#labuenanoticiadeldia : Barcelona , marca de calidad

Tú a Bar­ce­lo­na, y yo a Bar­ce­lo­na
MAI­TE GU­TIÉ­RREZ
La Vanguardia
27 de abril de 2013

Barcelona era la última parada de una etapa vital. Aquella que está a las puertas de la treintena: lo de ser estudiante se acaba y las oportunidades para conocer mundo mientras te formas desaparecerán pronto. Con estas llegaron a la capital catalana Julie y Diana Verdugo, dos gemelas de Estados Unidos que eligieron la ciudad para cursar un MBA. Nacieron juntas, estudiaron juntas en la escuela, el instituto y la universidad; al acabar Ingeniería Industrial en Michigan trabajaron juntas en la misma compañía (GKN), formaron una empresa juntas (Gemela design) y decidieron recibir formación ejecutiva a la vez. “Barcelona era la combinación perfecta: una oferta educativa excelente y una ciudad fantástica para vivir”, recuerda Julie, que ahora trabaja para Adidas en Nueva York.

Julie había viajado a Barcelona en un par de ocasiones: “Me enamoré”, afirma. Y tuvo suerte, porque la ciudad aparecía como sede de algunas de las mejores escuelas de negocio del mundo en los rankings internacionales. “Miramos la clasificación que publica el Financial Times y enviamos la solicitud a varias escuelas europeas”, dice Diana, que ahora trabaja en una start-up alemana, Glossybox. En el ranking europeo, el Financial Times sitúa a la cabeza a Iese, y en los primeros puestos a Esade, Eada y el Instituto de Empresa en Madrid. Después de visitar las diferentes escuelas, Julie se decantó por Iese y Diana, por Esade. Por primera vez no estaban juntas en un proyecto, pero al menos compartían ciudad.
La marca Barcelona ha ayudado a que las escuelas de negocios, igual que otras instituciones, continúen atrayendo a estudiantes y profesionales internacionales. La imagen exterior de España está por los suelos, pero, de momento, no ha pasado factura a la proyección de la ciudad. “Al principio pensábamos que la crisis económica española nos iba a perjudicar, pero no ha sido así; la marca Barcelona es muy potente, cada vez más”, explica Glòria Batllori, directora de MBA de Esade. Nadie sabe muy bien a qué se debe. “Si alguien está haciendo una campaña de marketing sobre la capital catalana, le está saliendo muy bien”, bromea Batllori. En sus viajes, a Batllori siempre le hablaban del Barça cuando oían la palabra Barcelona. Ahora ya no. “La gente conoce la ciudad, es un valor en sí”, continúa.
En Iese preguntan a sus estudiantes qué razones los han llevado a escoger la escuela. “Entre las cinco primeras razones siempre aparece la ciudad; los alumnos internacionales valoran el estilo de vida, la cultura y las oportunidades que les ofrece Barcelona, sienten un atractivo muy grande”, indica Javier Muñoz, director de MBA en Iese.
Un MBA supone, para estos futuros ejecutivos, la última oportunidad de estudiar en el extranjero, con todo lo que eso implica. “Por eso buscan un buen lugar para vivir esta experiencia”, dice Batllori. Les gusta el tamaño de la ciudad, que ven muy cómodo, el clima, la playa, la oferta cultural y de ocio, las conexiones internacionales y las oportunidades para crear una empresa. “Encuentran que es un lugar perfecto, donde todo es fácil”, sigue Batllori. La imagen que se han creado de la ciudad no incluye los problemas que se encuentran día a día los ciudadanos autóctonos, y que tampoco son pocos.
Julie y Diana lo corroboran, aunque el primer año de MBA apenas tuvieron tiempo para disfrutar la ciudad. “Lo único que hacía era ir de mi casa a la facultad; este máster es muy exigente y siempre me preguntaba si realmente vivía en Barcelona”, comenta Julie. Ella se decantó por Iese porque encajaba más con su forma de ser. “Está más enfocado a la consultoría y las finanzas, y más estructurado”. En Esade, explican las dos gemelas, se da “más libertad al alumno, el máster es más flexible y hay más actividades paralelas”. “Hacen mucho hincapié en el trabajo en equipo, y la oferta de clubs de estudiantes era muy importante para mí, porque te permite trabajar más con los compañeros de clase”, dice Diana. Ambas empezaron en el 2010 y acabaron el MBA hace un año. Para ellas, acabó la última aventura como estudiantes y empezó la búsqueda de trabajo en serio. Fue relativamente fácil, explican.
Julie encontró un puesto en la delegación de Adidas en Alemania. A Diana le llevó algo más de tiempo, no por falta de ofertas, sino porque no quería “el típico puesto de graduado de MBA en una gran compañía”. Buscaba algo más pequeño donde poder desarrollar su carrera poco a poco. De Barcelona se fue a Alemania, un viaje común hoy en día en España, donde más de la mitad de los jóvenes están en paro y miles de ellos se han visto obligados a salir para encontrar trabajo.
En Alemania habían escuchado poco de las escuelas de negocio barcelonesas, señala Julie. “A algunos les sorprendía que hubiéramos elegido España para el MBA, no saben que la calidad de la formación aquí es excelente”, sigue esta gemela. Aún así, y pese a todo lo que se dice, ellas no encontraron demasiada diferencia entre la cultura de trabajo española y alemana –en Barcelona hicieron prácticas en varias empresas–.
Las ofertas siguen llegando a los MBA, pero con menos abundancia que hace unos años. Batllori explica que las grandes empresas aún contratan, también en España, pero ofrecen menos puestos. El vaivén económico también se nota en la procedencia de las ofertas de las grandes compañías. “Ahora llega más demanda de los países emergentes: Asia, principalmente Hong Kong y Singapur; Oriente Medio,

con Dubái a la cabeza, y América Latina, sobre todo Brasil y México”, explica la directora de MBA de Esade. Esto ha hecho que las escuelas de negocio también cambien la manera de enseñar. Los ejemplos prácticos que ponen a sus alumnos ya no están basados en una compañía situada en Barcelona, Berlín, Londres o Nueva York, sino en Seúl, Pekín o São Paulo.
Aunque también hay quien, al acabar el MBA, decide quedarse aquí. “El factor ciudad es tan fuer- te que algunos alumnos quieren quedarse a vivir y crean su empresa en Barcelona, son sobre todo start-ups de base tecnológica”, señala Muñoz. Julie y Diana prefirieron irse, pero tampoco descartan volver algún día. “La última noche en Barcelona o descubrir las fiestas de Gràcia con mis compañeros del MBA son experiencias que nunca olvidaré”, dice Diana, y le gustaría repetir. Ver una ciudad con ojos de extranjero siempre resulta fascinante, se construye una imagen romántica que ni la peor crisis económica parece erosionar.

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