Carmen Mir: Una purista de la moda. By Charo Mora. Via Yo Dona

Carmen Mir, la purista. Por Charo Mora.

Los que la conocieron dicen que era perfeccionista, resistente a maratonianas sesiones de trabajo, discreta y con un fuerte carácter. Esto, unido a su amor por la moda, fue la llave que le abrió la puerta de la Cooperativa de Alta Costura Española. En este Olimpo de la moda, creado en 1940, pocas mujeres vieron imprimir su nombre en letras doradas. Ella sí.

Hija de un comerciante de tejidos de Manresa (Balsareny, 1903), la historia de Carmen Mir, desde que se iniciara en el oficio de modista, allá por los años 20 del siglo pasado, hasta desfilar en Washington y atender a su numerosa clientela en Houston en los 60, adquiere tintes de novela épica. Su vida estuvo marcada por la realidad de la posguerra, un escenario en el que todo estaba por hacer, y por su pasión por la moda desde la infancia: su primer traje de chaqueta fue un regalo para una amiga cuando todavía era adolescente. Y aunque su vocación estuvo clara desde el principio, le costó convencer a sus padres de que le permitieran probar suerte como modista en un piso que poseía su familia en Manresa. Fue la semilla de la que nacería una de las casas de costura con más prestigio de nuestro país.

Comenzar su oficio desde abajo le facilitó conocer los secretos de una profesión en la que los coetáneos de su época y los estudiosos del tema la reconocen como maestra. Tenía las herramientas necesarias. Fundó su firma en Manresa, en la década de los 40, y en 1948 se trasladó a Barcelona, donde obtuvo una extensa clientela. Allí abrió varias sedes, una de ellas en la Rambla de Cataluña (1952), y otra en la calle Provenza, a la que se trasladó en 1956 y donde trabajaron hasta 150 personas.

Bajo las lámparas de araña y los grandes espejos, sus creaciones desfilaban dos veces al año ante un público llegado de toda España. Y fue la clientela que se desplazaba desde Madrid la que «animó a Carmen a abrir tienda en la capital», según Elisa Lacambra, segunda de a bordo de la firma desde los 50, «un espacio que inauguró en esa misma época en la calle Velázquez y por el que pasó toda la ciudad».

Pero el reconocimiento no le llegó hasta 1964, cuando fue invitada a formar parte de la Cooperativa de Alta Costura Española. Su nombre se alineaba con el de los grandes: Pedro Rodríguez, Santa Eulalia, Pertegaz, Asunción Bastida, El Dique Flotante… Carmen ocupó el hueco que dejó vacante este último. Estar entre los elegidos le permitió salir al extranjero en los viajes que organizaba dicho organismo, creado para mostrar y promocionar la moda española más allá de los Pirineos. Una estrategia que «respondía a la política de lavado de imagen que el país llevaba a cabo en el exterior, en el que la moda comunicaba un espíritu de modernidad y avance», cuenta Josep Casamartina, responsable de la colección Antoni de Montpalau, una de las más importantes de Alta Costura española. Con la Cooperativa Carmen desfiló en Bruselas México, Sidney y EEUU, donde su trabajo tuvo un gran reconocimiento. Sachs y Bergdorf Goodman fueron algunos de los nombres que aparecieron en su lista de clientes.

Un éxito que, según Gabriel Masfurroll, nieto de Carmen e hijo de Elisa Lacambra, «pronto topó con el primer límite; la imposibilidad de producir las cantidades requeridas en los tiempos marcados por el mercado norteamericano en un momento en que los recursos en España eran escasos». «El detonante fue un abrigo del que le encargaron cien copias», puntualiza Josep Casamartina, «un objeto de deseo que puso a Carmen en el apuro de decir que no; sus prendas estaban hechas a mano, con mimo, y necesitaban tiempo.»

En 1952 llegó a la firma Elisa Lacambra, una joven de 18 años que pronto se convirtió en su mano derecha. Con ella desarrolló la segunda parte de la historia de la marca. «Fueron dos mujeres muy fuertes y grandes emprendedoras», explica Gabriel Masfurroll, «creativas, inteligentes y con visión empresarial en una sociedad de hombres en la que para salir del país aún necesitaban la autorización de sus maridos.» Se convirtió en la voz que conectó con las nuevas tendencias que transformaron radicalmente el estilo de la moda en los 60. Y la animó a emprender una aventura conocida como prêt-à- pórter, de la que terminó haciéndose responsable, ya que «Carmen se sentía más cómoda con la costura», como comenta la misma Elisa. Luego llegaron las colecciones de pañuelos, medias, gafas, su fragancia y la línea de hombre, en el más puro esquema de una marca global.

«Sus míticos pantalones ponían en valor cualquier tipología de cuerpo, añadiendo, compensando y redibujando sus líneas con el saber hacer de la costura y la modistería. No había dos iguales, se diseñaban según las curvas de cada clienta», afirma Josep Vidal, sastre de Carmen en los 60. Su sentido de la realidad se traducía en un estilo depurado en el que la comodidad formaba parte de la estética. «Era una moda muy realista y elaborada», dice Josep, «se hacía todo a mano.» Para Silvia Ventosa, conservadora del Museo Textil i d’Indumentària de Barcelona, «la modernidad y las líneas depuradas son los rasgos más notables de su estilo. Su trabajo muestra una de las claves de la tradición de costura española: el alto nivel de su artesanía.»

Balenciaga siempre fue para ella el gran referente, al que admiraba por su estilo arquitectónico. Hacia el Maestro, como se le conocía en el mundo de la moda, dirigió su mirada a lo largo de toda su carrera. También a sus discípulos: Givenchy, con el que cultivó una relación personal, y Courrèges, que dejó su impronta en la inspiración espacial y la apuesta por el blanco que hizo Carmen desde mediados de los 60. Es la época en la que Elsa Peretti diseñó joyas, brazaletes y cinturones pensados específicamente para sus creaciones.

«Fue una diseñadora que supo conectar con la sensibilidad de la calle, que se inspiró mucho en ella», comenta Francina, la mítica modelo que vivió en primera persona la moda de la época y que desfiló con piezas de Carmen Mir. No en vano la prensa de la época describió sus colecciones como las que mejor capturaban las tendencias del momento.

YO DONA.22 JUNIO 2013/37

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Un pensamiento en “Carmen Mir: Una purista de la moda. By Charo Mora. Via Yo Dona

  1. Casi podría apostar que el traje de Salomé del festival de EUROVISION,no lo hizo Pertegaz. Lo hizo Carmen Mir.Pregunten a la Familia, sobre todo a la Sra. Elisa Lacambra.

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