Di Stefano y el Barça: La verdad jamas contada Via La Vanguardia

Los pa­pe­les del ca­so Di Sté­fano

La Vanguardia
25 de febrero de 2013

Hoy mismo la Hoja del Lunes publica en primera plana el acto de la firma [entrecomillado en el original] del traspaso de Di Stéfano del Millonarios al Madrid, como si esto fuera la firma del tratado de España con Estados Unidos, pongamos por caso. Lo curioso, repito, es que tal firma es papel mojado…”. Esta irrebatible conclusión sobre el polémico fichaje de Alfredo di Stéfano por el Madrid en el verano de 1953, que trastocó la historia del fútbol español y mundial, pertenece a una carta que el presidente de la Federación Española de Fútbol, Sancho Dávila, envió el 17 de agosto de 1953 a su superior, el delegado nacional de Deportes (DND) del gobierno franquista, el general Moscardó, conde del Alcázar de Toledo.
La recuperación de un dossier polvoriento de la secretaría general de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, correspondiente a su sección técnica y con el epígrafe “Asunto: Di Stéfano”, permite remachar con más fuerza si cabe las conclusiones que ya se desprendían de las investigaciones más profundas que se han realizado sobre el robo de Di Stéfano al FC Barcelona. Todos los tejemanejes político-deportivos y la actuación descarada de Santiago Bernabeu, el presidente del Real Madrid, y de su mano derecha, Raimundo Saporta, en este caso quedaron al descubierto en el libro El caso Di Stéfano, publicado en el 2006 y fruto de una paciente investigación de Jordi Finestres y Xavier G. Luque.
La documentación que ahora sale a la luz, localizada por los mismos investigadores con la colaboración del periodista británico Sid Lowe, añade un sello de oficialidad a las maquinaciones que impidieron que el Barça reuniera a Kubala y Di Stéfano y abrieron la puerta a la formación del mejor Madrid de todos los tiempos. Un club que en 1953 había conquistado apenas dos ligas y se convirtió en el rey del fútbol con cinco Copas de Europa consecutivas gracias a la incorporación del genial futbolista argentino y al potencial económico que obtuvo a partir de 1947 con la apertura del nuevo Chamartín.
El dossier de la Falange –organización de la que dependía el deporte español en aquellos momentos– es contundente. Incluye copias y originales, según los casos, de documentos relativos al asunto. Todo arranca con un telegrama del general Moscardó, que se dirige al ministro secretario general del Movimiento, Raimundo Fernández-Cuesta, hermano del fundador del diario deportivo Marca. Le ruega “encarecidamente” que apruebe una orden prohibiendo el fichaje de extranjeros “para evitar actitudes y situaciones incómodas”.
La medida, como otras muchas que se sucedieron en ese momento, estaba pensada para que los dirigentes del FC Barcelona renunciaran a sus derechos y los compartieran con el Madrid. Tuvo un efecto colateral, las protestas de otros equipos españoles que estaban negociando con futbolistas foráneos. En el dossier de Falange consta la instancia de Manuel Torras Ventosa, en representación del Espanyol, en la que “expone” el grave perjuicio que sufre el club en su negociación para incorporar al chileno An-

drés Prieto Urrajola y “suplica” una excepción para su caso. En términos similares, documento también recuperado, se dirige el Valladolid para salvar el fichaje de Carlos Ducasse, para el que, aclara, no hace falta “utilizar divisas”, pues este era otro de los puntos de presión sobre el FC Barcelona: el pago efectuado al River Plate de Argentina para el fichaje de Di Stéfano. Como se narra con detalle en el libro antes citado, el encargado del control de divisas, Alejandro Bermúdez (presidente del Instituto Española de Moneda Extranjera), se convirtió en directivo del Real Madrid poco después del final feliz (para los intereses blancos) de todo el caso.
Preocupado por el cariz que tomaban los acontecimientos y el cierre de fronteras decretado por Moscardó y el ministerio, el presidente de la Federación Española de Fútbol hizo una pausa en sus vacaciones y se dirigió por carta al delegado nacional de Deportes. En este documento que ahora sale a la luz, Sancho Dávila (destacado falangista, emparentado con José Antonio Primo de Rivera) explica a Moscardó que está siguiendo el asunto Di Stéfano “a través de la prensa” y que supone “que este es principalmente el que ha motivado su telegrama”. Pasa entonces a “explicarle sucintamente” el caso.
Dávila parte, como todo analista neutral del caso, del llamado pacto de Lima, que estableció que Di Stéfano jugaba en Millonarios de Bogotá de forma ilegal y debía regresar a River Plate como muy tarde el 15 de octubre de 1954. Explica luego a su superior que Millonarios “no puede traspasar a Di Stéfano a ningún club del mundo sin permiso de River Plate de Buenos Aires, que es el club al que debe volver el 15 de octubre de 1954”. Comenta que el jugador “parece supera incluso a Kubala” y que el Barça “parece que ha conseguido la conformidad de River a partir de octubre de 1954” (hecho plenamente documentado), “y el Madrid ha logrado la conformidad de Millonarios desde ahora mismo. Pero… ni Millonarios puede traspasar sin permiso de River (que no lo da), ni el River disponer del jugador para cederlo al Barcelona hasta octubre del 54”.
A pesar del embrollo, Dávila opina que “la cosa es muy sencilla” y apunta: “Nosotros tenemos comunicaciones de la FIFA que aclaran el camino”. El punto de vista debía ser muy simple, según explica el presidente de la Española, cuando sentencia: “Hoy mismo la Hoja del Lunes publica en primera plana el acto de la fir
ma del traspaso de Di Stéfano del Millonarios al Madrid… Lo curioso, repito, es que tal firma es papel mojado, porque no tiene en primer lugar la conformidad del River y después, la autorización de esta Federación Española…”.
El presidente de la Española consideraba “papel mojado” el contrato con el que forzaron al Barça a compartir primero y a acabar cediendo luego sus derechos, legales y efectivos, sobre Di Stéfano. Sin comentarios.
Sancho Dávila redactó esta carta el 17 de agosto. Apenas un mes más tarde los presidentes del Madrid y del Barça firmaban el pacto de la vergüenza (Di Stéfano jugará a años alternos en cada club) y posteriormente se produjo la dimisión en pleno de la directiva azulgrana y la cesión de todos los derechos al Madrid. Un asunto “tan sencillo” como decía Sancho Dávila –que dejó la presidencia meses después– se había convertido en el cambio de camiseta más descarado de la historia del fútbol. En el dossier de la Falange constan otros documentos, como la carta de Sancho Dávila a su camarada falangista y ministro Raimundo Fernández Cuesta para mantenerlo al corriente del caso. Le explica que acudirá al pleno de la DND “de finales de mes en San Sebastián”. Fue donde Moscardó remató la estrategia para arrebatar a Di Stéfano al Barça, coincidiendo con el veraneo de Franco en el palacio donostiarra de Ayete y los consejos de ministros que se celebraban en San Sebastián.

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Cartas a Alex : Atonito, preocupado pero esperanzado Via Marca

CARTAS A ÁLEX Gabriel Masfurroll 23/02/2013
Atónito, preocupado pero esperanzado
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Querido Alex, hoy interrumpo de nuevo mi saga de cartas sobre el génesis del Barça actual para comentarte algo que me llena de desazón. Vivimos momentos de enormes turbulencias, insatisfacción provocada por una crisis económica y social de incalculables consecuencias. Parecía que el deporte era ajeno, pero no. El mito del deporte como Olimpo del éxito y espejo donde aprender para luego aplicar en otros ámbitos de la vida, también se desmorona.
El deporte es parte del mundo real y también tiene su cuota negativa. Debe servirnos para aprender que, como en todo, los hay que lo hacen muy bien y triunfan, mientras que otros lo hacen con esfuerzo y sueñan con alcanzar el éxito, lo que les mantiene activos y en aprendizaje constante. También hay un rincón para los villanos, aquellos que hacen trampas para beneficio propio saltándose todas las reglas, los del todo vale, que alcanzan el éxito de forma falaz. Pero luego la caída es terrible. Como el propio país, ni éramos la bomba como nos creíamos, ni ahora somos tan malos como empezamos a creer.
Los casos de dopaje, fraude, violencia o mala gestión, tienen mucha visibilidad, pero en lo que a veces nadie repara, Alex, es que hay muchos deportistas que compiten y hacen deporte por vocación y porque disfrutan con lo que hacen. Quizás no sean Nadal, Gasol, Lorenzo, Xavi, Iker, Alonso o Iniesta, pero la práctica del deporte les hace sentir bien. Estos, querido Alex, son la mayoría, los que constituyen la base para que algunos triunfen y también los que deben erradicar a los zafios y miserables.
Esta clase media, en el más amplio sentido de la palabra, es el mundo real. Pasa lo mismo en todo el país. Ahora parece que todo el mundo obra mal. Hay enorme desconfianza y escepticismo en todos los ámbitos sociales y esto es grave y preocupante. Quizás más de la cuenta, pero hay que decir en voz alta que hay mucha más gente que hace las cosas bien y se esfuerza para luchar y sobrevivir en este brutal temporal.
Es cierto que si las cosas van mal y descubres que los tramposos siguen campando a sus anchas, te rebelas pues te sientes ridículo y penalizado, pero como dice mi querido amigo Juan Pedro “la justicia es quizás lenta, pero inexorable”. Somos mejores de lo que creemos y hay menos malos de lo que se quiere hacer creer. Lo fácil ahora es demonizar.
En el deporte es lo mismo. Lo que va mal a veces es porque el entorno te acorrala y tienes que lucharlo, pero si luchas, compites y lo haces éticamente, basado en unos buenos valores y rodeándote de gente buena y buena gente, al final tu objetivo se alcanzará. Quizá no seas un Top 10 pero estarás ahí y verás cómo te sientes feliz y recompensado. Pero, eso sí, hay que echar del circuito a los que incumplen las reglas, pero sin excusas. Porque en esto si somos buenos, en buscar e inventar excusas para incumplir cuando nos interesa para luego culpar a los demás por algo parecido.
Quiero alertar de algo que puede ser una bomba de relojería y espero no sea atómica. Vivimos en un caldo de cultivo ideal para que se ejerzan vendettas personales basadas en odios cainitas. El todo vale sirve también para denunciar a todo trapo al vecino, al amigo, al familiar y así se saldan cuentas pendientes. Mancha, que algo queda. La historia nos muestra cómo en etapas parecidas se empezó así y se acabó mal… Seremos capaces de hacer memoria, esta vez sí es histórica.
Volviendo al deporte, ejemplos los hay, y muchos. El fútbol es, por desgracia, el mejor escaparate. Seguro que nos vienen a la mente muchos casos. Pues bien, aunque parezca que el mal ejemplo cunde, no es así. Hay muchos más que cumplen las reglas y les va bien, que les irá mejor en el largo plazo y además dormirán bien como decía tu abuelo Gabriel.
T’estimo Alex i et trobem a faltar. Segur que de tu n’aprendríem molt.
@masfurroll

Regeneracion o Revolucion. Esta es la cuestion. Esta en nuestras manos. By Gabriel Masfurroll

Regeneracion o Revolucio. Juntos o separados esa es la cuestion: Hombre rico, hombre pobre, empresario, empleado, civico, incivico, servidor, ciudadano…

Nuestro querido mundo, y no me refiero a todo el planeta sino a la parte que los privilegiados llamábamos “mundo desarrollado” o mundo occidental, está sufriendo una de las peores crisis de los últimos lustros, si descontamos las terroríficas y trágicas guerras que asolaron Europa en el pasado siglo XX. Pues bien, esta crisis que empezó a mediados de 2007 en los EE.UU. con las casi olvidadas “subprimes”, se ha convertido en una enorme bola de nieve que nadie sabe cómo detener y mucho menos dónde acabará estrellándose. Parecía que la vieja Europa por fin había decidido renovarse, unirse y dejar los lastres y viejos egoísmos patrióticos que impedían el sueño de 1958 de Schuman y compañía sobre convertir la Europa de países en un verdadero estado a la usanza de los EEUU. Ahora acaba de encontrarse con la verdadera prueba del algodón.
¿Seremos capaces de superar los patriotismos ancestros y a la vez tener la inteligencia de asumir sacrificio todos, cada uno a su manera y en la medida de sus posibilidades, para no permitir que el proceso de la Unión se desmorone y acabe por los suelos?
El mundo ha cambiado y más que lo hará. Ahora, algunos de aquellos países hace años considerados como subdesarrollados, han tomado el mando y son los que crecen y generan riqueza. Cada uno muy distinto, a su manera e incluso con sistemas políticos y estructuras sociales controvertidas, pero con una tendencia a evolucionar en positivo, tanto económica como socialmente. Me refiero por supuesto a los famosos BRICS y también a otros países quizás no tan deslumbrantes, pero que ahí están, creciendo y progresando sin parar. Por nuestra parte, los llamados “paises desarrollados”, en especial Europa, seguimos desorientados y sólo gracias a la buena voluntad de algunos y a la habilidad de otros, se aguanta la debilidad, incapacidad e ineficiencia de los llamados PIGS. Fui uno de los primeros en sentirme ofendido por este epiteto, pero creo que hay que agachar la cabeza y reconocer que al mal general que sume al mundo occidental, en nuestro pais lo hemos hecho peor y asi nos va. Lo mas curioso, es que mientras el barco se esta hundiendo, en lugar de achicar todos el agua al unisono, solo observo casi harto, las criticas feroces de unos partidos a otros y tambien entre todos los actores de este patetico escenario socio, politico y economico en el que estamos inmersos. Pues bien, parece que nadie asuma ni un apice la culpa y se culpe al otro. Triste y esperpentico. Necesitamos arrimar el hombro y ponernos manos a la obra en lugar de pedir, reclamar y protestar todo y por todo.¿que se han hecho cosas mal? Por supuesto. ¿Que hay que pedir responsabilidades? Del todo, pero no entre partidos politicos porque el que este libre de culpa que tire la primera piedra y me temo , que pocas piedras volaran. ¿Que se han producido fuertes irregularidades en forma de corrupcion? Pues que actue la justicia que para esto la tenemos. Justicia si, justicieros, no y me temo que no vamos por buen camino. Ademas me temo que estan apareciendo tantos casos que se va a colapsar el sistema policial y judicial y muchos saldran de rositas. Otros lo haran porque me temo que como el chiste del dentista cuando el paciente agarra por sus partes al facultativo y le dice:¿ Verdad que no nos haremos daño , doctor? Pues asi…

Y ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, permítanme que salte a nuestra querida España. ¿Qué quieren que les diga que no se haya escrito ya, que no se haya divulgado o denunciado ya por todo el amplio abanico de medios que disponemos en este mundo actual? Pues bien, que sí, que somos uno de los PIGS. No hemos sido aún intervenidos oficialmente como otros,las malas lenguas dicen que ha sido gracias a la suerte, pero lo qu creo es que se esta descubriendo que toda Europa esta mal y deberia ser casi toda, con honrosas excepciones, intervenida.
¿Y que hacen nuestros gobernantes? Pues buscar todo tipo de formulas poco agradables para los ciudadanos. Recortes de servicios, subidas de impuestos asi como un largo etcetera de acciones a cual mas desagradables.¿ Y cuales son las alternativas? Pues me atreveria a decir que pocas, dificiles de aplicar y mucho mas a una ciudadania acostumbrada a vivir muy bien, a vivir como ricos sin saber que no lo eramos. Volver al mundo real es la gran labor que deberian realizar nuestros lideres, pero la pregunta es: ¿Hay alguien que realmente nos lidere, en quien confiemos nuestro presente y nuestro futuro? La siguiente pregunta es:¿Hay alguien dispuesto a sacrificar sus proximos 8 años para liderar la salida de la crisis , defender al cuidadano honrado y cumplidor y erradicar al que no lo es? A dia de hoy se me antoja dificil. Por esto, no tenemos a casi nadie que quiera hacerse con el timon de este barco errante y con fuertes vias de agua en su casco. El Prestige es un chiste comparado con ello.
¿Y cómo compensar esta imagen depredadora del Gobierno contra un Estado del Bienestar insostenible al que todos estabamos tan bien acostumbrados y tratar de no perder popularidad? Es como agarrarse a un clavo ardiendo. Pues desgraciadamente parece fácil a la vez que patetico. Nada más y nada menos que volver a la demagogia anticuada, desfasada y simplona de tratar de enfrentar a los mal llamados pobres y ricos . Perdónenme pero siento vergüenza ajena. En primer lugar, utilizar estos vocablos, me parece a día de hoy tan ridículo que debería darme risa si las circunstancias fueran otras. Pero lo que me da es pena, mucha pena y rabia porque es un intento desesperado de manipulación. O piensan que los ciudadanos estamos desesperados o que somos todos unos imbéciles.
Según parece, por lo que dicen los distintos medios, en España hay censados algo más de 3.000 ricos. Pues sabe que les digo señores del Gobierno, que si esto es así, después de tantos años de bienestar y generando riqueza, me parece un enorme fracaso. Pero añado, esta cifra no es cierta. Hay muchísima más gente con ingente cantidad de bienes que de un modo u otro no aparecen censados. Unos porque la legislación vigente se lo permite y aprovechan como hace todo hijo de vecino, “pobres” incluidos, para reducir su coste fiscal y no aparecer…. Y por otro lado, muchos más que defraudan al Estado de mil maneras distintas y se sabe y se permite ademas de la injusta diferencia devtrato fiscal que hay en Espaa entre distintas comunidades autonomas, algo que no tiene explicacion y que es anacronico a la vez que injusto¿O no? Conclusión. Decir que “ricos” (cómo debe gustar a algunos esta palabra….) hay muchos más, muchísimos más de los que se dice. Gracias a Dios, pues de no ser asi, el país sería un desierto económico y quieran o no, gracias a estos ricos el pais sigue funcionando porque gastan, consumen, invierten y trabajan. Si, si , digo que muchos de ellos ni se sienten ricos en el mal sentido de la palabra y si muy responsables y ademas trabajan y mucho, pues curiosamente parece que el epiteto trabajador corresponde solo a unos. Pues no. Con todo mi respeto a todo el mundo, trabajadores lo somos casi todos los que cada dia salimos pronto de casa y emprendemos en nuestros puestos de trabajo aquellos que tenemos el privilegio de tenerlos. Y solo trabajando y haciendolo con esfuerzo y generosidad pensando en el bien colectivo, conseguiremos crear riqueza y a su vez puestos de trabajo y de este modo recobrar el bienestar perdido. Queridos gobernantes, les recomiendo se paseen por nuestra geografía y comprueben “in situ” lo que les digo. Yo me ofrezco a darles una guía por dónde hacerlo y comprobarlo personalmente.
Pero además, déjeme que les diga una cosa más “Miren ustedes”, como les diría Don Felipe González, sepan que penalizando a los que más tienen, quedarán muy bien ante los que ustedes consideran y tratan como “descamisados” y con ello quizás consigan alguna simpatia, pero los “ricos”, guste o no, son los que consumen e invierten y si les sigue penalizando, culpando y amenazando se iran a otros paises donde si les recibiran con los brazos abiertos como sucede con la gente con talento y ganas de trabajar que emigran. Y aún más importante, muchos de ellos, son los que invierten y arriesgan su dinero para generar riqueza, algo que no hace todo el mundo. En España les llamamos emprendedores, palabra de moda que parece que es uno de las claves parasalvar al pais y la utilizamos por miedo a emplear la palabra real : empresario, palabra prohibida, demonizada y que tristemente casi nadie defiende. Por lo tanto, si se empieza a penalizarles, muchos se irán a otros lares (algunos ya estan invirtiendo fuera). ¿Y qué sucederá? Pues que con esta política fantasiosa de Robin Hood ,seguirán pagando los “ricos” honestos, los que sí declaran lo que de verdad tienen y no los que no lo hacen y seran penalizados una vez mas, pues parece que en España, se prima a los tramposos y se penaliza a los cumplidores. Es mas algunos, espero que pocos, de los que nos deberian administrar, parten y reparten el pastel pero de forma desigual y como empezamos a descubrir, algunos, para beneficio propio y a propio me refiero no a su partido que en algunos casos tambien, sino a su propio bolsillo. Son los mismos que luego nos amenzan con severas reglas si no cumplimos con nuestros deberes y obligaciones como ciudadanos. Que pena. Una vez más recomiendo patearse el pais y ver a algunos que se tildan como patriotas, paseándose por nuestros mares con barcos con banderas de conveniencia u otros enseres off shore, es decir que no pagan sus impuestos en su “casa” aunque artificiosamente presumen de ella. Pues bien, lo de siempre, “justos por pecadores”. Que paguen los que tienen y no invierten para crear riqueza y a los que tienen y sí invierten y eso es muy importante, ¡ayúdenles, caramba! Si alguien invierte y se juega su pecunio y mucho mas ahora, no le demonicemos, al contrario, ayudemosle e incentivemosle pues ahora mas que nunca, invertir y crear riqueza y empleo en nuestro pais es un acto de valentia, aunque parece que en España, ser inversor es un pecado y esta mal visto. Invertir y ganar dinero es pecado. ¿Esto tendra que ver con una mala interpretacion de nuestra religion? Espero que no, pero cosas veredes. Debes jugartela, correr enormes riesgos, ir contra corriente, sentirte maltratado porque todo son pegas y trabas y luego, debes excusarte si te ha salido bien por haber tenido exito. Asi no iremos a ninguna parte. Algunos solo quieren que los demas paguen muchos impuestos para que terceros los administren a su libre albedrio ( que facil es gestionar y administrar el dinero de los demas…) y si sobra algo, que vaya a mi butxaca…..que hay bastantes mas de las que creiamos que se han llenado de forma ilicita. Veremos si hay justicia…
Y así, tantas cosas más. Pero ojo, que estas prácticas defraudadoras no sólo los “ricos” las utilizan, para nada. Baje usted a la arena del circo de verdad y lo comprobará. Y ya se sabe, muchos pocos hacen un mucho y no me sirve que busquemos excusas para unos y exculpemos a otros, que esto vuelve a ser populista, demagogico, poco ejemplar y nada pedadgogico. Déjeme para finalizar que les diga, que lo que se trata es que todos volvamos de “Wonderland” en donde hemos estado viviendo demasiados años, nos demos cuenta de que estamos de nuevo en el Mundo Real y nos pongamos las pilas. Es decir, hay que apretarse el cinturón. Trabajar más y mejor. Dejar de vivir de la subvención y el subsidio pues ya no llueve dinero del cielo como paso en los ultimos 20 años cuando España recibio mas de 100.000 millones de euros de Europa. Los que puedan, deben invertir y emprender proyectos en nuestro país para volver a generar riqueza y aprovechar el “expertise” y “know how” que hemos creado durante estos años, que es mucho y bueno, y que aún es muy apreciado en otros países. De hecho, por suerte, algunos de estos a los que usted llama “ricos” están ‘haciendo país’, jugándose sus euros por estos mundos de Dios y si no, pregúntele ustedes a nuestros embajadores que por suerte ayudan y apoyan más de lo que la gente sabe o cree.
Olvidarse del pasado y mirar con realismo el presente, soñando con un mundo mejor para las nuevas generaciones y desde el Gobierno del Estado, desde la Oposición, desde los distintos Gobiernos Autonómicos, Municipales, Sindicatos, Patronales, etc. Debemos unir esfuerzos para dar un mensaje homogéneo y, o vamos todos de la mano, o la crisis nos devorará sin miramientos. Es la hora de aparcar egoísmos y ser generosos. Es un ejercicio muy difícil porque es contra natura, pero así, sólo así, conseguiremos salir de esta tormenta sin que el barco zozobre. ¡Ah y aquellos que no sirvan como “servidores publicos” , aquellos que han confundido que servir al pais no es quedarse con parte de el, o aquellos que no sirven, que se vayan a sus casas y den paso a gente joven y con ganas. Son demasidos años viendo las mismas caras y escuchando las mismas cosas. Regeneracion total que ya toca, pues si no hay regeneracion, habra, revolucion y esto puede ser muy grave pues ahi siempre sufren los mas inocentes.
Mi última recomendación con toda la humildad y buena fe. Deberíamos ser capaces entre todos, pero fundamentalmente desde las distintas Administraciones del Estado, de hacer pedagogía para que la ciudadanía entienda que esto es muy serio y que, de no tomar medidas serias y esto pasa por un ejercicio personal de cada uno de nosotros, de cada ciudadano, este país nuestro, sufrirá y sufriremos más de lo que nos imaginamos. Debemos enseñar y hacer entender en especial a los más jóvenes, que aquel mundo en el que han crecido ya no existe y que sólo con la cultura del esfuerzo y el sacrificio podremos recuperar el bienestar perdido. Y, por favor, olvídense de separar a la población demagógicamente porque esto puede llegar a provocar situaciones graves, incontroladas e imprevisibles pues más de un loco puede creerse legitimado para realizar acciones peligrosas. Quien juega con fuego acaba quemándose. Está en nuestras manos, ahí está nuestro reto y con ello termino, solo unido, juntando esfuerzos y con generosidad mutua de unos y otros, si, si de unos con los otros, silo asi podremos volver a conseguir un mundo mejor que jamas sera perfecto, pues los humanos no lo somos, pero con buena voluntad y buena fe, podremos conseguirlo. ¿ Seremos capaces?

La salud de la sanidad española: Realicemos su anamnesis Via Expansion by Gabriel Masfurroll

La salud de la sanidad española: realicemos su anamnesis
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Hace algo más de 30 años, la casualidad o el destino me llevaron al sector sanitario en donde he desarrollado casi toda mi carrera profesional. He vivido hitos y crisis importantes, he conocido a profesionales relevantes y he aprendido de y con ellos. También he comprobado cómo era eso de no llegar a fin de mes… Todo ello me permitió madurar y conocer en profundidad qué pasa dentro de este mundo tan complejo como es el sanitario.
La salud es el bien más valioso que cualquier ser humano tiene, sin el cual lo demás no vale nada. Cuando alguien pierde su salud y debe convivir con la enfermedad, además del hándicap físico que ello supone, el estrés psíquico suele ser igual de duro y te enfrentas a todo en inferioridad de condiciones.
Es por ello que es crucial que nuestras instituciones sanitarias funcionen adecuadamente. Nuestros centros, hospitales o ambulatorios, universitarios o no, pequeños o grandes, con investigadores o puramente asistenciales, deben funcionar bien y para ello, necesitan los recursos adecuados. Por recursos adecuados me refiero a los necesarios, tanto a nivel de personas como financieros y tecnológicos, pero eso sí, deberán ser gestionados de forma eficaz y no pensando que alguien proveerá. El dinero no cae del cielo.
Ante la falta de recursos actual se plantean nuevas fórmulas. Algunos le llaman privatización. ¿Y eso qué es? Pues según parece, traspasar la gestión de los mal llamados hospitales públicos a empresas privadas. ¿Y eso es malo? Y, ¿por qué es tan denostado y atacado? Yo personalmente considero que los hospitales mal llamados públicos (solo si se refiere a la titularidad lo son) deben ser gestionados como cualquier otro, es decir, con profesionalidad y por expertos en la materia como todo en la vida.
Estos hospitales que algunos reclaman como propios, perdón, públicos, están financiados con el dinero privado, el de todos los ciudadanos que pagamos impuestos que quieren que este pecunio sea gestionado adecuadamente, es decir muy bien y no como hasta ahora donde parte de los recursos públicos se han evaporado de mil maneras distintas, algunas de dudosa ética.
La estúpida dicotomía entre público y privado es una desfasada discusión que hace más de 30 años que no dejo de escuchar. De lo que se trata es de que los centros estén bien gestionados, con eficiencia, algo que hoy en día significa tener que trabajar más y tratar de hacerlo mejor y para ello las instituciones deben estar bien gestionadas, da igual quién, lo importante es cómo: con eficiencia, sentido de la responsabilidad, con vocación de servicio y muy conscientes de que los recursos son limitados y por desgracia, la demanda casi infinita. Debe gestionar quien lo haga bien y punto, pues son nuestros impuestos y nuestra salud.
Gestionar un hospital es según el que fue gran gurú norteamericano Peter Drucker, el oficio de dirección más difícil que existe. Es por ello que ante la situación actual, de síntomas de enfermedad de nuestra sanidad, alguien debería realizar con este sector, lo que los médicos denominan anamnesis, palabra procedente del griego que significa “traer a la memoria”. Hagámoslo con nuestra sanidad, con confianza, respeto mutuo y sinceridad.
Mostrar interés por el paciente (la sanidad); no juzgarlo de antemano; trato amable y ser modesto en el proceso; saber escuchar, observar, preguntar para finalmente integrar; ser perseverante y paciente; utilizar un lenguaje sencillo y realizar la anamnesis en un ambiente cómodo y confortable, libre de interrupciones y en silencio. No olvidemos que “una buena anamnesis representa la mitad del diagnóstico” (Korner).
Quizás en un próximo artículo trate la exploración física y diagnóstica necesaria y complementaria para llegar a una hipótesis y así finalmente alcanzar el diagnóstico definitivo y con él, aplicar primero el tratamiento adecuado y eficaz, luego la rehabilitación requerida para que finalmente se realice la integración social que nos permita volver a la normalidad.
Éste es el proceso que necesita nuestra sanidad. Apliquemos los protocolos médicos de siempre, los que funcionan y erradiquemos las demagogias anticuadas y obsoletas e intereses particulares. La salud está por encima de todo lo demás y a los ciudadanos, especialmente a los que sufren la enfermedad, les importa un pito las confrontaciones y disputas que día a día vivimos en nuestro país. Lo que quieren y más desean, es poder acceder a sus centros asistenciales, a sus profesionales y ser atendidos con prontitud y eficacia para poder recuperar su bien más preciado, es decir, curarse.
España tiene magníficos profesionales y espléndidas instituciones, pero los recursos que los alimentaban han menguado considerablemente. Ahora toca ser creativos, ingeniosos y trabajar duro. En esto somos buenos. Solo así mejorará la salud de nuestra sanidad y por ende, el bienestar de nuestros ciudadanos.
Fundador de Wings4Bussines

Parrafo sel libro “Atlas Shrugged” by Ay

El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum,
más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de
Ayn Rand. Falleció en marzo de 1982.

Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es
“Atlas Shrugged”,
traducida al español como
La rebelión de Atlas.

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes, sino con favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias y no por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
AYN RAND (1950)

Fracasar para tener exito by Antonio Orti Pasamontes en La Vanguardia

Recomiendo la lectura de este articulo publicado hace unos dias en La Vanguardia. “Fra­ca­sar pa­ra te­ner éxi­to” . Destinado fundamemtalmente a emprendedores.
Tex­to An­to­nio Or­tí Pa­sa­mon­tes re­cuer­da el li­bro Fue­ras
La Vanguardia – ES
12 de enero de 2013

Des­de el 2010, Fin­lan­dia ce­le­bra ca­da 13 de oc­tu­bre el Day for Fai­lu­re, el día del fra­ca­so en el que em­pre­sa­rios, ci­neas­tas, de­por­tis­tas, es­cri­to­res… se van tur­nan­do en la ta­ri­ma y ex­pli­can las ra­zo­nes por las que su pro­yec­to no lle­gó a fun­cio­nar. Pue­de tra­tar­se de Jor­ma Olli­la, el an­ti­guo pre­si­den­te y di­rec­tor eje­cu­ti­vo de No­kia, o de Tino Singh, un mú­si­co de funk-soul que nun­ca lle­gó a ser res­pe­ta­do co­mo un ar­tis­ta se­rio –la au­dien­cia no de­jó de re­la­cio­nar­lo con un pro­gra­ma te­le­vi­si­vo Pass­port and tooth­brush (pa­sa­por­te y ce­pi­llo de dien­tes) en el que ac­tua­ba– y que de­ci­dió ter­mi­nar su ca­rre­ra de mú­si­co y pro­bar con al­go nue­vo al aper­ci­bir­se de que “ha­bía más gen­te so­bre el es­ce­na­rio que en el lu­gar des­ti­na­do al pú­bli­co”. El ob­je­ti­vo de es­ta y otras ci­tas si­mi­la­res que pro­li­fe­ran en una trein­te­na de paí­ses es cam­biar la cul­tu­ra del fra­ca­so, de tal mo­do (se­gún se lee en el ma­ni­fies­to de la ci­ta fin­lan­de­sa) que na­die ten­ga ver­güen­za de ha­ber fra­ca­sa­do y que­de pa­ra­li­za­do por el mie­do. Ya lo di­jo Lenny Leo­nard, el per­so­na­je de Los Sim­pson que tra­ba­ja jun­to a Ho­mer en el sec­tor 7G de la cen­tral nu­clear de Spring­field: “To­do el mun­do pue­de equi­vo­car­se. Por eso los lá­pi­ces vie­nen con una go­ma en el ex­tre­mo”. “Fra­ca­sar –in­ter­vie­ne Mert­xe Pa­sa­mon­tes, psi­có­lo­ga que ha tra­ta­do es­te te­ma en va­rios de sus li­bros– no es más que in­ten­tar al­go y que no sal­ga tal co­mo se ha­bía pre­vis­to. Así que fra­ca­sar es con­sus­tan­cial al ser hu­mano. Fra­ca­sa­mos des­de que, sien­do muy pe­que­ños, in­ten­ta­mos apren­der a an­dar a ba­se de caí­das. ¡Pe­ro no por eso de­ja­mos de in­ten­tar an­dar has­ta con­se­guir­lo!”, ex­cla­ma. Tam­bién fra­ca­sa­mos al aca­bar un ma­ra­tón en un tiem­po su­pe­rior al pre­vis­to, al enamo­rar­nos de al­guien y no ser co­rres­pon­di­dos y en cual­quier otro ám­bi­to de la vi­da, aun­que el fra­ca­so por an­to­no­ma­sia sea el em­pre­sa­rial, al­go ló­gi­co cuan­do la eco­no­mía se ha con­ver­ti­do en la nue­va re­li­gión del si­glo XXI .Y por qué unas per­so­nas tie­nen éxi­to y otras no (Tau­rus) en don­de Mal­colm Glad­well es­tu­dió ca­sos fa­mo­sos de triun­fa­do­res (des­de los Beatles has­ta Bill Ga­tes) y cal­cu­ló que pa­ra lle­gar a la maes­tría en cual­quier par­ce­la de la vi­da se pre­ci­san unas 10.000 ho­ras de prác­ti­ca, es de­cir, unas 20 ho­ras se­ma­na­les du­ran­te diez años. Se­gún ex­pli­ca la psi­có­lo­ga, des­de la lla­ma­da psi­co­lo­gía po­si­ti­va se ha lle­ga­do in­clu­so a pro­po­ner sus­ti­tuir la pa­la­bra fra­ca­so por feed­back o apren­di­za­je en el con­tex­to de una épo­ca don­de triun­fan eu­fe­mis­mos pa­re­ci­dos pa­ra re­fe­rir­se a la cri­sis eco­nó­mi­ca o a la po­si­bi­li­dad de un res­ca­te fi­nan­cie­ro, lo que lle­vó a la re­vis­ta Ti­me a iro­ni­zar so­bre es­te fe­nó­meno el pa­sa­do 9 de ju­nio en un ar­tícu­lo ti­tu­la­do “Tú di­ces to­ma­te, yo di­go res­ca­te”. Sus­ti­tuir fra­ca­so por apren­di­za­je bus­ca­ba im­pe­dir que la gen­te nor­mal y co­rrien­te pien­se que “errar nos ha­ce im­per­fec­tos, cuan­do lo úni­co que nos ha­ce es hu­ma­nos”, re­cuer­da Pa­sa­mon­tes. En reali­dad, fra­ca­sar, en su más am­plia acep­ción, es­tá dan­do pa­so a una gran pro­duc­ción in­te­lec­tual: fra­ca­san los em­pre­sa­rios, los tra­ba­ja­do­res que son des­pe­di­dos, las per­so­nas desahu­cia­das de sus pi­sos, fra­ca­san los hi­jos de mu­chas fa­mi­lias que no ha­llan tra­ba­jo y pier­den la mo­ti­va­ción pa­ra es­tu­diar y fra­ca­san, por en­ci­ma de to­dos, los po­lí­ti­cos que de­be­rían de im­pe­dir­lo. Así las co­sas, el mun­do se es­tá en­co­men­dan­do a que sur­ja una ge­ne­ra­ción de em­pren­de­do­res, si­mi­lar a la que apa­re­ció en Si­li­con Va­lley, en la bahía de San Fran­cis­co (EE.UU.), en la se­gun­da mi­tad del si­glo XX. Pe­ro, cla­ro, en me­dio de es­ta cri­sis eco­nó­mi­ca, la pri­me­ra lec­ción es la po­si­bi­li­dad de fra­ca­sar y la ne­ce­si­dad de le­van­tar­se y em­pe­zar de nue­vo, en vez de per­sis­tir en el error. En el li­bro ¿A qué es­pe­ras pa­ra fra­ca­sar? (Lid), Ri­car­do Cor­ti­nes cuen­ta to­do lo que ha apren­di­do del fra­ca­so. El au­tor era un em­pren­de­dor que en el 2004 de­ci­dió su­bir­se al ca­rro de la pro­mo­ción in­mo­bi­lia­ria, lo que en el 2007 le con­de­nó a la rui­na “por –re­co­no­ce– el de­li­to de im­be­ci­li­dad con agra­van­te”. Lo pri­me­ro y prin­ci­pal es que su fra­ca­so se lo ga­nó a pul­so por ha­ber ig­no­ra­do una se­rie de se­ña­les inequí­vo­cas. “Aun­que la suer­te cum­ple una ines­ti­ma­ble fun­ción te­ra­péu­ti­ca, la cul­pa fue mía. Nor­mal­men­te, cuan­do te­ne­mos éxi­to, por lo ge­ne­ral pen­sa­mos que la suer­te no ha in­ter­ve­ni­do, que la cau­sa de ese éxi­to he­mos si­do no­so­tros, nues­tro buen ha­cer. Sin em­bar­go, cuan­do fra­ca­sa­mos pen­sa­mos que no­so­tros no he­mos te­ni­do na­da que ver y nos in­ven­ta­mos un ca­be­za de tur­co, un fan­tas­ma al que lla­ma­mos suer­te –o ma­la suer­te– y al que no le im­por­ta car­gar con las cul­pas”, re­co­no­ce es­te li­cen­cia­do en De­re­cho. Su se­gun­do gran ha­llaz­go fue que des­pués de fra­ca­sar se es más sa­bio que con an­te­rio­ri­dad, tal co­mo cons­ta­tó en su día Ma­rilyn Vos Sa­vant, una es­cri­to­ra es­ta­dou­ni­den­se fa­mo­sa por ser ofi­cial­men­te la per­so­na con el ma­yor coe­fi­cien­te in­te­lec­tual del mun­do, al se­ña­lar: “La de­rro­ta es pa­sa­je­ra. Es la clau­di­ca­ción lo que la vuel­ve per­ma­nen­te”. El pro­pio Cor­ti­nes es el me­jor ejem­plo: en lu­gar de hun­dir­se, hi­zo ta­bla ra­sa con su fra­ca­so em­pre­sa­rial y em­pe­zó su re­mon­ta­da vi­tal, pri­me­ro es­cri­bien­do.

Los osos ya no co­men sal­món (Lid), lue­go con­vir­tién­do­se en con­fe­ren­cian­te, más tar­de par­ti­ci­pan­do en el pro­gra­ma ra­dio­fó­ni­co Triun­fa­do­res que emi­te Pun­to Ra­dio y aho­ra ayu­dan­do a ex­pan­dir la em­pre­sa de mo­da pa­ra ni­ños de su mu­jer. “Fra­ca­sa­do –ano­ta Cor­ti­nes en la pá­gi­na 139 de ¿A qué es­pe­ras pa­ra fra­ca­sar?– no es el que fra­ca­sa, sino el que no se sa­ca de en­ci­ma su fra­ca­so. Fra­ca­sa­do es quien se afe­rra a co­sas que no fun­cio­nan. Fra­ca­sa­do es el que, cual afec­ta­do por el sín­dro­me de Dió­ge­nes, pre­fie­re ha­cer­se ba­su­re­ro, an­tes que sa­car la ba­su­ra, el que le qui­ta im­por­tan­cia a su fra­ca­so pa­ra po­der con­vi­vir con él, el que lo ma­qui­lla pa­ra que no sea tan feo y así po­der abra­zar­lo”. Se­gún ex­pli­ca des­de San­tan­der, “pa­ra ha­cer bien las co­sas ha­ce fal­ta ex­pe­rien­cia y es­to va­le pa­ra cual­quier co­sa. En mi opi­nión, no se pue­de apren­der na­da de nin­gún li­bro so­bre el fra­ca­so, in­clui­do el mío, por­que lo úni­co que sir­ve es la pra­xis. Di­cho lo cual, el me­jor con­se­jo que pue­do dar es pa­sar a la ac­ción, pro­bar co­sas y ver qué pa­sa, en lu­gar de ha­blar y ha­blar”, sub­ra­ya es­te em­pre­sa­rio. En to­do ca­so, “la cla­ve es pen­sar que al­go pue­de ir mal, asu­mir el fra­ca­so an­tes de que su­ce­da y ges­tio­nar­lo con ra­pi­dez, pa­ra que du­re lo me­nos po­si­ble, se­pa­ran­do lo bueno de lo ma­lo, por­que siem­pre hay que re­ci­clar lo apro­ve­cha­ble”, su­gie­re. Cu­rio­sa­men­te, la glo­ba­li­za­ción de los pro­ble­mas no ha im­pe­di­do que so­bre­vi­van es­cue­las “na­cio­na­les” del fra­ca­so. Si se tra­ta de des­ha­cer­se de lo que no fun­cio­na, un ejem­plo son las fies­tas ja­po­ne­sas pa­ra ce­le­brar un di­vor­cio y en las que las pa­re­jas ce­le­bran su rup­tu­ra co­mo si de una bo­da se tra­ta­ra: aun­que en vez de po­ner­se el ani­llo, lo ma­cha­can con un mar­ti­llo en for­ma de ca­be­za de ra­na, ani­mal si­nó­ni­mo de cam­bio en la cul­tu­ra ni­po­na. Tam­bién es creen­cia ge­ne­ra­li­za­da que en los paí­ses an­glo­sa­jo­nes el fra­ca­so es­tá bien vis­to, a di­fe­ren­cia de lo que su­ce­de en los paí­ses me­di­te­rrá­neos, don­de fa­llar en al­go se con­si­de­ra po­co me­nos que un pe­ca­do y de­ja se­cue­las de por vi­da. Cuan­do se le tras­la­da es­ta cues­tión a Lui­sa Ale­many, di­rec­to­ra del Esa­de En­tre­pre­neurs­hip Ins­ti­tu­te, se­ña­la co­mo po­si­bles cau­sas la cul­tu­ra y la re­li­gión. Res­pec­to a la pri­me­ra, se ma­ni­fies­ta en los si­guien­tes tér­mi­nos: “Si los ni­ños de una fa­mi­lia van al co­le­gio que les que­da más cer­ca, se re­la­cio­nan con ami­gos de su mis­mo ba­rrio y tie­nen to­do lo que ne­ce­si­tan al la­do, al fi­nal ocu­rre es­to”, ra­zo­na Ale­many, que da a en­ten­der que mien­tras que los jó­ve­nes es­ta­dou­ni­den­ses es­tán ha­bi­tua­dos a bus­car­se la vi­da a los 18 años, cuan­do acos­tum­bran a de­jar el do­mi­ci­lio fa­mi­liar, los es­pa­ño­les se que­dan en ca­sa has­ta cum­plir los 29. “En la cul­tu­ra an­glo­sa­jo­na, si llue­ve te mo­jas y si te cons­ti­pas, te cu­ras y con­ti­núas ade­lan­te; aquí so­mos más pro­tec­to­res”, aña­de. Pa­ra la éti­ca cal­vi­nis­ta (que dio lu­gar al ca­pi­ta­lis­mo) el tra­ba­jo re­di­me y dig­ni­fi­ca, has­ta el pun­to de que una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de los nor­te­ame­ri­ca­nos (tam­bién de los ja­po­ne­ses y, en ge­ne­ral, de las per­so­nas que com­par­ten es­te cre­do en cual­quier par­te del pla­ne­ta) se to­man co­mo un pe­que­ño cal­va­rio per­so­nal sus im­pro­duc­ti­vos pe­rio­dos va­ca­cio­na­les. Cuan­do se in­te­rro­ga a Lui­sa Ale­many so­bre es­te ras­go, pre­fie­re que­dar­se con lo bueno de es­tos paí­ses, “que, en ge­ne­ral, per­mi­ten que las per­so­nas en­cuen­tren sus ta­len­tos y desa­rro­llen sus ha­bi­li­da­des. Tam­bién en Es­pa­ña to­do el mun­do ten­dría que in­ten­tar dis­fru­tar tra­ba­jan­do”, re­cla­ma. “Des­de eda­des muy tem­pra­nas se de­be­ría per­mi­tir a los jó­ve­nes –pro­si­gue– es­pe­cia­li­zar­se en aque­llo en lo que son bue­nos. Es ho­rro­ro­so tra­ba­jar ocho o diez ho­ras en al­go que no te gus­ta… Cuan­do pa­sa es­to, lo nor­mal es in­ten­tar eva­dir­se na­ve­gan­do por in­ter­net o es­pe­rar a que pa­sen las ho­ras. En cam­bio, cuan­do tra­ba­jas en al­go que es lo tu­yo, el día se te pa­sa vo­lan­do. El pro­ble­ma, tal vez, es que los ado­les­cen­tes des­co­no­cen lo que les gus­ta”, apun­ta. De he­cho, la pro­pia Lui­sa Ale­many se re­co­no­ce en es­ta si­tua­ción. “A los tre­ce años de­ci­dí aban­do­nar los es­tu­dios. Mi idea era cur­sar for­ma­ción pro­fe­sio­nal (ra­ma me­tal). Co­men­cé a tra­ba­jar co­mo apren­diz en la em­pre­sa Cons­truc­cio­nes Ae­ro­náu­ti­cas, don­de a los 16 años fir­mé mi pri­mer con­tra­to. Tal vez me equi­vo­qué al de­jar de es­tu­diar, pe­ro eso me sir­vió pa­ra dar­me cuen­ta de que si que­ría pro­gre­sar de­bía re­to­mar los es­tu­dios”, se­ña­la. Res­pec­to a su ex­pe­rien­cia per­so­nal con el fra­ca­so, Ale­many bro­mea con que se po­dría pa­sar ho­ras di­ser­tan­do so­bre el te­ma, tras ad­mi­tir que in­ten­tó mon­tar em­pre­sas que no lle­ga­ron a pros­pe­rar o que in­vir­tió di­ne­ro en otras que que­bra­ron, pa­ra dar a en­ten­der que “fra­ca­sar en al­gu­na co­sa no sig­ni­fi­ca el fi­nal de na­da, sino que for­ma par­te del ca­mino”. ¿Cuá­les son los prin­ci­pa­les mo­ti­vos por los que fra­ca­san los em­pren­de­do­res es­pa­ño­les? El en­car­ga­do de con­tes­tar la pre­gun­ta es Al­ber­to Fer­nán­dez Te­rri­ca­bras, pro­fe­sor del Ie­se des­de 1991 y doc­tor en Ad­mi­nis­tra­ción de Em­pre­sas por la Uni­ver­si­dad de Bos­ton (EE.UU.). He aquí la lis­ta que se le ofre­ce a Fer­nán­dez pa­ra que eli­ja: fal­ta de ex­pe­rien­cia, au­sen­cia de un plan de ne­go­cio, per­der de­ma­sia­do tiem­po en ela­bo­rar el pro­duc­to y la es­tra­te­gia, em­pe­zar sin ca­pi­tal su­fi­cien­te, no te­ner mer­ca­do, que­rer em­pe­zar a lo gran­de, es­tar so­lo, aban­do­nar pron­to, ro­dear­se mal, no po­ner al clien­te en pri­mer lu­gar y abu­sar de los cré­di­tos ban­ca­rios. “Fra­ca­san por to­dos es­tos mo­ti­vos”, re­suel­ve. “Ha­cer un buen plan de ne­go­cio es im­por­tan­te y, no só­lo eso, sino ir re­exa­mi­nan­do la evo­lu­ción del ne­go­cio pa­ra ir apren­dien­do. Tam­bién es bá­si­co en­ten­der las ne­ce­si­da­des del clien­te: en ge­ne­ral, el em­pren­de­dor sue­le enamo­rar­se mu­cho de su pro­duc­to y des­cui­da la par­te co­mer­cial”, con­tes­ta Fer­nán­dez. Res­pec­to a si en Es­pa­ña exis­te una cier­ta bur­bu­ja en torno al em­pren­de­dor co­mo sal­va­dor de la si­tua­ción eco­nó­mi­ca, cuan­do lo cier­to es que ca­da vez hay más fra­ca­sos, co­mo pu­bli­có Ex­pan­sión el 19 de ju­nio de es­te año, el pro­fe­sor del Ie­se ma­ni­fies­ta que tal vez ello sea de­bi­do a que en Es­pa­ña se de­ci­de em­pren­der más por ne­ce­si­dad (en un 60% de los ca­sos) que por au­tén­ti­ca vo­ca­ción. A par­tir de ahí, el pro­fe­sor Fer­nán­dez co­mien­za a dar ejem­plos prác­ti­cos de fir­mas que han lo­gra­do so­bre­po­ner­se a ini­cios di­fí­ci­les, y ci­ta a La Fa­ge­da, la em­pre­sa de Gi­ro­na que em­plea a per­so­nas con tras­tor­nos men­ta­les gra­ves pa­ra ela­bo­rar pro­duc­tos lác­teos), y que, tras unos ini­cios com­pli­ca­dos, ha lo­gra­do sa­lir ade­lan­te de la mano de su fun­da­dor, Cris­tó­bal Co­lón. Su­ya es una fra­se que sue­le po­ner­se co­mo ejem­plo en las es­cue­las de ne­go­cio: “El sen­ti­do del tra­ba­jo es un tra­ba­jo con sen­ti­do”. De he­cho, y vol­vien­do a fra­ca­sar en su más am­plia acep­ción, hay una pro­li­ja bi­blio­gra­fía so­bre la ne­ce­si­dad de in­ten­tar­lo en cual­quier ám­bi­to de la vi­da, pues la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad es­tá re­ple­ta de fra­ca­sos que han per­mi­ti­do me­jo­rar lo que ha­bía an­tes. “El éxi­to es apren­der a ir de fra­ca­so en fra­ca­so sin de­ses­pe­rar­se”, di­jo Wins­ton Chur­chill. “El fra­ca­so es una oca­sión pa­ra em­pe­zar otra vez con más in­te­li­gen­cia”, ob­ser­vó Henry Ford, dan­do a en­ten­der que equi­vo­car­se pue­de ser un buen pun­to de par­ti­da pa­ra em­pe­zar a cons­truir en la di­rec­ción co­rrec­ta (en el te­rreno eco­nó­mi­co, en el sen­ti­men­tal y en cual­quier otro). En cuan­to a Tho­mas Edi­son, re­pe­tía a me­nu­do que ca­da error que de­ja­ba atrás, era un pa­so ade­lan­te. De he­cho, la bom­bi­lla de fi­la­men­tos por la que es fa­mo­so no le sa­lió a la pri­me­ra, sino que reali­zó más de mil in­ten­tos, lo que lle­vó a uno de sus dis­cí­pu­los a pre­gun­tar­le si no se des­ani­ma­ba con tan­tos fra­ca­sos. “¿Fra­ca­sos? No sé de qué me ha­bla. En ca­da des­cu­bri­mien­to me en­te­ré de un mo­ti­vo por el cual una bom­bi­lla no fun­cio­na­ba. Aho­ra ya sé mil ma­ne­ras de no ha­cer una bom­bi­lla”, se cuen­ta que res­pon­dió Edi­son tras en­sa­yar du­ran­te ocho­cien­tos días con has­ta 6.000 fi­bras: ve­ge­ta­les, ani­ma­les e in­clu­so con un pe­lo de la bar­ba ro­ji­za de uno de sus co­la­bo­ra­do­res. He ahí el quid de la cues­tión: sim­ple­men­te fra­ca­sa quien per­sis­te en el error y no ex­trae lec­cio­nes pro­ve­cho­sas de sus fa­llos, al­go que cual­quie­ra po­dría apli­car­se a su vi­da pri­va­da, pe­ro que tam­bién ha­rían bien en re­cor­dar quie­nes en su mo­men­to no su­pie­ron ob­ser­var que la cri­sis que azo­ta al mun­do en­te­ro era com­ple­ta­men­te pre­de­ci­ble, en fun­ción de los erro­res que se ha­bían co­me­ti­do…

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Seamos positivos by Sergi Pamies ( La Vanguardia 1/2/2013)

Genial articulo y divertida descripcion de un especimen que me encuentro muy a menudo. Gracias por contarlo Sergi. Algunos a veces tratan de que nos sintamos “don nadies” y lo que consiguen es que les veamos como unos “bobos” que diria Messi.

Sea­mos po­si­ti­vos
Ser­gi Pà­mies
La Vanguardia
1 de febrero de 2013

El hom­bre ocu­pa­do no pro­du­ce na­da en el sen­ti­do más tan­gi­ble del ver­bo pro­du­cir. Un hombre ocupado te invita a almorzar. Llega con mucho retraso, pero en lugar de disculparse, te cuenta, con pelos y señales, por qué los hombres ocupados nunca llegan a la hora. Sin dejar de atender la pantalla de su lapollaphone, insinúa que, para los que esperáis a hombres ocupados como él, no deja de ser un privilegio tenerlos como amigos, conocidos o saludados. Trata a los camareros con un cordial desprecio, elige qué vais a comer (el exasperante y maléfico surtido de platos japoneses) y suelta un monólogo sobre la única cuestión que le interesa: él. Durante el almuerzo, no deja de atender llamadas de otros hombres ocupados.
El hombre ocupado no produce nada en el sentido más tangible del verbo producir. Desde la sociedad civil, afirma, trabaja para el país las veinticuatro horas del día. Coordina, conspira, compra, vende, organiza, encauza, preside y, sobre todo, intimida. Destila una hiperactividad que no coincide con lo que era cuando lo conociste: un profesional eficaz, discreto y trabajador. Con los años, se le notan la manicura, los tratamientos de láser para borrar inoportunas manchas de envejecimiento, la caspa disfrazada de descamación y una halitosis con fragancias de consejo de administración y notas de cloaca.
No te ha invitado para charlar con un viejo conocido sino porque, siguiendo la ruleta de su exuberante agenda, le proporciones la oportunidad de tener un interlocutor pasivo que actúe como espejo. Así no tendrá que enfrentarse a dos horas de soledad que romperían su inercia y no le permitirían exhibir una vanidad teratológica. Mientras, sin dejar de comer y de beber, responde a la enésima llamada que no puede esperar, te cuenta mímicamente con qué político, directivo de fútbol, magistrado, empresario, periodista, palanganero o experto en fundaciones está hablando. En otro momento, y contraviniendo las mínimas normas de discreción, te obliga a leer los mensajes que explican parte de esta realidad a la que los que no sois hombres ocupados no podéis acceder. Al pedir la cuenta, interpreta la danza del macho que abre su cartera, deja caer cuatro tarjetas de crédito y la foto de sus hijos y te pregunta cómo está tu madre (“muerta”, cometes el error de recordarle, olvidando que tu respuesta se la pela). Al despediros –en la calle, mientras él, nervioso, busca a su chófer con la mirada–, te pone una mano en el hombro y te dice que, a veces, lee esos artículos que escribes en el periódico. Y, en un tono que, pese a ser aparentemente amable, tú relacionas con dos piernas enyesadas y la cabeza guillotinada de un caballo, te sugiere que, por el bien de nuestra querida Catalunya, seas más positivo.

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Cartas a Alex: ¿Subnormal? ¿Y que? Via Marca 2/2/2013

CARTAS A ALEX Gabriel
Masfurroll 02/02/2013
¿Subnormal?, ¿y que?
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Querido Alex, hoy me tocaba publicar el siguiente capítulo de la saga que voy escribiendo sobre el porqué del Barça actual. Estaba enviado a MARCA pero, ¿sabes, Alex?, necesito reescribir esta columna sí o sí. Sé que lo que viene a continuación puede disgustar a alguien, pero no por lo que cuento, sino porque lo cuento. Sólo puedo decir que si no lo hago, no seré coherente conmigo mismo, ni con todo lo que hago y trato de explicar desde hace años, empezando por esta columna que MARCA me cede cada sábado y que va dedicada a ti, querido Alex.
Algunos no saben que naciste con síndrome de Down y que hace años, otros, con desprecio, os llamaban mongólicos. Hoy en día los mismos o parecidos impresentables desprecian a terceros insultando con la palabra ‘subnormal’. Esto sucedió el miércoles en el Bernabéu y no es la primera vez, pues lo he presenciado en directo. Los insultos iban dirigidos a Messi, igual que otros de signo racista a Alves.
Por el bien de todos, por dignidad y por respeto a los principios que tanto pregonamos y a veces tanto se incumplen deberíamos erradicar estos actos, pues, además de ser poco ejemplares e indignos, hieren a mucha gente que no merece esta impúdica actuación. Sé que no son mayoría, pero aun así es inadmisible y entre todos deberíamos erradicarlo.
Sí, soy padre de un hijo con síndrome de Down llamado Alex, un niño especial al que jamás olvidaremos y que nos dejó hace unos años. Down, subnormal, discapacitado, sí, ¿y qué? Pido a los que insultaron a Leo que recuerden a Álvaro, el hijo de mi querido Del Bosque. Todos tenemos hándicaps y por lo que pude comprobar el otro día, algunos los tienen mas agudizados y no lo saben, lo que es peor.
Alex,quina pena el que passa als camps de futbol. Es un reflexe del que vivim a la nostre societat. Anem malament i em fa sentir trist. T’estimo molt Alex.