Cartas a Alex:No suena el telefono. Via Marca

Marca Orbyt.
CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll 25/01/2014cropped-image3.jpg
Querido Alex, nuestro Barça está viviendo una convulsión que se repite cada cierto tiempo. Así somos los que vivimos en estas latitudes. Hoy eres héroe, a veces sin saber por qué, y al cabo de un tiempo te conviertes en villano. Alguien lanza una acusación y los que te adulaban ahora cruzan la calle para no tener que hablar contigo.
Es el síndrome del teléfono desconectado, ahora también del email. De un día para otro, llamadas, peticiones y compromisos desaparecen. Puedes volver a prestar atención a los tuyos, los de toda la vida. Esos que quedan son los de verdad. No suena el teléfono. Eso debe de ser lo que hoy le sucede a Sandro Rosell. Creo que, a título personal, se habrá sacado un enorme peso de encima. Hay que respetar su decisión.
Todo lo contrario, Alex, debe de sucederle a Josep María Bartomeu. Hombre de confianza y alter ego de Sandro. Buen empresario y mejor persona. Un tipo normal. Estamos en buenas manos. Desde hoy su teléfono no parará, echará humo. Los aduladores y oportunistas ya están llamando para acercarse al poder. Los de siempre. Así es el “mundo real” que describió Rosell en su libro. Quizá no lo ha releído.
Suerte y apoyo a Bartomeu y mi agradecimiento a Sandro por su gestión a favor del Barça. Espero que el proceso judicial sea rápido y no se convierta en un vía crucis, donde la sociedad y el entorno juzguen antes que el juez.
Por lo demás, confío en nuestros deportistas. Seguro que ellos mantendrán la estabilidad del club y seguirán ofreciendo el fútbol y los valores que en los últimos años hemos expresado por todo el mundo. La vida sigue y el Barça está por encima de las personas que pasamos, aportando nuestro granito de arena. Somos efímeros.
Un cop més fill, aquest món del futbol, obscur i despietat, ha tornat a actuar. Una llàstima. Els humans sempre ens fem mal entre nosaltres. És inevitable. T’estimo Alex.
@masfurroll

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España versus Catalunya: Lo que no se quiere oir. Comentarios al articulo via El Pais de Cesar Molinas

Querido Alex, inmersos hasta la medula en un proceso de enorme controversia entre España y Catalunyimagea, en donde cada parte defiende con ahinco sus teorias y posiciones en direccion a un enfrentamiento directo en el que pueden chocar las partes de forma muy dura y que pueden llegar a crear situaciones dificiles y porque no decirlo, capaces de provocar situaciones de violencia que desencadenen actitudes y acciones de dificil marcha atras. Ante esta situacion, recomiendo leer el articulo que sigue a continuacion, escrito por Cesar Molinas en el periodico El Pais. Recomiendo tambien el libro que acaba de publicar el mismo autor, titulado “Que hacemos con España”.
TRIBUNA
Lo que no se quiere oír sobre Cataluña
El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño
CÉSAR MOLINAS 18 ENE 2014
Hay cuestiones de fondo sobre Cataluña que no se quieren oír y, mucho menos, escuchar. No puedo obligar a nadie a escucharme pero, al menos, voy a intentar hacerme oír. En este artículo quiero aportar cuatro reflexiones sobre Cataluña y sobre la relación de Cataluña con España. Bien a un lado del Ebro, bien al otro o bien a los dos, estas cosas no se quieren oír. En primer lugar discutiré el “hecho diferencial” catalán desde la dialéctica Norte-Sur en la Europa actual. El problema del encaje de Cataluña en España, como el de Lombardía en Italia, es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. A continuación caracterizaré a Cataluña como una sociedad compleja aún vertebrada por una mentalidad menestral cuyas raíces se remontan a la baja Edad Media. Cataluña se desarrolló y llegó a ser lo que es gracias al decreto de Nueva Planta de 1714, no a pesar de él. En tercer lugar argumentaré que el contencioso Cataluña-España oculta otro contencioso entre catalanes que tiene importantes consecuencias para la sociedad catalana. A España y a Cataluña les irá mejor juntas que separadas si consiguen un acuerdo de convivencia que potencie el futuro de ambas. Por último daré unas pinceladas sobre qué hacer en la situación actual. Mis argumentos surgen de consideraciones geográficas e históricas que considero razonables.

LOS CATALANES, EUROPEOS PATA NEGRA

Los catalanes son europeos desde el siglo IX. A eso, en castellano, se le llama ser pata negra. El concepto actual de Europa nació con Carlomagno, cuya capital Aquisgrán dista solo un centenar de kilómetros de las actuales capitales de la Unión Europea Bruselas y Luxemburgo. Esta coincidencia geográfica no es casual. Robert Kaplan señala en su reciente libro La venganza de la geografía que la columna vertebral de Europa sigue estando en la diagonal que va del Canal de la Mancha a los Alpes, ruta de comunicación principal del imperio franco. En ese mapa, carolingio y actual, Cataluña ocupa una situación peculiar. Desde finales del siglo VIII fue parte de la Marca Hispánica, zona defensiva entre el Imperio y Al-Ándalus que, según Vicens Vives, se caracterizaba no por ser una fortaleza de montaña sino por ser un corredor protegido por montañas. Este carácter de corredor y de portal de la península Ibérica hacia Europa ha conformado, para Vicens, el europeísmo distintivo de la mentalidad catalana y su “permanente éxtasis transpirenaico”. Esta mentalidad y este éxtasis constituyen, en mi opinión, el llamado “hecho diferencial catalán”.

La mentalidad catalana tiene un permanente éxtasis transpirenaico
Tony Judt se refiere repetidamente a Cataluña en su ensayo de 1996 ¿Una gran ilusión? Judt establece un paralelismo entre las regiones europeas de Baden-Württemberg, Rhône-Alpes, Cataluña y la antigua Lombardía carolingia, autodenominadas los Cuatro Motores de Europa en un acuerdo que firmaron en 1988. Son regiones prósperas, ninguna de las cuales incluye a la capital del Estado, que se consideran culturalmente más próximas entre sí que con otras regiones de sus respectivos países. Según Judt se sienten europeas, pagan sus impuestos, están mejor educadas, tienen una ética del trabajo y una industriosidad que no comparten otras regiones de los Estados a los que pertenecen —regiones a las que se ven obligadas a subvencionar— y tienen poco peso en la toma de decisiones de sus gobiernos. Como señala Kaplan, son regiones “norteñas, que no se sienten identificadas con las que creen regiones atrasadas, perezosas y subsidiadas del sur mediterráneo”. Vicens Vives nunca lo hubiese escrito tan crudamente. El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. Es un problema de muy difícil solución, agravado por la ausencia histórica de un Cavour catalán que impulsase un proyecto nacional capaz de integrar a los demás pueblos de la Península. Es un problema que se arrastra desde hace siglos y que no se arreglará ignorándolo o negándolo.

Una anécdota del ya centenario Swann ayuda a entender quién es qué en la relación con Europa. Unos parvenus amigos suyos habían tenido la ocurrencia de contratar a unos aristócratas arruinados para ponerlos de porteros en su mansión. Swann se lo desaconsejó, advirtiéndoles que las visitas de calidad nunca pasarían del portal. En el debate sobre la integración en Europa de una Cataluña independiente, los independentistas tendrían todo que perder si el debate se situara en el terreno de la estricta legalidad de los Tratados, pero tendrían todo que ganar si se situase en el terreno de la legitimidad, es decir, si el debate fuese sobre quién es el parvenu. Lo más probable es que la discusión se sitúe, llegado el caso, en un punto intermedio entre las dos alternativas. Lo que desde Madrid se ve como un problema jurídico es, en realidad, un problema político en el que las autoridades españolas pueden llevarse más de una sorpresa. Quizá sea útil recordar, como precedente, la alfombra roja que se puso a otro pata negra europeo, la también carolingia Eslovenia, para su integración en la Unión Europea y en el euro en un tiempo récord. O la posición europea sobre el corredor mediterráneo.

UNA MENTALIDAD MENESTRAL

Sigo con Vicens Vives, buen conocedor de los catalanes. Y sigo con su ensayo Noticia de Cataluña, que debería ser leído y releído con mucha atención tanto al norte como al sur del Ebro. Para Vicens lo más distintivo de la mentalidad catalana, junto a su europeísmo, es su carácter menestral. La menestralía, con fuerte presencia ya en la Cataluña del siglo XIII, es “una mentalidad más que una situación, un concepto de la vida más que una forma de ganársela”. Surge de la “gente de gremio, pueblo menor, hombre y herramienta”. Los menestrales “acabaron ocupando un lugar entre las minorías dirigentes del país, desde el que difundieron el espíritu originario de clase: la dedicación al trabajo, la inclinación práctica de la vida y la limitación de horizontes” y “constituyeron la reserva humana y social de Cataluña, la plataforma sobre la que iban a montarse los siglos XVIII y XIX”. La mentalidad menestral sigue articulando hoy en día una sociedad catalana que, a pesar de su complejidad actual, se sigue reconociendo en el trabajo entendido no como “castigo divino” sino como “signo de elección” y sigue mostrando una característica falta de ambición en su proyección hacia el mundo exterior.

Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a su pesar
El feudalismo catalán, surgido dentro del imperio carolingio, tuvo muy poco que ver con el del resto de la Península. Fue mucho más robusto y “europeo”, y creó unas instituciones que, en lo esencial, perduraron hasta principios del siglo XVIII. Hasta el 11 de septiembre de 1714, para ser más precisos. Cuando Ortega achaca la anomalía histórica de España a la anomalía de su feudalismo y a la baja calidad de los godos que la invadieron, se olvida del caso catalán. Las instituciones medievales franco-catalanas fueron solidísimas, hasta el punto de poder asimilar la mentalidad menestral sin cambiar sustanciándote, porque la menestralía encajaba bien en el corporativismo de la época. Pero esa solidez institucional, en ausencia de un monarca absoluto que la pusiera en cuestión para afirmar su propio poder, fue la causa principal del estancamiento y declive de Cataluña desde mediados del siglo XV hasta principios del XVIII. Este declive fue tanto económico como cultural. Por poner un ejemplo de cada, ambos apuntados por Vicens, si Cataluña no se aprovechó del comercio con América hasta el siglo XVIII fue por falta de ambición y de emprendimiento, no porque tuviese ningún impedimento legal para hacerlo. Se aprovechaban los genoveses, portugueses, franceses, holandeses… pero no los catalanes. En el ámbito cultural, los siglos XVI y XVII, siglos de oro del castellano, el inglés y el francés, fueron un desierto para el catalán. Aherrojada por sus instituciones medievales, respetadas hasta por el Conde-Duque de Olivares, Cataluña dormitó durante dos siglos y medio hasta que un Borbón, Felipe V, precipitó el cambio y la empujó hacia la modernidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez del Borbón hubiese ganado la guerra el Habsburgo? A mí me parece probable que Cataluña, constreñida por sus instituciones, se hubiese perdido la revolución industrial. Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a pesar de él.

La mentalidad menestral —trabajo, sentido práctico de la vida y limitación de horizontes— ha vertebrado Cataluña durante cinco siglos y sigue siendo la más relevante hoy en día. Esto es particularmente cierto para el independentismo catalán actual. Menestrales son la monja Forcades, Carme Forcadell y Oriol Junqueras, todos ellos en la versión casa pairal. En versión pro domo mea, menestrales son Jordi Pujol y Artur Mas, entre muchos otros. El denominador común de la menestralía es la nostalgia de un medioevo idealizado, el gusto por una fuerte regulación de la sociedad y de la actividad económica —de lo que es buena muestra el Estatuto catalán en vigor, con sus 223 artículos y 152 páginas— la limitación de horizontes y la falta de ambición para proponer un proyecto capaz de integrar a todos los catalanes y, también, a todos los españoles. El modelo de sociedad del independentismo menestral parece inspirado en el pueblo de los hobbits.

Sin embargo, proyectos ambiciosos de catalanizar España construyendo una sociedad moderna basada en el trabajo existieron en las segunda mitades de los siglos XVIII y del XIX. Relata Vicens cómo, en la primera circunstancia, se produjo una auténtica diáspora de catalanes por tierras de la antigua Corona de Castilla, colonizando Sierra Morena, renovando las artes de pesca en Galicia y Andalucía, estableciendo sus oficios en las ciudades de la meseta… Ilustrados como Campomanes soñaron con transformar España adoptando instituciones catalanas. En el siglo XIX “Cataluña predicó a las otras Españas el evangelio de la redención por el trabajo” para conseguir el resurgimiento económico y la industrialización. El fracaso de estos intentos provocó el retraimiento de los catalanes, que todavía dura, su aversión a participar en el gobierno del Estado tanto a nivel político como burocrático, que también perdura, y el fortalecimiento de la mentalidad menestral ante la quiebra de alternativas más ambiciosas.

CATALUÑA Y ESPAÑA SE NECESITAN

Tanto España como Cataluña necesitan desesperadamente un proyecto nacional. Como he recordado en otras ocasiones, para Ortega una nación es un proyecto de futuro con capacidad integradora. Ese proyecto no lo tienen ahora mismo ni España ni Cataluña. En el primer caso no hay proyecto para afrontar la cuádruple crisis —económica, institucional, territorial y moral— que tiene gripada a la sociedad española. El régimen político de 1978 está basando su supervivencia en la táctica del avestruz, negando las crisis para no tener que hacer ningún cambio significativo. Si no cambia de actitud, durará poco. En el caso catalán el único proyecto político explícito es el independentista. En cierto modo, también es una manera de negar una crisis que afecta a Cataluña de manera muy parecida a la del resto de España. En cualquier caso, el proyecto independentista no es un proyecto integrador puesto que divide profundamente a la sociedad catalana en dos partes de tamaño similar y de convivencia complicada. No es, por tanto, un proyecto nacional, al menos en el sentido que le da Ortega a este término.

España necesita a Cataluña por dos motivos, uno en negativo y otro en positivo. En negativo, porque la ruta previsible del presente conflicto territorial lleva a una bunkerización de posiciones en España y en Cataluña que será la excusa perfecta para que la clase política no aborde ninguna de las reformas imprescindibles para afrontar con éxito los retos del siglo XXI, en particular la mejora del capital humano necesaria para evitar la proletarización de la sociedad española en la economía global. En positivo, porque la gran asignatura pendiente de España es la adopción de una cultura del trabajo como opción de realización personal y no como castigo divino. Eso lo hizo Cataluña hace muchos siglos y la emulación con Cataluña en una casa común puede ser un estímulo importante para que España consiga hacerlo.

Cataluña necesita a España también por dos motivos y también hay uno en negativo y otro en positivo. En negativo Cataluña necesita a España por una razón simétrica a la del párrafo anterior. Las reformas que hay que hacer en Cataluña son similares a las que hay que hacer en el conjunto de España, empezando por la de la clase política. La bunkerización conduce a no hacerlas y a culpar al adversarios de todos los males propios. Además, una confrontación creciente deja al independentismo como único proyecto político posible y eso tendría efectos divisivos muy grandes para la sociedad catalana. Lo que ahora se presenta interesadamente como una confrontación entre Cataluña y España se revelaría como una confrontación entre catalanes en la que los que ambicionan pensar y actuar “en grande” en mundo globalizado quedarían marginados. En positivo, Cataluña necesita ambición. Necesita que sus grandes empresas se hagan mucho mayores y se globalicen. Al contrario que Baden-Württemberg o Rhône-Alpes, Cataluña no tiene grandes empresas con proyección global y no las tiene por falta de ambición, no porque esté oprimida o expoliada. España, cuyas grandes empresas son globales, tiene la ambición que a Cataluña le falta. La emulación con España en una casa común puede ser un estímulo importante para que Cataluña consiga hacerlo.

QUÉ HACER CON CATALUÑA

Por las razones aducidas en el epígrafe anterior, el debate sobre qué hacer con Cataluña sólo tiene pleno sentido en el marco más amplio del debate sobre qué hacer con España. Ahora bien, si este último debate no pudiera tener lugar, porque la clase política se negase a ello, o si fracasara el intento de construir un proyecto de futuro atractivo para los españoles, lo mejor que podrían hacer los catalanes es soltar lastre y plantearse el debate por separado. Por lo dicho hasta aquí, tampoco está claro a priori que a nivel catalán pudiera consensuarse un proyecto integrador y ambicioso pero, en mi opinión, estaría justificado intentarlo.

La actual discusión sobre Cataluña, restringida a dos interlocutores bunkerizados, sólo sirve para disimular tras las respectivas banderas la falta de proyectos nacionales a nivel español y catalán. El Gobierno de España considera la cuestión catalana como un problema estrictamente jurídico, no halla lugar en la Constitución para autorizar una consulta y no ve necesario ni conveniente tomar ninguna iniciativa política para proponer un nuevo encaje de Cataluña en la casa común. Los catalanes deben conformarse con lo que hay y, además, resignarse a una ofensiva recentralizadora y “españolizadora”. Por otra parte, el independentismo catalán, encabezado por el Gobierno de la Generalitat, acelera un plan para proclamar unilateralmente la independencia en algún momento de 2015. El choque de trenes parece muy probable, porque ambos gobiernos esperan sacar grandes réditos políticos del conflicto en el corto plazo, que es el único horizonte que parece importarles. Si el choque se produce, la independencia de Cataluña será prácticamente inevitable, a pesar de que irá en contra del interés general de los catalanes y de todos los españoles.

Es necesario superar esta situación. El contencioso no debe dejarse en las solas manos de quienes no tienen ningún interés en resolverlo. La sociedad civil debería tener un papel mucho más activo, impulsando los necesarios debates —que van mucho más allá de independentismo sí o independentismo no— y dando mucho más protagonismo a la ambición en los proyectos de futuro. La clase política no está por la labor. Las grandes empresas y las personalidades del mundo económico catalán deberían hacer oír su voz con más fuerza, con el pluralismo que ello entraña, y lo mismo deberían hacer las del resto de España. Madrid y Barcelona son, junto con Milán, las grandes concentraciones humanas, económicas e industriales del sur de Europa. Un eje de cooperación a todos los niveles entre las dos grandes ciudades españolas es necesario para complementar y contrapesar a la gran Banana Azul europea, que tiene su extremo sur en la ciudad del Po y termina por el norte en Liverpool.

No parece haber nadie en el mapa político que asuma la idea de España como nación de naciones para reconstruir sobre ella la casa común. A mí me parece que ya es demasiado tarde —no lo era hace cuatro años— para intentar una reforma federal de la constitución. Hay que ser más ambiciosos y la sociedad civil también tiene que tener un papel decisivo en este debate. No bastan albañiles: se necesitan arquitectos para evitar que se nos caiga la casa encima.

César Molinas publicó en 2013 el libro Qué hacer con España

El destino del Barça. Via Marca

Marca Orbyt.
CARTAS A ÁLEX Gabriel Masfurroll 24/01/2014
El destino del Barça
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Mientras escribo estas líneas, el aún presidente Sandro Rosell está exponiendo los motivos de su dimisión. Aún estamos todos atónitos por lo que está acaeciendo. De forma inesperada, Rosell ha decidido dimitir.
Siempre he dicho que el fútbol es el paradigma de la irracionalidad, y algo que parecía dentro de la normalidad como es el fichaje de un jugador de renombre como Neymar, algo que ya estaba asumido, contabilizado y digerido, ahora, por razones de todo tipo, ha provocado que Rosell abandone.
Realmente la acusación que apunta hacia Rosell, es muy importante y, en mi modesto entender, creo que hace bien en dejar su puesto. Esto le permitirá defenderse y, a su vez, desvincular el proceso judicial del club que, paradójicamente, es el agraviado. No obstante, me parece que su salida le honra pues es algo que muchos en este país deberían hacer y pocos hacen.
Podría opinar sobre la situación, hacer astillas del árbol caído, algo en lo que somos especialistas en nuestras latitudes. Sinceramente, creo que quizás han fallado las formas y, en especial, la comunicación.
El Barça es una institución muy importante que en los últimos años ha destacado no solo por sus éxitos deportivos, también por su savoir faire en casi todos los ámbitos. Éramos, y lo digo en pasado con enorme pesar, ejemplares en todo el mundo. Además, y lo he comprobado personalmente, creo que se ha fallado en la forma de comunicar. Es cierto que gestionar un club de fútbol es muy complicado, pues ahí debes armonizar gestión económica de una institución que es de todos sus asociados, con la pasión que tiene su afición, con los enormes egos que bailan en su interior y, por supuesto, con transparencia. Debo decir que se ha fallado en alguno de estos aspectos.
Ser presidente y directivo de una institución como el Barcelona es muy sexy, pero mucho más duro de lo que la gente piensa. Siempre hay gente que se siente agraviada y además, y me sabe mal decirlo, la industria del fútbol es poco transparente.
Desgraciadamente, el entorno socioeconómico y político tampoco ayuda. Ahora esto ya es pasado, y a mí me preocupa el futuro. Tenemos un Barça que está, a pesar de la extraña marcha de Guardiola, el mejor entrenador de la historia del club, funcionando bien pese a luchar contra sus propios éxitos. Tenemos al mejor jugador del mundo y el mejor equipo. No lo marchitemos con temas extradeportivos.
Si yo fuera directivo de la confianza del presidente, me iría con el. Quizás no ahora, para no desestabilizar, pero sí al final de temporada y convocaría elecciones. Por una vez, no nos suicidemos colectivamente. Ahora más que nunca, tots units fent força. Por cierto, mi voto de total confianza para el nuevo presidente, Josep María Bartomeu, magnífico gestor y mejor persona, a quien someto desde este momento mi cargo de vicepresidente de la Fundación del FCB. Así debe ser.
@masfurrroll

Fracasar para tener exito

Querido Alex,
Voy a ser muy breve. En nuestro pais los fracasos han sido y siguen siendo penalizados.Hablar de tus fracasos no es algo comun, todo lo contrario de lo que sucede en los paises anglosajones donde cuando alguien no es consciente de haber fracasado, es capaz de contarlo y expresar que aprendiste de ello. Si yo quiero incorporar a alguien, con los años, lo que mas valoro ademas de la experiencia y el talento, es la transparencia, la pureza y claridad de la mirada y por supuesto la sinceridad de su background con lo bueno y lo malo y las consecuencias obtenidas de todo ello.¿ Aprenderemos algun dia a no solo presumir y ser humildes? Quizas quienes deberian empezar con el ejemplo son nuestros politicos y gobernantes. Aun no he escuchado a ninguno de ellos escuchar algun “mea culpa”, sino todo lo contrario, la culpa es de los demas siempre. Asi, mal vamos.

Fra­ca­sar pa­ra te­ner éxi­to
Tex­to An­to­nio Or­tí Pa­sa­mon­tes re­cuer­da el li­bro Fue­ras
La Vanguardia – ES
12 de enero de 2013

Des­de el 2010, Fin­lan­dia ce­le­bra ca­da 13 de oc­tu­bre el Day for Fai­lu­re, el día del fra­ca­so en el que em­pre­sa­rios, ci­neas­tas, de­por­tis­tas, es­cri­to­res… se van tur­nan­do en la ta­ri­ma y ex­pli­can las ra­zo­nes por las que su pro­yec­to no lle­gó a fun­cio­nar. Pue­de tra­tar­se de Jor­ma Olli­la, el an­ti­guo pre­si­den­te y di­rec­tor eje­cu­ti­vo de No­kia, o de Tino Singh, un mú­si­co de funk-soul que nun­ca lle­gó a ser res­pe­ta­do co­mo un ar­tis­ta se­rio –la au­dien­cia no de­jó de re­la­cio­nar­lo con un pro­gra­ma te­le­vi­si­vo Pass­port and tooth­brush (pa­sa­por­te y ce­pi­llo de dien­tes) en el que ac­tua­ba– y que de­ci­dió ter­mi­nar su ca­rre­ra de mú­si­co y pro­bar con al­go nue­vo al aper­ci­bir­se de que “ha­bía más gen­te so­bre el es­ce­na­rio que en el lu­gar des­ti­na­do al pú­bli­co”. El ob­je­ti­vo de es­ta y otras ci­tas si­mi­la­res que pro­li­fe­ran en una trein­te­na de paí­ses es cam­biar la cul­tu­ra del fra­ca­so, de tal mo­do (se­gún se lee en el ma­ni­fies­to de la ci­ta fin­lan­de­sa) que na­die ten­ga ver­güen­za de ha­ber fra­ca­sa­do y que­de pa­ra­li­za­do por el mie­do. Ya lo di­jo Lenny Leo­nard, el per­so­na­je de Los Sim­pson que tra­ba­ja jun­to a Ho­mer en el sec­tor 7G de la cen­tral nu­clear de Spring­field: “To­do el mun­do pue­de equi­vo­car­se. Por eso los lá­pi­ces vie­nen con una go­ma en el ex­tre­mo”. “Fra­ca­sar –in­ter­vie­ne Mert­xe Pa­sa­mon­tes, psi­có­lo­ga que ha tra­ta­do es­te te­ma en va­rios de sus li­bros– no es más que in­ten­tar al­go y que no sal­ga tal co­mo se ha­bía pre­vis­to. Así que fra­ca­sar es con­sus­tan­cial al ser hu­mano. Fra­ca­sa­mos des­de que, sien­do muy pe­que­ños, in­ten­ta­mos apren­der a an­dar a ba­se de caí­das. ¡Pe­ro no por eso de­ja­mos de in­ten­tar an­dar has­ta con­se­guir­lo!”, ex­cla­ma. Tam­bién fra­ca­sa­mos al aca­bar un ma­ra­tón en un tiem­po su­pe­rior al pre­vis­to, al enamo­rar­nos de al­guien y no ser co­rres­pon­di­dos y en cual­quier otro ám­bi­to de la vi­da, aun­que el fra­ca­so por an­to­no­ma­sia sea el em­pre­sa­rial, al­go ló­gi­co cuan­do la eco­no­mía se ha con­ver­ti­do en la nue­va re­li­gión del si­glo XXI .Y por qué unas per­so­nas tie­nen éxi­to y otras no (Tau­rus) en don­de Mal­colm Glad­well es­tu­dió ca­sos fa­mo­sos de triun­fa­do­res (des­de los Beatles has­ta Bill Ga­tes) y cal­cu­ló que pa­ra lle­gar a la maes­tría en cual­quier par­ce­la de la vi­da se pre­ci­san unas 10.000 ho­ras de prác­ti­ca, es de­cir, unas 20 ho­ras se­ma­na­les du­ran­te diez años. Se­gún ex­pli­ca la psi­có­lo­ga, des­de la lla­ma­da psi­co­lo­gía po­si­ti­va se ha lle­ga­do in­clu­so a pro­po­ner sus­ti­tuir la pa­la­bra fra­ca­so por feed­back o apren­di­za­je en el con­tex­to de una épo­ca don­de triun­fan eu­fe­mis­mos pa­re­ci­dos pa­ra re­fe­rir­se a la cri­sis eco­nó­mi­ca o a la po­si­bi­li­dad de un res­ca­te fi­nan­cie­ro, lo que lle­vó a la re­vis­ta Ti­me a iro­ni­zar so­bre es­te fe­nó­meno el pa­sa­do 9 de ju­nio en un ar­tícu­lo ti­tu­la­do “Tú di­ces to­ma­te, yo di­go res­ca­te”. Sus­ti­tuir fra­ca­so por apren­di­za­je bus­ca­ba im­pe­dir que la gen­te nor­mal y co­rrien­te pien­se que “errar nos ha­ce im­per­fec­tos, cuan­do lo úni­co que nos ha­ce es hu­ma­nos”, re­cuer­da Pa­sa­mon­tes. En reali­dad, fra­ca­sar, en su más am­plia acep­ción, es­tá dan­do pa­so a una gran pro­duc­ción in­te­lec­tual: fra­ca­san los em­pre­sa­rios, los tra­ba­ja­do­res que son des­pe­di­dos, las per­so­nas desahu­cia­das de sus pi­sos, fra­ca­san los hi­jos de mu­chas fa­mi­lias que no ha­llan tra­ba­jo y pier­den la mo­ti­va­ción pa­ra es­tu­diar y fra­ca­san, por en­ci­ma de to­dos, los po­lí­ti­cos que de­be­rían de im­pe­dir­lo. Así las co­sas, el mun­do se es­tá en­co­men­dan­do a que sur­ja una ge­ne­ra­ción de em­pren­de­do­res, si­mi­lar a la que apa­re­ció en Si­li­con Va­lley, en la bahía de San Fran­cis­co (EE.UU.), en la se­gun­da mi­tad del si­glo XX. Pe­ro, cla­ro, en me­dio de es­ta cri­sis eco­nó­mi­ca, la pri­me­ra lec­ción es la po­si­bi­li­dad de fra­ca­sar y la ne­ce­si­dad de le­van­tar­se y em­pe­zar de nue­vo, en vez de per­sis­tir en el error. En el li­bro ¿A qué es­pe­ras pa­ra fra­ca­sar? (Lid), Ri­car­do Cor­ti­nes cuen­ta to­do lo que ha apren­di­do del fra­ca­so. El au­tor era un em­pren­de­dor que en el 2004 de­ci­dió su­bir­se al ca­rro de la pro­mo­ción in­mo­bi­lia­ria, lo que en el 2007 le con­de­nó a la rui­na “por –re­co­no­ce– el de­li­to de im­be­ci­li­dad con agra­van­te”. Lo pri­me­ro y prin­ci­pal es que su fra­ca­so se lo ga­nó a pul­so por ha­ber ig­no­ra­do una se­rie de se­ña­les inequí­vo­cas. “Aun­que la suer­te cum­ple una ines­ti­ma­ble fun­ción te­ra­péu­ti­ca, la cul­pa fue mía. Nor­mal­men­te, cuan­do te­ne­mos éxi­to, por lo ge­ne­ral pen­sa­mos que la suer­te no ha in­ter­ve­ni­do, que la cau­sa de ese éxi­to he­mos si­do no­so­tros, nues­tro buen ha­cer. Sin em­bar­go, cuan­do fra­ca­sa­mos pen­sa­mos que no­so­tros no he­mos te­ni­do na­da que ver y nos in­ven­ta­mos un ca­be­za de tur­co, un fan­tas­ma al que lla­ma­mos suer­te –o ma­la suer­te– y al que no le im­por­ta car­gar con las cul­pas”, re­co­no­ce es­te li­cen­cia­do en De­re­cho. Su se­gun­do gran ha­llaz­go fue que des­pués de fra­ca­sar se es más sa­bio que con an­te­rio­ri­dad, tal co­mo cons­ta­tó en su día Ma­rilyn Vos Sa­vant, una es­cri­to­ra es­ta­dou­ni­den­se fa­mo­sa por ser ofi­cial­men­te la per­so­na con el ma­yor coe­fi­cien­te in­te­lec­tual del mun­do, al se­ña­lar: “La de­rro­ta es pa­sa­je­ra. Es la clau­di­ca­ción lo que la vuel­ve per­ma­nen­te”. El pro­pio Cor­ti­nes es el me­jor ejem­plo: en lu­gar de hun­dir­se, hi­zo ta­bla ra­sa con su fra­ca­so em­pre­sa­rial y em­pe­zó su re­mon­ta­da vi­tal, pri­me­ro es­cri­bien­do.

Los osos ya no co­men sal­món (Lid), lue­go con­vir­tién­do­se en con­fe­ren­cian­te, más tar­de par­ti­ci­pan­do en el pro­gra­ma ra­dio­fó­ni­co Triun­fa­do­res que emi­te Pun­to Ra­dio y aho­ra ayu­dan­do a ex­pan­dir la em­pre­sa de mo­da pa­ra ni­ños de su mu­jer. “Fra­ca­sa­do –ano­ta Cor­ti­nes en la pá­gi­na 139 de ¿A qué es­pe­ras pa­ra fra­ca­sar?– no es el que fra­ca­sa, sino el que no se sa­ca de en­ci­ma su fra­ca­so. Fra­ca­sa­do es quien se afe­rra a co­sas que no fun­cio­nan. Fra­ca­sa­do es el que, cual afec­ta­do por el sín­dro­me de Dió­ge­nes, pre­fie­re ha­cer­se ba­su­re­ro, an­tes que sa­car la ba­su­ra, el que le qui­ta im­por­tan­cia a su fra­ca­so pa­ra po­der con­vi­vir con él, el que lo ma­qui­lla pa­ra que no sea tan feo y así po­der abra­zar­lo”. Se­gún ex­pli­ca des­de San­tan­der, “pa­ra ha­cer bien las co­sas ha­ce fal­ta ex­pe­rien­cia y es­to va­le pa­ra cual­quier co­sa. En mi opi­nión, no se pue­de apren­der na­da de nin­gún li­bro so­bre el fra­ca­so, in­clui­do el mío, por­que lo úni­co que sir­ve es la pra­xis. Di­cho lo cual, el me­jor con­se­jo que pue­do dar es pa­sar a la ac­ción, pro­bar co­sas y ver qué pa­sa, en lu­gar de ha­blar y ha­blar”, sub­ra­ya es­te em­pre­sa­rio. En to­do ca­so, “la cla­ve es pen­sar que al­go pue­de ir mal, asu­mir el fra­ca­so an­tes de que su­ce­da y ges­tio­nar­lo con ra­pi­dez, pa­ra que du­re lo me­nos po­si­ble, se­pa­ran­do lo bueno de lo ma­lo, por­que siem­pre hay que re­ci­clar lo apro­ve­cha­ble”, su­gie­re. Cu­rio­sa­men­te, la glo­ba­li­za­ción de los pro­ble­mas no ha im­pe­di­do que so­bre­vi­van es­cue­las “na­cio­na­les” del fra­ca­so. Si se tra­ta de des­ha­cer­se de lo que no fun­cio­na, un ejem­plo son las fies­tas ja­po­ne­sas pa­ra ce­le­brar un di­vor­cio y en las que las pa­re­jas ce­le­bran su rup­tu­ra co­mo si de una bo­da se tra­ta­ra: aun­que en vez de po­ner­se el ani­llo, lo ma­cha­can con un mar­ti­llo en for­ma de ca­be­za de ra­na, ani­mal si­nó­ni­mo de cam­bio en la cul­tu­ra ni­po­na. Tam­bién es creen­cia ge­ne­ra­li­za­da que en los paí­ses an­glo­sa­jo­nes el fra­ca­so es­tá bien vis­to, a di­fe­ren­cia de lo que su­ce­de en los paí­ses me­di­te­rrá­neos, don­de fa­llar en al­go se con­si­de­ra po­co me­nos que un pe­ca­do y de­ja se­cue­las de por vi­da. Cuan­do se le tras­la­da es­ta cues­tión a Lui­sa Ale­many, di­rec­to­ra del Esa­de En­tre­pre­neurs­hip Ins­ti­tu­te, se­ña­la co­mo po­si­bles cau­sas la cul­tu­ra y la re­li­gión. Res­pec­to a la pri­me­ra, se ma­ni­fies­ta en los si­guien­tes tér­mi­nos: “Si los ni­ños de una fa­mi­lia van al co­le­gio que les que­da más cer­ca, se re­la­cio­nan con ami­gos de su mis­mo ba­rrio y tie­nen to­do lo que ne­ce­si­tan al la­do, al fi­nal ocu­rre es­to”, ra­zo­na Ale­many, que da a en­ten­der que mien­tras que los jó­ve­nes es­ta­dou­ni­den­ses es­tán ha­bi­tua­dos a bus­car­se la vi­da a los 18 años, cuan­do acos­tum­bran a de­jar el do­mi­ci­lio fa­mi­liar, los es­pa­ño­les se que­dan en ca­sa has­ta cum­plir los 29. “En la cul­tu­ra an­glo­sa­jo­na, si llue­ve te mo­jas y si te cons­ti­pas, te cu­ras y con­ti­núas ade­lan­te; aquí so­mos más pro­tec­to­res”, aña­de. Pa­ra la éti­ca cal­vi­nis­ta (que dio lu­gar al ca­pi­ta­lis­mo) el tra­ba­jo re­di­me y dig­ni­fi­ca, has­ta el pun­to de que una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de los nor­te­ame­ri­ca­nos (tam­bién de los ja­po­ne­ses y, en ge­ne­ral, de las per­so­nas que com­par­ten es­te cre­do en cual­quier par­te del pla­ne­ta) se to­man co­mo un pe­que­ño cal­va­rio per­so­nal sus im­pro­duc­ti­vos pe­rio­dos va­ca­cio­na­les. Cuan­do se in­te­rro­ga a Lui­sa Ale­many so­bre es­te ras­go, pre­fie­re que­dar­se con lo bueno de es­tos paí­ses, “que, en ge­ne­ral, per­mi­ten que las per­so­nas en­cuen­tren sus ta­len­tos y desa­rro­llen sus ha­bi­li­da­des. Tam­bién en Es­pa­ña to­do el mun­do ten­dría que in­ten­tar dis­fru­tar tra­ba­jan­do”, re­cla­ma. “Des­de eda­des muy tem­pra­nas se de­be­ría per­mi­tir a los jó­ve­nes –pro­si­gue– es­pe­cia­li­zar­se en aque­llo en lo que son bue­nos. Es ho­rro­ro­so tra­ba­jar ocho o diez ho­ras en al­go que no te gus­ta… Cuan­do pa­sa es­to, lo nor­mal es in­ten­tar eva­dir­se na­ve­gan­do por in­ter­net o es­pe­rar a que pa­sen las ho­ras. En cam­bio, cuan­do tra­ba­jas en al­go que es lo tu­yo, el día se te pa­sa vo­lan­do. El pro­ble­ma, tal vez, es que los ado­les­cen­tes des­co­no­cen lo que les gus­ta”, apun­ta. De he­cho, la pro­pia Lui­sa Ale­many se re­co­no­ce en es­ta si­tua­ción. “A los tre­ce años de­ci­dí aban­do­nar los es­tu­dios. Mi idea era cur­sar for­ma­ción pro­fe­sio­nal (ra­ma me­tal). Co­men­cé a tra­ba­jar co­mo apren­diz en la em­pre­sa Cons­truc­cio­nes Ae­ro­náu­ti­cas, don­de a los 16 años fir­mé mi pri­mer con­tra­to. Tal vez me equi­vo­qué al de­jar de es­tu­diar, pe­ro eso me sir­vió pa­ra dar­me cuen­ta de que si que­ría pro­gre­sar de­bía re­to­mar los es­tu­dios”, se­ña­la. Res­pec­to a su ex­pe­rien­cia per­so­nal con el fra­ca­so, Ale­many bro­mea con que se po­dría pa­sar ho­ras di­ser­tan­do so­bre el te­ma, tras ad­mi­tir que in­ten­tó mon­tar em­pre­sas que no lle­ga­ron a pros­pe­rar o que in­vir­tió di­ne­ro en otras que que­bra­ron, pa­ra dar a en­ten­der que “fra­ca­sar en al­gu­na co­sa no sig­ni­fi­ca el fi­nal de na­da, sino que for­ma par­te del ca­mino”. ¿Cuá­les son los prin­ci­pa­les mo­ti­vos por los que fra­ca­san los em­pren­de­do­res es­pa­ño­les? El en­car­ga­do de con­tes­tar la pre­gun­ta es Al­ber­to Fer­nán­dez Te­rri­ca­bras, pro­fe­sor del Ie­se des­de 1991 y doc­tor en Ad­mi­nis­tra­ción de Em­pre­sas por la Uni­ver­si­dad de Bos­ton (EE.UU.). He aquí la lis­ta que se le ofre­ce a Fer­nán­dez pa­ra que eli­ja: fal­ta de ex­pe­rien­cia, au­sen­cia de un plan de ne­go­cio, per­der de­ma­sia­do tiem­po en ela­bo­rar el pro­duc­to y la es­tra­te­gia, em­pe­zar sin ca­pi­tal su­fi­cien­te, no te­ner mer­ca­do, que­rer em­pe­zar a lo gran­de, es­tar so­lo, aban­do­nar pron­to, ro­dear­se mal, no po­ner al clien­te en pri­mer lu­gar y abu­sar de los cré­di­tos ban­ca­rios. “Fra­ca­san por to­dos es­tos mo­ti­vos”, re­suel­ve. “Ha­cer un buen plan de ne­go­cio es im­por­tan­te y, no só­lo eso, sino ir re­exa­mi­nan­do la evo­lu­ción del ne­go­cio pa­ra ir apren­dien­do. Tam­bién es bá­si­co en­ten­der las ne­ce­si­da­des del clien­te: en ge­ne­ral, el em­pren­de­dor sue­le enamo­rar­se mu­cho de su pro­duc­to y des­cui­da la par­te co­mer­cial”, con­tes­ta Fer­nán­dez. Res­pec­to a si en Es­pa­ña exis­te una cier­ta bur­bu­ja en torno al em­pren­de­dor co­mo sal­va­dor de la si­tua­ción eco­nó­mi­ca, cuan­do lo cier­to es que ca­da vez hay más fra­ca­sos, co­mo pu­bli­có Ex­pan­sión el 19 de ju­nio de es­te año, el pro­fe­sor del Ie­se ma­ni­fies­ta que tal vez ello sea de­bi­do a que en Es­pa­ña se de­ci­de em­pren­der más por ne­ce­si­dad (en un 60% de los ca­sos) que por au­tén­ti­ca vo­ca­ción. A par­tir de ahí, el pro­fe­sor Fer­nán­dez co­mien­za a dar ejem­plos prác­ti­cos de fir­mas que han lo­gra­do so­bre­po­ner­se a ini­cios di­fí­ci­les, y ci­ta a La Fa­ge­da, la em­pre­sa de Gi­ro­na que em­plea a per­so­nas con tras­tor­nos men­ta­les gra­ves pa­ra ela­bo­rar pro­duc­tos lác­teos), y que, tras unos ini­cios com­pli­ca­dos, ha lo­gra­do sa­lir ade­lan­te de la mano de su fun­da­dor, Cris­tó­bal Co­lón. Su­ya es una fra­se que sue­le po­ner­se co­mo ejem­plo en las es­cue­las de ne­go­cio: “El sen­ti­do del tra­ba­jo es un tra­ba­jo con sen­ti­do”. De he­cho, y vol­vien­do a fra­ca­sar en su más am­plia acep­ción, hay una pro­li­ja bi­blio­gra­fía so­bre la ne­ce­si­dad de in­ten­tar­lo en cual­quier ám­bi­to de la vi­da, pues la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad es­tá re­ple­ta de fra­ca­sos que han per­mi­ti­do me­jo­rar lo que ha­bía an­tes. “El éxi­to es apren­der a ir de fra­ca­so en fra­ca­so sin de­ses­pe­rar­se”, di­jo Wins­ton Chur­chill. “El fra­ca­so es una oca­sión pa­ra em­pe­zar otra vez con más in­te­li­gen­cia”, ob­ser­vó Henry Ford, dan­do a en­ten­der que equi­vo­car­se pue­de ser un buen pun­to de par­ti­da pa­ra em­pe­zar a cons­truir en la di­rec­ción co­rrec­ta (en el te­rreno eco­nó­mi­co, en el sen­ti­men­tal y en cual­quier otro). En cuan­to a Tho­mas Edi­son, re­pe­tía a me­nu­do que ca­da error que de­ja­ba atrás, era un pa­so ade­lan­te. De he­cho, la bom­bi­lla de fi­la­men­tos por la que es fa­mo­so no le sa­lió a la pri­me­ra, sino que reali­zó más de mil in­ten­tos, lo que lle­vó a uno de sus dis­cí­pu­los a pre­gun­tar­le si no se des­ani­ma­ba con tan­tos fra­ca­sos. “¿Fra­ca­sos? No sé de qué me ha­bla. En ca­da des­cu­bri­mien­to me en­te­ré de un mo­ti­vo por el cual una bom­bi­lla no fun­cio­na­ba. Aho­ra ya sé mil ma­ne­ras de no ha­cer una bom­bi­lla”, se cuen­ta que res­pon­dió Edi­son tras en­sa­yar du­ran­te ocho­cien­tos días con has­ta 6.000 fi­bras: ve­ge­ta­les, ani­ma­les e in­clu­so con un pe­lo de la bar­ba ro­ji­za de uno de sus co­la­bo­ra­do­res. He ahí el quid de la cues­tión: sim­ple­men­te fra­ca­sa quien per­sis­te en el error y no ex­trae lec­cio­nes pro­ve­cho­sas de sus fa­llos, al­go que cual­quie­ra po­dría apli­car­se a su vi­da pri­va­da, pe­ro que tam­bién ha­rían bien en re­cor­dar quie­nes en su mo­men­to no su­pie­ron ob­ser­var que la cri­sis que azo­ta al mun­do en­te­ro era com­ple­ta­men­te pre­de­ci­ble, en fun­ción de los erro­res que se ha­bían co­me­ti­do…

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“Tango” via Marca.

Querido Alex, te escribo de nuevo despues del partido. Atletico y Barça han empatado a cero. Reparto de puntos y probablemente justo. Partido muy intenso, de tu a tu y sin dejar de dar la cara. Ha imperado el estilo de Simeone amparado por el “jueguen, jueguen” de Mateu Lahoz. Curiosamente recibimos mas faltas, pitadas y no pitadas y nos asigno mas del doble de tarjetas amarillas. Una cosa es dejar jugar, la nobleza del futbol no esta reñida con ñarevencion de segun que actitudes. A pesar de ello, el Atletico ha jugado bien, a su manera, con su estilo de equipo compacto, aguerrido,luchador no exento de clase y peligro. El Barça, en su linea, pero menos incisivo de lo que es necesario para ganar, con menor velocidad de balon,aunque el Atletico defiende muy bien, que nadie lo olvide. Me parecio muy acertada la alineacion inicial tal como se planteaba el partido y con el arbitro que iba a dirimir la justicia. Inteligente el Tata Martino. Quizas algun pero en los cambios, habria mantenido a Pedro y cambiado a Xavi. Sergio Roberto estuvo desubicado. No obstante ha sido un partido bonito de ver y todos nos vamos a casa mas o menos satisfechos, todos, bueno, menos el !adrid que ya debe contar con los tres puntos de mañana. Espero que el Español sea capaz de devolverle al mundo real.
Bona nit Alex. T’estimo fillimage

CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll 11/01/2014
Tango

Querido Alex, hoy se enfrentan los dos mejores equipos de la Liga. No lo digo yo, cantan las estadísticas, que nadie se enfade por esto. Quizá en mayo sea distinto, pero hoy es así.
Esta noche el tango, la sardana y el chotis se mezclarán con algo de samba y el Calderón se convertirá en el eje mediático del fútbol mundial. Dos argentinos, el Cholo y El Tata, dirigirán a los respectivos equipos. Dos conceptos muy distintos de fútbol, pero con el mismo espíritu ganador. Empieza el baile.
El Barça recupera a Valdés, Alba y Messi que no es baladí. Haber llegado líder hasta ahora con las circunstancias adversas que ha sufrido esta temporada es todo un mérito. Por su parte, el Atlético está haciendo una heroicidad y su fútbol es el más eficaz del campeonato, un equipazo.
Será un partido excitante y seguro que valdrá la pena disfrutarlo. Espero que gane el Barça con una victoria merecida, pero si gana el Atlético y es de buena lid, habrá que sacarse el sombrero. ¡Que empiece el juego! Y, por cierto, el lunes tendremos fiesta aunque espero que no tengamos baile y que el Balón de Oro vaya a manos del jugador que más lo merezca.
Para mí, en un deporte de equipo, el jugador que más lo merece es claramente aquel que con su talento y esfuerzo ha aportado más a su club, a su equipo, con títulos. Que cada uno analice y juzgue. Después de la decisión de la FIFA, cada uno dirá la suya. Creo saber quién lo merece, quién es el mejor y también quien ganará.
Wait and see! Serà un cap de setmana especial a on un cop més el futbol es convertirà en el centre de l’atenció del món. T’estimo, Alex.
@masfurroll

Navidades negras by Manuel Castells via La Vanguardia

Querido Alex,
Te envio el relato sobre una pesadilla navideña que espero no se produzca jamas. A veces la obstinacion humana, la falta de comunicacion, el odio y las mas de las veces la incapacidad de ponerse en los zapatos ajenos, generan situaciones incomprensibles e irracionales. Hace unos dias acaba de fallecer Nelson Mandela,ciudadanos de todo el mundo y los mandatarios mas destacados del planeta, han destacado sus virtudes, muy en especial su desafeccion al odio, a la venganza, a perdonar y buscar el punto de encuentro en lugar de culpar y criticar a sus oponentes y rivales. Este ejemplo, alabado por todos curiosamente es seguido por pocos. ¿Es esta la gran paradoja de la Humanidad?
¿Sabes Alex, me siento perdido y confuso. No siempre una parte tiene la razon. Esta suele estar dividida y el punto de encuentro es lo ideal pero solo pocas veces desgraciadamente se alcanza. Seamos sensatos y cambiemos la pesadilla por un bello sueño de paz, entendimiento, comunicacion fluida y buena voluntad. Este esfuerzo beneficiara a la mayoria de los ciudadamos unque parezca mas facil, demagogico y populista el enfrentamiento. Es pan para hoy y mucha hambre y lagrimas para el futuro.image

Na­vi­da­des ne­gras

La Vanguardia
21 de diciembre de 2013

Co­mo tres si­glos atrás, tras días de in­cer­ti­dum­bre los ca­ta­la­nes vol­vie­ron al tra­ba­jo con la de­ter­mi­na­ción de no ol­vi­dar ja­más. Resguardó las manos en los bolsillos del abrigo y apretó el paso para llegar a casa antes del toque de queda. Miró de reojo a la tanqueta apostada en la esquina de Casp con Pau Claris: lucía el glorioso emblema de la Benemérita, su ametralladora apuntando a un cielo gris que amenazaba tormenta.
La ciudad estaba sembrada de vehículos blindados, hieráticos guardianes de la Constitución. Algunos osados jovencitos los insultaban al pasar sin conseguir alterar su impavidez. No era cuestión de agravar la situación con incidentes que excitaran más los ánimos. Distinto era cuando formaban grupitos de más de diez personas. Entonces los dispersaban a porrazos, aunque esa tarea se la encomendaban a la Guardia Urbana.
Una pesada calma descendía sobre las calles semidesiertas en una Nochebuena sin luces. Qué rápido había sido todo. Rememoró sin quererlo las diez semanas que cambiaron su mundo. Todo empezó un año atrás con la decisión política de organizar una consulta popular sobre la soberanía de Catalunya. De inmediato, el Gobierno español, respaldado por todos los partidos españoles, rechazó de plano tal posibilidad y la declaró ilegal por inconstitucional. AhHhjí comenzó un tira y afloja que no llevó a ninguna parte. O mejor dicho, condujo al intento del Govern de Catalunya, apoyado por la gran mayoría de los ciudadanos, de realizar la consulta de cualquier manera.
Los políticos no tenían mucha alternativa. La sociedad se había movilizado por millones a favor del derecho a decidir. Para muchos esa movilización se planteaba como preludio a la independencia. Lo impensable era posible. Hartos de la arrogancia de lo que la gente llamaba “Madrid” y la humillación cotidiana del desdén a la identidad propia, habían transformado la indignación en clamor y la reivindicación en sueño. La crisis, el paro y los recortes hicieron el resto. De todos los rincones del país surgió la idea de que sí se podía. Debates, manifestaciones, okupaciones, caceroladas, bajada de bandera y subida de bandera, cánticos colectivos y blogs en la red, prédicas en iglesias y arengas en el Parlament, consultas municipales y festivales pop, sesudos seminarios de historia y teatro callejero. Un ambiente mágico se difundió entre la gente, contagiada de una alegría tensa. Se concibieron planes estratégicos para la economía, la educación, la salud, la cultura, la ecología, el arte. Se multiplicaron las conversaciones con quienes no lo veían claro y con quienes reafirmaban su españolidad. Catalanes de pro y barbilampiños ilusionados recorrieron el mundo solicitando comprensión y solidaridad. Internet se pobló de webs de información y debate sobre Catalunya. Un ansia de vida nueva se vistió de senyera y tradujo en proyecto nacional los anhelos individuales.
Él nunca había sido muy nacionalista, pero le ofendió personalmente la forma en que “Madrid” y los medios españoles ningunearon el sentimiento de tanta gente que él respetaba. Y ni siquiera quisieron negociar sobre los problemas que para él sí eran importantes: como el reparto del dinero que ganaban con su trabajo. ¿Solidaridad con los más pobres? Tal vez sí, pero quiero decidirlo yo, no que me lo impongan. Pero no tenía claro dónde se situaba en este frenético debate hasta que estalló todo.
Fue poco antes del 9 de noviembre, fecha anunciada para la consulta que había sido declarada ilegal por decisión del Constitucional. La Generalitat, con el apoyo mayoritario del Parlament y respaldada por buena parte de la sociedad civil, puso en marcha los preparativos técnicos para recabar la opinión del pueblo. Se completaron las listas del censo, se equiparon las escuelas con material electoral, se ordenó a los Mossos proteger a los votantes, se pidió a la televisión catalana la cesión de espacios de propaganda electoral y se preparó el recuento electrónico en el Departament d’Interior.
El Congreso español, en reunión de urgencia, reiteró la ilegalidad de la consulta, en un voto casi unánime, y conminó al Govern a cancelar su convocatoria. Ante la negativa catalana a acatar el ultimátum, el Gobierno, previa consulta al Consejo de Estado, decretó la anulación temporal de la autonomía de Catalunya, la revocación del Parlament por incumplimiento de la legalidad y la destitución del presidente de la Generalitat y su gobierno hasta la celebración de elecciones constitucionalmente sancionadas.
La gente salió a la calle espontáneamente por centenares de miles y se ocuparon plazas y edificios públicos mientras se coordinaba la protesta mediante la red. Acto seguido el Gobierno español declaró el estado de excepción, exigió el cese de las manifestaciones y ordenó el despliegue de la Guardia Civil en todo el territorio catalán, poniendo bajo su mando a los Mossos y la policía municipal. El delegado del Gobierno asumió las competencias civiles y militares en Catalunya. Los principales dirigentes políticos catalanes fueron confinados en arresto domiciliario. Usando la llamada ley anti-15M aprobada por las Cortes meses antes, se procedió a detener a quienes habían convocado por internet a manifestarse, al tiempo que se interceptaban los mensajes en la red y se establecía la censura en los medios de comunicación. A pesar de las llamadas a la calma, hubo choques violentos, algunos muertos, cientos de heridos, incendios y nubes de gas envolviendo las ciudades.
Las campañas de desobediencia civil preparadas de antemano chocaron contra la cortina de hierro que ocupó el entorno. Europa se inquietó, los medios internacionales enviaron corresponsales, el Gobierno español respondió asegurando el respeto de los derechos civiles junto a su obligación de garantizar el orden contra la violencia y preservar la unidad de la nación. Como tres siglos atrás, tras días de incertidumbre y rabia, los catalanes volvieron al trabajo con la determinación de no olvidar jamás: ahora tenían una nueva Diada. Menos mal que aún quedaba la cena de Nochebuena, pensó al llegar a su portal.
Entonces despertó. Sintió alivio. Miró por la ventana: había luces de Navidad. Volvió a la vida. Pero esa noche se le atragantó la sopa de galets y la carn d’olla le pareció chamuscada.

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El club de los poetas muertos : Comentario a un escrito de Enric Bañeres sobre Pep Guardiola en 2007

Ademas,Bañeres es un periodista experto y conocedor de este mundo del futbol. Me gustaria saber su opinion a dia de hoy del articulo que en su dia publico. Leanlo y opinen.

El club de los poetas muertos by Enric Bañeres
No por esperada, la noticia de que a Pep Guardiola lo van a enchufar como responsable del depauperado Barça B, ha dejado de inquietarme. Pep es una incógnita como entrenador, un capullo por abrir, y por tal razón es aventurado descalificarlo de antemano. No lo voy a hacer pese a que lo veo como una réplica de Michel en el Madrid-Castilla: estrellándose. ¿Estará preparado para asumir la formación de futuros Puyoles, Xavis, Messis y Valdeses? Me cuesta verlo en ese trabajo en el que hay que inculcar dureza, espíritu competitivo, capacidad de sufrimiento, afán de superación, camaradería, amor a los colores…A Pep le vino todo rodado pero, cuando tuvo que empezar a competir por el puesto, tocó el dos. Fuera del manto protector del barcelonismo, su carrera fue todo un poema: gris en el Brescia, negra en el Roma y para olvidar en México, amén de jalonada con turbios episodios de dopaje. No logró que se le abrieran las puertas de la Premier League ni siquiera las del campeonato argentino, a donde han vuelto el Piojo López, entre otros ilustres veteranos. Es decir: el único entorno que parece darle seguridad es el del Barça, y como entrenador tampoco ha tenido alas para buscarse el sustento lejos de aquí, como han hecho Koeman, Laudrup, Schuster, Bakero…Pep, un mito vivo del barcelonismo, puede introducir a los jóvenes aspirantes a crack en la poesía de Miquel Martí Pol, la música de Lluís Llach y hasta inspirarles en un simbólico viaje a Ítaca. Pero mucho me temo que, más que un club de fútbol, con Guardiola el Barça B se parecerá al club de los poetas muertos.

Futbol en el año nuevo. Via Marca.

Marca Orbyt.
CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll 04/01/2014
El fútbol en el Año Nuevo
Querido Alex, sigo fuera de España, alejado de la mal llamada civilización. Esta desconexión del mundo de la competitividad, de las luchas por el poder y de las criticas me ha permitido desconectar mi mente y aclarar mis ideas.
Ante todo, quiero desear a todos los lectores de Marca un venturoso 2014. Y también expresar qué será para mí el 2014 en el ámbito futbolístico. En España, el Barça seguirá defendiendo una hegemonía que ha detentado en los últimos 20 años, fruto de un modelo basado en formación interna creado hace 40 años y en la implicación a todos los niveles de un sistema de juego muy singular que muy pocos pueden y saben desempeñar.
Por otro lado, tenemos a un Atlético de Madrid que va muy en serio. Ya no es sólo Simeone o Diego Costa, es también una filosofía de club que el presidente Cerezo y Gil Marín han implementado con sigilo pero con inteligencia. El Atlético es un club que se basa en su afición y esta es la gran protagonista. Ya no es el Pupas y parece que por unos cuantos años dejará de serlo. Este club y este equipo van en serio.
Nos queda el Madrid, el gran rival, el equipo que jamás se da por vencido, juegue bien, mal o regular, siempre esta ahí. El conjunto pivota alrededor de Ronaldo, extraordinario futbolista, aunque le cuesta encontrar su estilo de juego.
Por fin, la selección española. Mi querido Vicente del Bosque sabe que tiene un extraordinario plantel de jugadores. Sabe también que ello no es suficiente y además, como al Barça, cualquier resultado que no sea ganar, será para el ciudadano español un fracaso, pues el fútbol es así. Vicente es un hombre sabio y sabe que puede ocurrir.
Alex, será un any interessant a on el mon del futbol debatra en si segueix igual o es produeix un canvi de cicle. Veurem. T’estimo Alex.
@masfurroll