Catalonia, spin off. By Mar Galtesvia La Vanguardia

Albert Castellonn ha escrito un libro muy interesante que refleja como Catalunya vive su quehacer diario reflejado en lo que seria el dia a dia de una filial de una multinacional radicada en Madrid. Es una forma de vivir, una forma de actuar muy arraigada en España, en donde aun desde el centro, desde la capital, se tilda al resto de “provincias”. Este apodo linguistico, es el fiel reflejo de la percepcion que se tiene, no de España,ni tampoco desde Madrid como ciudad que es, sino de los centros de poder de “hasta donde se puede llegar” a nivel de capacidad decisoria , en provincias. Esta vision centralista, sigue perdurando y quizas retornando a la vieja usanza, como pais latino que somos. Es la ley del pendulo. Descentralizamos gestion y decisiones, pero no desmembramos la antigua administracion central, imagino por aquello de “por si acaso”. Ahora algunos creen que se relajaron demasiado y que habria que retornar a los viajos tiempos y en algunas “provincias” se opina que se han traspasado los marrones, pero no los caramelos. Y ahi seguimos, con una pungna dificil de resolver y mas cuando hay poco o nada que repartir.
La inteligencia dice que hay que esforzarse en encontrar el Win-Win, pero algunos quieren el Win-Lose, es decir yo gano, tu pierdes.
Yo añadiria que Catalunya no creo que llegue a ser jamas una marca preponderante , pero si la tebnemos en Barcelona, capital de las cuatro provincias. Lean el libro de Castaellon, sin prejuicios y con objetividad y luego opinen y decidan.image

‘CA­TA­LO­NIA, NEXT BRAND IN EU­RO­PE’
Mar Gal­tés
La Vanguardia – Dinero
3 de noviembre de 2013

Al­bert Cas­te­llón Ara Lli­bres Bar­ce­lo­na, 2013 305 pá­gi­nas Pre­cio: 19,90 €

Un país no es una em­pre­sa, pe­ro tie­ne mar­ca, con sus pun­tos fuer­tes y de­bi­li­da­des, tie­ne com­pe­ti­do­res y opor­tu­ni­da­des de mer­ca­do, tie­ne ges­to­res y ac­cio­nis­tas (po­lí­ti­cos, dipu­tados y vo­tan­tes)… En es­tos mo­men­tos en los que el de­ba­te so­bre la au­to­no­mía-so­be­ra­nía-in­de­pen­den­cia de Ca­ta­lun­ya ad­quie­re to­na­li­da­des que su­pe­ran la pa­sión y se acer­can a la ten­sión, re­sul­ta cho­can­te, re­fres­can­te y di­ver­ti­do el aná­li­sis del pro­ce­so des­de un pun­to de vis­ta, apa­ren­te­men­te, de es­tric­ta ob­ser­van­cia mar­que­ti­nia­na. Pe­ro Ca­ta­lo­nia, next brand in Eu­ro­pe no es pa­ra na­da un li­bro frí­vo­lo, al con­tra­rio. Al­bert Cas­te­llón no es­con­de en nin­gún mo­men­to su po­si­cio­na­mien­to, y lo que ha­ce es desa­rro­llar un gran plan de ne­go­cio con el ob­je­ti­vo de que un pro­duc­to que tie­ne un gran ba­ga­je pe­ro que du­ran­te si­glos ha su­fri­do un po­si­cio­na­mien­to errá­ti­co, se con­vier­ta en ob­je­to de de­seo, en una mar­ca as­pi­ra­cio­nal que una ma­yo­ría de con­su­mi­do­res quie­ra com­prar.

Al­bert Cas­te­llón es el di­rec­tor ge­ne­ral de Mo­ritz, la cer­ve­ce­ra que du­ran­te un si­glo fue re­fe­ren­cia en Bar­ce­lo­na, des­apa­re­ció del mer­ca­do a fi­na­les de los se­ten­ta y re­apa­re­ció, en el 2004, con un po­ten­te po­si­cio­na­mien­to que la ha con­ver­ti­do en una de las mar­cas más co­ol e in­no­va­do­ras. Ca­ta­lo­nia, next brand in Eu­ro­pe es el do­cu­men­ta­do ejer­ci­cio de un ca­ta­la­nis­ta con­ven­ci­do, más his­to­ria­dor que po­lí­ti­co, que ana­li­za el pro­ble­ma des­de un pun­to de vis­ta em­pre­sa­rial. Y es des­de su ba­ga­je que Cas­te­llón ha lle­na­do el li­bro de ana­lo­gías, de anéc­do­tas, y de sus fi­lias y de sus fo­bias, de una ma­ne­ra más pe­da­gó­gi­ca que adoc­tri­na­do­ra. Di­ce que un país sin ca­pa­ci­dad de de­ci­sión es co­mo una fi­lial de mul­ti­na­cio­nal ale­ja­da de la se­de: “Los que he­mos tra­ba­ja­do en es­te ti­po de or­ga­ni­za­cio­nes he­mos vis­to des­fi­lar do­ce­nas de opor­tu­ni­da­des que no he­mos po­di­do apro­ve­char por fal­ta de ca­pa­ci­dad es­tra­té­gi­ca y eje­cu­ti­va”. Co­mo cuan­do, sien­do di­rec­ti­vo en Uni­le­ver, fue­ron in­ca­pa­ces de im­pe­dir la ven­ta de No­ci­lla, una “jo­ya lo­cal” que re­sul­ta­ba to­tal­men­te in­di­fe­ren­te en la se­de de Lon­dres, por­que só­lo te­nía un mar­gen de be­ne­fi­cio del 34% so­bre ven­tas, y no lle­ga­ba al 35% exi­gi­do. “Éra­mos tan inope­ran­tes co­mo los con­se­llers de la Ge­ne­ra­li­tat que a ve­ces dan pe­na de ver cuan­do in­ten­tan co­rre­gir una ley es­ta­tal que sa­ben que per­ju­di­ca­rá a Ca­ta­lun­ya. Ra­bian, llo­ran, pe­ro al fi­nal aca­tan”. Cas­te­llón tie­ne cla­ro que la in­de­pen­den­cia no es un ob­je­ti­vo po­lí­ti­co úl­ti­mo, sino un ins­tru­men­to pa­ra con­se­guir una me­jo­ra de la ca­li­dad de vi­da y de la sa­lud emo­cio­nal del país. Y es­tá con­ven­ci­do de que la spin-off tie­ne fu­tu­ro, co­mo lo ha te­ni­do Nes­pres­so co­mo com­pa­ñía in­de­pen­di­za­da de Nestlé, o Swatch de Tis­sot.

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