Catalanizar y desmadrileñizar España . Via La Vanguardia

Esta mujer, te gustara o no, pero hay que reconocer que es inteligente, lista y estrategica. La propuesta que hizo la semana pasada en Barcelona, no es baladi. Muy Unamunista , pero con sentido.Hay que tener bemoles por decir lo que dijo en Barcelona donde jugaba en campo contrario y luego regresar a Madrid y justificar ante los suyos, lo que dijo. Vale la pena leer el articulo sobre su conferencia en el Circulo Ecuestre y tambien el articulo de Jordi Barbeta, pues realmente a veces parece que España sea monopolio de Madrid y para nada.

Agui­rre pi­de una re­for­ma del Es­ta­do y “ca­ta­la­ni­zar Es­pa­ña”

La Vanguardia
20 de septiembre de 2013

Es­pe­ran­za Agui­rre lo­gró ayer un lleno es­pec­ta­cu­lar en el Círcu­lo Ecues­tre de Bar­ce­lo­na. Allí, ins­tó a aco­me­ter cuan­to an­tes una re­for­ma te­rri­to­rial que aca­be con el ca­fé pa­ra to­dos. Se­gún Agui­rre, hay que “ca­ta­la­ni­zar Es­pa­ña”.

Ha­ce jus­to un año que Es­pe­ran­za Agui­rre dio un pa­so atrás y de­jó la pre­si­den­cia de Ma­drid. Un ges­to que mu­chos in­ter­pre­ta­ron co­mo un adiós de­fi­ni­ti­vo a la po­lí­ti­ca. Cra­so error. La di­ri­gen­te po­pu­lar, li­be­ra­da ya de la car­ga ins­ti­tu­cio­nal, si­gue muy ac­ti­va y con ga­nas de ba­ta­llar. Así lo de­mos­tró ayer en un aba­rro­ta­do Círcu­lo Ecues­tre –el club de la Dia­go­nal tu­vo que ha­bi­li­tar tres de sus sa­lo­nes pa­ra dar ca­bi­da a los asis­ten­tes–, don­de no de­jó in­di­fe­ren­te a na­die: pro­pu­so re­fun­dar “a fon­do” el Es­ta­do au­to­nó­mi­co –lo que po­dría im­pli­car una re­for­ma cons­ti­tu­cio­nal– y vol­vió a Mi­guel de Una­muno pa­ra lla­mar a “ca­ta­la­ni­zar Es­pa­ña”,

Una idea que en su día plan­teó el fi­ló­so­fo bil­baíno y que ayer Agui­rre tras­la­dó a es­ta Es­pa­ña su­mi­da de nue­vo en una cri­sis eco­nó­mi­ca y te­rri­to­rial. Cons­cien­te de que su men­sa­je ha­bía cau­sa­do una mez­cla de per­ple­ji­dad y ex­pec­ta­ción en­tre los pre­sen­tes –que la aplau­die­ron en va­rias oca­sio­nes–, Agui­rre de­fen­dió que, en es­tos mo­men­tos de cris­pa­ción, es ne­ce­sa­rio ha­cer to­do lo po­si­ble pa­ra que en el res­to de Es­pa­ña se co­noz­ca y sien­ta co­mo pro­pia la his­to­ria y la len­gua ca­ta­la­na. Una ope­ra­ción que de­be­ría ser de ida y vuel­ta, ya que Ca­ta­lun­ya –di­jo– de­be­ría re­cu­pe­rar sin di­la­ción su “es­pí­ri­tu abier­to, em­pren­de­dor, em­pre­sa­rial y ol­vi­dar­se del in­ter­ven­cio­nis­mo de los po­lí­ti­cos”, y plan­tear­se de nue­vo li­de­rar Es­pa­ña.

En un dis­cur­so en el que no es­ca­ti­mó crí­ti­cas y re­pro­ches pa­ra to­dos, des­de el sis­te­ma edu­ca­ti­vo ca­ta­lán –al que con­si­de­ró cul­pa­ble de in­cul­car en los ni­ños ca­ta­la­nes una idea dis­tor­sio­na­da de Es­pa­ña–, a los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, pa­san­do por el PP –del que la­men­tó que no ha sa­bi­do ofre­cer un pro­yec­to “ilu­sio­nan­te y li­be­ral” pa­ra Ca­ta­lun­ya– y un Go­bierno que “no ha­ce pú­bli­ca las ba­lan­zas fis­ca­les” y no des­mon­ta con los nú­me­ros el “Es­pa­ña nos ro­ba”, Agui­rre de­fen­dió que la cri­sis de­be ser vis­ta co­mo “una opor­tu­ni­dad” pa­ra cam­biar aque­llo que no fun­cio­na en el Es­ta­do des­pués de tres dé­ca­das de Cons­ti­tu­ción. Y la pri­me­ra me­di­da, se­ña­ló, pa­sa­ría por abor­dar una re­for­ma “a fon­do” del Es­ta­do de las au­to­no­mías, que aca­be con el “ca­fé con le­che pa­ra to­dos” –¿re­fe­ren­cia al des­liz de Bo­te­lla– y del es­pí­ri­tu ori­gi­nal de la Car­ta Mag­na, “que re­co­no­cía las sin­gu­la­ri­da­des de Ca­ta­lun­ya”, y que el re­fe­rén­dum del Es­ta­tu­to an­da­luz de 1981 “per­vir­tió”.

“En­tien­do per­fec­ta­men­te que los po­lí­ti­cos ca­ta­la­nes se que­jen de que las co­mu­ni­da­des crea­das de la na­da quie­ran lo mis­mo que Ca­ta­lun­ya, ya que así no se re­co­no­ce la es­pe­ci­fi­ci­dad”, di­jo en su con­fe­ren­cia Mi vi­sión de Ca­ta­lun­ya, en la que des­ta­có sus “raí­ces per­so­na­les y pro­fe­sio­na­les con es­ta tie­rra”.

Agui­rre bus­có des­mar­car­se de la ho­ja de ru­ta de la Mon­cloa y la di­rec­ción del PP so­bre Ca­ta­lu- nya, co­mo lo vie­ne ha­cien­do en los úl­ti­mos me­ses des­de di­fe­ren­tes tri­bu­nas.

“En de­mo­cra­cia to­do se pue­de de­ba­tir, a mi no me es­can­da­li­za que al­gu­nos quie­ran con­se­guir la in­de­pen­den­cia, pe­ro siem­pre de­be ha­cer­se den­tro de la ley, y és­ta la prohí­be”. En es­te sen­ti­do, pro­pu­so a los de­fen­so­res de la se­ce­sión que bus­quen la ma­ne­ra y los apo­yos ne­ce­sa­rios pa­ra “cam­biar esa ley”. Pe­se a las pre­gun­tas de los asis­ten­tes, Agui­rre evi­tó ha­blar de las con­se­cuen­cias eco­nó- mi­cas pa­ra Ca­ta­lun­ya si aca­ba fi­nal­men­te rom­pien­do con Es­pa­ña, al con­si­de­rar que los sen­ti­mien­tos no pue­den apa­ci­guar­se con nú­me­ros y ci­fras. “Un hom­bre enamo­ra­do, cuan­to más le di­cen que su no­via es fea y po­bre más se enamo­ra”, di­jo.

En cuan­to al de­re­cho a de­ci­dir, di­jo que “pa­re­ce muy bo­ni­to y que­da muy bien, quién va es­tar en con­tra de él de for­ma ge­ne­ral, pe­ro es­te no exis­te en nin­gún país”. Agui­rre aler­tó que de­trás de es­te con­cep­to se es­con­de la se­ce­sión y un cho­que ins­ti­tu­cio­nal de des­co­no­ci­das con­se­cuen­cias. Ade­más, se pre­gun­tó iró­ni­ca­men­te si “en una hi­po­té­ti­ca re­pu­bli­ca­na in­de­pen­dien­te ca­ta­la­na” el go­bierno per­mi­ti­ría ejer­cer es­te de­re­cho “a un pue­ble­ci­to de Gi­ro- na, a Val d’Aran o a Sa­rrià”.

Sus crí­ti­cas, más o me­nos ve­la­das al Go­bierno, no se li­mi­ta­ron a Ca­ta­lun­ya. En el tra­mo fi­nal de su in­ter­ven­ción, ne­gó –sin mu­cho en­tu­sias­mo– que se es­té plan­tean­do vol­ver a dispu­tar el li­de­raz­go del PP, pe­ro se mos­tró muy ti­bia a la ho­ra de juz­gar el go­bierno de Ra­joy: “Ha­ce lo que pue­de”, di­jo con una me­dia son­ri­sa. Tam­bién lan­zó un pu­ya­zo a Mon­to­ro.

“Yo soy más li­be­ral y tien­do a ba­jar más los im­pues­tos que nues­tro que­ri­do mi­nis­tro de Ha­cien­da”. Por úl­ti­mo, re­cla­mó que el PP ce­le­bre elec­cio­nes pri­ma­rias y exi­gió mano du­ra con­tra la co­rrup­ción en tono au­to­crí­ti­co res­pec­to a la ac­ti­tud del PP con el ca­so Bár­ce­nas .

Copyright La Vanguardia Ediciones S.L. All rights reserved

Des­ma­dri­le­ñi­zar Es­pa­ña
Jor­di Bar­be­ta
La Vanguardia
22 de septiembre de 2013

Hay po­cas em­pre­sas del Ibex 35 que no de­pen­den del BOE y son las que no han sur­gi­do de Ma­drid sino de la pe­ri­fe­ria. La expresidenta madrileña Esperanza Aguirre ha reiterado la idea unamuniana de catalanizar España, de la misma manera –dijo– que el liderazgo del Barça ha catapultado a la selección española de fútbol hasta convertirla en campeona del mundo. Bueno, no hay que quitarle mérito a Vicente del Bosque, pero fue una evidencia que el combinado español adoptó el sistema de juego que había caracterizado al Barça de Guardiola. Es decir, la clave del éxito de España era el know-how del equipo catalán.
No está muy claro en qué consistiría catalanizar España. Nadie en Catalunya pretende que se hable el catalán en Valladolid, ni que Sergio Ramos se vista de azulgrana, pero aplicando la teoría del Barça con la selección, catalanizar España consistiría en aplicar el know-how catalán al funcionamiento del Estado y de la economía. Así que habría que empezar por el pactismo, que ha marcado a lo largo de los siglos la filosofía política catalana y, sobre todo, la primacía de la sociedad civil sobre el Estado. Una concepción político-social que ya se desprendía de las fórmulas de juramento de los nobles ante el rey hasta el siglo XVIII: “Nos que valem tant com vos, jurem davant vos que no sou millor que nos, que junts valem més que vós, i que us acceptem com rei i sobirà sempre i quan respecteu nostres llibertats i lleis, però si no, no”. Luego, la revolución industrial propició una estructura económica caracterizada por una tupida red de pequeñas y medianas empresas y una economía dinámica y abierta a la exportación.
Cabe pensar que cuando la lideresa madrileña propone catalanizar España debe referirse a ese espíritu emprendedor y resiliente de la sociedad catalana. Sin embargo observaremos que la gestión política de Aguirre no se caracterizó precisamente por fomentar el laissez faire: Endesa, Iberia, Cajamadrid, Bankia…. (También es verdad que la economía catalana siempre tendrá que agradecerle sus buenos oficios para impedir que la Caixa absorbiera Cajamadrid).
Sin lugar a dudas Aguirre ha sido un agente brillante de lo que César Molinas ( Qué hacer con España, Ed. Destino) ha denominado el “capitalismo castizo” que, a su juicio, “condiciona al poder político, consigue leyes a su medida y socializa pérdidas a través de los presupuestos generales del Estado”. Dos de cada tres empresas del Ibex 35 tienen la sede en Madrid, y todas menos dos o tres dependen del BOE o del mercado regulado. Ahí es donde se ejerce de verdad el derecho a decidir y nadie está dispuesto a transferirlo. Las grandes empresas que no viven del Estado, Inditex, Grífols, Mercadona, Mango… surgen de la periferia, nunca de Madrid. Así que probablemente la mejor manera de catalanizar España sea, dicho con todos los respetos, desmadrileñizarla.

Copyright La Vanguardia Ediciones S.L. All rights reserved

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s