Ronaldinho: El hombre que trajo la felicidad al Barça. Via La Vanguradia

Creo que estas dos paginas que dedica hoy La Vanguardia a Ronaldinho son mas que merecidas. Este hombre trajo a Barcelona, la simpatia, el jogo bonito, la cercania, la alegria y ademas ganamos. Desde su llegada el Barça de la mano de Rijkaard, a quien tampoco hay que olvidar, pues parece que perdemos muy rapido la memoria, recuperamos no solo la autoestima, sino tambien la alegria, no por ganar que tambien, sino por como lo haciamos. Yo aun guardo los videos con las jugadas de ronnie pues es algo que dificilmente volveremos a ver. Ademas, creo que algo de culpa tiene en el progreso y aprendizaje de Leo Messi , a quien protegio y enseño. Gracias de nuevo Ronnie y mas gracias por haber colaborado en uno de los capitulos de mi libro #aprenderdelosmejores.

El hom­bre que tra­jo la fe­li­ci­dad
JUAN BAU­TIS­TA MAR­TÍ­NEZ CAR­LES RUI­PÉ­REZ Bar­ce­lo­na / Os­lo
La Vanguardia
28 de julio de 2013

Hace diez veranos el barcelonismo vio aparecer por la puerta de su historia a Ronaldinho Gaúcho, que el miércoles redondeó su currículum proclamándose campeón de la Copa Libertadores. El 21 de julio del 2003 el brasileño se presentó ante un público del Camp Nou deseoso de agarrarse a un rayo de esperanza tras varios años de descalabro en todos los terrenos. Había entrado una nueva directiva, con Joan Laporta al frente y Sandro Rosell como vicepresidente deportivo, pero la ilusión le llegó al aficionado cuando comprobó que con Ronaldinho cambiaría su estado de ánimo.
JULIO DEL 2003
1. El desembarco
El 20 de julio del 2003 Ronaldinho llegó al Estadi, bajó del coche y entró por la puerta de los servicios médicos. Tras pasar las pertinentes pruebas se asomó al Camp Nou y sentenció de forma espontánea: “Qué lindo, esta es mi casa”. Con él llegaron el gesto surfero, las cadenas con la letra R, una gran sonrisa y un sinfín de gestos técnicos que invitaban a pensar en un mundo mucho mejor para el equipo. Fue vitamina para el barcelonismo desde el primer instante y vivió, al día siguiente, lo que ahora ya es un clásico, pero entonces no lo era tanto, una presentación multitudinaria. Heredó el dorsal 10 de Riquelme. Empezaba la era de un genio. Lionel Messi compila el sentimiento de la plantilla: “Ronaldinho fue el culpable del cambio del Barça. El club estaba muy mal y el cambio experimentado con su llegada fue terrible”.
SEPTIEMBRE DEL 2003
2. El gol de la madrugada
Para poder contar con Ronaldinho y el resto de sus internacionales, el Barça tuvo la idea de atrasar la segunda jornada de Liga, el estreno en el Camp Nou del nuevo proyecto de Frank Rijkaard, más allá de la medianoche para que hubiese pasado el tiempo mínimo de descanso. El rival era el Sevilla y antes del partido se repartió gazpacho. Ya era 3 de septiembre. Y la ciudad descansaba tranquila en oscuridad. Hasta que a las 1.26 horas de la madrugada el Camp Nou explotó de alegría. El observatorio Fabra recogió unos registros equivalentes a los de un movimiento sísmico con nombre y apellido: Ronaldinho de Assís. Valdés sacó en lar- go con la mano para el brasileño, que lo hizo todo. Regateó a Martí, le hizo un caño a Casquero y desde 30 metros lanzó un chupinazo que batió a Notario tras tocar el travesaño. Un golazo. Una señal. Una brote verde. El cambio empezó con ese terremoto.
1 DE MAYO DEL 2005
3. Apadrinando a Messi
Los rondos en el campo de entrenamiento de la Masia se dividían entre canteranos y los extranjeros, que entonces eran las estrellas. Ronaldinho aceptó en su grupo a un chaval argentino de 17 años del filial. “Es un fuera de serie. Va a ser un número uno”, repetía Ronnie. Los genios se reconocen a primera vista y la intuición no le falló al que entonces era el icono del deporte rey. La asistencia de cuchara del brasileño para que Leo Messi marcase su primer gol al Albacete fue la mejor metáfora del traspaso de poderes que vendría más adelante. Una imagen vale más que mil palabras. Y tras el tanto, la estrella fue el primero en felicitar a la promesa. Lo llevó a caballito y lo aupó. Estaba designando a su sucesor. “Ronaldinho fue una gran ayuda”, admite ahora Messi. “No es fácil entrar en un vestuario tan joven y menos con mi manera de ser. Él me lo hizo todo más fácil. Tuve la suerte de vivirlo de cerca. Es una grandísima persona, que es lo más importante”.
MAYO DEL 2005
4. Hegemonía recuperada
Cuando Xavi Hernández y Carles Puyol, clásicos entre los clásicos, vuelven la vista atrás y repasan sus primeros años en el Barça lo que les viene a la memoria es una travesía del desierto, una época de derrotas, de polémicas, de desbarajuste. Páramo que se empezó a sortear con la llegada de Ronaldinho y que comenzó a lucir en forma de títulos el 14 de mayo del 2005 en el Ciutat de València contra el Levante. Aquella noche un 1-1 le sirvió al Barcelona para erigirse en campeón de Liga seis años después de su último alirón. Ronaldinho fue, junto a Samuel Eto’o, la clave de un equipo que tuvo que capear una plaga de roturas de ligamentos.
NOVIEMBRE DEL 2005
5. El Bernabeu a sus pies
Un señor de bigote de pie aplaudiendo. Un señor parecido a Vicente del Bosque en la tribuna del Bernabeu batiendo de palmas por un jugador del gran rival, Ronaldinho. Una imagen que dio la vuelta al mundo. El reconocimiento de Juan Sánchez, el Guin- di, reflejó la pleitesía que el balón rendía entonces a su número 1. Quizás aquel 19 de noviembre llegó a su cúspide. No en el sentido colectivo porque después conseguiría ganar la Champions y la Liga, pero sí como actuación individual. Dejó en el suelo una y otra vez a Sergio Ramos, metió dos goles, amargó a Casillas y ofreció un recital en el 0-3 del Barça. Eran sus mejores tiempos como jugador, aquellos que Edmilson resumía así: “Transmitía alegría, carisma, ilusión y felicidad. Nos decía ‘tú corre por mí que yo lo arreglaré y os ganaré el partido’”.
DICIEMBRE DEL 2005
6. Balón de Oro
Di Stéfano, Kopa, Eusebio, Charlton, Beckenbauer, Keegan, Platini y Cruyff. La crème de la crème

del fútbol mundial se reunió para aplaudir a Ronaldinho Gaúcho cuando ganó el Balón de Oro por delante, muy por delante, de Frank Lampard. Sólo había levantado una Liga, pero el impacto de su fútbol era planetario. Tras mucho predominio de táctica, el juego volvía a ser divertido, alegre, fantasía e ilusión. Y era gracias a Ronaldinho. Tenía 25 años y podía marcar una época. La historia le guardaba un sitio en el Olimpo. Y el Barça se había adelantado a su explosión. Lo disfrutaba cada semana. “Este premio no es sólo mío. Para mí es un orgullo llevar el nombre del Barça y de mi país lo más lejos posible”, compartió el galardón con sus compañeros de equipo y de selección. Fue su única pelota dorada pese a que quizás la del 2006, que se llevó Fabio Cannavaro, un defensa por haber conquistado el Mundial, también le pertenecía.
MAYO DEL 2006
7. Rey de Europa
El brasileño ganó su segunda Liga seguida, pero París, la ciudad de la que llegó al Barça, su primera escala en el continente, donde no pudo brillar con toda su luz, le tenía reservada una gran noche. Valdés salvó varias ocasiones de Henry y Ljunberg, que con el tanto de Campbell hubiera puesto el título demasiado cuesta arriba. Tras el descanso, Iniesta cambió el rumbo del partido, Eto’o y Belletti marcaron los goles y remontaron la final. Pero durante todo el partido el que aguantó al equipo, el que nunca le dejó bajar los brazos fue Ronaldinho. Tres temporadas necesitó el crack para conseguir un título que el club sólo había logrado una vez en más de cien años, en 1992. El Barça estaba en lo más alto de la Champions y Ronnie era el rey de Europa. Marcó en los octavos al Chelsea, anotó contra el Benfica en cuartos y asistió a Giuly en San Siro para eliminar al Milan y llevar al equipo a París, donde el romance entre Ronaldinho y el Barça llegó a lo más alto.
NOVIEMBRE DEL 2006
8. El espectáculo
Con Ronaldinho en el campo todo podía pasar. La vida podía ser maravillosa. Atraía la mirada de todo el mundo con sus jugadas. Era capaz de dejar boquiabierto al público. La afición le rendía gestos de adoración. Maestro del engaño, genio de trucos. Chutaba las faltas con folha seca el día de su cumpleaños. Enseñó la elásti
ca a Cuartero y a todos los niños. Se inventó la espaldinha para asistir a Giuly. Sentó a Nesta con una bicicleta para marcar. Nada lo podía parar cuando encaraba la portería. Se llevó por delante a Terry. El portero se esperaba la potencia y lo sorprendía con delicadeza. Admiró con un sombrero y una volea en el Sadar. O se sacó de la chistera una chilena inverosímil contra el Villarreal ante la mirada incrédula de Cygan. En la memoria siempre quedará que su último tanto fue otra chilena al Atlético en el Calderón.
FEBRERO DEL 2007
9. El declive
Después del Mundial del 2006, en el que Brasil no pasó de cuartos y en el que Ronaldinho no sobresalió, la estrella del 10 barcelonista fue decayendo. Lentamente primero, más rápido después. Ronaldinho empezó a encontrar más placer fuera que dentro del campo, y el vestuario, al ver que su líder se desconectaba, también se relajó. Un primer aviso llegó en la Supercopa de Europa del 2006, cuando el Sevilla propinó un repaso al Barça. Un segundo, en la final del Mundial de clubs, ante el Internacional de Porto Alegre. Citas de postín en las que el Gaúcho deambuló sobre el césped. La situación fue degenerando hasta que en febrero del 2007 Samuel Eto’o explotó en Vilafranca contra la falta de actitud del equipo, señalando a Ronaldinho. Al día siguiente se escenificó una reconciliación, pero ya nunca volvió a ser lo mismo. La última temporada de Ronnie fue la más triste. Cuando en la primavera del 2008 el Barça cayó en Old Trafford en semifinales de la Champions Ronaldinho llevaba 16 partidos sin jugar por lesión. Todos se acordaban de su magia. Pero nadie contaba ya con ella.
AGOSTO DEL 2010
10. La reconciliación
El día que Zlatan Ibrahimovic jugaba sus últimos minutos como barcelonista Ronaldinho regresó al Camp Nou para jugar el Gamper con el Milan. Con Rosell, clave en su fichaje, como presidente era el momento ideal para que el público tributara un homenaje a quien fue santo y seña del equipo. Así lo interpretaron la afición, el propio jugador y el Barça. A Ronaldinho le regalaron el trofeo. Un reencuentro redondo.

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