ra i Vir­gi­li,

team coach es­pe­cia­li­za­do en la ges­tión de re­cur­sos hu­ma­nos, con ex­pe­rien­cia en gran­des com­pa­ñías.

Es­te mé­to­do es, pues, una for­ma ri­gu­ro­sa de au­to­co­no­ci­mien­to que per­mi­te ela­bo­rar, si se apli­ca de for­ma co­rrec­ta, un ran­king per­so­na­li­za­do con las me­jo­res ap­ti­tu­des de ca­da in­di­vi­duo. “De­be­mos po­ten­ciar y ex­plo­tar los ta­len­tos in­na­tos, aque­llos de­ter­mi­na­dos por nues­tras au­to­pis­tas neu­ro­na­les”, des­ta­ca Arias.

El pri­mer pa­so es so­me­ter­se al cues­tio­na­rio de los 34 ta­len­tos, que ha si­do res­pon­di­do ya por diez mi­llo­nes de per­so­nas en el mun­do, la ma­yo­ría en Es­ta­dos Uni­dos. To­dos los re­sul­ta­dos han ser­vi­do pa­ra ir per­fec­cio­nan­do el pro­pio sis­te­ma gra­cias a la ex­pe­rien­cia.

Tras con­tes­tar a es­te com­ple­jo cues­tio­na­rio, los da­tos son pro­ce­sa­dos y ca­da per­so­na re­ci­be una suer­te de diag­nós­ti­co, co­mo un tra­je a me­di­da. De los 34 ta­len­tos per­fec­ta­men­te des­cri­tos en un dic­cio­na­rio crea­do por el pro­pio mé­to­do, ca­da in­di­vi­duo po­see los de­no­mi­na­dos diez ta­len­tos “do­mi­nan­tes”. De ma­yor a me­nor gra­do, en es­te pri­mer ran­king se des­cri­ben las diez me­jo­res ap­ti­tu­des de ca­da per­so­na, sea su ca­pa­ci­dad pa­ra apren­der, pa­ra li­de­rar un equi­po, pa­ra avan­zar­se al fu­tu­ro o pa­ra per­ci­bir obs­tácu­los y ame­na­zas; ta­len­tos co­mo la res­pon­sa­bi­li­dad, la dis­ci­pli­na o la ca­pa­ci­dad pa­ra adap­tar­se con­ti­nua­men­te al cam­bio. Así has­ta una cla­si­fi­ca­ción úni­ca de 34 ti­pos de ha­bi­li­da­des. Los ta­len­tos si­tua­dos al fi­nal de la cla­si­fi­ca­ción ra­ra­men­te los uti­li­za­re­mos, se­gún ad­vier­ten los ex­per­tos.

Es­ta pri­me­ra fa­se de iden­ti­fi­ca­ción de los pun­tos fuer­tes de ca­da per­so­na es pa­ra mu­chos una suer­te de re­des­cu­bri­mien­to per­so­nal. “Los ta­len­tos for­man una par­te muy ín­ti­ma de la na­tu­ra­le­za de ca­da in­di­vi­duo, pe­ro no so­mos cons­cien­tes. Quie­nes nos co­no­cen sí, to­do ta­len­to tie­ne tam­bién su par­te ne­ga­ti­va”, ex­pli­ca el pro­fe­sor Ala­bart, que ayer reali­zó un pri­mer ta­ller en Ta­rra­go­na con pro­fe­sio­na­les de va­rios sec­to­res.

Con la de­tec­ción de las ap­ti­tu­des no se ha aca­ba­do ni el tra­ba­jo ni tam­po­co el mé­to­do; lle­ga en­ton­ces el mo­men­to de pa­sar a la ac­ción, pa­ra lo­grar po­ten­ciar los me­jo­res ta­len­tos. Se rea­li­zan en­ton­ces se­sio­nes de coaching es­pe­cí­fi­cas pa­ra di­se­ñar es­tra­te­gias con­cre­tas que per­mi­tan uti­li­zar las cua­li­da­des do­mi­nan­tes, aque­llos as­pec­tos en los que un de­ter­mi­na­do in­di­vi­duo es muy bueno. Se tra­ba­ja tam­bién pa­ra re­la­cio­nar es­tas ca­pa­ci­da­des con las ex­pe­rien­cias pro­fe­sio­na­les vi­vi­das, pa­ra dis­cer­nir si el éxi­to ha es­ta­do co­nec­ta­do con las me­jo­res ap­ti­tu­des per­so­na­les. “Po­de­mos re­pli­car de for­ma de­li­be­ra­da aque­llo que sin sa­ber­lo nos ha­bía con­du­ci­do al éxi­to. Tie­ne una po­ten­cia bru­tal por­que es­tá ba­sa­do en la in­ves­ti­ga­ción”, con­clu­ye Ala­bart.

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11 DE LOS TA­LEN­TOS

La Vanguardia
14 de febrero de 2014

Fle­xi­ble

In­di­vi­duo con una ca­pa­ci­dad es­pe­cial pa­ra adap­tar­se con fa­ci­li­dad a los cam­bios y a las si­tua­cio­nes im­pre­vi­si­bles. Vi­ve el pre­sen­te y el mo­men­to.

Es­tra­té­gi­co

Per­so­nas que ayu­dan a los equi­pos a pla­near lo que pue­de su­ce­der. Ab­sor­ben y ana­li­zan la in­for­ma­ción que pue­de ser cla­ve en la to­ma de de­ci­sio­nes.

Ini­cia­dor

Son ex­tre­ma­da­men­te bue­nos en po­ner en mar­cha un pro­yec­to. Muy im­pa­cien­tes en pa­sar a la ac­ción, aun­que des­pués pier­den el in­te­rés.

Ca­ris­má­ti­co

Gran ca­pa­ci­dad pa­ra co­no­cer a gen­te nue­va. No les asus­ta lle­gar a un si­tio y em­pe­zar a con­ver­sar con un des­co­no­ci­do. Per­so­nas idea­les pa­ra las re­la­cio­nes pú­bli­cas.

In­clu­si­vo

Sa­be pro­pi­ciar sen­ti­mien­to de equi­po en una or­ga­ni­za­ción. Se sien­te aco­gi­do por el gru­po y crea un sen­ti­mien­to glo­bal de per­te­nen­cia.

Es­tu­dio­so

Su gran ne­ce­si­dad es el cons­tan­te apren­di­za­je dia­rio. Le mo­ti­va el co­no­ci­mien­to por pla­cer. Abier­to a prác­ti­ca­men­te to­dos los cam­pos del co­no­ci­mien­to.

Com­pe­ti­ti­vo

Su gran mo­ti­va­ción es ser el me­jor. Ne­ce­si­ta a los de­más pa­ra mo­ti­var­se en el día a día.

Ana­lí­ti­co

Abor­da cual­quier si­tua­ción de for­ma ra­cio­nal. Pre­fie­re los he­chos ob­je­ti­vos a las emo­cio­nes. Per­so­nas muy ló­gi­cas que ne­ce­si­tan prue­bas cons­tan­te­men­te.

Pru­den­te

De­tec­ta cual­quier pe­li­gro y lo ana­li­za an­tes de to­mar la de­ci­sión. Ex­tre­ma­da­men­te cau­te­lo­so.

Res­pon­sa­ble

Se com­pro­me­te con to­do lo que di­ce y lo que ha­ce has­ta el ex­tre­mo. Muy ho­nes­to y leal.

Crea­ti­vo

Ma­ne­ja con ha­bi­li­dad la ge­ne­ra­ción de nue­vas ideas. Pien­sa el mun­do con una mi­ra­da nue­va, en una cons­tan­te tor­men­ta de ideas.

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Cartas a Alex: Carles Puyol

CARTAS A ÁLEX Gabriel
Masfurroll 08/03/2014
Carles Puyol
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Querido Álex. Esta semana Carles Puyol, el gran capitán del Barça, nos ha sorprendido anunciando su salida a finales de año. Debo decirte Álex, que a mí no me ha sorprendido su decisión ni como lo ha hecho. Puyol es un hombre sencillo, amigo de sus amigos, apasionado del fútbol, amante del Barça y un tipo hiperresponsable, a veces rozando los límites.
Yo le he visto crecer y de ser un jugador de la cantera con más o menos proyección, le he visto convertirse en el gran bastión de nuestro querido Barça. El ha sido un jugador distinto, especial. Estuvo a punto de irse porque el entrenador que tenía el club en aquellos momentos no contaba con él. El Málaga iba a ser su destino. De haberse cerrado, su vida y la del Barça habrían sido distintas.
Se quedó y el nuevo entrenador confío en él. Aquel jugador que solo tenía físico y coraje, demostró muchas otras cualidades. La gran pasión de Carles era jugar. Cualquier contrapié le angustiaba, pero su tesón y deseo de estar siempre ahí, en los momentos que más se le necesitaba, han marcado su carrera. Quizás su sueño era retirarse en el Barça a los 40 años como hizo Maldini con el Milan, pero da igual, será recordado siempre como un excelente profesional, buena gente y un amante del Barça.
Ahora Carles ha iniciado una nueva vida y está descubriendo que hay mucho más allá del fútbol, iniciando un proyecto excepcional llamado familia. Seguro que Carles le pondrá tanta o más pasión que lo que ha hecho con el Barça. Desde estas líneas Álex, deberíamos darle a Carles su agradecimiento por estos años al servicio del equipo de nuestros amores y a la selección, por cómo lo ha hecho y por saber ser tan normal, discreto y honrado. Y por finalizar su etapa en el fútbol de máximo nivel con una elegancia digna de un grandísimo.
Carles, has estat un gran exemple a tots els nivells. Com a pare i avi, estic orgullós que ho hagis estat pels nostres fills i els nets. Gràcies mestre. T’estimo Álex.
@masfurroll

Guerras: desertad cuanto antes. By J de Sagarra via La Vanguardia

1914
JOAN DE SA­GA­RRA
La Vanguardia
23 de febrero de 2014

Ca­da ge­ne­ra­ción tie­ne sus gue­rras; pa­ra su­frir o pa­ra dis­fru­tar. Y las re­cuer­da y ce­le­bra a su ma­ne­ra. El do­min­go 28 de ju­nio de 1914, el ar­chi­du­que Fran­cis­co Fer­nan­do, he­re­de­ro del trono aus­trohún­ga­ro, y su es­po­sa, So­fía Cho­tek, son ase­si­na­dos en Sa­ra­je­vo por Ga­vri­lo Prin­cip, un miem­bro de la Jo­ven Bos­nia, una or­ga­ni­za­ción mul­ti­ét­ni­ca, for­ma­da por ser­bios, croa­tas y mu­sul­ma­nes, que lu­cha­ba por la li­ber­tad na­cio­nal. Un mes más tar­de, el 27 de ju­lio, el em­pe­ra­dor Fran­cis­co Jo­sé, tío del ar­chi­du­que ase­si­na­do, fir­ma, con mano tem­blo­ro­sa, la de­cla­ra­ción de gue­rra a Ser­bia. La má­qui­na in­fer­nal ha­ce ex­plo­sión, en po­cos días Eu­ro­pa se ve su­mer­gi­da en una gue­rra que, en prin­ci­pio, ha­bía de ser bre­ve, pe­ro que du­ra­rá cua­tro lar­gos años y cau­sa­rá mi­llo­nes de muer­tos y he­ri­dos.

Con­fie­so que la gue­rra del 14, la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, me de­ja un tan­to in­di­fe­ren­te. Em­pe­zan­do por ese epi­so­dio bal­cá­ni­co. Me re­sul­ta di­fí­cil di­so­ciar ese do­ble cri­men del sui­ci­dio de Ro­dol­fo, el he­re­de­ro del im­pe­rio, en Ma­yer­ling, o de Sis­sí, la mu­jer del em­pe­ra­dor Fran­cis­co Jo­sé, apu­ña­la­da en Gi­ne­bra. To­do des­pi­de un per­fu­me de ope­re­ta vie­ne­sa mez­cla­da con una par­ti­da de pó­quer en la que ca­da uno fa­ro­lea con­ven­ci­do de que una de­mos­tra­ción de fir­me­za obli­ga­rá al otro a re­ti­rar­se: Ale­ma­nia pien­sa di­sua­dir a los ru­sos pro­me­tien­do su apo­yo a Aus­tria; Fran­cia pien­sa di­sua­dir a Aus­tria mos­tran­do su so­li­da­ri­dad con los ru­sos, y es­tos, con­ven­ci­dos de ello, se dis­po­nen a so­co­rrer a los ser­bios…

Y pen­sar que la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial po­día muy bien no ha­ber es­ta­lla­do: bas­ta­ba con que el em­pe­ra­dor de Aus­tria en­via­se unas tro­pas a Ser­bia pa­ra cas­ti­gar a los ase­si­nos de su so­brino. To­do el mun­do lo hu­bie­se en­con­tra­do la co­sa más nor­mal: quien la ha­ce la pa­ga. Pe­ro no, el em­pe­ra­dor te­nía que con­tar pre­via­men­te con el apo­yo del kái­ser, y lo que te­nía que ser una ope­ra­ción rá­pi­da, que pi­lla­se a to­do el mun­do por sor­pre­sa, se fue eter­ni­zan­do…

La gue­rra del 14 no es mi gue­rra, en to­do ca­so, se­ría la gue­rra de mi pa­dre, que en 1914 te­nía 20 años, la edad de en­trar en com­ba­te. Pe­ro tam­po­co fue la gue­rra de mi pa­dre, en el sen­ti­do de que no la su­frió. No la su­frió, pe­ro sí la dis­fru­tó. En sus Me­mò­ries ha­bla de una bo­te­lla de Moët & Chan­don que se be­bió con unos ami­gos en Ma­drid pa­ra ce­le­brar no sé qué vic­to­ria de los fran­ce­ses –mi pa­dre di­ce que du­ran­te los años que du­ró la gue­rra el Moët & Chan­don se ela­bo­ra­ba en las ca­vas de la fa­mi­lia Ra­ven­tós–; y ha­bla tam­bién de la juer­ga que se mon­tó en el Pa­ral·lel al tér­mino de la gue­rra: en to­dos los lo­ca­les se can­ta­ba

La mar­se­lle­sa.

Ca­da ge­ne­ra­ción tie­ne sus gue­rras: gue­rras pa­ra su­frir o pa­ra dis­fru­tar. Y ca­da ge­ne­ra­ción las re­cuer­da y las ce­le­bra a su ma­ne­ra. En Fran­cia, don­de la gue­rra se su­frió con cre­ces, el fi­nal de es­ta –el ar­mis­ti­cio en­tre Fran­cia y Ale­ma­nia fir­ma­do el 11 de no­viem­bre de 1918– no siem­pre se ha ce­le­bra­do de la mis­ma ma­ne­ra. Re­cuer­do que du­ran­te la pre­si­den­cia de Va­léry Gis­card d’Es­taing, tan­to es­te co­mo su ami­go el ale­mán Hel­mut Sch­midt hi­cie­ron cuan­to es­tu­vo en sus ma­nos pa­ra bo­rrar las hue­llas de las hos­ti­li­da­des en­tre am­bos paí­ses –am­bos, miem­bros de la Unión Eu­ro­pea– y lle­ga­ron in­clu­so a plan­tear­se la sus­pen­sión del ac­to con­me­mo­ra­ti­vo de la fir­ma del ar­mis­ti­cio. Pe­ro pu­do más la me­mo­ria del odio que la del do­lor, y Gis­card y su ami­go ale­mán tu­vie­ron que tran­si­gir con la con­me­mo­ra­ción del ar­mis­ti­cio. Un ar­mis­ti­cio, huel­ga de­cir­lo, que tam­po­co era una fe­cha cru­cial pa­ra los fran­ce­ses de la jo­ven Eu­ro­pa, pues la gue­rra que más les do­lía, su gue­rra, no era la del 14 sino la del 39, la gue­rra con­tra los na­zis y las SS.

La gue­rra del 39, la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial, tam­po­co es mi gue­rra y di­fí­cil­men­te po­dría ser­lo, por­que cuan­do es­ta­lló tan só­lo te­nía un año y me­dio. Pe­ro du­ran­te un tiem­po me la apro­pié de la ma­ne­ra más des­ca­ra­da. Fue en 1947, des­pués de ver en el ci­ne Bo­na­par­te, en Pa­rís, la pe­lí­cu­la Ro­ma cit­tà aper­ta. Ter­mi­na­da la pe­lí­cu­la me iden­ti­fi­qué, me con­ver­tí en uno de aque­llos ni­ños ro­ma­nos que des­pués de pre­sen­ciar el fu­si­la­mien­to del cu­ra, de don Pie­tro (Al­do Fa­bri­zi), re­gre­san a su ba­rrio. Unos cha­va­les que lue­go re­en­con­tra­ría en al­gu­na que otra no­ve­la de Juan Mar­sé.

Las gue­rras cam­bian con los años, y no­so­tros, con ellos. La gue­rra del 39, por ejem­plo, ha cam­bia­do des­de que vi la pe­lí­cu­la de Ros­se­lli­ni. En 1947, en Pa­rís, to­da­vía era, y con qué in­ten­si­dad, la gue­rra con­tra los na­zis y las SS, y em­pe­za­ba a ser la gue­rra del ge­no­ci­dio ju­dío, la gue­rra del ho­lo­caus­to. Lue­go, con el pa­so de los años, al des­cu­brir­se el gu­lag y las bar­ba­ri­da­des de los so­vié­ti­cos, la gue­rra del 39 se con­vir­tió en una gue­rra más nor­mal, y lo cu­rio­so del ca­so es que, en cier­to mo­do, esa gue­rra ca­da vez se pa­re­ce más a la gue­rra del 14, en el sen­ti­do de que Ver­dún ca­da vez se pa­re­ce más, re­vis­te la mis­ma im­por­tan­cia que Sta­lin­gra­do. La gue­rra del 14, de cu­yo ini­cio ce­le­bra­mos es­te año el cen­te­na­rio, se ve hoy de una ma­ne­ra muy dis­tin­ta de co­mo se veía cuan­do yo era ni­ño o en los años en que Gis­card era el pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca fran­ce­sa. Hoy, la gue­rra del 14 se ve co­mo la veía Fra­nçois Fu­ret cuan­do de­jó es­cri­to aque­llo de “el si­glo XX co­men­zó con la gue­rra de 14 y fi­na­li­zó con la caí­da del mu­ro de Ber­lín”. Cier­to, el si­glo XX em­pe­zó con esa gue­rra, una gue­rra que cam­bió el mun­do, pe­ro que, pa­ra mí, se re­sis­te a per­der ese per­fu­me de ope­re­ta vie­ne­sa que me pro­du­ce el in­ci­den­te bal­cá­ni­co. Pe­ro soy in­jus­to, por­que si la gue­rra del 14 no es mi gue­rra –en el sen­ti­do de que no pue­do iden­ti­fi­car­me con nin­gún poi­lu– es gra­cias a ella que des­cu­brí el Vo­ya­ge au bout de la nuit, de Cé­li­ne, y Sen­de­ros de glo­ria, la pe­lí­cu­la de Ku­brick. O, si us­te­des lo pre­fie­ren, fue gra­cias a Cé­li­ne y a Ku­brick que des­cu­brí la gue­rra del 14. Cé­li­ne se con­vir­tió gra­cias a sus pa­la­bras, sus imá­ge­nes y su rit­mo, en el úni­co de­nun­cian­te de la ab­sur­di­dad, de la ab­so­lu­ta bar­ba­rie de la gue­rra, y la pe­lí­cu­la de Ku­brick me con­fir­mó aque­llo de que el pa­trio­tis­mo es el úl­ti­mo re­fu­gio del ca­na­lla. Des­pués de ver­la, a uno tan só­lo se le ocu­rre una co­sa: de­ser­tar, de­ser­tar cuan­to an­tes.

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Entrevista para la revista Escuela

¿Qué ideas quiere transmitir con su libro Emprendedor. Persigue tus sueños?

 

Deseo compartir la pasión por emprender. Emprender es una combinación de sensaciones, sentimientos, actitudes, pero también de circunstancias y decisiones adecuadas. En mi libro quiero explicar lo importante que es emprender, en casi cualquier ámbito, pues una sociedad de emprendedores, es una sociedad solidaria y que busca el bienestar global. También quiero desmitificar la figura del emprendedor. No es solo soñar, tener ideas. Hay que trabajar muy duro y seguramente fracasar algunas veces y volver a empezar. Solo así consigues alcanzar alguno de tus sueños. Además lo básico y fundamental es mantenerse y si es posible, arriba.

 

¿Cuáles serían los fundamentos básicos que debe tener un emprendedor?
Ser capaz de soñar despierto. Ser muy curioso y no dejar de explorar ni un minuto que sucede en el mundo. La curiosidad es la búsqueda del conocimiento, del saber. A la vez, hay que saber rodearse de las personas idóneas en cada momento, aquellas que sean capaces de complementar tus habilidades, paliar tus defectos y que sean buena gente. Ser muy perseverante. No hay nada fácil y si lo es, algo no funciona. Hay que ser resistente a las adversidades y por supuesto ambicioso, sana ambición, pero ambición al fin y al cabo. Otro punto para mí básico es la capacidad de enamorarte de lo que hagas y hacerlo con pasión, eso sí, sin abandonar la racionalidad. El balance y la armonía entre el corazón y la razón es básico.

 

 

¿Y los caminos imprescindibles que debe de recorrer una iniciativa para garantizar el éxito?
Dicen que los caminos que conducen a Dios son inescrutables. Pues los del emprendedor casi también. Los americanos que son gente muy pragmática y de la que he aprendido mucho, siempre dicen que hay que ser la persona adecuada, estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado. En mi libro explico la historia del fundador de Twitter y como en su juventud creó una empresa casi exacta a Amazon, pero diez años antes. Y fracasó estrepitosamente. Pues alguno de estos tres caminos falló.

 

¿Agudizan el ingenio los tiempos de crisis y la posibilidad de buscar nuevas vías para los emprendedores?

 

El hambre agudiza el ingenio, siempre, a veces para bien y otras para mal, pero es importante salir de la zona de confort. En nuestro país, desgraciadamente hemos vivido muy confortablemente hasta el 2008 y la crisis nos pilló desprevenidos. Además, no nos engañemos, España hizo esfuerzos importantes y progresó enormemente, pero recibimos enormes ayuda de la UE que ahora han casi desaparecido. Eran las cuotas de apoyo y solidaridad pactadas y ahora nos toca espabilar. Esto además ha coincidido con la brutal crisis que asola a los países occidentales, lo que significa que ahora más que nunca hay que arrimar el hombro, aunar esfuerzos, ser muy imaginativos pero a la vez realistas y trabajar muy, muy duro. Las grandes empresas siempre surgieron de situaciones críticas, de emprendedores necesitados o de ambas. Los medios, las hemerotecas están llenas de historias de éxitos pero pocos cuentan los fracasos que normalmente son muchos más. Quien es capaz de superar el fracaso suele alcanzar su sueño y sentirse recompensado. Como decía Seneca, “un inteligente siempre se recupera de un fracaso, pero un mediocre jamás se recupera de un éxito”.

 

¿Se aprende de los fracasos?

 

Muchísimo. Quien no reconozca que ha fracasado alguna vez, miente y si no miente es que no habrá hecho casi nada. Fracasar es muy duro, pero muy importante pues es cuando más se aprende. Por supuesto hay que buscar el éxito, pues sería ridículo ensalzar al fracasado, pero sí, fracasar y equivocarse es un buen aprendizaje. También recomiendo que tras un fracaso, se analice el porqué y escuches a terceras personas para que te ayuden a saber qué ha sucedido y cómo mejorar. También se aprende de los éxitos y mi recomendación es no embriagarse con ellos, pues tal y como está evolucionando el mundo actual, todo es efímero y es crucial adelantarse a los cambios. Por eso, si consigues o alcanzas tu sueño, no te duermas, al contrario, agudiza tu mente y trata de seguir mejorando tu proyecto.

 

¿Debe de venir el emprendimiento apoyado por las instituciones públicas?

 

Las instituciones públicas deben ayudar, pero no con dinero sino aligerando los procesos, apoyando a quienes apuestan por invertir su talento, sus recursos económicos, su experiencia y su tiempo. Las distintas Administraciones tienen que ser facilitadoras y simplificar los procesos de creación de empresas o incluso disolución de las mismas si el proyecto ha fracasado. Ahora no es así. La Administración en general es un enorme laberinto en el que muchos se pierden y otros encima son penalizados por no hacerlo bien. Nos llenamos la boca de “apoyo al emprendedor” pero a la hora de la verdad, las facilidades brillan por su ausencia. Hay buena voluntad, por supuesto, pero el “sistema” es tan farragoso que ni los propios expertos son capaces de deshacer el embrollo burocrático que durante años y años se ha ido creando.

 

¿Qué significado recoge el mundo del deporte en tener un espíritu apasionado que se puede trasladar a otras facetas de la vida?

 

El deporte no es un mundo distinto. Sus acciones transcurren paralelas a las del llamado “mundo real”. No es nada más y nada menos que el espejo del mundo real. Debemos dejar de auto engañarnos tomando el deporte como el mundo ideal. En este mundo hay tramposos igual que en el otro. El dinero, el poder, la ambición insana y los egos producen los mismos efectos que en todas partes. Quien se apasiona en el deporte, después lo hace en su vida y trabajo. Quien es perseverante, trabajador y luchador en el deporte, lo es luego también en su quehacer diario. Quien suele hacer trampas, engaña o busca caminos ilícitos en el deporte, suele hacerlo luego en la vida real. Hay paralelismos de ida y vuelta. Por supuesto el mundo real, el mundo empresarial puede y debe aprender del deporte, de sus verdaderos héroes, pero también al revés. Nadie está en posesión de la varita mágica.

 

¿El éxito adormece y puede llevar al fracaso?

 

No debería, pero suele suceder y cuando pasa, quizás no fracasas del todo, pero otros con ambición y hambre de éxito, te superan. El éxito dura poco y mantenerlo es muchísimo mas costoso que alcanzarlo. Si te duermes en los laureles, los demás te pasan por la derecha y por la izquierda y lo peor de todo es que luego, recuperarte, recuperar la posición es muy, muy difícil.

 

 

¿De qué manera el emprendimiento puede aportar respuestas que acrecienten el bienestar social?
Emprender suele ser una actitud positiva. Emprender suele beneficiar no solo a quien lo hace, sino a quien le rodea y a veces va hasta mucho más allá. Es muy importante cómo canalizas el emprendimiento, pues a veces lo mismo, influenciado de uno u otro modo puede cambiar el resultado final de forma increíble. Quisiera poner el ejemplo de un científico muy destacado, Werner Von Braun. Este hombre y su equipo de colaboradores crecieron al amparo de la Alemania nazi. Von Braun, tenía un sueño, conseguir enviar un cohete al espacio. No obstante sus conocimientos fueron canalizados hacia el ámbito bélico y así nacieron las famosas bombas W-2 cuya aparición hizo estragos en el bando aliado. De haber durado más tiempo el conflicto y de haber tenido más recursos, Von Braun hubiera podido inclinar la balanza del conflicto hacía el bando alemán y hoy el mundo sería totalmente distinto. Luego Von Braun fue capturado y llevado a los EE.UU. donde se le proporcionaron recursos de todo tipo y gracias a ello, consiguió desarrollar el proyecto espacial americano y poner al hombre en la luna. Alcanzó su sueño, pero pudo haber destrozado muchos más. En nuestro país, mucho más cerca, una pareja, Amancio Ortega y Rosalía Mera, crearon de la nada algo llamado Inditex. Hoy es un imperio de la moda que marca tendencia en todo el mundo y es considerado como un caso de éxito mundial. Pues bien, cerca de Coruña, en un pueblecito donde se forjó este proyecto, hay un complejo industrial textil y logístico impresionante. Han creado enorme riqueza para el lugar, Arteixo. Miles y miles de gallegos trabajan y se ganan la vida gracias a Inditex y no solo gallegos sino de todo el mundo. Ortega ha mejorado el bienestar social de muchas personas.

 

 

¿Qué papel debe jugar la educación para la sociedad?

 

La educación actual, la que conocemos, la que actúa en nuestro país es en mi humilde opinión, coartante. No soy ni pedagogo, ni docente, pero sí he sido estudiante y sigo estudiando tanto como puedo. A su vez he sido padre y ahora abuelo de estudiantes y puedo afirmar que a pesar de la dignísima profesionalidad y más que buena voluntad de los miles y miles de maestros que hay por toda la geografía, la educación que damos a nuestros niños y jóvenes es anticuada y diría y siento no ser “polite” que dirían los ingleses, decimonónica y frustrante. Puedo afirmar sin rubor que los jóvenes suelen tener enorme frescura y capacidades que en muchas ocasiones se coartan en los centros educativos. Queremos homogeneizarlos a todos y no todos somos iguales. Sé lo difícil, muy difícil que es educar e imagino lo duro que es en algunos ámbitos adversos, pero si encima las herramientas y recursos que proporcionamos a nuestras escuelas y docentes son el “café para todos” en lugar de buscar el talento que cada persona lleva en sí mismo para potenciarlo y que pueda desarrollar sus habilidades innatas que todos las tenemos, es cuando surge el fracaso escolar. Sé que es imposible una educación “ad hoc” para cada joven, pero no es bueno tratar a todo el mundo igual, pues no todos tenemos las mismas capacidades, habilidades y gustos. Ahí es donde la formación del emprendimiento puede descubrir talentos  y habilidades que estaban en estado latente o adormecido. Es por ello que hay que dar alas a la creatividad y no capar la imaginación ni las ganas de crear. Solo así, conseguiremos que nuestros jóvenes dejen los centros educativos, cualesquiera que sean, con frescura, ganas y ambición para poder hacer aquello que creen que les gusta. Sin duda alguna ello no es garantía de éxito, pero mejora las probabilidades. Y, como prueba, y hay muchas de ellas, una anécdota interesante: el actor y director de cine, Robert Redford, nacido en Los Ángeles y educado en la escuela pública de un barrio humilde de Santa Mónica, era un mal estudiante. Un día, mientras la profesora explicaba una asignatura, él estaba ensimismado mirando lo que pasaba fuera por la ventana, y mientras tanto dibujaba y dibujaba en un papel. La profesora le pilló y agarró el papel. En aquel momento podía haberle humillado delante de sus compañeros, pero no fue así. Le pidió que se levantara y explicara qué estaba dibujando al resto de la clase. En el dibujo, había unos cowboys luchando contra unos indios, y encima un avión soltando bombas. Estaban en plena guerra mundial. La historia de Redford fue tan interesante que la profesora decidió desde aquel día, repetir esta experiencia una vez a la semana. Redford dice que aquello le cambió la vida. El resto de la historia de su vida ya la sabéis.

 

 

 

¿Es la verdadera globalización la que combina una mente abierta y sin barreras geográficas?

 

Ojalá solo tuviéramos barreras geográficas pues hoy en día, cada vez son más fáciles de sortear, es más, van desapareciendo y si no, paséense por estos mundos de Dios. Las mentes abiertas suelen chocar con otras barreras que de nuevo creamos los humanos. Cuántas mentes abiertas han fenecido a lo largo de la historia por haberse avanzado a su tiempo. A veces querer saber más choca contra el entorno en el que vives. Hay barreras culturales, políticas, religiosas y algunas más que me dejo que impiden que seamos tan globales como deseamos. Los humanos vivimos en una completa paradoja y a la vez paranoia. Demandamos educación para nuestros hijos y nietos, queremos que sea la mejor pues así, entendemos que su futuro será bueno, pero a la vez creamos guetos en los que según qué ideas son bloqueadas, coartadas o hasta incluso penalizadas porque alguien que está en el poder ha decidido que sea así. Hoy en día no obstante, gracias a la tecnología, el saber está mucho más al alcance de todos y eso es bueno, pero lo malo es que las redes sociales, internet y todo este mundo inexistente e impensable hace no muchos años, se ha convertido en un universo incontrolable. Quizás sea el sino del ser humano, pero por un lado tenemos un sistema educativo que aun en pleno siglo XXI impide de forma adecuada y justa el crecimiento personal de muchos de nuestros jóvenes condicionando el acceso, el flujo y el sistema de educar y por otro lado, los mismos jóvenes tienen acceso casi ilimitado a todo o casi todo sin ningún tipo de ayuda. Ahí demandaría lo que los americanos llamarían “coaching”. Es curioso y me sorprendo como yendo por distintas escuelas aparecen jóvenes con carácter enormemente emprendedor, muy creativos y con muchas ganas de volar y luego compruebas que su calificación escolar al uso, no es buena. ¿No les parece curioso? ¿Qué falla? Debemos aprender y emprender para poder alcanzar el sueño de un mundo mejor. Persigamos este sueño.

EFE Emprende: Gabriel Masfurroll presenta “Persigue tus sueños”, una loa al esfuerzo del emprendedor

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Gabriel Masfurroll ha presentado hoy en Madrid su cuarto libro, “Emprendedor persigue tus sueños”, en el que reflexiona sobre las capacidades emprendedoras y pone el acento en el esfuerzo, el riesgo y la toma de decisiones para lograr las metas propuestas.

Persigue tus sueños sirve como orientación sobre los factores de éxito emprendedor (un buen equipo, trabajo constante, buena comunicación, pasión por lo que se hace…)

Estas son algunas pinceladas del nuevo ejemplar queGabriel Masfurroll ha dedicado a EFEempresas, mientras explicaba que existen muchos tipos de emprendedores y que, en definitiva, “todo ser humano es un emprendedor, ya que solo el hecho de formar una familia ya es un reto”.

Se trata de un libro que recoge unas vivencias personales y está empapado de ilusión y de valores, muy necesarios, ha incidido, para la formación de los jóvenes y no tan jóvenes; para convivir en la sociedad actual y aspirar a un mundo mejor.

Se ha referido a valores como humildad, honestidad, de retorno a la sociedad… Caminos que el propio Masfurroll ha expuesto como principios propios.

En este contexto ha insistido en que no existe un prototipo único de emprendedor, sino que cualquiera, a cualquier edad puede ser consciente de que lo que quiere es realizar un proyecto y, también ha señalado que las claves del éxito suelen ser: “ser la persona, estar en el lugar en el momento indicado y saber rodearte de un buen grupo de trabajo”.

Emprendedor o empresario

Se ha definido a sí mismo como una mezcla de ambos porque ha sido y aun es un emprendedor y también ha sido un empresario en algunas circunstancias de su vida. Aunque ha matizado que se puede ser un buen emprendedor y un muy mal empresario y viceversa ya que, la diferencia entre emprendedor y empresario es “pasar de tener un proyecto y gestionarlo a hacerlo persistente en el tiempo”.

Por ello, hay personas “muy buenas con grandes proyectos” que no serán nunca empresarios y habrá otras que han hecho de un proyecto algo sostenible en el tiempo que no serán nunca emprendedores”.

A la presentación también ha acudido el presidente de la CEOE, Juan Rosell quien ha destacado que libros como Persigue tus sueños “fomentan el espíritu empresarial”. Para Rosell, el esfuerzo, la valentía y la capacidad de asumir retos son “valores clave para impulsar la creación de futuras generaciones de empresarios”.

Por otra parte, el presidente de la CEOE ha resaltado que los beneficios de la venta del libro se destinarán al proyecto Para Nuestros Héroes, desarollada conjuntamente por la Fundación LaureusEspaña y Fundación Alex y cuyo desarrollo de actividades deportivas destinadas a personas con capacidades diferentes.

Texto original en http://www.efeempresas.com/noticia/gabriel-masfurroll-todo-ser-humano-es-un-emprendedor/

Entrevista para EFE Emprende

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Masfurroll: “A pesar de las buenas voluntades, emprender en España es una aventura”

Gabriel Masfurroll, autor del libro “Emprendedor, persigue tus sueños”, considera que “a pesar de las buenas voluntades”, emprender en España es una “aventura”, si bien considera que “vale la pena intentarlo”.

Emprendedor y empresario a partes iguales, tras “treinta y tantos años en el mundo profesional”, Masfurroll ha comentado con efeemprende.com en una entrevista su cuarto libro, presentado el pasado jueves en la Confederación  Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

A lo largo de las páginas de “Emprendedor, persigue tus sueños”, su autor quiere decir a todo aquel que está empezando o desea empezar un proyecto emprendedor que “vale la pena intentarlo”.

“Lo que intento es dar un halo de optimismo a mucha gente que en estos momentos no lo está pasando bien o a jóvenes que está  emprendiendo, que no piensen que es fácil, pero que vale la pena, hay que hacerlo”.

Aunque uno tropiece y caiga, hay que levantarse, como “nos ha pasado a todos”, dice Masfurroll, que considera que se hace un uso “frívolo” de la palabra emprendedor porque, en realidad, “todo ser humano es emprendedor; todos desde que nos levantamos estamos realizando un emprendimiento”.

Señala que existen muchos tipos de emprendedores “porque cada ser humano es diferente y cada uno entendemos el emprendimiento de una manera”.

            Hay emprendedores que luego se convierten en empresarios,  emprendedores sociales o humanos.

En este sentido, afirma que ser emprendedor humano es llevar a cabo el mayor emprendimiento que puede realizar un ser humano que es, formar una familia”, algo para lo que, en su opinión,  “hay que tener mucho valor”.

Claves del éxito

Asegura que nadie ha alcanzado el éxito a la primera porque la vida está plagada de inconvenientes y de obstáculos, pero si tuviera que dar unas directrices encaminadas al éxito de un proyecto, Masfurroll apuesta por ser la persona en el lugar y en el momento adecuado, además de tener la suerte de contar con buenos compañeros de viaje y ser extremadamente perseverante.

Aun así “puede que no salga a delante”,  dice Masfurroll, que señala que el principal consejo que puede dar es “creer en nuestro propio proyecto” porque este es un componente esencial en el camino a cumplir las metas propuestas.

Considera que hay que aprender de todo el mundo, si bien para él el referente es Steve Jobs.

Masfurroll opina que hay claros componentes educacionales, pedagógico y culturales que influyen en ser emprendedor y apunta, en este sentido, que no es lo mismo nacer en un país en el centro de África o en la Vieja Europa que en Estados Unidos, donde todo el mundo empuja y se atrae el talento”.

Necesidad de cambios

Cree que España debería pulir algunos aspectos para conseguir ser uno de los “países más propensos para emprender”. En este sentido, afirma que se debe facilitar el emprendimiento porque  ”no es tan importante que te presten dinero, sino que te hagan las cosas fáciles”.

Masfurroll asegura que, “a pesar de las buenas voluntades”, emprender en España es una “aventura”, y reta a los legisladores a crear y, posteriormente, a cerrar una empresa para que vieran las dificultades que ello supone.

“El Estado y las distintas administraciones deberían de no poner trabas, sin entrar en laberintos burocráticos para poder crear una empresa”, dice Masfurroll, que, además de los aspectos burocráticos, deberían mejorarse otros aspectos como la educación en lo referente a la actividad emprendedora.

Masfurrroll afirma que en España se continúa con un sistema educativo “decimonónico”, basado en la memorización, que, de alguna manera, “capa” la actitud emprendedora. El autor de “Persigue tus sueños considera que “debería haber un cambio en el factor cultural”, ya que se ha incidido mucho en la seguridad, en los trabajos fijos.

Se trata en definitiva de arriesgar sin saber cuál va a ser el resultado frente a la estabilidad de un trabajo para toda la vida.

“En un país como éste, en que se tiene una predisposición a que los jóvenes hagan oposiciones, va a costar bastante que surjan emprendedores”, dice Masfurroll, que señala que, sin embargo, están surgiendo debido a que “no hay oposiciones y puestos de trabajo” y “el hambre agudiza el ingenio”.

¿Qué es ser empresario y emprendedor?

Masfurroll comenta que fue empresario porque previamente fue emprendedor, aunque dice que se puede ser emprendedor y no empresario, del mismo modo que se puede ser empresario y no emprendedor. A su juicio, la diferencia entre ambos radica en la capacidad de cada uno, ya que se pueden tener muy buenas ideas pero sin la capacidad de consolidarlas, que es lo que define a los emprendedores. Por el contrario, se puede tener una empresa ya consolidada con un buen equipo que vaya  expandiéndola. En este caso, se es más más empresario que emprendedor.

Además, Masfurroll dice que en la cultura española  ser empresario, por las razones que fueran, ha estado demonizado, ya que “la figura del empresario se ha comparado con la del Tío Gilito”. Sin embargo, recuerda que “en la geografía española hay millones de empresarios, millones de pequeños empresarios que muy poca gente conoce y que generan el 75% del PIB de España”.

Consejos

Masfurroll aconseja antes de iniciar un proyecto contrastar la idea para saber si es o no buena, y saber, si ha funcionado en otros países, como en Estados Unidos. Ya una vez materializada en un proyecto, producto o servicio, hay que rodearse de un buen equipo para salir a buscar apoyo.

Por Andrea Extremiana, texto original en http://www.efeempresas.com/noticia/gabriel-masfurroll-ser-humano-es-ser-emprendedor/