Menos monsergas, llamemosle por su nombre: Empresario

Expansión Pro Orbyt.
A FONDO Gabriel
Masfurroll 03/11/2012
Menos monsergas, llamémosle por su nombre: empresario
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Hoy en día, probablemente debido a la crisis que vivimos, a la falta de empleo, al enorme output de gente con talento que se ha producido en los últimos años, se ha generado la moda del emprendimiento, actividad a la que estoy extremadamente involucrado a través de la Fundación Junior Achievement (www.ja.org/ @jaspain).
Vayamos por partes. Emprendimiento o emprendedor no es exactamente lo mismo que empresa o empresario. El emprendedor puede, por desgracia menos de lo que parece, acabar siendo empresario pero no siempre. Este efecto o moda del emprendimiento tiene varios componentes que han ayudado a fomentarlo. En primer lugar, el mimetismo que siempre solemos tener de los EEUU. Allí utilizan la palabra “entrepreneur” como acepción vinculada al ámbito empresarial. Un “entrepreneur” en los EEUU es un empresario. Le irá bien, mal o regular, pero es considerado empresario. En España la palabra “empresario” aún sigue teniendo tintes peyorativos. Quizás aun tenemos grabada en la mente la imagen del “Tío Gilito” de Walt Disney con tintes negativos.
Un país que se precie suele tener un tejido empresarial fuerte y sostenible que genera riqueza y que a su vez establece un ecosistema armónico. Es decir, se crea una relación sistemática entre gobernantes, empresarios, inversores, empleados, financieros, asesores (noten que no utilizo la palabra trabajadores que algunos se atribuyen de forma errónea porque todos los citados, trabajan y la mayoría mucho, empezando por muchos empresarios) y por supuesto los clientes.
Todo ello se basa en la competencia, que obliga a que cada uno haga su papel dentro de las reglas establecidas.
Además de un tejido empresarial bien gestionado, un país necesita una buena Administración, que por eso se llama así. Me refiero a nuestros distintos gobiernos, pero también al cumplimiento de las reglas que muchos, también amparándose en la legislación vigente, hacen de ellas la trampa adecuada para lucrarse o lo que a veces es peor, vivir del cuento, de la estafa o de la corrupción. Esto es lo que destroza un país.
Los sistemas se auto regulan por sí mismos y si no, vean la crisis que estamos viviendo y que por desgracia aun durará algún tiempo más. Antes lo importante para los jóvenes era sacar oposiciones, el trabajo indefinido para toda la vida e intocable, lo hicieras bien, mal o regular. ¿Es esto justo? Como ya no hay plazas públicas porque no hay dinero, los jóvenes se buscan la vida. Es ahí cuando aparece la figura del emprendedor que obliga a jóvenes o no tan jóvenes a reinventarse, soñar, emprender, pero luego viene lo más difícil: mantenerse y convertirse en empresario.
Al principio te sientes más libre, eres dueño de ti mismo, pero a medida que pasa el tiempo, adquieres obligaciones. Las reglas del juego que hay que seguir están ahí. Con tus empleados, con tus proveedores, con la Administración o administraciones correspondientes, con tus socios y muy en especial con tus clientes. Esto es ser empresario. ¿Eres libre? Sí, en algunos ámbitos y decisiones, pero cada noche te acuestas con una enorme carga en tus hombros.
El empresario es un corredor de fondo que sufre altibajos y sufre más de lo que muchos creen. Más del 70% del PIB de este país se genera gracias a pequeños y medianos empresarios a los que casi nadie conoce. Estos son para mí los grandes empresarios que necesitan ayuda pues con su esfuerzo, riesgo, tenacidad y talento, conseguiremos retomar la senda del bienestar, del empleo pero eso sí, si bajas la guardia se va de nuevo todo al garete y como casi siempre, nos olvidamos de las lecciones del pasado, de aquellas que aprendimos con sudor y sangre.
Por suerte, este país empieza a fomentar el emprendimiento. Genial. Ahora fomentemos también la vocación empresarial. Con empresarios de verdad, el mundo irá mejor. Primero formemos emprendedores pero que aprendan a ser empresarios con todo lo que ello significa. Y que el cielo no se desplome sobre nuestras cabezas que diría Astérix.
Fundador deWings4Business

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