Cancer y parasitos en la empresa: Comentario a articulo de Expansion

Leo en Expansion un articulo que me llama la atencion, no por lo novedoso, sino por lo obvio. La descripcion que hace de lo que el denomina oficina, yo la cambiaria por empresa. Todos estos parasitos, suelen tener antidotos y formas de erradicarlos. Algunos requieren tratamientos que pueden paliar la situacion y hasta reconvertirla , pero otros son insaciables y succionan todo lo que les cae a mano y deben ser erradicados del habitat donde anidan. Pero la peor especie no la ha citado Bustilllos en su articulo. Me refiero a los ” judas” aquellos que anidan, te dan palmadas, comen de tu mano, progresan y cuando menos te lo esperas, zas, tratan de acuchillarte por la espalda. Etos son los peores, porque no sueles detectarlos, son como las anguilas, escurridizos, se escabullen, siempre hacen trampas, en todo, mienten de forma compulsiva y su vida es eso, algo inexacto, inmaterial y que jamas sabes ni sabras si es cierto o no. Suelen ser los canceres mas malignos de cualquier empresa o entidad. No obstante, una vez detectados y descubirrtos, aunque son maestros en el arte de ocultarse y no dar la cara, hay que sacar el bisturi y luego aplicar la mejor quimioteria y radioterapia para que no quede ni una celula maligna. Estos parasitos suelen ser simbioticos con otros que son amorfos y hermafroditas. Estos otros,anidan y conviven solo bajo el manto de quien creen que domina el entorno y suelen ser cambiantes y facilmente adaptables a las nuevas situaciones. Son supervivientes a corto plazo, porque nunca se puede sobrevivir en entornos distintos a no ser que mutes y esto es ya un ciclo superior. Tenedlo en cuenta, empresarios, emprendedores, directivos, lideres de proyectos. Mas vale tomar una decision aunque duela a tiempo que esperar a resolverla pensando en la buena fe. Algunos especimenes son muy agresivos y peligrosos aunque suelen ser muy cobardes pues suelen ir siempre por detras, sin dar la cara jamas. Atencion a ellos.

Parásito: “Dicho de un organismo, animal o vegetal, que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo”. De esta manera describe la Real Academia de la Lengua una palabra con la que, lamentablemente, muchos profesionales están familiarizados porque en la fauna de la oficina hay especies de todo tipo y estos aprovechados no faltan.
Lo difícil es descubrirlos a tiempo. Si miras a tu alrededor observarás que estás rodeado de diferentes especímenes como el listillo, el pelota, el trepa, el mandón o el gruñón. Todos son tóxicos y pueden obstaculizar, de alguna manera, tu trabajo. Pero no todos sacan provecho de tu talento para colgarse medallas. Estos son los parásitos:
El trepa. Tiene poca empatía con sus compañeros, lo que le permite seguir con su actividad sin establecer vínculos. Sin embargo, no dudará en engatusar a algún colaborador para llegar a lo más alto, su única meta.
El mandón. Arquetipo egocéntrico que opina que su forma de hacer las cosas es la adecuada y no tiene en cuenta las de los demás. Si es un empleado piensa que si todo el mundo hace lo que él dice las cosas irán mucho mejor; si es un jefe, su incapacidad para escuchar a los demás le hará parecer despótico con sus subordinados.
El medallista. Es el parásito por excelencia. Intentará apropiarse para sí mismo todos los triunfos colectivos y todavía creerá que esos méritos que se adjudica son suyos.
El que nunca tiene la culpa. Se escuda en los demás y no duda en echar la culpa a sus compañeros. Es incapaz de asumir sus propios errores y teme el fracaso.
El agobiado. Éste es un parásito por accidente porque, aunque intenta ser eficaz y tener listo su trabajo, no maneja bien el tiempo ni el estrés y en muchas ocasiones sus compañeros tienen que asumir sus tareas. Además, puede contagiar su pésimo estado de ánimo al resto de la plantilla.
El despreocupado. Es aquel que relativiza las cosas. Algo que no suele llamar la atención en épocas de bonanza, pero que en momentos de crisis demuestra que no está a la altura de las circunstancias. Al final, su incapacidad obliga al resto de compañeros a cargarse con más trabajo.
El seductor. Sabe cómo utilizar a los demás para ahorrarse las tareas más incómodas. Este personaje lo hace de una manera tan sutil que son pocas las veces que no consigue lo que se propone.
El depredador. Este individuo no duda en utilizar mecanismos de dudosa ética para salvaguardar su puesto en detrimento del trabajo del resto. Es alguien poco comunicativo, individualista, reacio a la colaboración, políticamente correcto y gran escaqueador.

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