#labuenanoticiadeldia: “Gonzalo, otro prodigio de la cirugia intrauterina”

Gon­za­lo, otro pro­di­gio de la ci­ru­gía in­tra­ute­ri­na

La Vanguardia
10 de mayo de 2013

Gonzalo tiene diez meses, y llora y charla sin problemas. Sus pulmones están perfectos, sus cuerdas vocales no tiene ninguna lesión, su tráquea está intacta y se deja hacer fotos con sus ojazos llenos de curiosidad. Es el protagonista de un logro mundial de la cirugía fetal llevada a cabo por el equipo Clínic-Sant Joan de Déu que dirige Eduard Gratacós.
Todo se pudo haber ido al traste hace catorce meses, cuando era un feto de 450 gramos con los pulmones agrandados hasta el triple de su tamaño y llenos de secreciones, y con el corazón oprimido a punto de fallo cardiaco. La tráquea tenía una membrana que la taponaba totalmente justo debajo de las cuerdas vocales. Una malformación poco común que detectaron los ginecólogos de su hospital de Cartagena. “Lo daban por perdido, sólo cabía abortar”, recordaban ayer sus padres, María José y Juan Francisco. Su doctora, Rocío López, se puso en contacto con Josep María Martínez, responsable de terapia fetal del Clínic. Y pensaron que podrían intentarlo.
El hospital de Cartagena autorizó la derivación y la pareja se trasladó a Barcelona. “El feto se estaba muriendo, era cuestión de horas, máximo 48”, apunta Martínez. Por la retención de líquido en los pulmones, por el corazón casi sin espacio. “Comprobamos que las cuerdas vocales estaban sanas, que la membrana que obstruía la tráquea era la única malformación visible. En la mitad de los casos, esta malformación se asocia a una alteración cromosómica y otros daños renales y cardiacos. Pero el feto lo tenía todo bien, salvo la membrana”.
El equipo de Gratacós llevaba años esperando ese caso ideal en el que estaban convencidos de que podrían dar un paso importante al utilizar la experiencia de nuevas técnicas diseñadas y experimentadas por esta unidad de dos hospitales. “La experiencia de 1.500 pacientes dentro del útero”. Y el de Gonzalo era ese caso. Durante dos horas estudiaron cómo mover al feto para colocarlo frente a ellos, por dónde entrar al útero y cómo acceder a una laringe con un milímetro de paso entre las cuerdas vocales y, tras pasar una curva, meterse en una tráquea donde las paredes son como un papel de fumar.
La operación duró 22 minutos. “De eso se trata, de minimizar al máximo la agresión a la madre y al feto”, aclara el cirujano. “Hay otros tres casos en la literatura científica sin éxito. Se llegó a la conclusión de que no era posible, de que no funcionaba, y prácticamente se desaconsejaba. Pero nuestra experiencia en acceder a la laringe fetal nos ha permitido intentarlo con posibilidades”, explica Gratacós.
Todo en esa cirugía es milimétrico. El hueco, los instrumentos y el margen de error. “Cualquier fallo podía romper literalmente al feto”. Lo que rompieron con láser, para que no sangrara, fue sólo la membrana que cerraba la tráquea.
Lavaron los pulmones, sacaron líquido. Poco a poco volvieron a su tamaño normal y todo su cuerpo se desinfló para seguir creciendo como si nada. “Todo había sido tan rápido que no nos dio tiempo a asimilar nada, sólo que podía suponer la vida de nuestro hijo”, explican los padres con un Gonzalo que no para en brazos. Ha empezado a experimentar qué es andar.
Y unos cuantos meses después nació en Cartagena. “Fue un parto normal”.

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