Somos como el perro del hortelano.

Querido Alex,
Hace no muchos dias, se celebro en Barcelona, la boda de un acaudalado multimillonario indio. Este hombre y su familia, eligieron nuestra ciudad para su enlace, por su belleza y porque les encanta. De hecho suelen venir a menudo a disfrutar de ella. Pues bien, deciden casarse en Barcelona y organizan una boda multitudinaria a la que acuden cientos de invitados de alto nivel adquisitivo. Es cierto, que. Solicitaron y se les concedio, pagando claro, el uso de algunas instalaciones ciudadanas, gracias a lo cual, podran seguir subsistiendo. Esta boda ha dejado a la ciudad una ingente cantidad de dinero, cosa que tal como esta el panorama, no solo no es desdeñable sino que es mas que bienvenido. Pues bien, como siempre, han aparecido los de siempre criticando a diestro y siniestro y poniendo a las administraciones a parir de un burro. Si vamos mal, es culpa del sistema, siempre de los demas. Si se realizan acciones licitas para mejorar la economia, siempre se critican y se alientan las algaradas contra ellas. Lo que se trata es destruir, cargarse el sistema pero eso si, sin alternativas razonables y viables. Hagas lo que hagas, siempre en contra. Esto es lo facil. Como bien dice Pilar Rahola en su articulo, es la Utoestima frente al autoodio. Aqui queremos el Estado del Bienestar pero que se autofinancie y sin dar concesiones. Al final, todos arruinados y sin bienestar. Preferimos no comer pero tampoco dejar comer. Mejor todos fastidiados y asi todos contentos, segun ellos….Ya ves, asi somos.image

La bo­da
Pi­lar Raho­la
La Vanguardia (1ª edición)
10 de diciembre de 2013

Enfrascados en el bucle eterno de la consulta y su pregunta danzante, habíamos olvidado lo mucho que nos gustan las polémicas estúpidas, esas que nacen para morir el fin de semana. Sin duda somos un pueblo eternamente atrapado en un ADN deconstructivo, de ahí que construyamos ideas y mitos, para poder destruirlos con ávida rapidez. Catalunya es un país con un espíritu de contradicción tan fuerte, que al final no está claro si lo nuestro es fruto de una alta autoestima o de un bajo autoodio, pero de ambos hay en la botica catalana.
A la prueba de la tormenta con gaseosa, a raíz de la gran boda india en Barcelona, me remito. Por un lado, nos pasamos la vida con sesudas estrategias a favor de la industria turística, convencidos de que sus divisas conforman una parte sustancial de nuestros ingresos. Por el otro, nos pasamos la misma vida quejándonos de las consecuencias del turismo, que si viene demasiado, que si los autocares, que si los hoteles, que si Barcelona ya no es la misma, y un largo etcétera que nadie sabe dónde aterriza: o somos auténticos, solitarios y pobres, o algo contaminados, más acompañados y menos pobres. Y en ambos supuestos, el ejército de críticos es ingente, la mayoría de las veces con los mismos criticantes en ambos lados. Es decir, nunca estamos contentos. Y en esas, llega el millonario indio del acero, con sobrina casamentera enamorada de Barcelona, y todos los ingredientes de la polémica tontuna se dan en un mismo acontecimiento. De golpe hay una masa ingente que quiere ir el mismo día al MNAC, y resulta que lo cierran para una boda.
Es curioso, porque las veces que he ido al susodicho lo he visto sorprendentemente vacío. ¿Será que ese día era el día universal de ir al venerable museo? Será sobre todo en el sector verde-violeta-antes-rojo-y-ahora-bicicleta. Y de golpe, también, esa misma masa ingente descubre que el dinero de los millonarios es feo, que en India hay pobres y que Bollywood es hortera. Lo cual permite tres supuestos: primero, que todos estos no deben de querer negocios con nadie, ni con chinos, ni rusos, ni árabes, ni estos hindúes, ni brasileños…; segundo, que sólo hay pobres en India; y tercero, que tienen un subidón tan grande de etnocentrismo que se atreven a reírse de los gustos ajenos. Y luego que si Mas y Trias no debían ir a la boda, que si la pleitesía, que si el MNAC es público… ¡Buf! Es bien cierto que el diablo, cuando se aburre, mata moscas con el rabo. Porque sinceramente, que una boda que reporta millones de euros caídos del cielo, que ha dado trabajo a centenares de personas (más de 400, dijo el organizador en RAC1), y que es un gran spot publicitario de Barcelona dirigido a un país donde hay millones de millonarios, sea rechazada por los que antes gobernaban la ciudad es el colmo del cinismo, o del provincianismo. O de ambas actitudes, que todo tiene cabida en el populismo.

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