#labuenanoticiadeldia : Visto desde fuera by Alfredo Pastor . Via La Vanguardia

Leo el articulo del profesor Pastor y me entra una profunda satisfaccion. Por fin, alguien relevante no se sonroja por decir que a pesar de la situacion dificil en la que estamos viviendo, hay luz . Los latinos , muy dados a la ley del pendulo, tenemos enormes dificultades en encontrar el termino medio. Hace unos pocos años , estabamos en la locomotora del mundo. Ahora , nuestra autostima esta por los suelos y nos consideramos un pais casi tercermundista ( quizas ahi exagero..). Esta bien este articulo de Pastor donde nos expone la vision que tienen desde “fuera” de nuestro pais y de nuestro futuro. Leanlo por favor.

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Visto desde fuera, de Alfredo Pastor en Dinero en La Vanguardia

por Reggio el 5 mayo, 2013 en Derechos, Economía, Libertades, Política
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OPINIÓN

En estos momentos en que la desorientación y el desánimo parecen ser los sentimientos que nos dominan al pensar en el porvenir del país, tras esta larga crisis de la que apenas si entrevemos el final, una mirada desde la lejanía puede ayudar a poner las cosas en una perspectiva menos tétrica.

La presentación, en Pekín y en Hong Kong, del informe España, un país de oportunidades, encargado y dirigido por el Consejo Empresarial para la Competitividad, ante un auditorio de empresarios e inversores asiáticos reunidos gracias a la labor de nuestro servicio exterior, ha dado una ocasión de corregir el tono exageradamente pesimista de lo que se dice de nosotros por ahí, al recordar, no sólo lo conseguido en estos últimos años, sino las posibilidades futuras de nuestra economía, oscurecidas por el batacazo de estos últimos años.

La crisis nos ha obligado a abordar con urgencia dos problemas, el déficit exterior y la deuda, a la vez que el final de la euforia inmobiliaria volvía a poner de manifiesto nuestra incapacidad para crear puestos de trabajo de calidad en número suficiente.

Los dos primeros problemas eran de tal magnitud y eran tan pocos los instrumentos con que contábamos para resolverlos, que podía uno dudar de que saliéramos adelante. Pero hemos conseguido reequilibrar las cuentas exteriores hasta el punto de esperar un superávit al finales de este año, en un ajuste sin precedentes dentro de la zona euro.

El ajuste fiscal ha sido también de una magnitud desconocida en un entorno de recesión. La deuda total no ha dejado de crecer, pero a un ritmo cada vez menor, resultado en parte de un déficit en disminución y en parte del descenso de la prima de riesgo.

Por último, es probable que las medidas adoptadas en el terreno laboral hagan que resulte más atractiva la contratación y aumenten el empleo.

Así, es posible esperar que la economía deje de caer durante este año y que empiece a notarse una recuperación, que será muy lenta, impulsada sobre todo por el sector exportador, por la inversión en la industria exportadora y por un mercado inmobiliario algo más firme: en promedio, los precios de la vivienda han caído más de un 35% desde el 2007, cifra que coincide con el promedio de una larga serie de crisis en otros países.

Es probable, además, que nuestros acreedores, a la vista de nuestra buena conducta, nos permitan suavizar el ritmo del ajuste fiscal y dejen así un cierto margen para aliviar situaciones extremas producidas por la crisis, así como para terminar algunos trabajos de infraestructuras necesarios que la crisis ha interrumpido. Naturalmente, el precio de esos ajustes, en términos de desempleo, salarios y prestaciones sociales ha sido altísimo.

Digan lo que digan, hay que admitir que, a grandes rasgos, no había alternativa: el deudor está siempre a merced de sus acreedores, sobre todo cuando, como es nuestro caso, sigue necesitando dinero. Pero no ha sido en vano. El país ha demostrado capacidad y voluntad de adaptación; volvemos a ser considerados uno de los países que pueden seguir en el euro. Hay que conseguir ahora que esa pertenencia nos resulte menos incómoda.

No es exagerado concluir que nuestra economía ha encarado el camino de salida de la crisis, aunque, para muchos, los signos de recuperación tardarán en hacerse visibles. Esto no es una predicción, porque nuestra situación sigue siendo frágil mientras pese el problema de la deuda, porque en la eurozona persisten incertidumbres que no está en nuestra mano resolver, y porque el empeoramiento de la situación social no permite excluir del todo la posibilidad de ruptura, pero tampoco es un deseo sin fundamento.

Es en estas circunstancias cuando hay que pensar no sólo en el pasado –más de 50 años de crecimiento ininterrumpido– sino sobre todo en nuestro potencial. Las exportaciones son un componente muy sólido –el único, en este momento– de nuestra demanda agregada; han resistido mejor que algunos de nuestros socios los efectos de la crisis. Pero son más que eso: son la base de la estructura productiva que queremos para el futuro. Ya no exportamos sólo productos del campo y servicios turísticos. Al contrario, la mayor parte de nuestras exportaciones son hoy industriales, y nos indican cuál es el camino que seguir para resolver nuestro eterno problema del paro: lograr que todas las empresas del país sean tan eficientes como las que logran hacerse un lugar en los mercados mundiales.

Esta ha sido la brújula que ha guiado el desarrollo de los países del Este asiático, de Japón a la China. Este proceso nos permitirá crear puestos de trabajo adecuados a las aspiraciones y a la formación de los jóvenes y resolver de verdad –no sólo con medidas coyunturales como las reformas del mercado de trabajo– nuestro problema del paro. Esta combinación de saneamiento progresivo y de cambio paulatino de nuestra estructura productiva orientado por el mercado exterior es el mejor camino posible.

El mayor obstáculo para seguir ese camino es, en este momento, la lenta degradación de toda nuestra sociedad, que se manifiesta, entre otras cosas, en una convivencia cada vez más ingrata.

En el terreno político –el más visible pero no el único– cuesta entender, al mirar las cosas desde fuera, que los dos grandes partidos, que no tienen margen para proponer programas económicos o sociales muy distintos, se empeñen en desacreditarse mutuamente en lugar de aunar esfuerzos: ¡como si fueran unas elecciones, y no el futuro del país, lo que está en juego! Esta táctica de enfrentamiento se contagia hacia abajo, y provoca lo peor en momentos de peligro como este: la desunión.

El camino expuesto es posible, pero sólo a condición de que todo el mundo se proponga, como primer objetivo, lograr un país sólido y próspero. Si no es así, habremos de vivir con la conciencia de haber fracasado en un asunto muy importante, que estuvo en nuestras manos resolver.

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