El problema catalan y español. By Antonio Garrigues Walker. Via La Vanguardia

Querido Alex,una de las mentes mas preclaras de nuestro pais, es Antonio Garrigues.Aqui expone en un articulo pienso que magnifico, su posicion y recomendaciones anteneste conflicto. Recomiendo su lectura.imageEs curioso ver como a veces los humanos conseguimos complicar las cosas en lugar de simplificarlas y solucionarlas. Esto es lo que esta sucediendo. Ambas partes se estan enrocando. Aunque yo toco de oido, tengo la percepcion que quienes lideran ambas posiciones, podrian ponerse de acuerdo con un dialogo fluido, con respeto, generosidad y tolerancia, pero sucede que ambos tienen entornos complejos y demandas que les influyen y condicionan. Los extremos a veces pueden destrozar las voluntades de las mayorias. Es curioso y paradojico como todos tenemos a veces la capacidad de hablar desde la ignorancia. Desearia que un tercero independiente, me refiero a alguna institucion ajena al conflicto, de prestigio y rigor, que fuera creible para la ciudadania en general, pudiera darnos sus opiniones, recomendaciones y conclusiones a la situacion actual de modo que la mayoria que nos movemos en la mas cruda ignorancia sobre el impacto que el conflicto podria tener, pudieramos opinar en consecuencia. Esto no esta pasando. Cada parte cuenta su historia con sus sesgos y luego hay multitud de francotiradores que opinan a destajo, influyendo a unos y otros. Evidentemente excluyo a los talibanes de cada bando a los que nada alejado a sus pensamientos, pueda interesar.
Por desgracia y aunque todo el mundo abunda en la buena voluntad y en el dialogo pero la realidad es que a la hora de la verdad, las chispas provocadas por las tensiones que generan los extremos del conflicto, no solo pueden llevar al traste a un posible acuerdo, sino que estas, pueden provocar situaciones tragicas. T’estimo Alex.

OPINIÓN
El problema catalán y español
ANTONIO GARRIGUES WALKER

El estamento político en su conjunto está conduciendo el aparente desencuentro entre Catalunya y España con un escaso sentido de responsabilidad. Hay, sobre todo, un exceso de manipulación de la verdad en todos los órdenes y especialmente en lo que atañe a la historia, a la economía y a las consecuencias reales de una secesión. El muy peculiar derecho a la mentira que se atribuyen a sí mismos los políticos como arma tradicional, legítima e imprescindible en defensa de un objetivo­ no puede seguir creciendo sin límite ni contención alguna. La ciudadanía ha cambiado decisivamente. Tiene una alta capacidad de información y de crítica y por lo tanto de rechazo e intolerancia a los abusos sectarios. Esa ciudadanía reclama ahora ­aunque no levante suficientemente el tono de su voz­ un derecho inequívoco y esencial: “El derecho ­son palabras de Antón Costas, presidente del Cercle d’Economia­ a una información veraz” en un tema tan complejo, tan sensible y tan importante para nuestro presente y nuestro futuro.
España no roba nada a Catalunya y Catalunya no roba nada a España. El proceso auténtico es justamente el contrario. España aporta mucho a Catalunya y Catalunya aporta mucho a España. El mensaje de España a Catalunya no puede ser otro que el de la admiración, el agradecimiento y el reconocimiento de su identidad en todas sus múltiples facetas y de todas sus maravillosas aportaciones al acervo catalán, al español y al mundial. Ninguna otra región europea la supera en este terreno. Y el mensaje de Catalunya a España tendrá que contar con un grado idéntico de admiración, agradecimiento y reconocimiento por todas las contribuciones
El Gobierno español no puede refugiarse permanentemente en los límites de nuestra Constitución

que ha hecho España para contribuir a su desarrollo y la importancia que concede a su integración en un Estado que, aunque sea con reservas en algunos sectores, está asumiendo su pasión identitaria ­un espectáculo por cierto maravilloso y envidiable­ y también sus derechos históricos y en concreto el “derecho a disponer de los medios necesarios para asegurar la transmisión y la perennidad de su lengua”, de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos del 6 de junio de 1966. Por esas y otras razones, la separación entre España y Catalunya generaría daños sustanciales, daños inasumibles, en todos los órdenes y en especial en la estabilidad política y la riqueza sociológica y económica y, sin duda, en la relación con Europa. Por el contrario, un acuerdo para superar las tensiones entre España y Catalunya daría un gran impulso a nuestras buenas perspectivas actuales y en su conjunto a la imagen de España en el mundo. Sería todo un ejemplo de madurez democrática y solidez institucional.
Partiendo de estas bases, que algunos considerarán, erróneamente, como un ejercicio de buenismo, la guía para avanzar positivamente en la búsqueda de un entendimiento civilizado sería la siguiente: Catalunya no debe considerar, y aún menos amenazar, con la posibilidad de una cuarta declaración unilateral de independencia y tampoco debe poner en marcha una consulta ilegal. El derecho a decidir tiene una estética y un atractivo intelectual impecables y puede que en algún momento futuro se desarrolle y se aplique con toda normalidad, pero este no es desde luego el momento. El Gobierno español no va a autorizar, ni puede autorizar, una consulta “legal”.
Nadie podrá impedir que se anticipen las elecciones autonómicas y que se les atribuya políticamente el carácter de plebiscitarias sobre el soberanismo y la independencia, pero sería un riesgo excesivo por cuanto generaría una radicalización del diálogo y la convivencia hasta límites extremos, no resolvería el problema y crearía otros nuevos y podría concluir en un mapa político deformado e inmanejable. Exactamente igual sucedería si se intentase manipular las próximas elecciones europeas en el sentido antes citado.
El Gobierno español no puede refugiarse permanentemente en los límites de nuestra Constitución, que tendrá que ser reformada para adaptarse a las nuevas realidades, ni tampoco en la oposición europea a los procesos de secesión porque se pueden esgrimir ejemplos para todos los gustos. Lo que tiene que hacer el Gobierno español es abrirse confiadamente al diálogo y reconocer abiertamente que nuestro modelo territorial ­que es una forma de federalismo­ admite crecimientos asimétricos que responden a las distintas sensibilidades históricas y que admite también conciertos fiscales y otras medidas similares que profundicen y garanticen el autogobierno.
España tiene que aceptar que el nacionalismo catalán ­como todos los nacionalismos­ va a mantener siempre como referencia básica la capacidad de decidir sobre su propio destino y por ello debe entender que adopte, de forma democrática, las acciones que les parezcan más propias y más útiles con ánimo de lograr su objetivo final. Este no es el género de problemas que se pueda solucionar de una vez para siempre. Tenemos por delante un largo camino de tensiones complejas y de entendimientos difíciles, pero hasta ahora lo hemos hecho bien y lo seguiremos haciendo bien en el futuro.
Nadie tiene que pedir perdón a nadie, pero sí hay que reconocer que todos hemos cometido errores, algunos sustanciales, y que los errores hay que rectificarlos, incluyendo los que se produjeron con motivo de la decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catalán, un hito clave y decisivo en el crecimiento geométrico del proceso soberanista. No es aceptable alegar como excusa para no pactar o para no hablar que se ha perdido la confianza en razón de que España o Catalunya no han cumplido sus promesas. Aun cuando sean ciertos algunos incumplimientos se debe seguir confiando, sin reservas, en la capacidad de alcanzar acuerdos porque lo contrario sería entrar en una vía muerta. Basta con crear un nuevo ambiente en el que todos podemos y debemos colaborar. Y ese proceso ya se ha iniciado. Estamos en el buen camino.
El 28 de diciembre de 1930, hace 84 años, el periodista catalán Agustí Calvet, Gaziel, formuló la siguiente pregunta: “¿Se habrá entendido, al fin, que no nos queda más remedio que colaborar con España, influir en España, para no tener que apechugar callando ­por fuerza, como acabamos de hacer durante seis años­ todo lo que pueda derivarse de nuestra ausencia en el gobierno de España?”. Y cuatro años más tarde, el 10 de octubre de 1934, afirmó lo siguiente: “La historia de Cataluña es esto: cada vez que el destino nos coloca en una de esas encrucijadas decisivas, en que los pueblos han de escoger entre varios caminos, el de su salvación y su encumbramiento, nosotros, los catalanes, nos metemos fatalmente, estúpidamente, en el que conduce al despeñadero”.
Catalunya no debe amenazar con una declaración unilateral de independencia ni con una consulta ilegal

Ni España ni Catalunya van a aceptar soluciones absurdas. La sociedad civil, que por fin se ha puesto en marcha, tiene todo el derecho a exigir al estamento político la inteligencia y la grandeza necesaria para encontrar una solución positiva a un problema que es tan catalán como español.

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Talento. By Esteve Giralt. Via La Vanguardia

Querido Alex, del mismo modo que todos tenemos handicaps, tambien, todos tenemos talento para cosas determinadas. Lo dificil en esta vida, es descubrir cual es nuestro talento, poder potenciarlo y educarlo y finalmente que la sociedad nos permita que lo podamos usar y desempeñar a lo largo de nuestra vida. La suerte, el entorno, nuestra tenacidad asi como la compañia con la que nos rodeemos, seran importantes para potenciar nuestro talento. T’estimo Alex.

La re­vo­lu­ción del TA­LEN­TO
ES­TE­VE GI­RALT
La Vanguardia
14 de febrero de 2014

BA­SE FI­SIO­LÓ­GI­CA Los ta­len­tos que mar­can el éxi­to de los adul­tos se for­man de los 3 a los 16 años EL SIS­TE­MA To­do el es­fuer­zo se con­cen­tra de for­ma de­li­be­ra­da en las me­jo­res ap­ti­tu­des EL NUE­VO ‘COACH’ “Tra­ba­je­mos nues­tros ta­len­tos, no nues­tros pun­tos dé­bi­les; to­dos te­ne­mos for­ta­le­zas” LA AD­VER­TEN­CIA No se pue­de apren­der de to­do de for­ma in­dis­cri­mi­na­da, hay que ele­gir una ca­rre­ra. Un nue­vo mé­to­do, de ba­se cien­tí­fi­ca, irrum­pe con fuer­za des­de Es­ta­dos Uni­dos pa­ra iden­ti­fi­car los ta­len­tos in­na­tos do­mi­nan­tes de ca­da per­so­na, sea un ni­ño, un al­to eje­cu­ti­vo o un jo­ven em­pren­de­dor. El de­no­mi­na­do Clif­ton Strength­sFin­der es el re­sul­ta­do de la in­ves­ti­ga­ción rea­li­za­da por la com­pa­ñía ame­ri­ca­na Ga­llup tras en­tre­vis­tar a ca­si dos mi­llo­nes de pro­fe­sio­na­les en to­do el mun­do. Es­te sis­te­ma po­dría com­por­tar un cam­bio de pa­ra­dig­ma en la ges­tión de los re­cur­sos hu­ma­nos y es apli­ca­ble tan­to en el mun­do pro­fe­sio­nal co­mo en el edu­ca­ti­vo, con ac­ti­vi­da­des pa­ra iden­ti­fi­car los ta­len­tos in­na­tos y po­ten­ciar su desa­rro­llo.

El mé­to­do abo­ga por la ges­tión de las ha­bi­li­da­des pa­ra de­jar así de afron­tar só­lo las de­bi­li­da­des, co­mo has­ta aho­ra, con la pre­ten­sión de que ca­da per­so­na pue­de apren­der a ser com­pe­ten­te en ca­si to­do. “Las ma­yo­res opor­tu­ni­da­des de cre­ci­mien­to in­di­vi­dual se en­cuen­tran en sus áreas de ma- yor for­ta­le­za, los ta­len­tos son úni­cos y du­ra­de­ros”, di­ce Joan Ra­mon Ala­bart, pro­fe­sor de la Uni­ver­si­tat Ro­vi­ra i Vir­gi­li (URV).

Di­rec­tor des­de ha­ce 20 años del MBA (Más­ter en Di­rec­ción y Ges­tión de Em­pre­sas) de la URV, el pro­fe­sor Ala­bart es uno de los pri­me­ros coach eu­ro­peos en su­pe­rar la for­ma­ción es­pe­cí­fi­ca en Es­ta­dos Uni­dos, con­cre­ta­men­te en Seattle, pa­ra po­der apli­car el nue­vo mé­to­do. Ga­llup, re­fe­ren­te in­ter­na­cio­nal en el sec­tor de las cien­cias so­cia­les, se ha mar­ca­do el ob­je­ti­vo de pre­pa­rar a cer­ca de un mi­llón de per­so­nas pa­ra di­vul­gar es­te sis­te­ma a es­ca­la glo­bal.

En al­gu­nas es­cue­las nor­te­ame­ri­ca­nas ya se apli­can mé­to­dos de apren­di­za­je ba­sa­dos en las ap­ti­tu­des in­na­tas de ca­da alumno; cen­tros edu­ca­ti­vos que se fi­jan ya en aque­llo en lo qué son real­men­te bue­nos sus alum­nos pa­ra di­ri­gir su for­ma­ción. En Es­ta­dos Uni­dos ha irrum­pi­do con fuer­za en pa­ra­le­lo un mo­vi­mien­to que pro­po­ne la de­no­mi­na­da re­vo­lu­ción de las for­ta­le­zas, con re­fe­ren­tes co­mo la edu­ca­do­ra Jen­ni­fer Fox, que abo­ga por de­jar de creer que los alum­nos pue­den ser com­pe­ten­tes en cual­quier ma­te­ria o cam­po que se pro­pon­gan.

“Las ca­pa­ci­da­des tie­nen un fuer­te com­po­nen­te in­na­to, en­tre los 3 y los 16 años se for­man los ta­len­tos”, ad­vier­te Ala­bart. Los ta­len­tos aflo­ran a par­tir de la frac­tu­ra de mi­llo­nes de co­ne­xio­nes si­náp­ti­cas, las re­la­cio­nes de con­tac­to que se es­ta­ble­cen en­tre las ter­mi­na­cio­nes de las cé­lu­las ner­vio­sas en el ce­re­bro. Se sos­tie­ne que la ba­se del ta­len­to es fi­sio­ló­gi­ca.

Se tra­ta de una he­rra­mien­ta pen­sa­da tam­bién pa­ra ayu­dar en la to­ma de de­ci­sio­nes en una or­ga­ni­za­ción o una em­pre­sa. “Si de­tec­tas las ha­bi­li­da­des de tus em­plea­dos be­ne­fi­cia­rás a la es­truc­tu-

ra de la em­pre­sa, pe­ro que­da mu­cho tra­ba­jo por ha­cer en es­te sen­ti­do. Por des­co­no­ci­mien­to pue­des per­der 15 años de un de­ter­mi­na­do em­plea­do al que le po­drías ha­ber sa­ca­do mu­cho pro­ve­cho”, des­ta­ca Al­fred Arias, pro­fe­sor tam­bién de la Ro­vi­ra i Vir­gi­li,

team coach es­pe­cia­li­za­do en la ges­tión de re­cur­sos hu­ma­nos, con ex­pe­rien­cia en gran­des com­pa­ñías.

Es­te mé­to­do es, pues, una for­ma ri­gu­ro­sa de au­to­co­no­ci­mien­to que per­mi­te ela­bo­rar, si se apli­ca de for­ma co­rrec­ta, un ran­king per­so­na­li­za­do con las me­jo­res ap­ti­tu­des de ca­da in­di­vi­duo. “De­be­mos po­ten­ciar y ex­plo­tar los ta­len­tos in­na­tos, aque­llos de­ter­mi­na­dos por nues­tras au­to­pis­tas neu­ro­na­les”, des­ta­ca Arias.

El pri­mer pa­so es so­me­ter­se al cues­tio­na­rio de los 34 ta­len­tos, que ha si­do res­pon­di­do ya por diez mi­llo­nes de per­so­nas en el mun­do, la ma­yo­ría en Es­ta­dos Uni­dos. To­dos los re­sul­ta­dos han ser­vi­do pa­ra ir per­fec­cio­nan­do el pro­pio sis­te­ma gra­cias a la ex­pe­rien­cia.

Tras con­tes­tar a es­te com­ple­jo cues­tio­na­rio, los da­tos son pro­ce­sa­dos y ca­da per­so­na re­ci­be una suer­te de diag­nós­ti­co, co­mo un tra­je a me­di­da. De los 34 ta­len­tos per­fec­ta­men­te des­cri­tos en un dic­cio­na­rio crea­do por el pro­pio mé­to­do, ca­da in­di­vi­duo po­see los de­no­mi­na­dos diez ta­len­tos “do­mi­nan­tes”. De ma­yor a me­nor gra­do, en es­te pri­mer ran­king se des­cri­ben las diez me­jo­res ap­ti­tu­des de ca­da per­so­na, sea su ca­pa­ci­dad pa­ra apren­der, pa­ra li­de­rar un equi­po, pa­ra avan­zar­se al fu­tu­ro o pa­ra per­ci­bir obs­tácu­los y ame­na­zas; ta­len­tos co­mo la res­pon­sa­bi­li­dad, la dis­ci­pli­na o la ca­pa­ci­dad pa­ra adap­tar­se con­ti­nua­men­te al cam­bio. Así has­ta una cla­si­fi­ca­ción úni­ca de 34 ti­pos de ha­bi­li­da­des. Los ta­len­tos si­tua­dos al fi­nal de la cla­si­fi­ca­ción ra­ra­men­te los uti­li­za­re­mos, se­gún ad­vier­ten los ex­per­tos.

Es­ta pri­me­ra fa­se de iden­ti­fi­ca­ción de los pun­tos fuer­tes de ca­da per­so­na es pa­ra mu­chos una suer­te de re­des­cu­bri­mien­to per­so­nal. “Los ta­len­tos for­man una par­te muy ín­ti­ma de la na­tu­ra­le­za de ca­da in­di­vi­duo, pe­ro no so­mos cons­cien­tes. Quie­nes nos co­no­cen sí, to­do ta­len­to tie­ne tam­bién su par­te ne­ga­ti­va”, ex­pli­ca el pro­fe­sor Ala­bart, que ayer reali­zó un pri­mer ta­ller en Ta­rra­go­na con pro­fe­sio­na­les de va­rios sec­to­res.

Con la de­tec­ción de las ap­ti­tu­des no se ha aca­ba­do ni el tra­ba­jo ni tam­po­co el mé­to­do; lle­ga en­ton­ces el mo­men­to de pa­sar a la ac­ción, pa­ra lo­grar po­ten­ciar los me­jo­res ta­len­tos. Se rea­li­zan en­ton­ces se­sio­nes de coaching es­pe­cí­fi­cas pa­ra di­se­ñar es­tra­te­gias con­cre­tas que per­mi­tan uti­li­zar las cua­li­da­des do­mi­nan­tes, aque­llos as­pec­tos en los que un de­ter­mi­na­do in­di­vi­duo es muy bueno. Se tra­ba­ja tam­bién pa­ra re­la­cio­nar es­tas ca­pa­ci­da­des con las ex­pe­rien­cias pro­fe­sio­na­les vi­vi­das, pa­ra dis­cer­nir si el éxi­to ha es­ta­do co­nec­ta­do con las me­jo­res ap­ti­tu­des per­so­na­les. “Po­de­mos re­pli­car de for­ma de­li­be­ra­da aque­llo que sin sa­ber­lo nos ha­bía con­du­ci­do al éxi­to. Tie­ne una po­ten­cia bru­tal por­que es­tá ba­sa­do en la in­ves­ti­ga­ción”, con­clu­ye Ala­bart.

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11 DE LOS TA­LEN­TOS

La Vanguardia
14 de febrero de 2014

Fle­xi­ble

In­di­vi­duo con una ca­pa­ci­dad es­pe­cial pa­ra adap­tar­se con fa­ci­li­dad a los cam­bios y a las si­tua­cio­nes im­pre­vi­si­bles. Vi­ve el pre­sen­te y el mo­men­to.

Es­tra­té­gi­co

Per­so­nas que ayu­dan a los equi­pos a pla­near lo que pue­de su­ce­der. Ab­sor­ben y ana­li­zan la in­for­ma­ción que pue­de ser cla­ve en la to­ma de de­ci­sio­nes.

Ini­cia­dor

Son ex­tre­ma­da­men­te bue­nos en po­ner en mar­cha un pro­yec­to. Muy im­pa­cien­tes en pa­sar a la ac­ción, aun­que des­pués pier­den el in­te­rés.

Ca­ris­má­ti­co

Gran ca­pa­ci­dad pa­ra co­no­cer a gen­te nue­va. No les asus­ta lle­gar a un si­tio y em­pe­zar a con­ver­sar con un des­co­no­ci­do. Per­so­nas idea­les pa­ra las re­la­cio­nes pú­bli­cas.

In­clu­si­vo

Sa­be pro­pi­ciar sen­ti­mien­to de equi­po en una or­ga­ni­za­ción. Se sien­te aco­gi­do por el gru­po y crea un sen­ti­mien­to glo­bal de per­te­nen­cia.

Es­tu­dio­so

Su gran ne­ce­si­dad es el cons­tan­te apren­di­za­je dia­rio. Le mo­ti­va el co­no­ci­mien­to por pla­cer. Abier­to a prác­ti­ca­men­te to­dos los cam­pos del co­no­ci­mien­to.

Com­pe­ti­ti­vo

Su gran mo­ti­va­ción es ser el me­jor. Ne­ce­si­ta a los de­más pa­ra mo­ti­var­se en el día a día.

Ana­lí­ti­co

Abor­da cual­quier si­tua­ción de for­ma ra­cio­nal. Pre­fie­re los he­chos ob­je­ti­vos a las emo­cio­nes. Per­so­nas muy ló­gi­cas que ne­ce­si­tan prue­bas cons­tan­te­men­te.

Pru­den­te

De­tec­ta cual­quier pe­li­gro y lo ana­li­za an­tes de to­mar la de­ci­sión. Ex­tre­ma­da­men­te cau­te­lo­so.

Res­pon­sa­ble

Se com­pro­me­te con to­do lo que di­ce y lo que ha­ce has­ta el ex­tre­mo. Muy ho­nes­to y leal.

Crea­ti­vo

Ma­ne­ja con ha­bi­li­dad la ge­ne­ra­ción de nue­vas ideas. Pien­sa el mun­do con una mi­ra­da nue­va, en una cons­tan­te tor­men­ta de ideas.

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Ladran, pues seguimos cabalgando

CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll
Gabriel
Masfurroll 22/02/2014
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Querido Alex, es la historia de nunca acabar. Aun en pleno recordatorio del 40º aniversario del 0-5 que el Barça de Michels y Cruyff infligió al Madrid en el Bernabéu y que , en mi opinión, fue la primera piedra para el inicio de una nueva etapa histórica del club. El maridaje de la escuela holandesa y el Barcelona fue un gran acierto. Aunque el gran sueño culé de convertir “més que un club” en una institución deportiva que es “molt més que un club” no fue fácil.
Pasar de ser un club potente en lo social pero arruinado económicamente a ser un club potente en finanzas con una base social heterogénea, buscando además que las victorias y su trayectoria social sean ejemplares, es muy difícil. Conseguimos llegar al cénit con el equipo de Pep. Ganábamos, éramos admirados, temidos y respetados.
Quizás ahora el Barça ya no desprende la magia de antaño, pero sigue siendo uno de los mejores equipos del mundo. La clave es preservar la excelencia de un estilo, una escuela y unos valores que nos han permitido distinguirnos como una institución especial y no solo un club que lo único que persigue es ganar, sin importarle cómo. Como socio y fan culé, le pido a mi Presidente que no abandonemos la línea de buscar la excelencia en el ámbito deportivo y recuperemos la armonía de tiempos recientes olvidando rencillas internas y absurdas. Sigamos cabalgando, sigamos nuestro camino, pero por los cauces del buen hacer. ‘Doing good, doing well’ es el lema de un precioso evento que organiza la escuela de negocios IESE en Barcelona este fin de semana. Este es el camino.
Nino, quan destaques molts tracten de fer-te caure. No s’ha de caure en el parany i entrar en les seves regles del joc. T’estimo, Alex.
@masfurroll

Hazte extranjero: Entusiasmo vs cautela by JA Zarzalejos via La Vanguardia

Querido Alex,
Una vez mas, apelo al dialogo, respeto, tolerancia y generosidad por ambas partes. Solo asi, conseguiremos entendernos y llegar a acuerdos que otros han conseguido con violencia. Los catalanes no somos asi y en cambio se nos maltrata. ¿ Es curioso , no crees? . Otros tienen buenos y malos y parece que los catalanes somos todos malos. Tambien es cierto que desde Catalunya algunos tratan de vender la maldad de España. Solo digo que ni algunos españoles se pueden atribuir la españolidad , ni algunos catalanes, la catalanidad. Pongamonos en los zapatos de los demas, suele funcionar. T’Estimo Alex.image

En­tu­sias­mo y cau­te­la
En­ric Ju­lia­na
La Vanguardia
22 de diciembre de 2013

A me­di­da que La Cues­tión ca­ta­la­na se con­cre­ta, au­men­ta la gra­ve­dad y men­gua la fan­ta­sía. La encuesta que publica hoy La Vanguardia hay que leerla con mucha atención, porque detecta un cierto cambio en el ánimo de la sociedad catalana. Lo resumiría de la siguiente manera: a medida que La Cuestión adquiere visos de realidad, aumenta la sensación de gravedad. Los muy convencidos aceleran y los que dudan acarician el freno. Hay empate entre los partidarios de la independencia y los que, con distintos matices, no quieren llegar a la estación término. Hay ganas de votar, pero el entusiasmo por la convocatoria ha caído nueve puntos en dos meses. Arrasaba en octubre (84%) y se aproxima a los dos tercios en diciembre (73,5%). Dos tercios de la sociedad catalana con ganas de votar sobre el autogobierno es un dato relevante de la actualidad europea y un tráiler atravesado en la autopista (libre de peaje) del neocentralismo español.
Algo se está moviendo, sin embargo, en clave moderada. Ligeramente, sin vuelco aparente, pero de manera perceptible. Manuel Vázquez Montalbán escribió una vez que los verdaderos cambios se parecen al lento avance de una quilla en una lámina de agua. Es posible que esté encogiendo el campo de la fantasía. A medida que La Cuestión se concreta, aumenta la sensación de gravedad. Y, a mayor gravedad, más cautela.
Las líneas de fondo se mantienen constantes. La irritación y el enfado siguen al alza y el marco sentimental apenas observa cambios. El reciente acuerdo entre los partidos favorables a la consulta –un trabajo con finura política– ha tenido más aceptación que desacuerdo: una reverberación positiva que va más allá del campo estrictamente independentista. A los catalanes les gustan los pactos, sobre todo si estos facilitan el matiz, el asidero y el movimiento envolvente. El catalán tiene alma de comerciante genovés, con correcciones. En Catalunya hay más tierra adentro que en la escarpada Liguria y Barcelona es una capital contundente y fenomenal. Barcelona no es Génova. Gracias a la magnífica concatenación de 1992, Barcelona ha conseguido plaza en la cadena internacional de las nuevas economías urbanas. Sin el éxito olímpico nada de lo que hoy ocurre estaría pasando. Esta es la clave más indescifrable del momento catalán: el soberanismo tiene un muelle maragalliano. Es fruto del cruce –casi imposible hace diez años– de un catalanismo comarcal, rejuvenecido y conectado a internet, con un barcelonismo metropolitano que ya no acepta el hegemonismo abrupto del cantón de Madrid. Cambio de generación, internacionalización de las profesiones y de las empresas, y ganas de discutir las reglas del juego, como tantas veces ocurre en las democracias maduras.
Esa rebelión mesocrática, sujeta a constantes cambios de temperatura y presión en su interior, maceró durante la época de Zapatero, calentada por la insensata reacción del Partido Popular ante el tercer Estatut –la recogida de firmas en todas las plazas mayores de España, que el propio Mariano Rajoy juzga hoy un error–, y se inflamó más allá de lo previsto como consecuencia de la crisis económica. La Cuestión interesa a los catalanes de la ciudad y del campo, pero hoy tiene un fortísimo acento urbano. Esa es una realidad que debería ser leída con atención en Madrid.
Ahora mismo, la derecha española no sabe muy bien qué hacer con Madrid. La gobierna, con una deuda municipal de 7.400 millones, pero no la imagina. Apagado el festival inmobiliario, fracasada la tercera candidatura olímpica y evaporada la fantasía de Eurovegas, el mando no sabe cómo activar la dimensión informal y creativa que toda gran capital necesita. Ana Botella, Ignacio González y buena parte de la plana mayor del Partido Popular no han leído los ensayos del economista norteamericano Richard Florida sobre las ciudades creativas.
La Cuestión catalana es, en su estadio actual, una excitación política encabezada por las clases medias urbanas –como lo fueron las masivas protestas contra la guerra de Iraq–, enmarcada y realimentada por la televisión e internet. Es una cuestión explícitamente europea. Puesto que ya no vivimos en los tiempos de las ideologías monolíticas, esta fase soberanista catalana no alcanza –ni alcanzará– una temperatura estable: sube y baja en función de los acontecimientos. Y a medida que La Cuestión se va haciendo tangible, aumenta la sensación de gravedad. Y de riesgo. Eso es lo que dice la encuesta de hoy.
Hay margen, por tanto, para la política pactista. Con algunos condicionantes, quizá graves: los mecanismos de mediación del Estado están en horas bajas; el prestigio del aparato institucional se halla en constante y seria erosión; el Gran Madrid tiene dificultades para imaginar su futuro, y el alma nacional-popular está desconcertada. Triunfa estos días en España un anuncio, bien realizado por la cineasta Icíar Bollaín, que ante las nuevas, ásperas e imprevistas adversidades de la modernidad capitalista, llama a refugiarse en el carácter. Raza, buen rollo y bocadillo de chorizo. Carpanta 2.0.
Va a ser difícil.

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¿Buenos y malos catalanes?

Querido Alex,
Interesante carta abierta de Borja Garcia Nieto. ¿Quienes son los buenos y quienes los malos? La respuesta desgraciadamente es estea: Depende del color del cristal con que lo miras….T’estimo Alex

1714: ¿bue­nos y ma­los ca­ta­la­nes?
B. GAR­CÍA-NIE­TO POR­TA­BE­LLA, pre­si­den­te del Círcu­lo Ecues­treimage
La Vanguardia
1 de enero de 2014

La gue­rra de Su­ce­sión a la co­ro­na es­pa­ño­la, ini­cia­da en 1701, fue el peor ne­go­cio de nues­tra his­to­ria. Mal asun­to mo­rir sin he­re­de­ro en Es­pa­ña. Con la gue­rra de Su­ce­sión pri­me­ro y tres gue­rras car­lis­tas un si­glo más tar­de, nos que­da­mos de­fi­ni­ti­va­men­te des­col­ga­dos de Eu­ro­pa.

El tra­ta­do de Utrecht su­pu­so el fin de la su­pre­ma­cía es­pa­ño­la en el or­den mun­dial. La vie­ja mo­nar­quía his­pa­na per­día la ma­yor par­te de sus po­se­sio­nes eu­ro­peas y po­nía fin a su va­lio­so mo­no­po­lio co­lo­nial. Car­los II, el úl­ti­mo de los Aus­trias es­pa­ño­les, mo­ría en Ma­drid en 1700. Las dos co­ro­nas con de­re­chos su­ce­so­rios: los Bor­bo­nes de Fran­cia y los Habs­bur­go de Aus­tria se pre­pa­ra­ron pa­ra la ba­ta­lla di­nás­ti­ca. Y ello a pe­sar de que Fe­li­pe de Bor­bón, ha­bía si­do ya de­sig­na­do por el tes­ta­men­to de Car­los II co­mo le­gí­ti­mo so­be­rano de Es­pa­ña. Ni Aus­tria, ni nues­tros en­ton­ces enemi­gos tra­di­cio­na­les –Gran Bre­ta­ña y Ho­lan­da– iban a acep­tar es­ta de­ci­sión. Así pues, en Es­pa­ña se li­bra es­ta con­tien­da en­tre 1700 y 1713, o 1715 si acep­ta­mos la ren­di­ción de Ma­llor­ca co­mo el úl­ti­mo he­cho mi­li­tar.

Es en es­ta Eu­ro­pa, que se ini­cia en el si­glo de las lu­ces, de la ra­zón, que de­be­mos si­tuar­nos en la Bar­ce­lo­na de 1700. Por un la­do, la no­ble­za ur­ba­na y la bur­gue­sía más pro­gre­sis­ta, ilus­tra­da y de­seo­sa de los cam­bios que ve­nían de Fran­cia, abra­zó al pre­ten­dien­te Bor­bón. Por otro, la no­ble­za ru­ral, bue­na par­te del cle­ro y los co­mer­cian­tes y ar­te­sa­nos que veían con re­ce­lo las nue­vas ideas del re­for­mis­mo bor­bó­ni­co, y pre­fe­rían con­ser­var sus pri­vi­le­gios he­re­da­dos del ré­gi­men an­te­rior, vie­ron con bue­nos ojos al ar­chi­du­que Car­los. ¿Eran unos me­jo­res ca­ta­la­nes que los otros? No, sin du­da no. Eran dos for­mas de ver una reali­dad so­cial y dos pro­yec­tos de so­cie­dad al­ter­na­ti­vos. Dos per­so­na­jes re­le­van­tes de la his­to­ria bar­ce­lo­ne­sa de ese mo­men­to, ilus­tres ciu­da­da­nos y cla­ra­men­te en­fren­ta­dos enemi­gos – bo­ti­fler el uno, aus­tria­cis­ta el otro–, fue­ron mis dos abue­los sex­tos por lí­nea ma­ter­na. Uno, An­to­nio de Alós y Rius, y el otro, Jo­sé Gal­ce­rán de Pi­nós.

Alós to­mó Bar­ce­lo­na con el du­que de Ber­wick y fue uno de los seis prohom­bres bar­ce­lo­ne­ses que re­pre­sen­ta­ron a Fe­li­pe V en la en­tre­ga de la ciu­dad. Pi­nós, en­fren­te, lle­vó uno de los cor­do­nes del es­tan­dar­te de San­ta Eu­la­lia que enar­bo­ló Ra­fael Ca­sa­no­va el 11 de sep­tiem­bre. Los dos lu­cha­ban por un rey pa­ra Es­pa­ña, pe­ro ca­da uno des­de su po­si­ción y con­cep­ción de or­ga­ni­za­ción so­cial. Ca­ta­lun­ya no per­dió nin­gu­na gue­rra. A los ca­ta­la­nes nos uti­li­za­ron unos y otros. El apo­yo in­glés fue to­tal­men­te in­tere­sa­do; el del ar­chi­du­que se des­va­ne­ció cuan­do he­re­dó en 1711 el trono aus­tria­co. El úni­co in­te­rés de las po­ten­cias eu­ro­peas fue el su­yo pro­pio. El abue­lo Alós ju­ró fi­de­li­dad a Fe­li­pe V, que ha­bía ju­ra­do los fue­ros ca­ta­la­nes re­cién es­tre­na­do su trono. Años más tar­de, con la in­va­sión de Bar­ce­lo­na, Alós fue per­se­gui­do y sa­quea­da su ca­sa y ha­cien­da, te­nien­do que es­ca­par dis­fra­za­do de sa­cer­do­te. ¿Por qué Ca­ta­lun­ya abra­zó al ar­chi­du­que Car­los?

Fe­li­pe V ha­bía con­fir­ma­do los fue­ros y pri­vi­le­gios ca­ta­la­nes en las Cor­tes de Bar­ce­lo­na de 1702. ¿Por qué en­ton­ces de­fen­der al ar­chi­du­que? La en­tra­da triun­fal en Bar­ce­lo­na del pre­ten­dien­te aus­tria­co fue el ini­cio de una con­tien­da más eu­ro­pea que es­pa­ño­la. La de­rro­ta aus­tria­ca con­lle­vó per­der fue­ros e ins­ti­tu­cio­nes, al no re­sul­tar tan mag­ná­ni­mo Fe­li­pe V co­mo su abue­lo Luis XIV le ha­bía su­ge­ri­do.

Pa­ra Vi­cens Vi­ves, sin em­bar­go, el cas­ti­go fue a su vez un re­vul­si­vo pa­ra los ca­ta­la­nes. Se les abrían las puer­tas a par­ti­ci­par tan­to en el mer­ca­do pe­nin­su­lar co­mo en el ame­ri­cano, y to­das las ener­gías se van a di­ri­gir a re­em­pren­der el ca­mino del pro­gre­so eco­nó­mi­co, que se pro­lon­ga­rá du­ran­te to­do el si­glo XVIII, coin­ci­dien­do con la fun­da­ción de las reales aca­de­mias y el au­men­to de­mo­grá­fi­co, vi­vien­do Ca­ta­lun­ya un pe­rio­do de lar­ga pros­pe­ri­dad.

Es­ta dis­tin­ción en­tre bue­nos y ma­los ca­ta­la­nes la arras­tra­mos des­de el si­glo XVIII. No pue­do acep­tar que mi abue­lo Pi­nós fue­se más o me­nos ca­ta­lán que mi abue­lo Alós. A lo lar­go de los si­glos los ca­ta­la­nes he­mos abra­za­do cau­sas opues­tas se­gún nues­tra pro­pia his­to­ria y nues­tra con­cep­ción de mo­de­lo de so­cie­dad. ¿Era más ca­ta­lán Prim que Sa­valls? Prim li­be­ral, Sa­valls car­lis­ta, am­bos ca­ta­la­nes. ¿Có­mo me­di­mos la ca­ta­la­ni­dad? ¿Por la pros­pe­ri­dad re­la­ti­va que ge­ne­ra­mos pa­ra un país, por nues­tros ape­lli­dos, por nues­tro ni­vel de ca­ta­lán, por nues­tra ad­he­sión a un par­ti­do po­lí­ti­co u a otro, por nues­tro sen­ti­mien­to de in­de­pen­den­cia? Ca­ta­lun­ya no ga­nó ni per­dió gue­rras. Los ca­ta­la­nes las ga­na­mos o per­di­mos, es­tan­do de un la­do o de otro. En 1936, otra te­rri­ble gue­rra, dón­de unos y otros, to­dos ca­ta­la­nes, se en­fren­ta­ron por un mo­de­lo de so­cie­dad. Co­mo ex­cep­ción a mis afir­ma­cio­nes, sí de­be­mos de­cir que Ca­ta­lun­ya per­dió ins­ti­tu­cio­nes pro­pias y pri­vi­le­gios en fun­ción de que unos u otros fue­sen los ven­ce­do­res.

Hoy, con nues­tras ins­ti­tu­cio­nes más vi­vas que nun­ca, go­za­mos de un ni­vel de au­to­go­bierno ja­más dis­fru­ta­do. Me­jo­rar nues­tras ins­ti­tu­cio­nes y los ins­tru­men­tos de go­bierno, ha­cer­los más cer­ca­nos y efi­ca­ces, re­pen­sar el mo­de­lo de in­gre­sos y gas­tos, plan­tear mo­de­los de fi­nan­cia­ción al­ter­na­ti­vos al ac­tual, to­do ca­be. Pe­ro no per­da­mos de vis­ta la reali­dad, ni nues­tra his­to­ria, y me­nos los nue­vos mo­men­tos que vi­ve Eu­ro­pa y el mun­do. Una Eu­ro­pa, con una pro­gre­si­va unión ban­ca­ria y fis­cal y el mun­do con tres blo­ques que lu­chan por en­con­trar su es­pa­cio, que se des­pla­za ha­cia Orien­te. No nos po­de­mos en­ga­ñar, ni en­ga­ñar con fal­sas qui­me­ras. Que ca­da uno se sien­ta co­mo quie­ra, pe­ro yo se­gui­ré de­fen­dien­do que no exis­ten ca­ta­la­nes bue­nos y ma­los, que to­dos lo son, tan­to Alós co­mo Pi­nós y, por su­pues­to, aque­llos que co­mo yo, nos sen­ti­mos tan ca­ta­la­nes co­mo es­pa­ño­les.

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Entrevistas de trabajo: Pongase usted en mi lugar. By Nuria Pela

Querido Alex, cuando vas en busca de algo, la contraparte siempre te examina de un modo u otro. Previamente ha analizado quien eres. Seguramente habra pedido referencias tuyas y ojala haya dado con las personas adecuadas, pero ademas de todo ello que no deja des ser muy importante, algo crucial, que es la entrevista, el cara a cara, el mirar a los ojos, la gesticulacion, la afabilidad, una sonrisa en un momento adecuado, unas palabras. A todo ello se le llama empatia y gracias a ella, a veces , muchas , se obtienen los objetivos deseados y se alcanzan tus sueños. Recomiendo el articulo que sigue a continuacion. T’estimo Alex.image

Pón­ga­se us­ted en mi lu­gar
Nu­ria Pe­láez
La Vanguardia – Dinero
17 de noviembre de 2013

Se­gún el Cen­tro pa­ra el Li­de­raz­go Crea­ti­vo, los pro­fe­sio­na­les em­pá­ti­cos es­tán me­jor va­lo­ra­dos por sus je­fes. La em­pa­tía sue­le de­fi­nir­se co­mo la ca­pa­ci­dad pa­ra dar­se cuen­ta de có­mo se sien­ten otras per­so­nas, sin ne­ce­si­dad de que nos lo di­gan ex­plí­ci­ta­men­te. Es de­cir, la ha­bi­li­dad de po­der po­ner­se men­tal­men­te en su lu­gar, pa­ra en­ten­der sus preo­cu­pa­cio­nes y así po­der ayu­dar­les o res­pon­der de ma­ne­ra más efec­ti­va a sus ne­ce­si­da­des. La uti­li­dad de la em­pa­tía pa­re­ce evi­den­te cuan­do se tra­ta de las re­la­cio­nes per­so­na­les, pe­ro po­cas ve­ces nos plan­tea­mos su im­por­tan­cia en el ám­bi­to pro­fe­sio­nal. Y, sin em­bar­go, son mu­chos los pro­fe­sio­na­les que se que­jan de la fal­ta de tac­to de al­gún com­pa­ñe­ro al ha­cer al­gu­na pre­gun­ta de­ma­sia­do ín­ti­ma, la po­ca com­pren­sión que mues­tran sus je­fes cuan­do tie­nen que au­sen­tar­se un ra­to del tra­ba­jo por pro­ble­mas per­so­na­les, o la po­ca de­li­ca­de­za de un pro­fe­sio­nal sa­ni­ta­rio al co­mu­ni­car ma­las no­ti­cias a los fa­mi­lia­res de un pa­cien­te. To­das ellas si­tua­cio­nes ca­rac­te­ri­za­das por la fal­ta de em­pa­tía.

“En los años ochen­ta, la se­lec­ción de per­so­nal se ba­sa­ba en bus­car al can­di­da­to con más y me­jo­res co­no­ci­mien­tos. En los años no­ven­ta Da­niel Go­le­man em­pe­zó a ha­blar de la in­te­li­gen­cia emo­cio­nal y las em­pre­sas em­pe­za­ron a dar­se cuen­ta de la im­por­tan­cia de las emo­cio­nes –ex­pli­ca An­to­ni Ma­tes, ex­di­rec­ti­vo de re­cur­sos hu­ma­nos y con­sul­tor de A2M–. Aho­ra se­lec­cio­na­mos per­so­nas por sus ap­ti­tu­des per­so­na­les: cual­quier per­so­na pue­de apren­der unos de­ter­mi­na­dos co­no­ci­mien­tos, pe­ro lo que ana­li­zan las em­pre­sas es có­mo li­de­ran, có­mo co­mu­ni­can, có­mo re­suel­ven pro­ble­mas… y có­mo em­pa­ti­zan”.

Por eso Ma­tes, que im­par­te en Bar­ce­lo­na Ac­ti­va un ta­ller so­bre em­pa­tía pa­ra la bús­que­da de em­pleo, de­fien­de la im­por­tan­cia de de­mos­trar es­ta ha­bi­li­dad ya du­ran­te el pro­ce­so de se­lec­ción. “Yo he par­ti­ci­pa­do en la se­lec­ción de de­ce­nas de mi­les de can­di­da­tos y pue­do ase­gu­rar que al­gu­nos se han ga­na­do el pues­to gra­cias a ha­ber de­mos­tra­do su em­pa­tía con al­gún pe­que­ño de­ta­lle du­ran­te la en­tre­vis­ta”, re­ve­la. Ese pe­que­ño de­ta­lle pue­de pa­sar, en­tre otras op­cio­nes, por ofre­cer al en­tre­vis­ta­dor la po­si­bi­li­dad de pos­po­ner la en­tre­vis­ta pa­ra otro día si se per­ci­be que es­tá muy ocu­pa­do ese día, o ini­ciar una con­ver­sa­ción re­la­cio­na­da con al­gún as­pec­to que se pue­da in­tuir so­bre la per­so­na­li­dad del en­tre­vis­ta­dor a tra­vés de su as­pec­to o los ob­je­tos de su des­pa­cho, co­mo por ejem­plo al­gu­na afi­ción o los ni­ños, si los tu­vie­ra.

Al­gu­nos es­tu­dios in­di­can que la em­pa­tía nos acom­pa­ña des­de pe­que­ños: de ahí que, por ejem­plo, al­gu­nos be­bés llo­ren si oyen llo­rar a otro. Pe­ro, se­gún Ma­tes, “la em­pa­tía tam­bién se apren­de a ba­se de prác­ti­ca”. En Es­ta­dos Uni­dos, el Cen­tro pa­ra el Li­de­raz­go Crea­ti­vo ela­bo­ró un es­tu­dio que in­di­ca­ba que los pro­fe­sio­na­les que mues­tran em­pa­tía en su tra­ba­jo es­tán me­jor con­si­de­ra­dos por sus je­fes. El es­tu­dio in­di­ca­ba la im­por­tan­cia de es­ta ha­bi­li­dad so­cial pa­ra el li­de­raz­go pro­fe­sio­nal y ani­ma­ba a las em­pre­sas a im­pul­sar­la en­tre sus em­plea­dos, por ejem­plo fa­vo­re­cien­do las con­ver­sa­cio­nes en­tre ellos so­bre sus pro­pios sen­ti­mien­tos. Es­cu­char ac­ti­va­men­te a com­pa­ñe­ros o clien­tes pa­ra en­ten­der qué sien­ten y por qué se com­por­tan o tra­ba­jan co­mo lo ha­cen se­ría la ba­se pa­ra lle­var la em­pa­tía al te­rreno la­bo­ral, mien­tras que los pro­fe­sio­na­les que se en­cuen­tren en bús­que­da de em­pleo pue­den em­pe­zar a prac­ti­car al­gu­nos con­se­jos (ver co­lum­na de­re­cha) en sus pro­ce­sos de se­lec­ción.

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Emprendedor no, gracias. Via La Vanguardia

Querido Alex, en nuestro pais se nos llena la boca con las palabras,emprender, emprendedor, emprendimiento y casi parece el topico que debe salvar el pais. La gran paradoja. Es que mientras a muchos se les llena la boca pregonando y estimulando a jovenes y no tan jovenes el emprendimiento, luego en el mundo real, todo es muchisimo mas dificil y muchos perecen en el intento. Esto nuestro es muy latino. Empezar la cas por el tejado. ¿ Lo solucionaremos? Espero que si, pero estamos inmersos en un laberinto burocratico tal que ni los mismos que lo manejan saben como deshacer la madeja. Paciencia emprendedores, seamos tenaces y no nos dejemos vencer por el desanimo y la desidia del sistema.image

EM­PREN­DE­DOR NO, GRA­CIAS

La Vanguardia – Dinero
17 de noviembre de 2013

La bu­ro­cra­cia y las obli­ga­cio­nes tri­bu­ta­rias no de­be­rían des­in­cen­ti­var la crea­ción de em­pre­sas. El otro día, un jo­ven em­pren­de­dor me so­li­ci­tó que le ase­so­ra­ra so­bre las cues­tio­nes le­ga­les de una so­cie­dad que que­ría cons­ti­tuir pa­ra ini­ciar un nue­vo ne­go­cio. Le co­men­té que cons­ti­tuir una so­cie­dad es fá­cil. Bueno, lo pa­re­ce, por­que el la­be­rin­to de for­ma­li­da­des es pa­ra asus­tar: so­li­ci­tar al Re­gis­tro Mer­can­til la cer­ti­fi­ca­ción ne­ga­ti­va de la de­no­mi­na­ción so­cial, so­li­ci­tar el cer­ti­fi­ca­do ban­ca­rio del in­gre­so del ca­pi­tal, pre­sen­tar la li­qui­da­ción del im­pues­to, pre­sen­tar el mo­de­lo co­rres­pon­dien­te en la AEAT, dar de al­ta a la em­pre­sa en la Se­gu­ri­dad So­cial y en una Mu­tua de Ac­ci­den­tes de Tra­ba­jo, se­llar el li­bro de vi­si­tas, dar­se de al­ta en au­tó­no­mos, cum­pli­men­tar la do­cu­men­ta­ción re­la­ti­va a la le­gis­la­ción de Ries­gos La­bo­ra­les y cum­pli­men­tar y pre­sen­tar en la Agen­cia Es­pa­ño­la de Pro­tec­ción de Da­tos (AEPD) la do­cu­men­ta­ción co­rres­pon­dien­te a la ley or­gá­ni­ca de Pro­tec­ción de Da­tos. ¡Ah! Y si tie­ne una web, cum­pli­men­tar y pre­sen­tar en la AEPD la in­for­ma­ción re­la­ti­va a la ley de Ser­vi­cios de la So­cie­dad de la In­for­ma­ción y Co­mer­cio Elec­tró­ni­co.

Si so­bre­vi­ve, el pe­re­gri­na­je se com­pli­ca, por­que co­mo so­cio, ad­mi­nis­tra­dor y per­so­na que es­ta­rá al pie del ca­ñón le cos­ta­rá en­ten­der que la ca­li­fi­ca­ción fis­cal de los ren­di­mien­tos que per­ci­be por tra­ba­jar en su pro­pia em­pre­sa no es hoy una cues­tión pa­cí­fi­ca. Y más le cos­ta­rá en­ten­der có­mo de­ter­mi­nar con cer­te­za la re­tri­bu­ción que se ha de asig­nar pa­ra que no ten­ga pro­ble­mas con Ha­cien­da, que es lo que quie­re evi­tar. Ha­brá que ex­pli­car­le aque­llo del ajus­te se­cun­da­rio y, por su­pues­to, que ha de lle­var su con­ta­bi­li­dad de acuer­do con lo dis­pues­to en las nor­mas mer­can­ti­les. Le tran­qui­li­za­re­mos di­cién­do­le que exis­te un plan ge­ne­ral de Con­ta­bi­li­dad de Pe­que­ñas y Me­dia­nas Em­pre­sas y que pue­de for­mu­lar sus cuen­tas anua­les de for­ma abre­via­da. Ha­brá tam­bién que de­cir­le que, sal­vo su­pues­tos con­cre­tos, su con­ta­bi­li­dad se ha de adap­tar a los re­qui­si­tos que es­ta­ble­ce la nor­ma­ti­va del IVA y ha­brá que ex­pli­car­le aque­llo de las fac­tu­ras rec­ti­fi­ca­ti­vas.

Pe­ro, ade­más, le in­for­ma­re­mos de la obli­ga­ción de to­da so­cie­dad de pre­sen­tar sus de­cla­ra­cio­nes por vía te­le­má­ti­ca, lo que re­quie­re dis­po­ner de un na­ve­ga­dor Nets­ca­pe Na­vi­ga­tor, te­ner re­co­no­ci­da en el na­ve­ga­dor a la Fá­bri­ca Na­cio­nal de Mo­ne­da y Tim­bre y dis­po­ner del NRC con el que ac­ce­der a la web de la AEAT co­mo con­tra­se­ña pa­ra po­der pre­sen­tar la de­cla­ra­ción. Y le ase­so­ra­re­mos so­bre las no­ti­fi­ca­cio­nes elec­tró­ni­cas, re­cor­dán­do­le que trans­cu­rri­dos diez días na­tu­ra­les des­de su en­vío sin ha­ber ac­ce­di­do a las mis­mas, aque­llas se en­tien­den efec­tua­das.

Le di­re­mos igual­men­te que por las per­so­nas que va a con­tra­tar tie­ne la obli­ga­ción de prac­ti­car la re­ten­ción co­rres­pon­dien­te y pre­sen­tar tri­mes­tral­men­te la de­cla­ra­ción-li­qui­da­ción per­ti­nen­te. Ade­más, cla­ro es­tá, de la de­cla­ra­ción-li­qui­da­ción tri­mes­tral por IVA, la de­cla­ra­ción anual por el Im­pues­to so­bre So­cie­da­des, la de­cla­ra­ción anual 347 o los mo­de­los 390, 202, 111 y 190.

To­tal, que el em­pre­sa­rio ha­ce nú­me­ros y se per­ca­ta de que pa­ra asu­mir una par­te de di­chas obli­ga­cio­nes ha de con­tra­tar a una per­so­na más de las que te­nía pre­vis­tas, ha de de­di­car una par­te im­por­tan­te de su tiem­po a cues­tio­nes pu­ra­men­te le­ga­les y for­ma­les y que, aun­que pe­que­ña, ha de ha­cer una in­ver­sión en hard­wa­re y soft­wa­re que no ha­bía pre­vis­to. Ha­brá asi­mis­mo que ex­pli­car­le las con­se­cuen­cias fis­ca­les de la fac­tu­ra elec­tró­ni­ca.

Es ló­gi­co que el cum­pli­mien­to de las obli­ga­cio­nes tri­bu­ta­rias ten­ga un cos­te pa­ra quien las ha de cum­plir. Pe­ro lo im­por­tan­te es que es­té pro­por­cio­na­do y no des­in­cen­ti­ve la crea­ción de em­pre­sas. En un sis­te­ma en el que el con­tri­bu­yen­te asu­me la res­pon­sa­bi­li­dad de apli­car una nor­ma­ti­va com­ple­ja, cam­bian­te y de­fi­cien­te, y en el que las obli­ga­cio­nes que se le im­po­nen es­tán di­se­ña­das ba­jo la idea del con­trol cru­za­do en­tre los pro­pios con­tri­bu­yen­tes, es im­pres­cin­di­ble en­con­trar un equi­li­brio en­tre el in­te­rés ge­ne­ral y el par­ti­cu­lar.

En es­te con­tex­to de in­se­gu­ri­dad ju­rí­di­ca y con­ti­nuas re­for­mas, se ha crea­do la Unión de Co­lec­ti­vos de Pro­fe­sio­na­les Tri­bu­ta­rios (UCPT), que agru­pa a los co­lec­ti­vos más re­pre­sen­ta­ti­vos de la pro­fe­sión, pa­ra pro­pi­ciar un sis­te­ma tri­bu­ta­rio más jus­to y equi­ta­ti­vo, ve­lar por los de­re­chos y ga­ran­tías de los con­tri­bu­yen­tes e in­ten­si­fi­car la coope­ra­ción con la Ad­mi­nis­tra­ción Tri­bu­ta­ria.

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Entrevistas de trabajo: Que no te pillen desprevenido.

Querido Alex, cuanta gente esta hoy sin empleo. Cuanta gente con ganas de trabajar y talento para su profesion, debe quedarse en casa sufriendo no solo las consecuencias economicas sino tambien las psicologicas, las de la autoestima personal que no son pocas. A continuacion un interesante articulo, quizas uno mas pero que seguro puede ayudar, animar a mas de uno. No hay mal que cien años dure…..y quien la persigue la consigue. Animos a todos.image

Sal de tu entrevista con la seguridad de un nuevo trabajo
Hay cada vez más candidatos para una vacante y están mejor preparados. Para hacerte con el puesto deseado aprende a ‘vender’ tu currículo, infórmate sobre la empresa y transmite ilusión por el proyecto.
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2013 se cerró con una bajada del desempleo registrado en las oficinas del Inem de 147.385 personas respecto a 2012, su primer descenso desde 2006. Este dato y los buenos augurios de los empresarios que, en su mayoría, afirman tener en marcha planes de contratación, hacen prever que en 2014 aumentará el número de entrevistas de trabajo. Así pues, hay que estar preparado para convencer en un proceso de selección.
Las reglas básicas para afrontar una entrevista las conocemos al dedillo: puntualidad, atuendo adecuado, las respuestas preparadas y argumentadas, sinceridad, honestidad… “Pero también es fundamental conocer los detalles de la empresa y la oferta. Además, el aspirante debe saber cuáles son sus puntos fuertes respecto al puesto al que aspira para enfocarse y no perderlos de vista durante la charla”, recuerda Rita González, directora nacional de RPO y soluciones de recursos humanos en Randstad.
Preparación
Actualmente las entrevistas son más exhaustivas –hay más candidatos y muchos de ellos muy cualificados y con amplia experiencia laboral–. “Ya no es suficiente con cumplir con el perfil requerido. Los responsables de selección buscan un ajuste casi perfecto con el responsable directo y con la cultura de la empresa. Por tanto, demostrar flexibilidad, motivación y entusiasmo por el proyecto será también determinante para inclinar la balanza por un candidato u otro”, explica González.
Entre los aspirantes a un puesto de trabajo hay muchos profesionales sénior y, como señala Noelia de Lucas, directora comercial de Hays España, “en algunos casos, son personas que desde hace mucho tiempo no hacen una entrevista o que incluso han estado al otro lado de la mesa, como reclutadores. Ahora, a pesar de su bagaje profesional, se sienten desorientados”. Nuria Esparza, directora de servicio de Adecco Office, aconseja que “las personas que llevan muchos años en activo destaquen este aspecto como valor positivo (por la estabilidad, los resultados conseguidos, etcétera)”.
En cualquier caso, la solución no es otra que invertir horas en la preparación de la cita cara a cara con el entrevistador. El punto de partida es un buen currículo, estructurado, conciso pero con contenido suficiente para que se pueda entender nuestro perfil y trayectoria. De Lucas insiste en que “hay que saber contar nuestro currículo; resaltar los logros, habilidades, describir los roles que se ha desempeñado y pensar qué ganaba la empresa con nosotros”.
Otra de las recomendaciones de los expertos es ensayar antes de la cita. La falta de práctica juega malas pasadas, por eso es aconsejable ponerse en situación y ensayar nuestra presentación y respuestas.
También es esencial recopilar toda la información posible acerca de la empresa, de su filosofía de trabajo, métodos y proyectos. De Lucas comenta que en aquellas situaciones en las que sea posible saber el nombre de la persona que nos va a entrevistar, como por ejemplo el director de recursos humanos de la compañía, es importante indagar sobre él, revisar su perfil en LinkedIn, su participación en eventos… para así buscar puntos de conexión durante la conversación”.
Llegado el momento del cara a cara la espontaneidad es fundamental “pero no hay que confundirla con improvisación” dice la directora comercial de Hays. Los entrevistadores buscan personas de confianza, por ello es importante ofrecer respuestas sinceras. Esparza insiste en que no hay que exagerar conocimientos o habilidades, ya que es probable que la empresa contraste esta información y la mentira y falta de sinceridad pone en tela de juicio nuestra honestidad e implicación futura.
Errores a evitar
Está claro que los fallos son inevitables, pero hay ciertos comportamientos y comentarios que son más negativos. Entre ellos De Lucas señala como especialmente dañino lanzar ataques directos contra la empresa en la que se trabajaba antes, compañeros y superiores: “Hay que contar por qué te has ido, pero explicándolo de la manera más profesional posible y sin entrar en descalificaciones”.
González apunta a la falta de preparación como un fallo demasiado común: “Se detecta rápidamente y esto supone atribuir al candidato falta de interés por la firma. No se puede titubear ante preguntas como qué conoce de la empresa; qué puede aportar o cuáles son sus mejores cualidades y defectos”.
Otros comportamientos que hay que dejar a trás son las continuas interrupciones al entrevistador, no escuchar u ofrecer información que no le ha sido solicitada. La directora comercial de Hays también explica que hay que evitar mostrarse arrogante, “se debe mantener en todo momento una conducta distendida y, sobre todo, transmitir ilusión, incluso cuando nuestras circunstancias personales sean muy duras”.
Cuestiones que no deben pillarte desprevenido
Uno de los momentos más delicados y a la vez decisivos en un proceso de selección es cuando nos formulan preguntas concretas. Estas son algunas de las más embarazosas que conviene tener controladas para no quedarse callado: Trabajo
– ¿Ha tenido que hacer frente a algún compañero que no estaba haciendo la tarea encomendada? ¿Qué hizo? ¿Cuál fue el resultado?
– Hábleme de cuando no se llevaba bien con un superior. ¿Cuáles fueron los cambios y cómo quedó la relación?
– ¿Ha trabajado con alguien que no le gustaba? Si es así, ¿cómo lo manejaba? Capacidades
– ¿Qué puede decirme sobre usted?
– ¿Qué éxitos y fracasos profesionales considera más relevantes en su trayectoria?
– Hábleme de algún momento en el que tuvo que hacer una exposición ante un foro desconocido.
– Ante un problema laboral concreto, ¿cómo define las prioridades?
– ¿Por qué piensa que tendrá éxito en este trabajo?
– ¿Qué haría diferente si pudiera empezar de nuevo su vida laboral?
– ¿Cómo equilibra vida profesional y personal?
– ¿Qué le llevó a este punto en su vida?
– ¿Qué le inspira en su trabajo?
Metas profesionales
– ¿Qué le ha llevado a realizar cada uno de los movimientos de su trayectoria profesional?
– Si fuera dueño de esta empresa, ¿cuál sería su siguiente paso?
– ¿Cuál es el trabajo de sus sueños?
– ¿Y la peor pesadilla laboral?

Quo vadis Barça: El mejor fichaje de Sandro Rosell

Titol: “QVB:El mejor fichaje de Rosell”
Querido Alex, en las proximas semanas voy a escribirte aquellas cartas que mas me disgusta escribirte. QVB, significa “Quo Vadis Barça”. Sabes bien que soy feliz compartiendo contigo buenas noticias, algo que en los ultimos tiempos brilla un poco por su ausencia, pero ya sabes que al mal tiempo buena cara. Hace pocos dias por motivos para mi suficientemente importantes y que respeto, Sandro Rosell decidio dimitir de su cargo de Presidente de nuestro querido Barça. Solo uno de los muchos presidentes que ha tenido el club en toda su vida, no ha acabado dimitiendo…..La historia enseña mucho y todos deberiamos estudiarla y analizarla con mas atencion, pues casi siempre se repite. El Barça es una institucion centenaria prestigiosa, potente, muy querida y admirada en todo el mundo, pero a veces surgen situaciones del entorno, lejano o cercano que confluyen para cercenar sus raices. Una vez mas estamos en medio de un barrizal y parece que como los gorrinos, algunos disfrutan retozando en el y eso no es bueno. Quermos ser los mejores en todo y eso no es malo, pero una cosa es actuar con etica y realizar una buena gestion y otra , ser los mas estupidos del lugar. Queremos ganar y para ello hay que ser competitivo y buscar las herramientas que nos permitan ser mas eficientes para luchar contra rivales tanto o mas fuertes que nosotros, alguno de ellos con ventajas que nosotros no tenemos. Si a ello, le añadimos la higaldia y yo diria que ingeniudad o estupidez de enseñar nuestras cartas a nuestros rivales para que sepan que y como hacemos las cosas, entonces no pidamos ser los mejores, al menos en la competicion. No estoy hablando de que todo vale, para nada, pero tampoco vale, ser los mas inocentes de esta industria y si he dicho industria porque es lo que es. Tanto es asi, que a rey muerto, rey puesto y no solo esto sino que ya hay aspirantes a la corona, tanto de fuera como de dentro que ya han movido sus culos e iniciado sus estrategias , cada una distinta de la otra , para levantar el dedo y autoproclamarse precandidatos a no se que. Con todos mis respetos, creo que con Josep Maria Bartomeu, Rosell tomo la mejor de sus decisiones en todo su mandato. Bartomeu y no Barto como algunos, incluso allegado a el, se atreven a denominarle en publico, es un tipo que en mi modesta opinion, reune todos los requisitos para ser el,Presidente idoneo para el FC Barcelona en los proximos años. Buen empresario, buena gente, hombre inteligente, viajado y al que a no le tiembla el pulso para tomar las decisiones mas importantes. Quizas no tiene la locuacidad de Laporta, ni el carisma que tuvo inicialmente Rosell, pero es uno de los nuestros, un tipo normal. Muy barcelonista y sin complejos como algunos quieren hacer creer. Que otros nos ataquen, que los rivales busquen nuestras flaquezas y traten de debilitarnos, es logico, es el mundo en el que vivimos, eso si, siempre dentro de las reglas del “fair play”, pero competir es eso. Otra cosa es utilizar las malas artes. Algunos lo intentan, pero sucede que a quien hierro mata, a hierro muere. Bartomeu y el Barça debe seguir su camino y este no es otro que el que iniciamos hace ya unos años y nos ha llevado a ser el club con mas triunfos en los ultimos 20 años y a la vez el mas valorado y querido en todo el mundo. Este es el Barça que yo quiero, un Barça ganador y solidario, luchador y generoso, un club competitivo al limite pero respetado y querido.¿ Es la cuadratura del circulo? Quizas, pero por ello “som mes que un club”. Dexem.nos de lluites internes i tots units farem mes força doncs tan se val de a on venim, si del sud o del nord, ara estem tots de acord, som del Barça. T’estimo Alex.

Futbol: ¿Deporte o negocio?La geopolitica del futbol .By Andy Robinson. Via La Vanguardia

Querido Alex, aquel deporte con el que nos criamos, se convirtio en nuestra adolescencia en espectaculo. Años mas tarde se convirtioen una industria y ahora es puro negocio, business como le llaman los anglosajones, inventores del deporte y de su conversion en negocio. ¿Todo vale? Espero que no, pero casi todo por lo que vemos dia a dia. ¿Se ha perdido el romanticismo? Quizas…o quizas nunca lo hubo….T’estimo Alex.

El fút­bol del 1%-99%
ANDY RO­BIN­SON
La Vanguardia
16 de febrero de 2014

Ma­drid Fi­go, Beck­ham, Zi­da­ne, Cris­tiano Ro­nal­do. Son los más gran­des. Los cua­tro ras­ca­cie­los más al­tos de la Cas­te­lla­na, uno de ellos pro­pie­dad del ban­co que­bra­do Ban­kia. Vi­si­bles des­de la le­ja­na sie­rra de Gua­da­rra­ma, las to­rres son el mo­nu­men­to a una ope­ra­ción in­mo­bi­lia­ria que hi­zo sol­ven­te al Real Ma­drid, un club muy en­deu­da­do y fa­ci­li­tó una se­rie de fi­cha­jes desor­bi­ta­dos –unos 260 mi­llo­nes de eu­ros por esos cua­tro ga­lác­ti­cos– y de sa­la­rios as­tro­nó­mi­cos. En el ca­so de Cris­tiano Ro­nal­do, el ju­ga­dor me­jor re­mu­ne­ra­do del mun­do, unos 350.000 eu­ros por se­ma­na.

Mu­chos mo­de­los es­pe­cu­la­ti­vos se han des­plo­ma­do des­de el crac fi­nan­cie­ro del 2008. Pe­ro si­gue in­tac­to el mo­de­lo ma­dri­dis­ta, co­pia­do ya en ca­da club glo­bal. Lle­gó Ga­reth Ba­le. 100 mi­llo­nes de eu­ros de fi­cha­je y un sa­la­rio de 12 mi­llo­nes al año. To­do fa­ci­li­ta­do por una ope­ra­ción de re­com­pra de un sue­lo per­te­ne­cien­te al club re­va­lo­ri­za­dí­si­mo ca­si 4.000 % en­tre 1998 y el 2011, se­gún los cálcu­los dis­cu­ti­bles del Ayun­ta­mien­to. “He­mos com­pro­ba­do que ca­da ope­ra­ción ur­ba­nís­ti­ca du­do­sa es­tá co­rre­la­cio­na­da con un fi­cha­je es­tre­lla” , di­ce Ma­ría Án­ge­les Nie­to de Eco­lo­gis­tas en ac­ción. La Co­mi­sión Eu­ro­pea in­ves­ti­ga.

“El Ma­drid de Flo­ren­tino era el pri­mer club en apos­tar por esa idea de que un fut­bo­lis­ta es­tre­lla ge­ne­ra más in­gre­sos por te­le­vi­sión o mar­ke­ting glo­bal de lo que cues­ta pe­se a su sa­la­rio”, di­jo Sid Lo­we, au­tor de Fear and loat­hing in La Li­ga. “Pe­ro si el mo­de­lo fun­cio­na ¿por qué vuel­ve el Ma­drid a es­tar en­deu­da­do?”, aña­dió.

En un mo­men­to de cre­cien­te re­cha­zo a la éli­te muy re­mu­ne­ra­da y de la cul­tu­ra de es­pe­cu­la­ción y bur­bu­jas, el fút­bol pue­de ser el si­guien­te fo­co de des­con­ten­to. “Un Way­ne Roo­ney tie­ne más mé­ri­to que un ban­que­ro; tie­ne cua­li­da­des úni­cas y ade­más su ca­rre­ra es muy cor­ta”, di­jo Ste­wart Lans­ley, au­tor de El cos­te de la de­sigual­dad. “Pe­ro el fút­bol es un mi­cro­cos­mos de un pro­ble­ma muy gor­do de de­sigual­dad” .

Eso lo sa­ben en la City lon­di­nen­se. “La ana­lo­gía con el fút­bol ex­pli­ca gran par­te de nues­tros pa­que­tes de re­mu­ne­ra­ción”, di­jo John Var­ley, ex­con­se­je­ro de­le­ga­do de Bar­clays, tras anun­ciar suel­dos mi­llo­na­rios en el ban­co pe­se al co­lap­so fi­nan­cie­ro del 2009. “Que­re­mos a los me­jo­res. Igual que el en­tre­na­dor de fút­bol si quie­re ga­nar”.

Tie­nen más en co­mún. Ni a ban­que­ros ni a fut­bo­lis­tas les gus­ta de­ma­sia­do pa­gar im­pues­tos. Cuan­do Fra­nçois Ho­llan­de anun­ció que su­biría al 75% el im­pues­to so­bre ren­tas su­pe­rio­res a un mi­llón de eu­ros, los eje­cu­ti­vos ban­ca­rios y los fut­bo­lis­tas ame­na­za­ron con mar­char­se. Cris­tiano Ro­nal­do se fue del Uni­ted al Ma­drid cuan­do el Go­bierno la­bo­ris­ta subió el ti­po su­pe­rior del IRPF bri­tá­ni­co al 50%, apro­ve­chan­do la ley Beck­ham, que ba­jó los im­pues­tos de ex­tran­je­ros ri­ca­cho­nes del 45% al 24%. Lio­nel Mes­si ni ne­ce­si­ta­ba de le­yes in­so­li­da­rias pa­ra evi­tar Ha­cien­da.

El otro ex­tre­mo de la abis­mal bre­cha sa­la­rial del fút­bol se en­cuen­tra en los equi­pos de tra­ba­ja­do­res sub­con­tra­ta­dos, la ma­yo­ría mu­je­res, que lim­pian los es­ta­dios, ha­cen ta­reas de se­gu­ri­dad o sir­ven la co­mi­da rá­pi­da.

Se­gún un nue­vo in­for­me de la oe­ne­gé lon­di­nen­se Ci­ti­zens UK, una mu­jer de la lim­pie­za tra­ba­jan­do pa­ra el Man­ches­ter City, el Ar­se­nal o el Man­ches­ter Uni­ted al sa­la­rio mí­ni­mo tar­da­ría 13 años en ga­nar lo que Tou­ré Ya­ya, Me­sut Özil o Way­ne Roo­ney ga­nan en una se­ma­na (225.000 eu­ros). Sue­len tra­ba­jar pa­ra em­pre­sas ex­ter­na­li­za­das, co­mo Clean Events, que pa­gan sa­la­rio mí­ni­mo ( 7,60 eu­ros la ho­ra) sin ga­ran­tías de te­ner un mí­ni­mo de ho­ras.

Ha­cien­do un cálcu­lo si­mi­lar, una tra­ba­ja­do­ra de lim­pie­za fi­ja en el Ber­na­beu que co­bra unos 800 men­sua­les por una se­ma­na la­bo­ral de 40 ho­ras tar­da­ría 29 años en ga­nar lo que co­bra Cris­tiano por se­ma­na. 21 años en el ca­so de Ba­le. Otros lim­pia­do­resimage