Barcelona 2013: El mundial de natacion ganado por la mujer

EL MUNDIAL DE LA MUJER

Escribia el pasado sabado en mi columna semanal en Marca, que este mundial, era el de las mujeres y realmente ha sido asi. La grandes marcas, las competiciones mas emocionantes y las gestas mas destacadas las han protagonizados las feminas. Solo en mi opinion, han habido dos excepciones por parte masculina que me han impactado. La primera, el nadador sudafricano Chad Le Clos que me ha parecido un nadador impresionante. Su victoria ante Phelps en Londres el año pasado, no fue un espejismo. Su clase y dominio en mariposa es brutal. Lastima que Phelps no hubiera seguido un año mas, pero me temo que habria sucumbido. La otra excepcion es la del brasileiro Cielo, que gano su tercera medalla de oro en los 50 libres en tres mundiales seguidos, tras un año muy dificil con graves lesiones. Sus lagrimas en el podio demuestran que son tan humanos como todos y que los exitos son fruto de enormes esfuerzos y sacrificios. Gracias a “vose”. Volviendo a las feminas, dire que han sobrepasado en sus gestas a los hombres y no solo las españolas. Me alegro de que Santi Segurola recogiera el testigo que le ofreci con mi columna del sabado apuntando a una de las pioneras de la natacion española y pionera de exitos internacionales cuyo camino ha culminado ahora en estos mundiales. Que sigan asi. Gracias chicas. Good job.

CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll 03/08/2013
BCN 2013, el Mundial de las mujeres
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Querido Alex, acabamos de regresar de Mallorca donde un año más hemos celebrado, con una regata espléndida y multitudinaria, el fin de curso de la escuela de vela de Fundación Alex y el Club de Vela del Puerto de Andratx, que cuenta con el apoyo incondicional del BBVA.
Sólo podemos dar las gracias a su presidente, Ginés Martínez Pina, a Juan Oliver, a Juanjo Beltrán y a su equipo de monitores por su magnífico trabajo y, por supuesto, a todos los alumnos por su tenacidad durante todo el año yendo a entrenar incluso contra viento y marea. Seguro que alguno de ellos irá a los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Mientras navegábamos, a pocos kilómetros quemaban cientos de hectáreas por la inconsciencia de unas personas, un drama ecológico que podía haberse evitado.
Este evento me ha impedido estar en el Mundial de Natación. Como ex nadador y barcelonés me siento orgulloso. Las protagonistas están siendo las mujeres, en especial en el equipo español. Ona Carbonell y el equipo de sincronizada han superado con sobresaliente la transición de Tarrés a Jaumà. Melanie Costa y su fantástica escalada al éxito, no exenta de enormes sacrificios y desalientos. Las guerreras del waterpolo con Jennifer Pareja y Anni Espar. Excepcional trabajo de Miki Oca y su equipo. Merche Peris, en espalda; Judith Ignacio, en mariposa; Bea Gómez, en el 4×200; Marina García, en braza… todas ellas finalistas.
Hace años hubiese sido inimaginable. Imagino lo que pensará Mari Paz Corominas, pionera en los Juegos de México 68. Una heroicidad. Quiero felicitar a Fernando Carpena, presidente de la Federación, por todo lo que está aconteciendo y a Barcelona por ser de nuevo capital del deporte. Una lástima que TVE no le haya dedicado más canales y prime time a este campeonato.
En fi Alex, una jornada més, una carta més a ple estiu. Aquest cop des d’Andalusia, a 40 graus. T’estimo, Alex.
@masfurroll

COROMINAS abrió el grifo
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Santiago Segurola • Barcelona
Mari Paz Corominas, entonces una chiquilla morena y nerviosa que acababa de cumplir 16 años, llegó a México con las naturales expectativas de una nadadora que había sorprendido por su precocidad. Fue un año mágico y terrible por muchas razones: decenas de estudiantes acababan de morir en la matanza de la plaza de las Tres Culturas. “El equipo se alojó en un hotel y no pudimos salir. Escuchábamos que habían muerto muchas personas y la Policía no nos permitía salir a la ciudad. Sólo pudimos recorrer México cuando comenzaron las competiciones. Todo lo que ocurrió en aquellos Juegos fue especial”, comenta Corominas (Barcelona, 1952). En su caso, México 68 la coronó como una de las grandes pioneras del deporte español.
Puede que su nombre no se cite con la frecuencia que se concede a Manolo Santana o Ángel Nieto, dos de las estrellas de aquella generación de los años 60. No ganó ninguna medalla, ni batió récords mundiales, pero su legado es igual de significativo. Corominas fue una de los dos mujeres que integró la delegación olímpica española en México. La estadística dice todo en estos casos: la nadadora del CN Sabadell y la madrileña Pilar Von Carsten representaron el 1,6% de todo el equipo olímpico español.
La cifra explica el estado del deporte femenino en España durante el franquismo y, por extensión, la situación social de la mujer. En los Juegos de Londres 2012, España estuvo representada por 114 mujeres, el 40,1 % de los 282 participantes en la delegación. Mari Paz Corominas recuerda aquel viaje: “Me acompañó Pilar Von Carsten, que era mayor que yo. Era como mi cuidadora. Era una época de prejuicios, pero lo recuerdo como aventura maravillosa”.
Una conquista histórica
No fue una presencia testimonial. Corominas fue séptima en la final de 200 metros espalda. En términos históricos significó una conquista considerable. La joven nadadora de Barcelona se convirtió en la primera finalista olímpica española en cualquier deporte. Han pasado 45 años desde entonces y Mari Paz Corominas lo recuerda con afecto, pero con toda la naturalidad. “Sí, ya sé que salgo en el trivial”, se sonríe.
Ha acudido a casi todas las jornadas del Mundial de natación, aunque no está vinculada con ningún organismo. Casada con un médico dermatólogo, es madre de tres hijos. “Me casé muy joven, con 21 años. Ya había abandonado la natación. Estudiaba Ciencias Económicas y no encontraba la manera de compaginar la universidad con el deporte. Había perdido un poco de fiebre por la natación, quizá porque nunca encontré una competidora en España que me empujara a mejorar mis marcas”.
La carrera de Mari Paz Corominas fue meteórica. Con 14 años participó, y con buenos resultados, en los Campeonatos de Europa de 1966. Dos años antes había comenzado a experimentar el desafío de la competición. “De niña estudiaba en la escuela Betania, que era muy avanzada para aquella época. En mayo y junio solían llevarnos los sábados a la antigua piscina de Montjuic para aprender a nadar. El último día prepararon una carrera y la gané destacada”.
Desde su participación en aquella intrascendente carrera escolar hasta su despedida en 1970, sólo transcurrieron seis años. “Dejé la natación con 18 años, después de los Campeonatos de Europa que se celebraron en Barcelona. Allí fui finalista en 800 metros libres y 200 metros espalda. Había pasado una temporada en la Universidad de Indiana, mejorando mi inglés y preparandome para estudiar mi carrera. Indiana era entonces la meca de la natación. En su equipo figuraba Santiago Esteva, que fue quinto en los 200 espalda en los Juegos de México. Impresionaban los nombres del equipo: Mark Spitz, Gary Hall Sr y John Kinsella, entre otros. Y al frente estaba Doc Counsilman, uno de los entrenadores más importantes de la historia. Un revolucionario de la natación”, añade.
A diferencia de Manolo Santana o Ángel Nieto, Mari Paz Corominas procedía de la alta burguesía catalana. Su padre poseía una factoría textil en Sabadell y era presidente del gremio de fabricantes. Posteriormente alcanzó la presidencia del Banco de Sabadell. “Éramos una familia numerosa, de seis hermanos. Siempre hubo apego por el deporte. Una hermana de mi padre había sido campeona de España de esquí. Solíamos ir a los Pirineos a esquiar y recuerdo los veranos en la Costa Brava, siempre en el agua”.
Una nadadora muy natural
“Mi padre habló con la gente del Club Natación Sabadell para que yo empezara a entrenarme. Me habían visto condiciones. Decían que era una nadadora muy natural. Enseguida me especialicé en la disciplina de espalda”, comenta. Su elección se vio facilitada por la presencia del legendario técnico holandés Kees Audigest, un entrenador que introdujo relevantes novedades en la natación española. En el Sabadell coincidió con nadadores inolvidables: el fondista Miguel Torres, María Ballester —participante en los Juegos de Tokio 64— y el gran Santiago Esteva.
“Había gente que se llevaba las manos a la cabeza. ¿Qué hace esa niña?, decían algunos. En algunos círculos, sonaba rarísimo. Por fortuna, mi familia nunca padeció este tipo de prejuicios. Mi madre me llevaba en su 600 a Sabadell, tres días a la semana”, recuerda Mari Paz. Fueron años vertiginosos. En el 66 participó con cierto éxito en el Europeo de Utrecht. Corominas rompía los récords de espalda uno tras otro. Pero sobre todo recuerda un día de calorazo en Madrid. “Se disputaba el torneo de las Seis Naciones en la piscina universitaria. El termómetro marcaba 39 grados. Hice la marca de mi vida: 1:09.5. Ahora parece poca cosa, pero entonces significaba el sexto mejor registro mundial”.
Mari Paz Corominas acudió a México 68 con aquella magnífica marca: “Llegamos pronto y eso nos ayudó a aclimatarnos a la altura. Cuando las pruebas pasaban de los 100 metros, el sufrimiento era enorme”. Considera que aquellos Juegos transformaron el deporte. “Fueron muy innovadores, el comienzo de una nueva época en el deporte. Cambió la tecnología. Por primera vez se utilizaron pistas sintéticas. Los cronometrajes en atletismo se medían en centésimas y no décimas. Y luego ocurrieron cosas portentosas”.
“Sí, íbamos al estadio olímpico para ver las pruebas de atletismo. La imagen que tengo más marcada es la de Tommie Smith, el ganador de la final de 200 metros, levantando el puño con un guante negro mientras sonaba el himno americano. ¡Madre mía! Sentí miedo, como si fuera a ocurrir algo”, rememora Corominas.
Aquella adolescente con los ojos bien abiertos destacó en los 200 metros espalda, a pesar de que había logrado su gran marca en la distancia inferior. “No me clasifiqué para la final de 100 metros, pero me encontraba bien. Logré un gran puesto en las series eliminatorias de 200 espalda. Aunque no pude ratificarlo en la final, el séptimo puesto tuvo mérito”.
Su breve paso por la Universidad de Indiana dejó en Mari Paz Corominas imágenes imborrables. “Llegué en invierno. La nieve cubría todo el campus. Los entrenamientos eran mucho más duros, más exigentes, aunque yo nunca hacía gimnasio, ni pesas. Como máximo un poco de goma”. ¿Qué sintió al coincidir con una leyenda incipiente como Mark Spitz, que venía destrozando récords mundiales desde 1966? “Era un nadador muy vago. No le gustaba entrenarse. Ahora me río porque no puedo olvidar al entrenador Counsilman golpeando el suelo con una cuerda o lanzando chorros de agua a Spitz para que se entrenara”.
Samaranch rompió tabús
“En algunos aspectos comenzaba a producirse un leve cambio. Gente como Samaranch fue muy importante para romper con los tabús relacionados con el deporte femenino”, señala. Sin embargo, las condiciones todavía no eran suficientes para convertir a Corominas en una nadadora de larga duración. “Abandoné con 18 años. Llegué a sumar récords de España en nueve disciplinas diferentes. Algunos se mantuvieron durante ocho y nueve años. Hasta la aparición de Silvia Fontana no se mejoraron mis tiempos en espalda. Lástima que no hubiéramos coincidido”.
Después de contraer matrimonio, se trasladó durante un tiempo a Estados Unidos. Regresó sin vínculos con la natación, aunque siempre ha mantenido una gran amistad con Miguel Torres, actual presidente del CN Sabadell, y Santiago Esteva, hacia el que no puede ocultar su admiración y agradecimiento. Participó como colaboradora en los Juegos de Barcelona y allí sintió que algo importante estaba cambiando en el deporte español. “Las mujeres comenzaban a aparecer en el deporte, a disputar finales, a ganar medallas”, dice con satisfacción. “La sociedad ha sufrido un cambio enorme. Y el papel de la mujer también”.
Corominas acude a la piscina una o dos veces a la semana. “Intento cuidarme, pero sin exageraciones”, agrega. Sin embargo, no logra evitar el espíritu competitivo. Su hija le anima a participar cada año en el travesía de Cadaqués, desde el cabo de Creus. “Son seis kilómetros que se me hacen muy duros, pero cada año vuelvo. En septiembre estaré allí de nuevo”. Ahora, desde su condición de aficionada a la natación, se entusiasma como Mireia Belmonte —“es una maravilla, ¿no te parece?”- y con el equipo femenino de waterpolo. “Son únicas, son únicas”, repite Mari Paz Corominas. Ella también. Ella fue la primera finalista del deporte olímpico español. Única de verdad.image

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