La marca es mas importante para las ciudades que para paises. Via La Vanguardia

La semana pasada se realizo en Barcelona el Summit anual de la compañia multinacional de comunicacion Kreab Gavin& Anderson. Estuvieron presentes los maximos ejecutivos de los mas de 30 paises en los que la compañia tiene presencia. Barcelona, una de las mejores marcas del mundo como ciudad fue elegida por los directivos de KGA para discutir las estrategia de cara a futuro a nivel mundial. Invitados españoles de altisimo nivel compartieron con nosotros sus experiencias, opiniones y proyectos.
Como socio de KGA me siento orgulloso de compartir las opiniones de nuestro Presidente en una entrevista a La Vanguardia, en su suplemento Dinero.image

“La mar­ca es más im­por­tan­te pa­ra ciu­da­des que pa­ra paí­ses”
An­na Ca­ba­ni­llas
La Vanguardia – Dinero
6 de octubre de 2013
Sin una co­mu­ni­ca­ción ade­cua­da es muy di­fí­cil que la so­cie­dad acep­te re­ce­tas du­ras en si­tua­cio­nes
Du­ran­te su vi­si­ta a Bar­ce­lo­na la pa­sa­da se­ma­na, Pe­je Emils­son, re­pa­só al­gu­nas de las cla­ves que pue­den ayu­dar a me­jo­rar la repu­tación de las em­pre­sas es­pa­ño­las y del Es­ta­do en un mo­men­to tan com­ple­jo co­mo el pre­sen­te. Apun­ta que la idea de mar­ca es más de­ci­si­va pa­ra una ciu­dad que pa­ra un país. Us­ted co­la­bo­ró en la co­mu­ni­ca­ción de las re­for­mas que sa­ca­ron a Sue­cia de la cri­sis en la dé­ca­da de los no­ven­ta. ¿Có­mo pue­den las po­lí­ti­cas de co­mu­ni­ca­ción ayu­dar a sa­lir an­tes de una cri­sis? Du­ran­te la cri­sis fi­nan­cie­ra vi­vi­da en Sue­cia a prin­ci­pios de los no­ven­ta tra­ba­jé con uno de los ban­cos con pro­ble­mas. Man­tu­vi­mos una re­la­ción muy di­rec­ta con el go­bierno, el ban­co cen­tral y los me­dios de co­mu­ni­ca­ción pa­ra dar luz a cuál era la si­tua­ción real en to­do mo­men­to. Fue­ron me­ses muy com­pli­ca­dos en los que el go­bierno to­mó de­ci­sio­nes du­ras pa­ra la po­bla­ción y pa­ra los ban­cos. Aho­ra Sue­cia es una de las eco­no­mías más fuer­tes de la UE, y gran par­te del éxi­to re­si­de en que el go­bierno fue ca­paz de co­mu­ni­car a los par­ti­dos po­lí­ti­cos ma­yo­ri­ta­rios, a la ban­ca y al pue­blo sue­co que de­bían tra­ba­jar jun­tos pa­ra ase­gu­rar el fu­tu­ro del país. ¿Qué pue­de apren­der Es­pa­ña de es­ta ex­pe­rien­cia? La cri­sis obli­gó al go­bierno sue­co a re­plan­tear­se el Es­ta­do de bie­nes­tar y a to­mar me­di­das muy im­po­pu­la­res, co­mo con­ge­lar las pen­sio­nes du­ran­te años en los que la in­fla­ción cre­cía a mar­chas for­za­das. Tras me­ses de dis­cu­sión, la cla­se po­lí­ti­ca sue­ca de­ci­dió unir­se, pen­sar en me­di­das a lar­go pla­zo e im­po­ner­las, por du­ras que fue­ran. Es­pa­ña tie­ne un pre­sen­te com­pli­ca­do y es el mo­men­to de que la cla­se po­lí­ti­ca es­pa­ño­la lle­gue a un con­sen­so, pien­se en so­lu­cio­nes a lar­go pla­zo y con­ven­za a la po­bla­ción de esas me­di­das por du­ras que sean. Pe­ro ¿es po­si­ble con­ven­cer a la opi­nión pú­bli­ca pa­ra que acep­te una re­ba­ja de las pres­ta­cio­nes del Es­ta­do de bie­nes­tar? Un Es­ta­do tie­ne que vi­vir con los re­cur­sos que tie­ne. Y si la tar­ta es más pe­que­ña, es ló­gi­co que los in­vi­ta­dos re­ci­ban una por­ción me­nor. No es fá­cil con­se­guir que lo acep­ten, aun­que sí es po­si­ble si hay una co­mu­ni­ca­ción abier­ta y flui­da. Los es­pa­ño­les de­ben per­ci­bir que con es­tas re­for­mas es­tán cons­tru­yen­do el ca­mino que lle­va­rá al país a la re­cu­pe­ra­ción. ¿Es más fá­cil con­ven­cer a un go­bierno o a una em­pre­sa pa­ra que im­ple­men­te po­lí­ti­cas de co­mu­ni­ca­ción? Las em­pre­sas y los go­bier­nos per­si­guen ob­je­ti­vos dis­tin­tos. Mien­tras las em­pre­sas pre­ten­den cons­truir una or­ga­ni­za­ción fuer­te y sol­ven­te que per­ma­nez­ca en el tiem­po, y eri­gen una re­la­ción só­li­da con to­dos sus sta­kehol­ders, los go­bier­nos tie­nen un ho­ri­zon­te de cua­tro a cin­co años y se mar­can ob­je­ti­vos cor­to­pla­cis­tas, con vis­tas a ser acep­ta­dos por la po­bla­ción pa­ra que los vuel­van a vo­tar en las si­guien­tes elec­cio­nes. Cen­tran su es­fuer­zo en co­mu­ni­car me­di­das po­pu­lis­tas y, si lue­go vie­nen ad­ver­si­da­des –ca­so de Es­pa­ña– y de­ben im­po­ner me­di­das du­ras, tie­nen gran­des pro­ble­mas pa­ra que la po­bla­ción las acep­te. Fí­je­se en com­pa­ñías co­mo Ge­ne­ral Mo­tors o Ford, que vi­vie­ron gran­des di­fi­cul­ta­des a fi­na­les del 2007, y se han re­cu­pe­ra­do. Ello de­mues­tra có­mo a tra­vés de una co­mu­ni­ca­ción flui­da con sus em­plea­dos y pro­vee­do­res lo­gra­ron con­ven­cer­les que de­bían re­mar en la mis­ma di­rec­ción, y acep­tar re­for­mas, pa­ra sa­lir a flo­te. Aquí, gran par­te del te­ji­do es­tá for­ma­do por py­mes que, en ge­ne­ral, aún dan po­ca im­por­tan­cia a la repu­tación e ima­gen cor­po­ra­ti­va. ¿Se equi­vo­can? En un mun­do glo­bal y con una com­pe­ten­cia tan fe­roz es in­dis­pen­sa­ble que las em­pre­sas tra­ba­jen a fon­do en co­mu­ni­car los va­lo­res de sus pro­duc­tos y ser­vi­cios. La im­por­tan­cia que las em­pre­sas otor­gan a la co­mu­ni­ca­ción de­fi­ne la cul­tu­ra em­pre­sa­rial de un país.

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